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YOLANDA
WOOD* |
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| Tiga - La Traversée (fragmento) - 1998 |
La obra mayor
de Tiga
[1]
comenzó hacia los años setenta, con sus acciones
artísticas comunitarias que reorientaban la producción popular
haitiana para desmitificar las tendenciosas versiones del arte
naif o primitivo, favorecidas por la especulación
mercantil. Eran los años en que el boom del arte haitiano en el comercio
internacional había producido lo que él mismo daba en llamar "un
impasse" en el desarrollo artístico del país, favorecido
por el exotismo que solicitaban los turistas. Un momento polémico
para el arte haitiano que recogía, en un doble sentido, los frutos
cosechados por el Centro de Arte de Puerto Príncipe. De una parte
el Centro había favorecido un espacio de reconocimiento y valoración
para el arte popular, que quedó inscrito bajo la denominación
de naif; y por otra,
había "creado" un espacio para el arte moderno. La ambivalencia
del Centro de Arte marcó, desde su fundación en 1944, la propia
evolución del arte haitiano contemporáneo caracterizada por una
contradicción poco común en la historia del arte del Siglo XX:
la lucha entre los primitivos (debe leerse artistas populares)
y los modernos. Problemática que con diverso carácter llega hasta
nuestros días. Se trata de un conflicto muy singular en el área
del Caribe, que quizás sólo podía ocurrir en un país que, como
Haití, es una auténtica creación popular. Tiga
fundó en 1974 el Movimiento Saint
Soleil, con prácticas artísticas
diversas e torno a la música, la oralidad,
el teatro y las artes plásticas. A él dedicó sus energías y su
talento. Esta experiencia tuvo lugar en una comunidad rural, Soissons Su premisa estaba
confirmada por las circunstancias: la creatividad del pueblo haitiano,
que consideraba excepcional en el Caribe. Su más importante medio
de interacción con la población fue su propio origen social y
una filosofía existencial que se apoyaba conceptualmente en el
mundo de referencias de la cultura y la religiosidad populares.
Así los fundamentos teóricos de su labor artística fueron de un
misticismo-terrenal sorprendentes. Actuaba concientemente
sobre el principio de que "el hombre puede ser salvado, si
no abandona nunca su condición de creador". Por eso la estimulación
de sus capacidades y habilidades constituyó para Tiga
el fundamento básico de su estética participativa. En este principio
fundador, el arte no era un fin; sino un medio, una fuente permanente
que "anima la existencia desde el nacimiento hasta la muerte…en
lenguaje vodú desde Ogún a Guedé. Por eso el momento resulta
esencial, el instante, en el que cada hombre vive su acto de presencia
creadora." Para Tiga,
el arte podía brindar estabilidad y equilibrio, y quizás por eso
el propio artista se declaraba ergo-terapeuta, además de pintor,
ceramista,
[3]
poeta y músico. Creía que el hombre debía aliarse
a todo lo que estimule su creatividad, ligarse a su medio físico,
a su universo cultural y a su cosmogonía religiosa. El hombre
–pensaba– activa sus recursos creadores en ese punto de interacción
con su espacio cultural, con él mismo y con los recursos a su
alcance para expresarse artísticamente. Cuando se refería
al individuo genérico –hombre y mujer, jóvenes o viejos–, Tiga
decía que era "la morada del eje, el Legba
de todos los conocimientos sensibles, quien abre el camino de
todas las grandes aspiraciones". Reafirmaba el contenido
humanista de toda su propuesta que él resumía en pocas palabras,
el hombre es “el minuto de la eternidad", portador del pasado
y proyección del futuro, un presente latente, vivo y creador.
En todas sus
reflexiones destaca la importancia del número. Así, el 1 significa
los tres reinos (vegetal, animal y mineral); el 2 es el pasaje
de uno a otro estado; el 3, el de la aparición del hombre y el
4 es el desarrollo del cerebro. Los números 5, 6 y 7, son los
reflejos del 1, 2 y 3: la imagen de lo real, su doble representado,
la zona del imaginario donde el hombre reproduce la realidad.
De ese esquema evolutivo derivó un sistema de códigos numerales
y gráficos que podrían sintetizarse en la cruz, el círculo, la cruz dentro del círculo
y el círculo dentro del círculo. Tiga
completaba con estos recursos el ciclo metafórico de la aparición
del hombre en la evolución, su capacidad de representar el mundo
y recrearlo. La cruz y el
círculo son indicadores de transición. La cruz es el elemento
separador-integrador del universo real e imaginario, el círculo
es cerramiento y perfección, es el camino a la ciencia y al conocimiento
racional que insertará la cruz dentro del círculo y el círculo
dentro del círculo como espiral, evolución o desarrollo. La imagen es
una ilusión y es necesario trascenderla si no el cliché se establece
en sí mismo y es la muerte del ser. Es necesario vivir intensamente
el momento presente pues ayer ya no existe y mañana todavía no
ha llegado, aunque nuestras aspiraciones puedan preverse en el
tiempo y en el espacio y aunque los procesos cíclicos mencionados
puedan extenderse al infinito. Por eso para
Tiga, a través del arte se podían reproducir
momentos bio-sicológicos internos o
invisibles en la naturaleza y en el hombre, en este último, sobre
todo, como fases de evolución del conocimiento y el desarrollo
del cerebro. Confiaba en que la práctica espontánea de las artes
contribuía a equilibrar los hemisferios cerebrales. Desde el círculo
concibió las bases fundamentales de su pedagogía artística: la
rotación, el movimiento circular como proceso de conocimiento
y modo de aplicar la diversidad de medios y recursos expresivos
para la sensibilización popular hacia el arte. En el proceso de
rotación artística intervienen dos elementos claves: la palabra
y la arcilla. Dos modos primigenios de la actividad humana, recursos
primarios y soportes potenciales de otros medios. Integran el
ciclo la piedra, el color, la tinta y el tambor. Los niveles de
dependencia entre unos y otros pueden ser variables, pero presuponen
siempre un ciclo de base táctil y sonora. El aprendiz debe funcionar
ante todo como un emisor de formas y sonidos. El propio artista
ha definido la rotación artística como "un método que consiste
en la utilización simultánea de diferentes soportes sensibles
(...) correspondientes a cada órgano sensorial del hombre",
a través de estos medios diversos podrá expresarse totalmente
a fin de lograr "la cohesión de su cuerpo-espíritu en el
proceso de evolución: arte, artesanía, técnica y ciencia (punto
de partida de la grafía o base de la escritura)". Por eso,
Tiga consideraba que la rotación artística
no es" un simple instrumento para el arte o los artistas,
ella aporta a todos un principio de libertad real que parte de
una necesidad natural del hombre, de ahí su importancia para el
equilibrio de los niños y la rehabilitación de los adultos". En toda estas
nociones de orientación hacia el arte entre los grandes sectores
de la población rural y humilde a las que Tiga dedicó su trabajo y su sabiduría, Saint Soleil se apoyó en el desarrollo de
la iniciativa y la acción creadora como móviles fundamentales
para el desarrollo artístico; de ahí lo que fue la base de su
trilogía terapéutica, didáctica y estética: Naturaleza-Hombre-Arte. Saint-Soleil constituyó, en el contexto polémico
del arte haitiano a fines de los años setenta, un reencuentro
con la autenticidad creativa que buscaba alejarse de los estereotipos
en que se había encerrado el arte popular que entraba al mercado
como naif o primitivo. No pretendía, con palabras del artista, “transformar
los campesinos agricultores en artistas sino reconciliar al hombre
consigo mismo y con su medio”. En esas circunstancias la labor
del artista reivindicaba los espacios virginales, la labor colectiva
y las capacidades inusitadas del imaginario haitiano. Saint
Soleil inauguraba también una nueva
disyuntiva en la relación arte-mercado que resultaba compleja
para su dinámica de funcionamiento internacional. Tiga
resultaba el predicador de una nueva esperanza para el arte popular
haitiano y el hacedor, en términos prácticos, de un nuevo modo
artístico no contaminado. Saint-Soleil proponía mirar al mundo haitiano
de otra manera, al colocar el arte como un medio liberador entre
el pasado y el presente, entre el conciente y el inconciente,
y una posibilidad para todos, pues, según Tiga,
"el hombre lleva en sí todo el universo y puede remontar
el tiempo para compartir con nosotros los secretos
del pasado y el arte puede ser un medio para orientar esa exploración",
todos sus mensajes se encaminaron a privilegiar y emancipar esa
zonas de lo natural y lo primigenio. En su obra personal,
Tiga fue consecuente con los conceptos
fundamentales de su estética. Lo recuerdo, feliz, en Eran impactantes
las vibraciones de aquellas cien pequeñas piezas que como un gran
mosaico integraban el conjunto y el dominio que desplegaba en
ellas de esa técnica experimental, Soleil Brulé, creada por él a base de tintas,
y ácidos, esparcidos con todo tipo de instrumentos. El centenar
de piezas sobre el muro, eran portadoras de un ritmo, que parecía
seguir las cadencias de un tambor, lo que hacía a cada una, armoniosas
e indescifrables a la vez. En ellas el juego de líneas y el uso
del color creaban enigmáticas imágenes que remitían a los diseños
vévé,
que más libres y espiritualizados por Tiga,
se cargaban de nuevas energías y
evocaciones. Entre las formas
imprecisas, se descubrían rostros como máscaras, y líneas verticales.
Las primeras equivalentes de la cabeza que contiene el cerebro,
y las segundas remitían a la espina dorsal, al proceso bio-fisiológico del pez al hombre: la posición erecta, decía
Tiga. Y sobre la superficie pictórica,
medio abstracta o medio figurativa, la cruz, el círculo, la cruz
dentro del círculo y la espiral. El ocre dominaba en el conjunto
y una luz intensa brotaba desde adentro, o iluminaba desde afuera.
Esas irradiaciones aludían al Sol que está en toda la cosmovisión
de Tiga, una luminosidad interior que
como "el rayo en el medio de la tormenta, ilumina la noche
para hacerla enseguida más oscura".
[5]
En sus composiciones
circulares, los rostros aparecen como máscaras, que Tiga
definía como el “punto de unión entre el cuerpo y el espíritu”.
Ellos emergen, deformados, buscando “su integridad e identidad
en el silencio opaco". Y por todas partes "la cruz para
abrir y cerrar los caminos". En ella descubre el historiador
y crítico de arte haitiano, Michel Lerebours,
el doble sentido del símbolo en la mitología vodú, signo de la
vida y Croix Barón que cubre con su sombra los cementerios.
[6]
Vida y muerte, punto de encuentro de los extremos
de la cuerda que tensa el tiempo de la existencia, “un momento
de tránsito”, con palabras del artista. Tiga
afirmaba haber encontrado su arte en la escuela del pueblo. Su
obra nos seguirá inquietando por sus efectos sugestivos, por su
originalidad indescifrable, por su compleja simplicidad cargada
de un profundo misticismo y un lenguaje expresivo difícil de clasificar
dentro de alguna escuela o tendencia. "Haití es creación,
sueño, posesión y locura", con estas cuatro palabras el artista
trazó la cruz, y creó las coordenadas de su orientación creadora.
Colocó al hombre en el centro de sus ejes axiales y construyó
con él, ese minuto de eternidad trascendente para engrandecimiento
de la cultura y del pueblo haitianos que recordarán a Jean Claude
Garoute y a Tiga,
ambos en uno, como “mensajeros de la creación”
[7]
y de la esperaza. *Yolanda Wood es Crítico de arte y Profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de la Habana y el Instituto Superior de Arte. [1] Jean Claude “Tiga” Garoute falleció el pasado 14 de diciembre de 2006, a los setenta y un años de edad.
[2]
Todas las citas de Tiga, pertenecen al texto Par la pratique des Arts.
Réconcilier
l’individu avec lui-même et avec son milieu, aparecido
en Agenda 1995, Haití. Se trata de un texto escrito
a mano con una gran expresividad visual donde expone sus conceptos
y métodos artísticos. Traducción del francés, Y.W.
[3]
Tiga fundó el Museo de cerámica de Haití en 1959.
[4]
Véase el catálogo Tiga. Centro Wifredo Lam, junio, 1995, La Habana,
Cuba.
[5]
Lerebours, Michel P. Jean Claude
Garoute.Catálogo. s/f [6] Ídem.
[7]
En conversación con Tiga,
ante la pregunta sobre la continuidad y extensión del Movimiento
Saint Soleil, me dijo “los mensajeros de la creación continúan el
trabajo iniciado por mí en el campo”. Haití, 1998. |
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