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Ciudad y espacio
público en el arte chileno actual Hacia fines de la década del ´90
del pasado siglo resurgen con fuerza inusitada las intervenciones, las
acciones y el arte en el espacio público chileno, de modo particular
en Santiago, la capital. Curiosamente, un incremento de tales prácticas
también se ha venido produciendo en otras partes del mundo al punto
de devenir centro de atención de simposios, bienales, e iniciativas
curatoriales.
A grandes rasgos, estas serían
las razones que explican el actual incremento de propuestas en el
espacio público y el abordaje de temas relativos a la ciudad a nivel
regional. Pero si bien ellas también son aplicables al caso chileno,
resultan insuficientes para explicar el interés de los artistas
de ese país en focalizar la Ciudad y el impulso que han cobrado
las citadas tipologías artísticas en el ámbito urbano. Ante todo habría que destacar la
reorientación que experimentan las prácticas artísticas ante los
cambios del contexto. La década del ´90 inaugura en Chile el periodo
de tránsito hacia la democracia, la dictadura ha quedado atrás,
y con ella, la necesidad de acudir a un lenguaje metafórico para
enmascarar los contenidos de denuncia y así evadir la censura en
los espacios institucionales, sobre todo durante los primeros años
posteriores al Golpe, si bien al amparo de la condición efímera
de las acciones callejeras tales contenidos quedaron claramente
expresados. Si antes ocupar la calle e involucrar a la ciudadanía
respondían a una necesidad política y constituían los recursos movilizativos
de las sensibilidades opositoras, ahora las fuerzas de la modernización
y del mercado han invadido el espacio público con paradigmas visuales
asociados a sus valores y complejizan la perdurabilidad de la memoria
y de los “arquetipos” nacionales. Los cambios en diversos órdenes
se producen ahí, en el mutante entramado urbano, sobre el cual el
arte quiere incidir o tiene algo que expresar. El presente texto argumenta cómo
algunas transformaciones aparejadas al devenir histórico de Chile
estimularon la re-insurgencia del fenómeno estético en el ámbito
público. Los antecedentes históricos de este tipo de prácticas nos
permitirá confrontar y definir las divergencias entre ambos periodos,
antes de pasar a analizar algunos fenómenos, proyectos y obras de
la actual etapa. Las galerías nómadas,
los arquetipos constructivos de la precariedad y la arquitectura
de solución habitacional perpetúan el trabajo con el icono más reiterado
en la plástica chilena de las últimas décadas: la casa. El protagonismo
que adquiere la ciudad como “figura temática” en proyectos artísticos
para espacios convencionales o de galería, donde aparece como referente
histórico de amplio diapasón en el imaginario colectivo, de remembranza
que obliga a una confrontación entre el pasado y el presente en
aquellos que emigraron y regresaron luego de la dictadura, es otro
de los tópicos que se aborda. Las nuevas utopías generadas en torno
al paisaje citadino y al aprovechamiento de las instalaciones para
la publicidad, lo mismo sean vallas que paletas publicitarias, y
de la calle por su alcance masivo por un lado; y por otro, la ocupación
estratégica de los denominados “no lugares” –principalmente las
estaciones del metro–, señalan algunas apropiaciones del espacio
físico de la urbe. El correlato que aportan los monumentos e hitos
históricos y su significación en la memoria colectiva, así como
los sitios de entretenimiento con relación al tiempo libre y al
turismo establecen lecturas que desbordan la entidad de los enclaves.
Los desplazamientos y la transterritorialidad aparecen como el eje
del trabajo de colectivos artísticos De ahí que se aborden tanto, una selección de
proyectos, acciones e intervenciones realizados en los últimos años
en el espacio público en Chile, como los que versen sobre la Ciudad,
no importando el soporte o expresión que hayan utilizado para ello.
En el segundo lustro de los 80s,
aparecen una serie de grupos y tribus artísticas –Luger de Lux,
Los Ángeles Negros y las Yeguas del Apocalipsis–, síntoma de una
situación cultural surgida a partir del resquebrajamiento del autoritarismo
militar y su sistema represivo que, como sabemos, culminaría en
el plebiscito con que cierra la década. Por lo regular, las acciones
de estos grupos no comportan el radicalismo mesiánico y el compromiso
social y político que caracterizó las obras del CADA; su actividad,
muchas veces aleatoria, se dirige a la descolocación de los formalismos
burgueses, al desmontaje y crítica de los acontecimientos y a la
provocación, para lo cual emplearon estrategias disímiles, como
el travestismo y la performance en el caso de las Yeguas. En 1989 surgen las Brigadas Chacón
como “una iniciativa de comunicación horizontal y alternativa”,
[1]
cuya actividad se hace sentir en el decursar de la década
siguiente. Aunque lo que ellas hicieron no puede considerarse una
propuesta estética sino la puesta en uso de “un recurso de propaganda
política”,
[2]
me interesa incluirlas aquí porque contemplaron lemas
alusivos a la cultura en sentido general. Las consignas que las
Brigadas Chacón reprodujeron en extensas bandas de papel –nunca
pintaron murales directamente
en las paredes– superan lo estrictamente político pues incluyen
los llamados temas valóricos de diverso orden: culturales, religiosos,
de género, profesionales, etc. Al mismo tiempo, dichas consignas
poseyeron un peculiar tono desiderativo, irónico y cuestionador
más acorde a las expectativas de un periodo de transición, en sustitución
del carácter afirmativo de los slogans de los 60 y 70. Lemas como “Que
los nuevos tiempos… no privaticen nuestros sueños”, en protesta
ante la masificada privatización; “Se fue Clinton… ahora vendrán
los tests de embarazo...”, donde se bromea con la imagen fogosa
del presidente; o como aquel que reza “El aire de Santiago….una
sobredosis de Modernidad” que responsabiliza al proyecto neoliberal
de la polución de la capital, activan la opinión nacional desde
su ubicación oportuna en grandes avenidas, paredones y autopistas.
Durante este periodo, conocido
como el tránsito hacia la democracia, el tono político de las intervenciones
artísticas decae y las prácticas en el espacio urbano se reactivan
dentro de un complejo proceso, de acuerdo a las demandas de los
nuevos tiempos y los signos de una cambiante realidad. La expansión
de Santiago de Chile, fruto de la especulación inmobiliaria, la
construcción rápidamente acometida de líneas de metro, grandes avenidas
y los llamados malls o
shoppings centers –prosperidad
que supuestamente debía borrar el profundo dolor provocado por los
desaparecidos y allanar el camino para la amnesia promovida por
el poder dictatorial– reconfiguran la dinámica del espacio urbano,
conformado ahora por fragmentos de su vieja historia, contrastes
y nuevos estándares de vida. Los cambios en el entorno y en el comportamiento
privado y ciudadano reposicionan los móviles de las prácticas artísticas,
fundando un cruce inédito de problemáticas internas, lenguajes internacionales,
empleo de nuevas tecnologías y códigos estéticos, con cierto afán
de incidencia pública y hasta de espectacularidad en algunos casos.
De esta situación surge el proyecto
Hoffmann’s House. Sus autores, los artistas José Pablo Díaz y Rodrigo
Vergara, lo dan a conocer en 1999 como “una experiencia cultural
cuyo objetivo fue producir y habilitar las condiciones de circulación
de obras plásticas, pretendiendo crear un espacio de análisis y
discusión respecto de la producción artística contemporánea de Chile”.
[3]
Una vivienda de madera de 18 metros cuadrados semejante
a una mediagua es emplazada, con carácter itinerante, a modo de
Galería de Arte en cuatro plazas de Vitacura, buscando, no sólo
que en cada plaza un grupo distinto de artistas tomaran parte de
la iniciativa, sino además confrontar, como posible audiencia, al
medio social circundante. En Hiperdespacio,
título de la segunda experiencia, la “galería” es emplazada entre
un costado del Instituto Nacional y Plaza Almagro con el objetivo
de confrontar “las relaciones del arte público con un espacio urbano
carente de identidad”. Cierra suave, en el 2001, constituyó la tercera propuesta de Hoffmann’s
House. Su emplazamiento dentro de Galería Metropolitana la transforma
en objeto de arte, con lo cual su función se subordina a la que
cumple aquella con relación a difundir el arte en el público de
la comuna obrera donde esta enclavada. Talento constituyó la ultima etapa de su itinerancia; su ubicación
en el área exterior de Galería Animal –nuevo espacio en Vitacura
que se ha propuesto romper con el esquema comercial de la zona y
contribuir a la internacionalizacion del arte chileno– persiguió,
a pesar del contraste entre sus respectivas arquitecturas, presentarse
irónicamente como una extensión de ella en tanto ambas comparten
el interés en promover el arte joven chileno. La importancia de
Hoffmann’s House estribó en llenar un vacío respecto a la carencia
de espacios para la promoción y el análisis de la plástica joven,
y la captación de nuevas audiencias a través de su itinerancia por
distintos barrios de la Ciudad, de ahí el apelativo de “galería
nómada”. Otro proyecto de galería de arte
alternativa, de cierto alcance crítico, se generó en la ciudad de
Talca entre el año 2003 y el 2004. De él se destaca el tipo de construcción
que se levantó con este fin, una “mediagua” –de ahí el nombre que
adquiere esta galería– donde expusieron artistas de trayectoria
y se organizaron paralelamente foros para acercar al público a los
lenguajes del arte contemporáneo. Con la apropiación del terreno
para la construcción justamente de una mediagua –hábitat
precario, edificado con material ligero– sus ejecutores,
un grupo de artistas y estudiantes del lugar, pretendieron simbolizar
la incomunicación y elitismo del arte de los circuitos establecidos
y proponer una homologación entre “la mediagua” como solución emergente
ante la falta de vivienda de unos y la inacesibilidad al arte de
un amplio sector poblacional, de ahí la decisión de sus promotores,
Reinaldo Villar y Loreto Pérez, de entronizarla en un sitio público.
Sobre los propósitos del proyecto expresaron lo siguiente: Frente a los espectáculos masivos de estos espacios formales (…)
la Galería Mediagua se expone al espacio público dialogando con
el entorno y sus habitantes, y busca así, mediante el arte, un medio
crítico de entender el espacio público, dando la posibilidad (…)
a estados de comunicación a escala humana (....). La intervención
Mediagua en el territorio público, cuestiona la decoración escultórica
y la publicidad condescendientes (que cada vez más, participan del
diseño urbano) motivando a un cambio de mirada y de experiencia
con las obras e invitando a ver y entender de un modo crítico el
espacio
[4]
. Una de las imágenes de la Galería
Mediagua nos la muestra cubierta con papel de regalo de piso a techo.
El carácter alternativo de esta pequeña edificación, impide que
esta imagen la interpretemos en igual sentido que la intervención
que Patrick Hamilton realizara a un monumento público y a las columnas
del Museo de Arte Contemporáneo con papel de empapelar de la cadena
de comercios Home Center.
Aunque ambas intervenciones (reacuérdese que la Galería Mediagua
ya de por sí es una intervención al espacio publico) representan
una alegoría a la generalización del “consumo”, la que Hamilton
realizara al Museo supone además una banalización o intento de desacralizar
su jerarquía edilicia e institucional.
Los proyectos inspirados en este
referente luego del 2000 comportan connotaciones más específicas.
En el caso de Yennyfeth Becerra, artista que trabajaba el bordado
como procedimiento en una obra artesanal más avenible a su condición
femenina, la proliferación de “cartoneros” –especie de homeless latinoamericano– actuó como detonante
de las series que ha venido realizando bajo el título Solución Habitacional; en ellas, la liviandad
del hilado refrenda la inseguridad y desprotección de estos marginales
que viven en la vía pública. Una densidad mayor adquiere el proyecto
Terreno Baldío de Andrés Durán. Aspectos
del funcionamiento del arte y el sistema artístico: presentación,
circulación e inscripción se superponen en esta caja–casa–carpa–casa/cartel,
vista en su avatar en estos tiempos de recrudecimiento de la política
de mercado. La carpa reproduce la imagen y figura de una casa precaria,
una casa errante, pues se asienta en “terrenos”, de los que hay
que mudarse ante la posibilidad de un desalojo a manos de inversores,
mientras la palabra “baldío” alude a una noción a medio camino entre
lo urbano y lo rural. La exterioridad pública de la carpa, su circulación,
evidenciada además en un video, y su publicidad al convertirla en
cartel, parodia la circulación y la cosificación del arte y de la
casa como mercancía. En contraposición con la mediagua,
un hábitat ultra moderno, representativo de nuevas formas de vida
y, por ende, “de inscripción histórica y social”
[6]
es creado por Pablo Rivera. Una vez más este artista
nos sorprende con una propuesta para el espacio público cuyo atractivo
y potenciales significados residen en su carácter inconcluso, y
en otros ejemplos, en su ambigua apariencia. Luego de sus series
de dispositivos, en yeso o en metal, cuya identidad se define a
partir del lugar donde se les ubique –si son colocados en las esquinas del techo de
una oficina remedan cámaras de un circuito cerrado, si es en el
césped de un parque se asemejan a regaderas automáticas– Rivera
realizó su serie titulada Minimal.
Consiste en la concreción arquitectónica de un macro dibujo de casa
concebida en su esquema “mínimo”, donde líneas estructurales de
un blanco impoluto sugieren su concepto. A diferencia de los objetos
anteriores que logran su lectura según donde se les emplace, en
este proyecto la forma es reconocible –de hecho se inspira en el
modelo de vivienda básica propuesto en Chile como solución social,
con una versión de dos plantas para Finlandia–, pero el significado
“casa” se queda en el prototipo, en el concepto, en la idea mínima,
pues tal como está la casa es imposible habitarla, habría que terminarla,
darle un cuerpo para que pueda contener la realidad que le aportará
la vida, la cotidianeidad. Un aspecto a resaltar de este proyecto
es las connotaciones antropológicas, sociales, humanas que adquieren
ciertas neovanguardias cuando se extrapolan a América Latina, como
ocurre con el Minimal en este caso, pues lo que nos propone Rivera
no son meras formas de síntesis geométrica a lo Sol Lewit, sino
la anticipación esquematizada de un habitat, a través de una estructura
mínima y estandarizada, pero identificable. Lo primero que sugieren las intervenciones que la joven Carolina Ruff realizara en la Plaza de la Constitución y otros sitios al aire libre en Santiago, es que estamos en presencia del planteo de una utopía. La escasez de vegetación en la topografía santiaguina debido a la aridez de su suelo, conminó a la artista a intervenir los pisos empedrados de áreas exteriores con césped. Luego de estas intervenciones, Carolina trabajó, entre otros temas, las irregularidades cometidas al paisaje natural chileno y a ciertos aspectos de la infraestructura de las instituciones del arte. Sus obras Recorte Fiscal del 2000 y Equipamiento contra incendios, con tres versiones entre los años 2002 y 2003, así lo reflejan. En la primera, fotografías de doce árboles con poda municipal aluden al desmoche indiscriminado del follaje de árboles por parte de entidades municipales, afectando el crecimiento normal de su fenotipo. Con el fin de que sirviera de símil para comentar otras carencias, esta obra la realizó especialmente para el Museo de Arte Contemporáneo, entidad estatal perteneciente a la Universidad de Chile que padeció un déficit presupuestario luego de la dictadura militar. Equipamiento contra incendios, llamó la atención sobre la ausencia de estos implementos en espacios no comerciales del arte contemporáneo, a pesar de que son imprescindibles en cualquier institución que albergue valores artísticos, de ahí que esta obra la exhibiera en las galerías Balmaceda 1215, Bech y Muro Sur. Consistió en el enmarcado y reproducción de estos equipos a tamaño real mediante la técnica del bordado a la esterilla, en el lugar donde debieran estar permanentemente instalados. Otro trabajo anterior posee también un tono crítico, comenta el desdibujo de la identidad al reproducir la cédula de identificación en el limpiapies de la entrada de instancias y oficinas burocráticas. En el 2005 Carolina retoma su imagen en una curiosa experiencia de mimetización del paisaje, llevada a cabo mediante el registro fotográfico de su persona, ubicada exactamente en el segmento del paisaje que está reproducido en su vestido mediante la técnica del bordado a la esterilla.
En el texto del catálogo de Territorio Cifrado, el crítico Pablo Oyarzun
destaca: “una obra in situ toma su motivo de alguna peculiaridad –transitoria o permanente–
del lugar en que se emplaza. Esa peculiaridad puede ser de muy diversa
índole: plástica, visual, cinética, afectiva, retórica, política,
social. Puede ser material, corpórea, como puede ser simbólica,
ideológica”.
[7]
Y más adelante apunta: “la obra in situ no se limita
a trabajar con el lugar como un punto o enclave en el espacio, ni
tampoco como un continente (...) sino que procede a un re-emplazamiento
del lugar mismo. Suele pasar que la obra libere de esta suerte mas
de una latencia albergada en él”.
[8]
Las intervenciones de Gonzalo Díaz a base de textos
realizados con luz de neón parten de este presupuesto. La elocuencia
del mensaje, enunciado en la expresividad inobjetable de las palabras,
logra su potencia cuando éste extrovierte las latencias y atributos
del enclave que le sirve de soporte. Tal fue el caso de la intervención
que Díaz realiza a la Casa Central de la Universidad de Chile, como
participante del proyecto urbano “Arte Territorio” en el año 2000,
organizado por el Ministerio de Obras Públicas. El texto “Entre
los ruidos y temblores a que esta casa ha sido sometida, ¿Qué texto
de arte, qué palabra, que oximoron
puede ser instalado en la última balaustrada de Chile?”, relaciona
la significación histórica de la institución con la historia política
del país, destacando los valores y concepciones extemporales de
que este edificio es portador como baluarte de la cultura, la docencia
y la educación. Gonzalo refiere: “Tomé esta institución de la cultura
porque la Universidad de Chile es una de las pocas que coinciden
tan exactamente con la historia del país. El ataque de que ha sido
victima en los últimos 30 años significa la posición de la sociedad
con respecto a su cultura, al menos la posición de la clase política”.
[9]
Es importante destacar la re-significación que experimenta
el neón en la obra de Gonzalo; su llamativa estridencia, comúnmente
empleada para publicitar comercios y sitios de la vida nocturna,
vehiculiza ahora contenidos muy diversos en una obra neo-conceptual.
Otra forma de memoria, en este
caso derivada de la experiencia del exilio, alentó los trabajos
de Claudia Aravena, Guillermo Cifuentes y Alejandra Egana. Reconocimiento
de lugar, título del proyecto conjunto exhibido durante agosto
del 2002 en la GGM, alude a ese “lugar indeterminado de una memoria
marcada por la experiencia del desplazamiento, de la extrañeza,
del exilio”,
[10]
como refiere la crítico Adriana Valdés en su texto para
catálogo. Tres ciudades concurren en el espacio de exhibición: Berlín,
Santiago y La Haya, pero las visiones que de ellas ofrecen rehuyen
de las imágenes cliché reproducidas en tarjetas postales y publicidad
para turistas, de los hitos urbanos y de los referentes que nutren
la memoria pública. El lugar que ellos proponen es y no es ninguna
de esas tres ciudades, es fruto de una mirada de “quien es de aquí
y de allá”,
[11]
una mirada alimentada por nostalgias cruzadas, la de
su país natal y la del país extranjero, del cual se guardan recuerdos.
En su texto Valdés añade que las imágenes proporcionadas por los
artistas responden a una “situación chilena”, pero que “también,
en un sentido más amplio, responden a un situación cultural contemporánea.
(…) Esta mirada bífida, implica una forma especial de percepción
y lucidez, la del extranjero en su propia patria (…) que genera
nociones como las de psicogeografia”,
[12]
la cual evidencia un vínculo afectivo y mental con las
ciudades como lugares de la memoria, de ahí la recurrencia a los
mapas. El tema de la video-proyección de Claudia Aravena Berlin: Been there / to be here
es la distancia, habla de los espacios de acá y muestra los de allá,
pero que siguen persistiendo en su recuerdo tras la bruma de la
nostalgia. El proyecto de Guillermo
Cifuentes da nombre a la muestra, aborda la memoria de su antiguo
barrio a través de la recuperación de cartas, relatos y retratos
de sus tías sobre las casas que habitaron, fragmentos de un pasado
de Santiago que no existe más. Alejandra Egana presentó El Listado, una entretela de 16 metros
de largo con 560 fotografías polaroid cosidas, transparencias de
dibujos de la infancia, textos bordados y mini luces. Las fotos
reproducen lugares olvidados de La Haya, insignificantes para quien
no formó parte de esa vivencia. Con ellas reconstruye una memoria
armada con retazos, con pedacitos. A fines del 2001, Aravena y Cifuentes
presentaron la video-proyección titulada Common
Place en los tres niveles de la estación de metro Museo de Bellas
Artes, resultado de nueve meses de intercambio de imágenes que reproducen
lugares de Santiago y de Berlín. Sin embargo, en otro proyecto posterior,
del año 2002, cuyo proceso comprendió una intervención urbana, Cifuentes
vuelve a cruzar la memoria familiar con la memoria de la ciudad.
En esta versión de Lugar de reconocimiento: la calle Compañía,
el artista registró en video la acción de transcribir con tiza la
historia de su abuela sobre la acera de la esquina donde se cruzan
las calles Compañía y Libertad, lugar donde ella residiera por muchos
años. Luego, dos tomas, una con la acción y otra con la imagen del
texto tal como quedó escrito en la acera, fueron proyectadas sobre
el piso de la Galería, rodeados de zapatos femeninos como referentes
de pertenencia personal. Un modo de enlazar dos pertenencias: a
nuestra familia y a nuestra ciudad.
La utilización de vallas y paletas
publicitarias como soporte de obras ha sido uno de las estrategias
de intervención del espacio urbano practicadas por artistas latinoamericanos
y de otras latitudes. La valla móvil, cuya imagen cambia con el
movimiento, que interviniera Mónica Bengoa con la pieza Tríptico de Santiago, representa un gesto anti-retórico con respecto
al contenido comercial para la que fueron creadas. En Tríptico de Santiago Bengoa muestra el
registro fotográfico de sus hijos comiendo en la mesa de la cocina
de su casa en tres días diferentes. Como en series anteriores, más
que la pose lo que le interesa es destacar los espacios cotidianos,
el decorado del hogar y la actividad doméstica, buscando exaltar
un ambiente “real” opuesto a la idealidad del anuncio comercial
que las vallas reproducen. Dada la omnipresencia de la publicidad
en países de desarrollo neoliberal en estos tiempos globales, valdría
la pena traer a colación el comentario de Alfons Hug, curador de
la XXV Bienal de Sao Paulo en el 2002, con respecto al contrapeso
que puede significar la presencia del arte en el ámbito urbano,
en tanto aquella (la publicidad) –y el diseño como disciplina que
la genera– impone invariablemente un signo positivo al valor del
producto que publicita –siempre lo que se vende es óptimo– y no
deja margen para que se le cuestione, mientras que el arte, también
generador de imágenes, cuestiona, critica y conmina a la reflexión.
En los últimos años, la formación
de algunos colectivos artísticos ha estado impulsada por el interés
en proyectar una visión integradora de las situaciones locales y
mundiales, así como por la búsqueda de soluciones alternativas ante
la crisis de los espacios de exhibición, a partir de la articulación
de propuestas en las tipologías artísticas que aborda este trabajo
(acciones, intervenciones, uso del ambiente exterior), sin que ello
implique descartar el uso de las galerías existentes ni tampoco
el instalacionismo como medio de expresión. Si en la formación del
grupo CADA fue determinante el cometido socio-político para la movilización
y engranaje de las acciones sin importar la pérdida de protagonismo
de sus miembros, el colectivo “Prueba de autor” integrado por las
jóvenes Yeniferth Becerra, Catalina Gelcic,
Marisol Frugone y Carolina Hernández nació: “de una reflexión
en torno a lo que ocurre en las artes visuales (…) el agotamiento
de los lugares de exhibición, los nuevos espacios que se autogeneran,
espacios de transición y esporádicos. Pone hincapié en el desarrollo
de ejercicios tomados, excluyendo el protagonismo de cada uno de
sus integrantes (…) produciendo la obra en relación al acontecer
de la discusión y del contexto”.
[13]
De los proyectos llevados cabo por este colectivo me
interesa destacar Este mensaje no está marcado por una bandera, realizado en Uppsala,
Suecia, en el 2003, por su sentido de trans-territorialidad. Allí,
en un espacio exterior, el colectivo colocó largas bandas de color
rojo conteniendo dicho mensaje, delimitadoras de fronteras paradójicamente
franqueables, contrastando con el espacio infinito del paisaje natural.
Mientras, dentro de la galería, el sentido de la frase era reafirmado
mediante una gigantografia que reprodujo a las integrantes del grupo
en una pose que remeda un ave en pleno vuelo bajo dicho lema.
[1]
Longoni, Ana:
“Brigadas muralistas. La persistencia de una práctica de comunicación
político social”. En
Revista de Crítica Cultural (Santiago de Chile) No 19, nov 1999. p.22.
[2]
Idem p. 23.
[3]
Expediente del Proyecto Hoffman´s
House.
[4]
Pérez, Loreto y Villar, Rinaldo. Texto de Catálogo.
La Galería Mediagua, Talca, 2003.
[5]
Jarpa, Voluspa: Histeria privada, historia pública. Texto
Catálogo. GGM, Santiago de Chile, Julio-Agosto, 2003.
[6]
Rojas, Sergio:
“Habitar el concepto” en catálogo de la exposición Pablo Rivera: Menos es Más. Galería Animal, Santiago de Chile.
[7]
Oyarzún, Pablo. Palabras en el
Catálogo de la muestra Territorio
cifrado. GGM, Santiago de Chile, 2001.
[8]
Ídem.
[9]
Recorte de prensa. Entrevista a Gonzalo Díaz.
(Expediente del artista). Centro Wifredo Lam.
[10]
Valdés, Adriana. Texto del
Catálogo de la exposición Reconocimiento
de lugar. GGM, Santiago de Chile, 2001.
[11]
Ídem.
[12]
Ídem.
[13]
Expediente del Colectivo “Prueba de Autor”.
Centro Wifredo Lam. |
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