CARIDAD
BLANCO DE LA CRUZ
Especialista del Centro de
Desarrollo de las Artes Visuales
Esencialmente, el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales
ha sido un sitio de construcciones múltiples, más allá de esa memoria
arquitectónica preservada en la edificación que ocupa desde su fundación
en 1989 y de esa otra, ligada al registro cuantitativo de su proyección
y acciones. Su espacio ha edificado su propia especificidad como segmento
de la institución arte en nuestro medio, así como, maniobrado u operado
con esos otros espacios de la cultura visual que son sin duda los discursos
de los artistas.
Haciendo distancia, se puede distinguir ese diálogo de la
institución con el movimiento de las artes visuales cubanas, sostenido
desde una perspectiva amplia que unas veces integra, confronta otras,
y ha venido dando seguimiento a un proceso vivo y multiforme, intentando
su diagnóstico mientras lo reflexiona y lo estudia, sin perder el camino
de la promoción de ese mismo arte.
Este complejo de Galerías que es el Centro de Desarrollo,
ha permitido interactuar de modo más preciso con diferentes expresiones
plásticas del arte en Cuba, con numerosas individualidades y grupos,
colocando además en la palestra pública, sus consideraciones sobre los
procesos que se han estado produciendo en la vida cultural del país
en la materia, ya sea de aquellos generados dentro de los mismos centros
de enseñanza artística, en diferentes regiones del país o atendiendo
lo que acontece en la capital, e incluso, en los propios talleres de
los creadores.
Las especificidades del centro, que han resultado ser su
condición de excepción, le han permitido interactuar con diferentes
generaciones de artistas, vislumbrar la valía del talento desde que
éste despunta, arriesgarse en sus juicios acerca de nuevas tendencias
o códigos y con lo más experimental que se produce. La suya ha sido
siempre una apuesta que se pierde o gana, que se valida o no, en ese
constante proyecto que es buena parte de lo que hacemos.
Hemos dejado a un lado la posibilidad de historiarnos, sobre
todo, en virtud de ese espacio ganado para el arte cubano contemporáneo
en todos estos años, presto ahora a continuar con las misiones que le
son propias y lo tornan peculiar. Este sitio regresa a ser ese lugar
de continuas edificaciones (siempre provisionales), que son a un tiempo
facilitadoras del diálogo, el contraste, la
confrontación, el conocimiento y la reflexión.
Por esa ruta llena de interrogantes y siempre arriesgada,
se ha construido el texto que suscribe esta institución que, como ninguna,
es un laboratorio donde se ensaya el arte y una plataforma para el lanzamiento
de quienes lo materializan. Con esta exposición que ahora presentamos,
[1]
se ofrece un testimonio acerca de algunos
entrecruzamientos que han tenido lugar aquí en estos años. Se encargarán
de ello obras recientes de artistas que han sido partícipes de esa escritura
que ha estado en las acciones del Centro de Desarrollo de las Artes
Visuales. Así, (re)abre este espacio que suma –o más preciso– se multiplica
en la práctica artística, quedando ésta dispuesta para su goce, aprehensión,
desciframiento y validación, al propiciar otra vez desde dentro, ese
encuentro (emisión / recepción) entre las obras y el público, en tanto
continuamos ese destino de espejear un arte que se define y redefine
continuamente.
Tomado de http://opushabana.ohc.cu/noticias.php?id_brev=736 el 29/06/07
* Palabras al catálogo
de la exposición colectiva «Espacios multiplicados», inaugurada el
15 de junio de 2007 en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales,
a propósito de la reapertura de este inmueble luego de haber sido
restaurado.
[1]
Conformada con obras de los artistas Luis
Gómez, Los Carpinteros, Eduardo Ponjuán, Wilfredo Prieto, Lázaro Saavedra,
José A. Toirac, Humberto Díaz, Walter Ernesto, Alexis Leyva (Kcho),
Luis Gárciga, Miguel Moya, Antonio Margolles, Ibrahím Miranda, Ernesto
Oroza, Fernando Rodríguez, René Francisco y José Ángel Vincench).