![]() |
||||||||||
![]() |
Antonio Berni en la Casa de la AméricasPor: Llilian LlanesRecientemente la Casa de las Américas inauguró una exposición con las obras que en los años sesenta y setenta Antonio Berni les hiciera llegar como muestra de solidaridad con el trabajo que este centro estaba llevando a cabo por la integración de la cultura latinoamericana. Difícilmente se pueda encontrar fuera de Argentina una institución que posea un conjunto tan notable de obras de este clásico del arte latinoamericano. Para los cubanos y en particular para sus creadores, esta muestra ha sido un verdadero regalo para el espíritu y un motivo de orgullo al reconocer el extraordinario legado dejado a nuestro país por quien es sin duda uno de los más grandes artistas del siglo XX en nuestro continente.Al mismo tiempo, en el Centro Cultural La Recoleta de Buenos Aires tenía lugar una bellísima exposición en la que fueron reunidas las piezas que le hicieron merecedor del Premio de grabado y dibujo de la Bienal de Venecia, en el aniversario de dicho acontecimiento, época a la que pertenecen algunas de las obras existentes en la Casa de las Américas. Igualmente, la feria ARTEBA celebrada el año pasado en Buenos Aires abría sus puertas mostrando a la entrada del recinto algunos de las grandes telas de los años treinta propiedad de una institución pública. No parece casual que en estos tiempos,
la figura de Antonio Berni sea objeto de un renovado interés, al que
me uno por diversos motivos, entre otros, por haber tenido el privilegio
de ver todos esos conjuntos en un breve lapso. De ahí que agradezco
la invitación de la Revista Arteamérica para compartir con sus lectores
algunas de las reflexiones que en el curso de mis recientes investigaciones
sobre el arte latinoamericano me ha provocado la vida y obra de este
artista. * Es harto conocido que los movimientos
de vanguardia que en muchos países de América Latina tomaron cuerpo
durante los años veinte fueron protagonizados por una generación que
integró a sus anhelos renovadores en el campo de la estética, las aspiraciones
nacionalistas y de autoafirmación de su identidad, expresados en el
reconocimiento de pertenencia a un territorio propio, geográficamente
definido, y a una cultura múltiple y diversa que
incluyó no sólo lo local específico sino también la dimensión
del ser latinoamericano. En ese proceso, no fueron pocos los creadores
que al reparar en los problemas
de su entorno, se solidarizaron con la situación de los sectores más
humildes de la población, incorporando
a sus propósitos de reformulación de la cultura nacional, las reivindicaciones
de justicia social que estaban teniendo lugar entre los obreros y los
campesinos, una perspectiva nueva que dio lugar a la aparición en nuestra
región del artista preocupado por la política y por la función social
del arte, o lo que es igual, a la aparición de un tipo de creador hasta
entonces desconocido en nuestra región. A lo largo de los años treinta,
la conciencia de la necesidad de transformar la realidad social se fue
instalando de manera definitiva en los medios intelectuales y artísticos
de América Latina y dio lugar al surgimiento de ese sentimiento de rebeldía
social en muchos de los creadores que integraron el movimiento moderno
en nuestros países, algunos de los cuales participaron circunstancialmente
de esta tendencia mientras que en otros se convirtió en una preocupación
permanente que marcaría para siempre su trayectoria profesional. Este
fue el caso precisamente del autor que nos ocupa, un ejemplo paradigmático
dentro del arte latinoamericano del siglo XX en cuya obra se expresó
de manera irrenunciable un profundo compromiso con las transformaciones
sociales. Antonio Berni nació en Rosario,
Argentina, en 1905. Como integrante de ese movimiento de vanguardia, participó en los cambios profundos que se operaron
en el arte y la literatura de nuestro continente, ámbito dentro del
cual hizo aportes sustanciales, sobre todo en lo que se refiere al nacimiento
y desarrollo de esta tendencia. En
su larga trayectoria profesional, que termina con su muerte en 1981,
se distinguió por la coherencia de su obra, no sólo como artista sino
también como hombre de un pensamiento profundamente humanista, vinculado
siempre a los problemas de su tiempo. Agudo,
sagaz y amante de la polémica, sus puntos de vista
con relación al arte y a su función dentro de la sociedad fueron expresados
con igual intensidad en su obra plástica y en su discurso teórico. En una ocasión en la que se le preguntó si
eran compatibles el arte y el compromiso respondió: “todo arte es arte
comprometido. Aún el arte abstracto es un arte comprometido”.
[1]
Y un poco más adelante añadió: “mi intención es encontrar
una verdad que en el ambiente en que me encuentro responde al espíritu,
y en este caso, creo que es de grandeza porque en los países como los
nuestros –donde todo está en vías de construcción- no podemos quedarnos
enfrascados en una tranquilidad absoluta del espíritu; cosa que es posible,
de alguna manera en naciones donde ha alcanzado, momentáneamente, el
desarrollo integral en lo económico, en lo político y en lo social”.
[2]
De una manera u otra, este tipo
de preocupaciones nunca dejaron de estar presentes en el trasfondo de
sus trabajos, en los que desde diferentes ángulos, hizo notoria su irreductible
inconformidad con la injusticia social, la pobreza y la miseria que
parece ser un rasgo distintivo de nuestra civilización y de hecho, sus
reflexiones, aunque referidas a su entorno más próximo, consiguen sobrepasarlo
y alcanzar una dimensión universal. Sin hacer concesiones, libre él
mismo de prejuicios, sus personajes transitan por la vida en una permanente
interrelación con el medio del cual proceden y coloca al espectador
en una posición de juez y parte de la cual el propio artista no puede
escapar; porque en definitiva su mirada, si bien se
dirige al cuestionamiento de las circunstancias políticas o económicas
que dan lugar a las problemáticas de orden social denunciadas por él,
no elude los problemas éticos y filosóficos envueltos en ellas. Pintor y grabador, hizo suyos muchos
de los medios y lenguajes que fueron apareciendo a lo largo del siglo
XX en la medida en que le proporcionaban recursos
expresivos de eficacia con relación a los presupuestos conceptuales
de sus obras. Si bien incorporó a su lenguaje plástico las diferentes
tendencias que en cada momento fueron surgiendo, lo único que nunca
varió en su trayectoria artística fue la de su inclinación temática
concerniente al entorno real. Aceptó desempeñarse en un doble plano,
el ideológico y el estético asumiendo el compromiso total del arte con
la vida, en la convicción de que el verdadero artista sólo alcanzaría
su plena dimensión, si no participaba al mismo tiempo de la creación
de una visión nueva y de un mundo nuevo, en el que todos fueran libres y humanos. * En rigor, si bien es cierto que
en todos sus trabajos se aprecia una vocación por la experimentación
formal, lo que le otorga al conjunto de su obra una especial coherencia
es justamente el apego que tuvo a sus temas, los que en última instancia
constituyen el hilo conductor de la misma. Su sensibilidad ante la problemática
social tiene su origen en su propia experiencia vital. Berni conocía
bien la Argentina profunda. Su infancia en Rosario no había sido diferente
a la de cualquier otro muchacho de provincias; hijo de una modesta familia
de inmigrantes, cuya principal distracción eran los juegos de la calle,
en barriadas desiertas, por donde lo más peligroso que pasaba eran carros
tirados por caballos. Esa experiencia lo marcaría para siempre, permitiéndole introducir en sus obras una realidad
que aprendió a ver desde adentro, en su convivencia con la gente común.
En una ocasión le dijo a un periodista:
“Especialmente la calle me dio a Juanito Laguna y a Ramona Montiel”.
[4]
De hecho, los protagonistas de sus obras fueron personajes
que encontró en los suburbios, en los barrios marginales en donde se
mezclaba con los lugareños y con quienes “a veces tomaba unas copas”. Indudablemente, de ese mundo de
su infancia y su primera juventud recogió esa disposición a involucrase
con la gente, guardando consigo testimonios que en su madurez le permitirían
desarrollar una perspectiva social y humana visceralmente comprometida.
Pero de igual manera hay que considerar
el impacto que le produjo, a su regreso a la Argentina de 1931, la dramática
situación que presentaba el país. Si violento fue el choque que recibió
al enfrentarse al intenso mundo intelectual que se vivía en el París
de los años veinte, no fue menor el que le produjo el reconocimiento
de una realidad radicalmente distinta a la de Europa, la que veía por
demás con unos ojos también muy transformados. Como muchos de sus contemporáneos,
el entorno propio se le reveló nítidamente por primera vez y para decirlo
con sus palabras “era, al mismo tiempo, como pasar del plano especulativo
y abstracto, al plano concreto y real”.
[5]
Mucho tiempo después reflexionaría
sobre aquellos tiempos: “o yo continuaba en Europa para seguir una evolución
que quién sabe adónde me hubiera llevado, o yo me quedaba acá, conviviendo
con la gente y los problemas de mi país e integrado a este mundo y a
sus luchas concretas”.
[6]
Hay que reconocer por demás, que
esta primera estancia en Europa no fue de tanta duración como para hacerle
olvidar sus vivencias originales y los vínculos con su tierra. En la
práctica, no tuvo tiempo para desarraigarse y como sus contemporáneos
del movimiento moderno el reencuentro con las raíces le provocó una
inmediata identificación con los problemas de ese mundo del cual era
originario. Un medio rural empobrecido y desolado por las crecientes
migraciones a la capital y una urbe cuyos arrabales se ensanchaban repletos
de trabajadores mal retribuidos. Al igual que otros pioneros de
la vanguardia latinoamericana, Berni
vivió la transformación que sufrieron las ciudades de la región y los
enormes problemas que provocó la creciente migración interna producida
en nuestros países, llevando grandes conglomerados de personas del campo
a la ciudad y arrastrando consigo un mundo de pobreza y marginalidad.
En poco tiempo, es cierto, muchas de las capitales latinoamericanas
dejaron de ser pueblos grandes para convertirse en ciudades y con ellas
aparecieron los grandes arrabales, los barrios marginales y su secuela
de miseria e injusticia social. No es casual que muchos de esos aspectos
de la vida cotidiana fueran representados en sus obras y que sus personajes
le sirvieron de pretexto para narrar algunas de las facetas sociales
y humanas propias de las grandes ciudades. En general, su obra trata de representar
de una manera concreta las inquietudes que en el plano personal y el
social le provocaba la realidad circundante, unas veces conmovido por
la dramática situación de injusticia social que padecían amplios sectores
de la sociedad argentina y otras solidario con las luchas que tenían
lugar en otras regiones, pero
siempre denunciando los crecientes desastres que amenazaban la vida
cotidiana del hombre en su dimensión universal. De ahí que en su larga trayectoria
artística, junto a las famosas series narrativas de Juanito Laguna y
Ramona Montiel, y otras en las que hace visible los problemas de su
entorno más próximo, encontremos piezas como La matanza de los inocentes,
en las que sus reflexiones desbordan la frontera de lo nacional para
expresar el hondo humanismo que está presente en toda su obra. Cabe señalar aquí que, no obstante
el peso y la importancia que le asignó al tema, en su práctica artística
Berni nunca dejó de lado los problemas relativos al oficio y la técnica,
convencido de que en toda obra de arte debía haber una búsqueda incesante
de la verdad, en su doble sentido de objetividad y de oficio técnico, subrayando especialmente el destino preciso y útil de este último. Un recorrido por el conjunto de
su obra confirma que a lo largo de toda su trayectoria, Berni no tuvo
reparos en utilizar el instrumental aportado por los artistas contemporáneos
de cualquier parte del mundo de acuerdo con sus propias necesidades,
y seleccionó en cada caso los lenguajes que mejor se avenían a sus correspondientes
elaboraciones conceptuales. Al igual que ocurrió con muchos
artistas procedentes de América Latina, el fauvismo actuó directamente
sobre su sensiblidad y en su caso personal explicaría esta empatía,
por lo novedoso que le resultaban la concepción de la forma, del color
y de la composición aportados por dicha tendencia. En última instancia,
al estudiar los elementos básicos en la estructura de un cuadro comprendió
que todo lo anterior no le servía y buscó en las alternativas que se
le ofrecían a la vista las que más se ajustaban a sus inquietudes creadoras. De sus contactos con el surrealismo
y la pintura metafísica aprendió que la acción artística tiene que estar
comprometida con la realidad política y social. De ahí que después de
realizar una serie de pinturas y collages deudores de algunos de los
más renombrados maestros de dichas corrientes, cuando sus preocupaciones
sociales pasaron a un primer plano buscara en el realismo crítico un
medio de expresión más cercano sus propósitos. La crisis internacional
y particularmente la que vivía la sociedad argentina lo llevó a expresar
sus puntos de vista en composiciones de gran tamaño en las que trataba
a escala monumental, los conflictos de los sectores populares. Para
entonces hizo causa común con los planteamientos de los muralistas mexicanos
y sobre todo con Siqueiros con quien muy pronto entraría en contradicción al tratar
de darle una respuesta más apropiada con su contexto a sus trabajos
de contenido social. Ahora bien, como él mismo aseguraría, del surrealismo le quedaría un gusto por la
insinuación de extraño y lo insólito, que no lo abandonaría nunca más.
En ese proceso de búsqueda de un
lenguaje capaz de expresar su perspectiva sobre el contexto argentino
mostró una indiscutible capacidad de innovación dentro del ámbito de
la plástica. Pero no cabe dudas de que a partir del momento en el que
el hombre y el artista se encontraron unidos en un mismo ideal, la preocupación
social devendría protagonista de su obra y el lenguaje plástico se subordinaría
a las necesidades de expresar sus preocupaciones políticas. Desde entonces,
su trayectoria seguiría una línea recta, la de la crítica social, para
recrear la cual echó mano de los medios expresivos que mejor se adecuaban
a su manera de ver el mundo. En el desarrollo de su conciencia
latinoamericanista fue trascendental el recorrido que hizo durante los
años cuarenta por varios países de la región, los que le permitieron
estudiar las manifestaciones artísticas de los países vecinos pero sobretodo
comprender la comunidad de problemas existentes en el área. De vuelta
de esos viajes, dedicó mucho tiempo a recorrer el interior de su propio
país de donde salieron sus numerosos trabajos dedicados a los pobladores
más humildes de las zonas rurales poniendo énfasis en la crítica situación
del campo argentino, una de cuyas manifestaciones fundamentales estaba
representada por el grave movimiento migratorio interno ya mencionado.
A todo lo largo de los años cincuenta,
Berni se dedicó a reflexionar sobre estos temas, a través de una pintura
en la que utiliza elementos del lenguaje propios del realismo crítico
al tiempo que se advierte el uso de ciertos recursos procedentes del
surrealismo y del expresionismo, de gran eficacia visual para abordar
el drama humano que constituía el centro de sus trabajos. En 1959 retoma el collage que en
sus múltiples manifestaciones permanecería como una constante de su
obra de ahí en adelante. Sus principales series a partir de entonces
se desarrollarían mediante esta técnica destacándose sobretodo su utilización,
en el desarrollo de sus dos más importantes series narrativas, la de
Juanito Laguna, el chico de la villa miseria
y la de Ramona Montiel, la voluptuosa joven cuya humilde condición
la lleva por el camino de la prostitución hasta la decadencia moral.
¿Pero quién era Ramona Montiel?
En palabras de su creador, Ramona era la “milonguita”, “la costurerita
que dio el mal paso”, un personaje que lo mismo puede identificarse
con las imágenes de Carriego que con ciertos personajes de Borges; la
prostituta de General Paz, Pompeya o Villa Crespo que trascendió el
barrio y llegó a las calles Florida, Corrientes o Esmeralda. Era, al igual que Juanito, un personaje
del arrabal, pero de una estructuración mucho más compleja porque en
ella confluían varias problemáticas. Doblemente discriminada, por su
procedencia social y por su condición de mujer, Ramona podía ser cualquiera
de las prostitutas conocidas por Berni desde sus años adolescentes en
Rosario. Pero al mismo tiempo, era el símbolo de una
realidad social cargada de miseria, no referida exclusivamente al plano
material sino también al del espíritu. Un personaje cuyos desequilibrios
neuróticos, propios de una mujer de su condición “atrapada por la telaraña
de la sociedad de consumo”, eran tan importantes como el propio mundo
marginal que la rodeaba. De hecho, Juanito y Ramona expresan dos realidades
diferentes en su manifestación, pero semejantes en su origen, ambos
víctimas de la desigualdad y los desequilibrios sociales. Sin embargo,
mientras la historia del niño es lineal, la de la prostituta está cargada
de contradicciones y matices que se revelan no sólo en su elaboración
conceptual sino en la expresión plástica que las mismas adoptan. Un acercamiento a esta serie no
puede ignorar algunos detalles relacionados con la personalidad de Berni.
Apasionado por las mujeres, conocía bien su sicología y las contradicciones
a las que estaban sometidas como ser humano y social. Desde muy joven conoció el mundo
de los prostíbulos. Como en todo pequeño pueblo, en su Rosario natal
no había muchos lugares a donde ir por aquellos tiempos y era usual
que los jóvenes los frecuentaran, no necesariamente para estar con las
mujeres, sino simplemente para conversar y tomar unos tragos. Con el
tiempo, las imágenes retenidas en su memoria de aquellos sitios y de
otros que vinieron después le dieron un conocimiento muy amplio de ese
mundo que durante toda su vida trató de documentar y en el cual se inspiraría
para construir el imaginario que conformó el entorno de Ramona. Ahora bien, más allá de su conocimiento
de esos ambientes, en la manera de acercarse al personaje están implícitos,
de un lado, su ancestral atracción
hacia las mujeres y del otro, los profundos sentimientos que como sujeto
de amor éstas le inspiraban. En una ocasión dijo: “A mí siempre me ha
interesado la mujer por la mujer: chinita, burguesa; lo que sea; en
esto no hago distinciones de clase”.
[7]
Pero también afirmó: “El amor ha sido constante en mi vida…Ha
habido períodos de distinta intensidad, han sucedido cambios, pero siempre
he sido movilizado por el amor a la mujer; yo diría que es para mí una
necesidad permanente, sicológica, física, mental, espiritual. Y, bueno,
esa necesidad ha marcado mi relación con las mujeres”.
[8]
Indiscutiblemente, ese amor le
llevó a transformar la serie de una denuncia social a una reflexión
moral en la que se advierte una profunda preocupación por el destino
de la mujer y por las circunstancias frente a las cuales las colocaba
la sociedad y la moral imperante. La serie de Ramona tiene igualmente
un vínculo muy estrecho con todo el apego por lo popular que en Berni
fue característico. Consideraba toda la América Latina como un reservorio
de sucesos populares que le motivaban continuamente su inspiración pero
además, la forma en que la gente utilizaba los productos de la sociedad
consumo estimulaban su creación por la posibilidad de resignificarlos
en su obra rescatando el sentido que popularmente le daban. Al mismo tiempo, muchas de las actitudes de la población ante hechos
de la vida cotidiana le servían de motivos en sus obras como queda registrado
en la obra de Ramona y la adivinadora. Estaba convencido de que la superstición
se manifestaba en todos los momentos importantes de la vida y cuando
quiso colocar a su personaje en una situación humana crítica la sentó
delante de la bruja con los ojos atentos a la lectura de su futuro. De ese contacto con lo popular
extrajo su inspiración para la creación tanto del personaje de Juanito
Laguna como del de Ramona. De ahí sacó muchas ideas para usar los desechos
y cargarlos de significados alegóricos vinculándolos a sentimientos
y emociones recogidos de los ambientes que los rodeaban. Desde luego, ambos fueron estructurados
con elementos diferentes porque sus entornos no eran los mismos pero
en los dos se valió del mismo juego de mutación de los objetos reciclados,
como forma de crear el imaginario que los identificaba. A lo largo de los años, Berni fue
contando la historia de esta mujer que la vida colocó en una disyuntiva
moral. Al principio, trabajó la imagen de una mujer joven y pobre que
fue llevada por las circunstancias de la vida a prostituirse y a encontrar
en la protección de sus amantes una forma de supervivencia. Una desamparada
muchacha que desde sus labores de costurera llegó a convertirse en una
mujer deseada por coroneles, condes, toreros y quizás hasta por sacerdotes,
rodeada de un gran lujo. Ramona llenaba el vacío dejado
por muchas esposas en el ámbito del erotismo y al hacer su juego, termina
atrapada por su conciencia no obstante su conducta no fuera peor que
la que practicaban a escondidas muchas niñas bien de la alta sociedad.
Su comportamiento la convierte en una esclava, no sólo por la entrega
al mercado de su cuerpo sino por la construcción a su alrededor de un
mundo falso y decadente subordinado a los valores de la sociedad de
consumo que pretende mimetizar. Como salida de un tango, lo mismo
aparece esperando por sus clientes en una calle, que de niña tomando
la comunión que ya, en su caída, soñando con una ilusoria vida respetable
de pareja. Lo interesante de esta serie radica
precisamente en la evolución que el artista va haciendo del personaje
y en la manera en que va expresando su personalidad. Su comportamiento
no la coloca contra la sociedad sino simplemente como una mujer que
siguió las reglas impuestas por la misma y aunque su espacio es el de
la marginalidad, vive en un mundo de fantasía, de placer y corrupción
que la degrada aún más. De ahí que muy pronto la coloque frente a su
conciencia, en medio de terribles pesadillas o le recuerde aquellos
momentos del pasado en que aún conservaba su pureza. Está claro desde el principio que
junto a la exaltación del erotismo y la fogosa pasión que va a caracterizar
a su personaje y que representa a través de un exacerbado rejuego sexual,
el autor deja traslucir una evidente condena a ese camino en el que
su protagonista ha quedado entrampada y al que la han conducido todos
sus excesos. En un mundo lleno de contradicciones
apela al análisis del comportamiento humano en circunstancias concretas
y específicas y en ese sentido, el problema pasa a ser el de la relación
del ser humano con el mundo que le rodea y consigo mismo. Mediante este personaje Berni penetra
con toda profundidad en un tema todavía vigente en el mundo y en particular
en aquellas naciones en las que las desigualdades sociales son más críticas
y muchas mujeres aceptan convertirse en mercancía como única solución
a sus problemas. Partiendo de la crítica social, Berni pasó a ofrecer
una perspectiva moral del tema poniendo el énfasis en el nivel de degradación
espiritual al que inevitablemente se llega a enfrentar la mujer dentro
de esas circunstancias. Curiosamente, mientras el autor
inicialmente explica y hasta justifica su actitud, con el tiempo la
enjuicia colocándola en situaciones límites con relación a ella misma.
Al tiempo que la hace pasar por situaciones difíciles, la pone a disfrutar
de la vida fácil, le recuerda su edad virginal, su familia,
colocándola en un permanente estado de cuestionamiento con ella
misma y con su destino. Parecería que su creador se hubiera asustado
con los resultados de su propia obra y compartieran ambos un mutuo arrepentimiento.
En este sentido resultan muy interesantes
las soluciones encontradas para interpretar y expresar esta problemática
mediante el lenguaje del arte. * En efecto, hacia 1962 Berni dejó
esbozada la historia que le crearía a la protagonista de la serie, configurando
su imagen de prostituta y dando a conocer su origen y el entorno de
dónde salió. Para entonces, presenta a sus padres, cuenta que había
sido obrera y que como toda niña buena había tomado la primera comunión
y de esa fecha data incluso su primer retrato.
Pero aunque comienza a aparecer representada a través del grabado,
todavía en este año su principal medio fue el collage caracterizado
a la sazón por utilizar materiales muy diversos como telgofor, cera,
yeso, encajes, plásticos, todos encaminados a expresar el ambiente de
oropel dentro del cual el personaje comienza a vivir. De esa fecha son los collages Desnudo
femenino, considerado por algunos críticos como antecedente del personaje
y el Estudio para Bacanal de Ramona Montiel. En ambos se enfatiza la
sexualidad de la figura, destacándose la carga erótica que distinguiría
la serie en su desarrollo, de forma muy provocativa y que en algunos
casos resulta dramática y para algunos hasta obscena. Hay que señalar que después de
creada la serie de Ramona Montiel,
algunos trabajos previos de Berni fueron retitulados e incorporados
a la leyenda, aún cuando en rigor sólo hayan sido experimentaciones
vinculadas con el proceso de creación del personaje. Ese fue el caso
por ejemplo del collage La Boda, realizado en 1959 y más tarde conocido
como El casamiento de Ramona, creado mucho antes de que su autor diera a
conocer la famosa serie. De cualquier manera, parece legítimo considerar
este cuadro como parte del conjunto porque en él están presentes los
elementos de los que se valdría el artista para representar el entorno
del personaje y para desarrollar su historia,
vinculados con la técnica del collage, a la que el autor desde
entonces le otorgó un carácter simbólico. En este sentido, el interés de
la pieza radica básicamente en el uso que hace de un mantel plástico,
cuyos bordes imitan el encaje, para simular el pretendido lujo del vestuario
de la mujer representada, en la que por demás aparecen rasgos del tipo
físico que más tarde le daría a su Ramona Montiel, en el que la voluptuosidad
y el apego al lujo y la banalidad configurarían sus principales características.
Igualmente, de 1962 datan otros
trabajos no titulados originalmente por su autor y que posteriormente
serían incluidos como parte de Los monstruos de la pesadilla de Ramona
y que sin duda constituyen antecedentes de ellos, quizás estudios previos
realizados todavía en superficies planas aunque con el relieve propio
de los collages de esos años. En realidad, no he podido descifrar aún
cuándo ni quién los tituló así incorporándolos como parte de la serie
más tarde realizada en forma de enormes objetos plásticos, sin embargo,
hay que convenir que pertenecen a la misma por la coherencia que presentan
con la evolución posterior del personaje, no sólo por el lenguaje utilizado
sino por la participación en el concepto que les dio origen. Son todos
de pequeño formato pero contienen la misma intensidad que más tarde
exhibirían las construcciones polimatéricas hechas todas a gran escala. Ahora bien, aún cuando Ramona nació
en forma de collages, lo cierto es que su articulación como personaje
no se produjo hasta la aparición en 1963 de la serie La vida de Ramona
realizada en xilo-collage-relieve, la nueva técnica creada por Berni
mediante la cual el artista, que había comenzado por introducir en el
taco de madera materiales diversos, crearía relieves inusuales en el
grabado que, por demás, llegaría a tener dimensiones poco comunes hasta
entonces en dicha manifestación. Fue justamente a través de este
procedimiento gráfico de su propia invención, que la serie narrativa
de Ramona Montiel alcanzó su total estructura, cuando se ajustan las
principales historias y se define el destino que tendrá la protagonista,
ya esbozado previamente. Si se sabía que la muchacha había
sido obrera, ahora su creador explica un poco más su pasado. La pupila,
concretamente había sido costurera. En
plena madurez como prostituta, se divierte como bataclana, aprendió a hacer streap tease y comienzan a
definirse sus principales clientes. En este momento aparecen también
algunos códigos imprescindibles para la lectura de la serie. Uno de
ellos relacionado precisamente con los hombres que la rodean; por ejemplo,
el mundo masculino que tiene que ver con su profesión de prostituta
nunca aparecerá colocado junto a ella.
Desde este momento sus clientes estarán representados siempre
aparte, serán objeto de obras separadas, de un indiscutible valor en
sí mismas pero cuya verdadera y estricta significación radicará en el
alto valor simbólico que le otorgará al conjunto. Llama la atención además que en
muy pocos casos Ramona tiene alguien a su lado y cuando esto ocurre,
la presencia de la pareja tiene una carga connotativa específica. De
hecho, la primera vez que Berni coloca la imagen de un hombre junto
a Ramona, descontando la Boda de 1959, es en el grabado de 1963 titulado
Ramona y Gardel. Aquí el autor vincula el mito del tango con el de la
recién creada mujer estableciendo no sólo conexiones entre ellos, sino
también con él mismo. No creo que se hubiera podido nacer impunemente
en “la Argentina de la época de oro del tango” de la que nuestro artista se declaró hijo.
Ramona como su autor dijera, venía de ese mundo del arrabal hecho visible
en el tango y del que formaban parte sus principales personajes, el
malevo, el rufián, el cafisha y por supuesto las pupilas. Sin pretender dar respuesta a esta
operación de entrecruzamiento de mitos, me aventuraría a pensar que
en este grabado, quizás Berni pretendió
unir el mundo de la realidad y el
de la fantasía en un doble juego en el que la realidad de una, no era
más que las historias cantadas por el otro. La vida de Ramona ya es irreversible.
Ramona pupila así lo demuestra; en el sillón, en las tablas, se divierte
con el circo que la rodea. Mediante este conjunto, el perfil de la muchacha
de origen humilde que se orienta hacia la prostitución queda completado
y es entonces cuando comenzó a correr la leyenda de esta mujer que cosía,
soñaba, bailaba y esperaba a los clientes en la calle o en su habitación. Muchos de los asuntos tratados
este año, como el de sus amigos o el de la espera, continuarían apareciendo
de forma recurrente dentro de la serie e incluso algunos llegarían a
ser tratados con particular insistencia, de acuerdo con el ángulo de
la vida del personaje que su creador se propusiera destacar. En 1964, aunque continuó haciendo
miradas retrospectivas a su personaje, Berni puso un énfasis particular
en el entorno que rodeaba a la protagonista y en los aspectos que tenían
que ver con su presente. Mostró cómo vivía, cómo se vestía, cómo actuaba,
y sobretodo completó en una miniserie el universo conformando por sus
clientes y amigos, llamados también por algunos sus “protectores”, con
quienes compartía ya su nueva vida. En este capítulo, el autor evidentemente se propuso contar las aventuras de su criatura no sólo a través de su propia figura sino mediante la representación de los demás personajes que completaban sus historias. Siguiendo la línea establecida en las estampas precedentes, los aristócratas, militares, marineros, que ahora formaban parte de su mundo más próximo, continuaron siendo trabajados por separado. No obstante resultar muy diferentes entre sí, tenían en común un aspecto casi salvaje, mitad bestias- mitad humanos, como si a través de la deformidad de sus rostros, el autor pretendiera dejar constancia de la hipocresía de una sociedad, que justificaba a aquellos hombres que venían a buscar en la mujer, los placeres por los cuales ella era condenada. Dentro de este contexto merece
la pena destacar la aparición de la estampa titulada El matador, por
el tratamiento que hace del tema de la muerte y por sus nexos con otros
trabajos posteriores, en particular con el conocido grabado Ramona en
España, de 1968, al que más tarde se hará referencia. En general, durante este año la
historia se desarrolló casi exclusivamente mediante el xilo-collage-relieve
cuya importancia dentro de la serie aumentaría aún más durante el siguiente
año. En 1965, Ramona sigue de fiesta,
desvistiéndose, bailando y disfrutando su vida, pero al mismo tiempo
se produce un giro interesante dentro de la serie, que no puede ser
pasado por alto. Al igual que el año anterior, Berni
convoca la presencia de otros personajes como parte de la historia.
Pero curiosamente, los hombres que giran ahora en torno a la pupila
son todos eclesiásticos, constituyen un grupo homogéneo, muy particular, cuya significación dentro del contexto de las
restantes piezas que a la sazón completan el conjunto, plantea algunas
interrogantes. Pero antes es necesario dejar sentado
que durante este año, Berni se sale de la bidimensionalidad para llevar
a cabo una acción plástica a la que es invitada a participar una vedette
llamada Rosangela. Recurre a la presencia de esta mujer, hermosa
y voluptuosa, bella como tenía que ser Ramona para construir este collage
en vivo, cuya realización fue registrada como un Fotoperformance y recogida
por la Revista Stop en octubre
29 de 1965. Una variante interesante que antecededería otras experiencias,
un tanto más complejas, que más tarde desarrollaría. Ahora bien, lo que más llama la
atención dentro de la serie en este momento, es la vuelta de tuerca
dada al análisis del personaje; una suerte de cambio de foco dentro
del cual el énfasis estará puesto más que en su historia, en las consecuencias
de su conducta. Si originalmente le daba un peso mayor a las circunstancias
que llevaron a la costurerita a convertirse en pupila, ahora sus preocupaciones
estarán encaminadas sobretodo a enjuiciar las imperfecciones morales
del ser humano. Para muchos autores, el conjunto
de estampas que conforman los obispos y sacerdotes protectores de Ramona,
alude a la corrupción del cuerpo eclesiástico que, al
igual que condes y embajadores la rodeaban en busca de placeres.
En todo esto hay que considerar
ante todo que Berni no era un hombre religioso. Su visión del mundo
y sus juicios sobre la sociedad partían de convicciones ideológicas
muy alejadas de la mística y que el tono general de la serie permitiría
sin duda explicar este conjunto desde este punto de vista. Sin embargo me permito diferir
de mis colegas inclinándome a pensar que el uso del código religioso
en este caso podría no haber sido más que un pretexto para reflexionar
sobre otros problemas más estrechamente relacionados con la crisis de
conciencia que le comienza a incorporar a su personaje; una forma de
llamar la atención sobre los sentimientos de culpabilidad que le incorpora
a la protagonista enfrentada ahora a las consecuencias de su conducta.
Una mujer que empieza a debatirse entre sus sueños y sus pesadillas. Desde luego, para la representación
de esa culpa no bastaban ya los collages. De manera que consecuente con sus
propios procedimientos arribó a la creación de los monstruos, construidos
igualmente con desechos pero cuyas formas y dimensiones terminan por
expresar, al mismo tiempo, la magnitud de su espanto. La complejidad
de planteos que ahora se hace lo obliga a buscar otros medios expresivos
y a salirse del collage y del grabado buscando en el performance y los
objetos plásticos, recursos más convenientes a sus propósitos. El Fotoperformace sin duda le sirvió
para resumir el ambiente de placer que ya caracterizaba la vida de la
prostituta. Pero, ¿cómo darle forma a los monstruos de sus pesadillas? Es entonces cuando las grandes construcciones polimatéricas, le servirán
para introducir las nuevas reflexiones sobre la problemática a la que
se ve enfrentada esta mujer y surge como parte de la serie, el conjunto
titulado Los monstruos del infierno se disputan a Ramona, del que forman
parte las conocidas obras La voracidad y La hipocresía; pecados en los
que cayó su criatura y que fueron revelados por él como los principales
vehículos de su destrucción moral. Esos monstruos son los que se devorarán
inevitablemente a la prostituta, en el episodio final de su vida. La
protagonista es representada en ellos, sobre todo, como una víctima
social de sus propios vicios, contexto dentro del cual resulta muy difícil
mantener al margen la presencia a su alrededor de los obispos, sacerdotes
y monjes representados en las estampas hechas en xilograbado, como tampoco
las alusiones a su infancia virtuosa cuando tomaba la primera comunión. Las dos alegorías que forman parte
de Los monstruos del infierno se disputan a Ramona, son dos piezas tridimensionales,
hechas de materiales de desecho en forma de enormes y extraños engendros
que se devoran a esta mujer juzgada ahora por sus excesos. Si en un principio reclamaba el carácter determinista de las injusticias
sociales en el destino de la protagonista, en este momento enjuicia
moralmente su conducta y condena sus pecados, introduciendo una conciencia
culpable, que en realidad nunca sabremos si es la de Ramona o la del
propio autor. Son esos sentimientos de culpabilidad
los que se traslucen abiertamente en el xilocollage La Bella y el Monstruo
de 1966, en el que se ve ya
a la voluptuosa y espléndida Ramona confrontándose con una cortesana
decadente y deforme, que funciona como una refractación de su propia
figura. Merece tenerse en cuenta que mientras
en los monstruos polimatéricos Berni insiste en las pesadillas de su
personaje, en los xilocollages mantiene una relación de amor-condena
con su criatura, mostrándola unas veces dentro de sus excesos y otros
soñando con su pasado o con una posible reconstrucción de su vida junto
a una pareja. Así la vemos junto a Juan, un buen amigo, o recostada
imaginando la belleza de un mundo natural que sólo puede ver desde su
ventana. En este mismo año 1966, realiza
una instalación titulada La casa de Ramona, en una parte de la Botica
del Angel, sitio que se había inaugurado por entonces en Buenos Aires
y que, hasta hoy, constituye uno de los espacios culturales más interesantes
de la capital argentina. En
ese curioso ámbito, Berni hizo un ensayo de ambientación que pretendía
representar el entorno privado de Ramona;
experiencia que le sirvió de mucho en la elaboración de una obra
mayor que realizara en 1967 titulada Ramona en la caverna. Un camino
que lo conduce a la realización del espectáculo ambiental multimedia
llevado a cabo en 1970 y que parece cerrar la serie, El mundo de Ramona. Indudablemente, el trabajo tridimensional
con los monstruos le abrió un mundo formal muy rico, que lo llevó a
la utilización de otros medios adecuados a sus propósitos expresivos.
Ramona en la caverna, de 1967 fue una ambientación audiovisual que ocupó
íntegramente el espacio expositivo de una galería en Buenos Aires. Convertido
en el “antro” de vida de Ramona, todo el lugar fue cubierto con sus
imágenes, dispuestas entre los residuos y acompañada por una serie de
monstruos que personificaban los tormentos de su mente; sembrando por
todas partes signos alusivos a la muerte, cuya presencia ya había advertido
en los xilocollages y los collages. Ahora la idea de ese destino final
era reforzada mediante el uso del sonido y de la luz,
unas veces negras y otras fluorescentes, recursos que al mezclarse
con los de la plástica, le servían para lograr los propósitos conceptuales
que se había planteado. En el xilocollage de 1964, El matador,
ya Berni había tocado el tema de la muerte. Sin embargo, no lo había
relacionado directamente con la protagonista. Entonces se trataba de
un destino trágico cercano a ella, personificado en alguno de sus amigos;
en este caso mediante la representación de una calavera que viste con
atuendo de torero. Una cosa muy distinta sucede con la estampa Ramona
en España, de 1968. En esta ocasión, el artista vincula directamente
la tragedia con la protagonista y repite la imagen, pero esta vez colocando
el renovado símbolo de la muerte junto a su figura. Curiosamente, esta es la época
en la que Berni se concentra en su serie de los toreros y dedica menos
atención a su personaje femenino. En 1970,
realiza una serie de estampas en las que Ramona aparece más serena,
más bien como si arrepentida de sus desmanes, deseara una nueva vida. Al mismo tiempo, lleva a cabo su
espectáculo multimedia, titulado El mundo de Ramona, en el que utiliza
como metáfora de la toma de conciencia de su personaje, el momento del
despertar de su sueño. Para su realización, ocupó el espacio total del
escenario de un teatro, empleó recursos tomados del teatro negro de
Praga y se valió de secuencias fílmicas para aludir igualmente a los
sueños y las pesadillas que obsesionaban a la protagonista proponiéndose,
a través de las imágenes proyectadas en la pantalla evidenciar el mundo
del subconsciente de Ramona. Con la misma intención situó en ese ámbito
un monstruo polimatérico como símbolo de la conciencia culpable de esta
mujer y otros objetos que representaban el arrepentimiento. Esta obra quizás fue el colofón
de una historia en la que Berni, ya de vuelta de muchas partes pretendía
dejar constancia de ese entorno amenazante en el que la propia vida
colocó a Ramona. Posiblemente
porque para entonces, más allá de sus convicciones sociales, Berni haya
descubierto también los límites del individuo para controlar sus propios
excesos. En la creación de esos espacios
que van de la presentación de La casa de Ramona, muy cercana a aquellos
lugares conocidos por él a y
de los que siempre habló con cierto cariño juvenil, al de El mundo de
Ramona, en el que la mujer es colocada en su propio mundo interior atrapada
por sus culpas, Berni definitivamente pone de manifiesto el cambio de
perspectiva que desarrolló sobre su personaje y los altibajos de sus
sentimientos con relación a ella. Sin duda ese proceso de reprobación
se hace visible en toda la serie, desde sus orígenes. Pero si bien los
sentimientos de culpabilidad son recurrentes, desde el nacimiento de
Ramona, no se hacen completamente explícitos hasta que la atmósfera
orgiástica y libidonosa presente en algunas estampas y collages, empieza
a ceder lugar a una mirada introspectiva del personaje, en la que el
padre de la criatura deja de poner el énfasis en los factores sociales
que la condujeron a la “mala vida”, para comenzar a recriminarle, desde
el punto de vista sicológico y humano, sus excesos. Sentimientos que
en esta obra se manifiestan con total crudeza. Resulta evidente que en el transcurso
de la serie, siempre que Ramona
se le iba de las manos entre orgías y vicios, trataba de recuperar sus
virtudes apelando al mundo de su infancia. Es muy probable que cuando
este procedimiento no le bastó, decidiera colocarla frente a ella misma
y frente a su presente. En un cuento que escribió sobre
Juanito Laguna, deja constancia
de esa posición un tanto moralizante que se advierte en los últimos
trabajos sobre Ramona celebrando que su madre no haya cedido a la tentación
de buscar una solución a su pobreza que no fuera por la vía de la dignidad.
Así empieza el relato: “Lucía decidió dejar el rancho de sus padres,
cerca de San Fabián junto a la laguna de Coronda, y volver nuevamente
a Buenos Aires con el propósito de engancharse en cualquier trabajo:
obrera o sirviente. En sus frecuentaciones porteñas no faltaron los
rufianes que le propusieron hacer la puta explotando cómodamente su
interesante cuerpo… Pero ella supo defenderse soslayando sus insinuaciones”.
[9]
Después de varios años sin ocuparse mucho de Ramona, en el año 1976
realizó tres grandes collages, de mucho relieve, en los que incluye
objetos todavía más corpóreos que los trabajos precedentes. Son trabajos
finales en los que parece jugar sobre todo con el elemento de la deformidad,
al intentar representar la decrepitud de la
vieja prostituta. Al mismo tiempo, se introduce en el mundo de
las supersticiones, valora los miedos de Ramona y la sienta frente a
una adivina en busca de una luz sobre su futuro. Ante lo que ha sido su vida, Ramona
quiere conocer su destino. Berni sabe recoger la intensidad del momento
colocando las dos figuras una frente a otra precedidas por algunos de
los conocidos símbolos de las adivinadoras. Mientras esta adopta la
apariencia de una bruja, la otra, en su atuendo típico, maquillada y
llena de encajes, espera impaciente y temerosa por sus palabras. Ese mismo año, intentando darle
una vuelta a la vida de su protagonista, Berni vuelve al tema de la
boda, como si el casamiento hubiera representado la salvación de su
alma. Curiosamente, un año después repite
otro de los temas que le dio inicio a su historia, esta vez como si
la experiencia pasada no hubiera existido. Ramona aparece ahora exuberante
y provocativa, pero con cierto aire de frescura e ingenuidad, despojada
de los tormentos de las pesadillas; serena y feliz dentro de su juventud.
Muy lejos de aquella maja cubierta de lujo en cuyo oropel se anunciaba
ya su decadencia. Lo que sintió Berni frente a la
mujer que lo acompañó en la última etapa de su vida, ya no lo sabremos
pero quizás nos permita especular sobre los pensamientos de un artista
que liberal en su vida y en su obra, ante todo fue un hombre.
BIBLIOGRAFIA A Lily Berni y Waldo Casal, por haberme adentrado en la obra del maestro
y por su inestimable apoyo en el estudio de su obra. |
|||||||||
|
|
||||||||||
![]() |
![]() |
![]() |
||||||||
![]() |
![]() |
![]() |
||||||||
|
Se fundó en 1984 con el objetivo de divulgar la Colección Arte de Nuestra América de la Casa de las Américas, además de acoger muestras transitorias de artistas y proyectos internacionales. Calle G y 5ta, El Vedado, Ciudad
de la Habana. Cuba
|
||||||||||