Un Museo de Arte Popular para Cuba


Árbol de la vida (fragmento). 1975. Alfonso Soteno. Metepec

 

La sección Colección Casa ha publicado en sus diferentes entregas autores y expresiones de las artes visuales que integran la Colección Arte de Nuestra América.

A partir de este número  ponemos a disposición de nuestros asiduos lectores materiales que rezan en nuestros archivos que  forman parte de la historia -aun inédita- de nuestro acervo, donde artistas, colaboradores, amigos y las exposiciones realizadas durante casi cinco décadas de trabajo, han jugado un papel determinante en la conformación del patrimonio institucional.

Un Museo de Arte Popular para Cuba

En septiembre de 1960, y a pocos meses de la fundación de la Casa de las Américas, una carta firmada por Haydee Santamaría  circulaba por todo el continente. 

“De nuestra consideración:   

Estamos solicitando su colaboración para una obra que hemos emprendido recientemente, la creación de un Museo de Arte Popular en la Casa de las Américas. Es una necesidad para Cuba ya que no tenemos ningún Museo en que nuestro pueblo pueda apreciar esa manifestación artística a través de la cual se expresa tan bien nuestra América…*1

Con esta misiva, la idea de una colección de alcance continental  entraba en consonancia con los objetivos fundacionales de la Casa de las Américas. Como antecedente, el 4 de julio del propio año 1959 fue inaugurada,  en el espacio que hoy ocupa la Sala Manuel Galich, la primera de las exposiciones realizadas en la institución bajo el título: Artesanía Americana, con exponentes del vestuario, la cerámica y la orfebrería de la colección de Isabel Mestre.

Para diciembre del propio año 59 se celebra la Primera Semana de Arte Mexicano en Cuba, organizada  por la Casa de las Américas y la Secretaria de Relaciones Culturales de México. Dentro del programa de actividades se inauguró la exposición: Pintura y grabado contemporáneo mexicano, donde ya se registran las primeras donaciones realizadas por los artistas mexicanos a nuestra institución. Obras de Leopoldo Méndez, Diego Rivera, Francisco Dosamantes, Rafael Coronel, David Alfaro Siqueiros, José Chávez Morado, Vicente Rojo, Pablo O′ Higgins, Juan Soriano y Olga Costa por solo citar algunos de los artistas que conformaron esta primera y representativa donación de México.

La cultura -decía Haydee Santamaría- no está solo en las cosas maravillosas que la integran, está también en el alma humana, que es la mayor maravilla. Hoy conoceremos a México, en esta Casa, por su bella música, por su arte. Después lo conoceremos por sus hombres, que aquí vendrán.

El aislamiento al que había sido confinada la mayor de las Antillas, no impedía la posibilidad de soñar. Soñar, ha sido quizás, una de las estrategias que la Casa de las Américas ha desarrollado durante todos estos años de trabajo a favor del arte y la cultura de nuestros países. Por ello, desde muy temprana fecha, vislumbró el nacimiento de un espacio, en el que la América Nuestra; la del Río Bravo hasta la Patagonia, estuviera presente con las creaciones más auténticas del ingenio popular: Un Museo de Arte Popular, que diera a conocer lo más valioso de las  producciones artísticas y culturales de nuestros semejantes de tierra firme.

Y de esta forma tan especial, ya fuera a través de los amigos que acudían al Premio Literario, a quienes se les solicitaba el envío de una pieza de arte popular de sus países originarios, o de los recomendados por los ya aliados y tempranamente incondicionales, o  por la petición expresa de Haydee a diferentes personalidades de comprar piezas muy puntuales del país visitado, se inicia la realización de este sueño. En el año 1960 se registra la entrada de vasijas cerámicas de Chillan, Quinchamalí,  de Pomaire y una crin de Panimavida, adquiridas en Chile.

Sumando voluntades y ganando adeptos, la Casa de las Américas  -al tiempo que estructuraba su fisonomía actual- iba conformando con cada entrega, una colección que ha crecido, gracias a la generosidad y el altruismo de sus donantes, reagrupados por un denominador común: sentirse partícipes de un proyecto legitimador, en tanto abarcador, genuino e inclusivo. Entre las importantes donaciones vale  mencionar: la realizada por el antropólogo venezolano Edgardo González Niño, integrada por un conjunto representativo de las principales piezas indigenistas de las tribus del territorio Amazonas, provenientes de su colección personal; la de la peruana Alicia Bustamante quien dejara su voluntad expresa en testamento, de enviar a  la Casa de las Américas un centenar de piezas de arte popular de su patrimonio personal. Asimismo las iniciativas oficiales, como las realizadas por el presidente de la Unidad Popular Salvador Allende en febrero de 1971, y la del ex presidente de México Luís Echevarria en 1974, que incluía el Gran Árbol de la Vida, devenido en símbolo de la institución. Hoy gran parte de estas obras se exhiben de manera permanente en la Galería Mariano, la cual lleva el nombre del gran pintor cubano, quien dedicó parte de su existencia al fomento de esta colección.

Pero de forma espontánea y paralela al Museo de Arte Popular, iba surgiendo otra colección, que fija su nacimiento desde la propia creación de la Casa de las Américas. Colección que gracias a la magnanimidad de muchos artistas e instituciones, que  se unieron a este proyecto a través de las donaciones de pinturas, esculturas, dibujos, grabados, fotografías, libros objeto,  e instalaciones fueron creando así, los cimientos de lo que es hoy la Colección Arte de Nuestra América, la cual suma mas de 16.000 obras,  representadas en ella  la totalidad de las expresiones de las artes visuales.

Continúa en el próximo número.