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Para nadie es un misterio que
la trayectoria del fotógrafo cubano José A. Figueroa cuenta ya con varias
décadas de creación. Su lente ha estado pendiente del devenir social,
individual y cultural de varias generaciones. De ahí lo interesante de
su última muestra, Mis 60, inaugurada
el pasado 22 de septiembre en la Fototeca de Cuba y que continuará abierta
durante todo el mes de octubre. Según apuntara Cristina Vives,
curadora de la exposición, en las palabras del catálogo: Mis 60 es una exposición que puede ser vista como un ensayo fotográfico sobre la diferencia. Mediante 28 imágenes en blanco y negro tomadas por Figueroa entre 1964 y 1970, se revela el rostro, el gesto, el entorno, la estética y la ética de su propia generación, una generación ausente hasta hoy de toda la iconografía que se muestra como “los sesenta” cubanos. Este ensayo nos habla de hedonismo, de belleza orgullosamente exhibida, de pasiones compartidas, de estéticas personales, de frivolidades que son también esenciales. Son imágenes que sentimos “frescas” porque no comparten la retórica ni repiten los esquemas de la época; son imágenes “auténticas” porque fueron tomadas sin pretensiones de trascender, ni denunciar, ni registrar. Son simplemente actos de autorreconocimiento.
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