Homenaje a jurados del Premio La Joven Estampa

La Casa de las Américas desde su fundación, estableció vínculos significativos con un gran número de los más importantes artistas contemporáneos que, a escala internacional, fueron marcando pautas en el desarrollo de las artes visuales de la región. De esta manera las galerías de la Casa han recibido muestras transitorias que han incluido diferentes géneros, expresiones y técnicas de varias generaciones de artistas de América Latina y el Caribe fundamentalmente. Muchas de esas obras, expuestas inicialmente en nuestras salas, premiadas en los concursos que lanza la institución o donadas por sus autores, han pasado a formar parte de la Colección Arte de Nuestra América que hoy alberga la Casa de las Américas, y que constituyen un patrimonio artístico excepcional.

La Colección Arte de Nuestra América de la Casa de las Américas, cuenta con obras de cada unos de los artistas que han participado como jurados del Premio La Joven Estampa desde su fundación en 1987. Es por esto, y a propósito de la recién finalizada octava edición de ese certamen, que Arteamérica ha querido dedicar su sección Colección a realizar un pequeño homenaje a estos artífices del grabado que, desde hace década y media, vienen marcando el desarrollo de la más joven producción gráfica de la América Latina y el Caribe.

GRÁFICA PIDGIN”

La diversidad en el grabado latinoamericano contemporáneo

por Alicia Candiani  

(Ponencia presentada durante las sesiones teóricas de la octava edición del Premio la Joven Estampa)  

Introducción 

Hace veinte años todo estaba concluido: se proclamaba el fin de la historia como relato y se disolvía la Unión Soviética, terminando con la fragmentación bipolar del mundo. La humanidad se sumergía en una etapa globalizadora en la cual, aparentemente,  los conflictos habían sido resueltos y la armonía reinaba sobre la tierra. Sobrevino así una especie de euforia fraternal que sustentaba la idea de que la globalización nos acercaba, homologando ingenuamente la posibilidad tecnológica de comunicación universal a través de Internet con la posibilidad simbólica de diálogo entre las diferentes culturas.  Sin embargo, la apertura de la 8va Edición del Premio Bienal de La Joven Estampa coincide con un trágico momento para la humanidad, en la cual la paz del mundo está amenazada y el diálogo entre las culturas ha sido quebrado. La globalización, así como también las nuevas tecnologías, que se habían autoproclamado como el Mesías de los nuevos tiempos, fallaron. Hoy, más que nunca,  sabemos que una “cultura global” no significa la homogeneización del planeta. Por el contrario distintas concepciones estéticas y culturales conciben e interactúan al mismo tiempo. Y esto significa diversidad y conflicto a todo nivel.  

En estos tiempos de rupturas y fragmentaciones, las visiones del mundo que nos daba el arte tradicional están obsoletas al mismo tiempo- y por la misma razón- que se duda sobre el protagonismo del grabadoen el arte contemporáneo.  De esta manera, la gráfica actual (y muy especialmente la gráfica joven latinoamericana) si quiere sobrevivir y dar testimonio de sus tiempos, tiene que producir un auto-reajuste a  las modificaciones que he venido señalando.  Y estas modificaciones se pueden producir alimentándose de su propia historia. En el pasado, la gráfica latinoamericana estuvo históricamente posicionada para ofrecer un comentario social o una oposición política. En la actualidad el impacto visual de las imágenes gráficas sobre la percepción, junto con el uso de los medios electrónicos y la interactividad, alteran todos los medios de comunicación social a la vez que se continúa bebiendo en una larga tradición en que los grabados fueron usados como medios para expresar ideas o dar información.  Con este marco de referencia esta presentación se referirá a como los límites del grabado latinoamericano contemporáneo han sido y deben ser ampliados, evolucionando desde una estética basada en una tecnología de 500 años de antigüedad a un campo de experimentación estimulado por los procesos de nomadismo e hibridación que vemos en los otras  disciplinas artísticas.

Las artes gráficas contemporáneas están definiendo un nuevo perfil elaborado a partir de los cuestionamientos sobre su contenido, procedimientos, forma, género e ideología que se produjeron durante los años ’90. Los profundos cambios que las últimas décadas del siglo XX trajeron en la comunidad globalizada,  sumados a las perspectivas del uso de los nuevos medios, han generado una modificación en los parámetros de aproximación al grabado, que afectaron tanto a su calificación como a sus modos de producción y a la revisión del concepto de múltiple y original. La gráfica actual se suma cada vez más a los procesos de hibridación, avanzando sobre las estrategias y espacios de otras disciplinas, al punto que podríamos hablar de un post-grabado para referirnos a las modificaciones introducidas en los circuitos de exposiciones internacionales, en los lenguajes artísticos, en los nuevos medios técnicos y en el uso del múltiple, no ya como reproducción de la imagen sino como elemento generador de la misma, lo que ha cambiado radicalmente los paradigmas establecidos por la modernidad para el grabado artístico.  

Globalización vs. Diversidad  

Para interpretar los nomadismos y transformaciones que se están produciendo en la gráfica latinoamericana actual, una metodología simple sería analizar las dos palabras claves de estos fenómenos: “globalización” por un lado y, por el otro, su contrapartida, “diversidad”.  

Néstor García Canclini define a la globalización como: “una etapa histórica en la cual la convergencia de procesos económicos, financieros, comunicacionales y migratorios acentúa la interdependencia entre vastos sectores de muchas sociedades y genera nuevos flujos y estructuras de conexión supranacional”. Este proceso, que ya es irreversible,  es visto por algunos como un navío que zarpa para corroborar la redondez de la tierra e integrar los nuevos mundos, casi digamos como la Santa María de Colón; mientras que para otros se parece más al Titanic en el que se celebran banquetes mientras la nave naufraga, sin botes salvavidas suficientes para todos. Independientemente de las posturas adoptadas, lo cierto es que en este, ya irreversible, proceso de mundialización los aspectos políticos, económicos y sociales están directamente vinculados con los culturales, los que pueden entenderse como efecto y respuesta a la tendencia hacia una creciente homologación de la cultura del planeta a la que se responde con nuevas reinvidicaciones que hallan su centro en los problemas de identidad y pluralidad cultural. Hay también entre estas dos posturas bipolares y antagónicas, acciones intermedias que podrían ayudar a compensar los mecanismos unidireccionales de globalización que se producen en un sentido Norte-Sur o centro-periferia. Estas posiciones intermedias recurrirían a señalar y abrir el espacio de la diferencia en los términos más amplios posibles, a utilizar las redes dedicadas a la “negociación de la diversidad” (expresión esta utilizada por algunos teóricos para caracterizar cómo las representaciones de los países centrales sobre los grupos periféricos pueden ser reformuladas a través de las acciones que logran el fenómeno inverso: proyectar las perspectivas periféricas a escala transnacional).  

En este contexto y a lo largo de las tres últimas décadas, y muy especialmente en la última, el arte ha hecho suyos los diferentes conflictos que recorren la experiencia de nuestra época, abriendo un debate que partió de las cuestiones relativas al multiculturalismo y que permitió un análisis sobre los nuevos problemas de identidad, mestizaje y nomadismo. Las consecuencias de este debate modificaron una mirada que – desde la tradición- prefería los ideales de universalidad a los de particularidad, el canon a las formas periféricas de cultura. Paralelamente, los últimos cincuenta años del siglo XX vieron consolidar en el escenario artístico un circuito de exposiciones de gráfica internacionales de carácter bienal o trienal. Muchos de los cambios que trajo aparejada la globalización y que fueron des-estructuradores para otras disciplinas, le abrieron al grabado nuevos espacios que vinieron de la mano de una mayor libertad para experimentar técnica y conceptualmente. Aprovechando un momento histórico de rupturas e intercambios, en que la cultura proyecta una homogeneidad al mismo tiempo que se ve obligada a asumir la idea de la diferencia, las artes gráficas supieron como “negociar la diversidad”. Lo hicieron mediante la consolidación de un circuito internacional de exposiciones y eventos dedicados a la propia disciplina, generando una contra corriente de la periferia hacia el centro en la que nadan con buen estilo las áreas periféricas: Latinoamérica, los países del Este de Europa, las naciones resultantes de la desmembración de la ex Unión Soviética, India y Egipto.  Al respecto, la Trienal Internacional de Gráfica de Egipto, si bien abarca todos los países del mundo, es de alguna manera un aglutinante de los artistas del mundo árabe excluidos de los circuitos de bienales internacionales bajo el ejido de Estados Unidos o Inglaterra.  

En el Caribe, la Bienal de San Juan fue pionera en “negociar la diversidad”, proyectando la diferencia y jerarquizando al grabado de Latinoamérica hacia el resto del mundo. Paralelamente la aparición del evento La Joven Estampa dedicado a artistas menores de 35 años afianzó la idea de un circuito interno a la región latinoamericana pero con proyección internacional. Ambas bienales de gráfica fueron tempranamente artífices de una globalización “tangencial” (generalmente se piensa que la globalización es “circular” pero en rigor la mayoría se ve envuelto en globalizaciones “tangenciales” que involucran áreas o intereses reducidos a “territorios o circuitos que para cada uno serían la globalización digerible) que unió a los países latinoamericanos en torno a la problemática del grabado, mientras que su continuidad y excelencia ayudó para difundir las imágenes y los lenguajes artísticos, provocando el intercambio entre los propios artistas de la región. Estos eventos sirvieron también para darle a la gráfica latinoamericana una identidad alejada de los estereotipos indigenistas-expresionistas con los que los países centrales la identificaban, ya que propició el perfil de un concepto múltiple de identidad, que no se relaciona con lo folklórico o etnocéntrico sino que tiene que ver con situaciones y vivencias distintas: memorias personales, coyunturas políticas y sociales, minorías raciales y sexuales determinadas por desenvolvimientos históricos particulares.  

Gráfica Pidgin   

Para aproximarnos entonces a la diversidad de la gráfica joven de Latinoamérica, el camino es el descubrimiento de “la metodología de la diferencia”. Esta metodología nos permitirá liberar la infinita cantidad de textos que están incluidos en el discurso gráfico de los artistas que hoy apreciamos en la bienal.  Para ello necesitamos de conceptos más líquidos, descentrados y fluidos, que destruyan las tentativas de clasificación que siempre se le han impuesto a las artes gráficas (por técnica, por ediciones limitadas, por soportes de papel, por lugar geográfico) ya que estas ejercen un dominio e imponen un orden externo al artista y su obra.  Aquí podríamos, parafraseando a Massimo Canavecci, tomar prestado el concepto de lo pidgin, una mezcla de dos lenguas usada entre personas que no hablan bien ni la una ni la otra, por lo cual se comunican inventando una tercera que es una nueva forma. Como en las lenguas pidgin, en el grabado latinoamericano lo nuevo entra gracias a la impureza, su transformación y su mezcla, definido por la presencia de lo multimedial, multicultural y multitécnico.  Las fronteras formales entre los soportes y los lenguajes se han diluido, las obras están compuestas a partir de las más diversas fuentes y permanecen en continúo movimiento entre un medio y otro, hasta el extremo que pueden ser calificadas como migratorias, en constante tránsito, en metamorfosis. Lo que queda es una nueva cultura gráfica que ha roto con los antiguos paradigmas, a la que permanentemente se integra una mayor cantidad de artistas que la usan como estrategia en sus narrativas.  

Entre estos artistas que la usan como estrategia, he traído una obra pequeña pero contundente. Sin estridencias, la artista argentina Cecilia Mandrile de alguna manera ejemplifica todas las cuestiones que nos han estado ocupando. Perteneciente a la llamada generación joven, Cecilia, por diversas razones, ha vivido un nomadismo artístico, cultural y personal en los últimos años. Durante este tiempo ha estado trabajando con objetos tridimensionales pequeños y transportables -los que realiza en telas impresas digitalmente que luego son cosidas a mano y rellenadas como muñecos- que conforman instalaciones conjuntamente con piezas encontradas en sus viajes. Trabajando con imágenes digitales como matrices virtuales y la lap-top como un taller portátil, Cecilia define esta serie, El perfume de la ausencia, como “un proyecto de grabado nómade”.   Durante el largo tiempo que la artista permanece viajando, enseñando e interactuando con artistas de diversas culturas, ha acarreado estas piezas que anteriormente alguna vez expuso en el espacio de una galería. Durante el viaje fue fotografiando esos fragmentos en los nuevos paisajes que la rodearon, como intentos de documentar su experiencia - tanto de testigo como de protagonista- en esos nuevos escenarios.  A través de estas fotografía ella se dio cuenta que la aparente “naturaleza muerta” de los objetos cambiaba de actitud al relacionarse con los nuevos y diferentes entornos, de la misma manera que ella misma, como una artista errante, necesitaba adaptarse a las diferentes realidades.  

Conclusión  

En conclusión, la gráfica latinoamericana debió reacomodarse a todas estas nuevas articulaciones entre lo global y lo nacional, instalándose entre la tensión generada, por una parte, por las tendencias que establecieron para el arte un “lenguaje internacional” homogenizador, y por el otro la valoración de las prácticas artísticas y la experimentación lingüística como instancias para renovar o continuar las diferencias simbólicas.  Dentro de este marco, la gráfica latinoamericana estuvo atenta a mostrar el juego dialéctico de las identidades y de su construcción. Hoy, la VIII edición bienal de La Joven Estampa en La Habana se celebra desde una perspectiva amplia e inclusiva, en la que muestra la diversidad, relevancia y vigencia del grabado en Latinoamérica. Todo lo que se nos ha dado en ver en relación con esta bienal de jóvenes creadores afirma, una vez más, que las artes gráficas tienen la facultad de construir un dispositivo poético capaz de imaginar y proyectar, de edificar y vivir, nuevas formas de narración que muestran la lógica azarosa de los procesos de construcción de las identidades y de los imaginarios de nuestra región, que es periférica, que es diversa...que es un territorio que debe ser re-descubierto en otros términos.

 

 

1987
Augusto Rendon
Eugenio Téllez
Hernán Alvarado
Eugenio Téllez
  Hernán Alvarado  
1990
Ana Tiscornia
Carolina Campos
Liliana Porter
Ana Tiscornia Carolina Campos
    Liliana Porter    
         
1993
José A. Roda
Nelson Domínguez
Tony Capellánr
  José A. Roda   Nelson Domínguez
         
    Tony Capellán    
         
1995
Antonio E. Tonel
Jesús Matheus
Lucía Maya
  Antonio Eligio   Jesús Matheus
         
    Lucía Maya    
         
1997
Antonio Martorell
Carlos Capellán
Ibrahim Miranda
  Antonio Martorell   Carlos Capelán
         
    Ibrahim Miranda    
         
1999
Choco
Tuly Bauman
  Choco   Tuly Bauman
         
2001
Hugo Rivera
José Omar
  Hugo Rivera   José Omar
         
2003
Alicia Candiani
Sandra Ramos
  Alicia Candiani   Sandra Ramos