Obra Reciente de Marta Palau. Instalaciones Mano poderosa 1, 2 y 3

Imágenes especulares y desdoblamientos de una identidad

FERNANDO ANTONIO ROJO BETANCUR
Master en Historia del Arte


Marta Palau - Naualli y centinelas (fragmento) - México - 1993

 

La artista Marta Palau Bosch nace en Albesa, Lérida, España en 1934. Desde su temprana niñez, en 1940, vive en México por lo que su vida y su identidad se desarrollan en este país. Marta forma parte de aquellos españoles que enriquecieron de innumerables maneras el contexto cultural mexicano. Sin embargo, como hija de refugiados del exilio español, sus raíces no sólo se vinculan con México sino también con España.

Marta se inspira en los motivos y las interpretaciones del arte rupestre mexicano [1] y emprende una búsqueda espiritual que intenta recuperar, a través de una producción plástica, la memoria de un tiempo primigenio. Con el fin de acceder a una verdad mítica que escape a la superficialidad conceptual de muchas de las manifestaciones artísticas propias de nuestros días, esta artista se remite a las reminiscencias de otros tiempos y logra re-significar la idea de lo ancestral para convertirla en parte de su obra. [2]  

Las instalaciones Mano poderosa 1, 2 y 3 fueron montadas en un espacio el cual Marta compartió con la artista Helen Escobedo. [3] Marta Palau presentó, como piezas principales de la muestra, dos manos enormes y una impresión de la mano de la artista en un muro de la Galería. 

En estas instalaciones Marta elaboró nueve objetos (número cabalístico), a base de ocho manos y un escudo de Naualli, [4] que hizo las veces de autorretrato de la artista. [5] A través de la mano que concibe como un fragmento-fetiche de su propia identidad, Marta expresa la suma ontológica de su ser. 

A la entrada del recinto había una escalera por la que se accedía a la Galería. Una vez arriba, el espectador se topaba con la Mano poderosa 2. Se trataba de la silueta gigante de una mano puesta a ras de un suelo de cemento pulido. Los bordes de esta mano estaban elaborados en arcilla color beige, mientras que el centro estaba relleno de tierra café oscuro, lo que daba la sensación de un paisaje de desierto. Marta usa en este caso material craquelado emulando las grietas que se forman en la tierra árida y que denotan la escasez de agua.  

La Mano poderosa 2 representada en arcilla, es una mano monumental, lo que la convierte en sobrehumana y hace alusión a la mano de una deidad. Esta mano nos  remite a la capacidad que tiene toda huella para abrir al espectador un mundo imaginario en el cual lo sobrenatural trastoca las categorías semánticas de lo concreto. El espacio, en este caso, se adapta a la mano y refuerza su elocuencia y su poder evocativo. [6]  

La mano de Marta, al igual que las manos de los hombres rupestres, es la evidencia tangible y material de una apropiación no sólo física, sino también metafísica del espacio, ya que opera aún estando ausente el individuo que la plasma. Esta Mano poderosa 2 se nos presenta como una enorme mano-signo. Permite la apropiación de un espacio por parte de la artista. En la palma de la Mano poderosa 2 aparece una grieta o raya que sustituye el estigma de la mano talismánica católica (ver figura 6) por una sugestiva e irreverente forma vaginal, elemento que evoca nuevamente el erotismo, la fecundidad y la presencia de la Naualli.   

Cada dedo es un camino que conduce a otra mano pequeña, que la indica, que se ramifica nueva e infinitamente, creando mundos desde la conjura que opera la mano matriz. Esto les permite tanto a la artista como al espectador vislumbrar innumerables destinos, caminos y posibilidades. Según la propia artista, cada una de las pequeñas manos que se desprenden de las puntas de los dedos, refuerza el poder creador de la mano que las genera. La transformación de una mano primigenia en varias manos nos remite a una metamorfosis de la mano como personaje, como autorretrato y como proyección de la artista. Hay un misticismo que nos penetra y que deviene del contacto con la obra: la imagen poética de la misma congela el tiempo y lo revitaliza cíclicamente a través de los dedos vibrantes de las manos sucesivas que se desprenden de la enorme mano genérica. Dicho misticismo nos convoca simultáneamente a la contemplación, al silencio y al dinamismo.  

Como mano-útero, la Mano poderosa 2 es una mano que seduce y procrea, que es prolongación visionaria de la artista: es la mano que emite su propia génesis indescifrable, y que hace renacer simbólica y virtualmente al espectador que la transgrede. 

La mano tiene una atávica trascendencia y un influjo que ha permanecido a lo largo de los tiempos; es una imagen cuyo poder surge del inconsciente colectivo, de nuestra memoria ancestral, es una imagen que pervive en la cultura visual de cualquier tradición o contexto histórico. [7] Ya sea que la Mano se retome como concepto abstracto, mágico, mítico o religioso; su sentido atávico permanece y se retoma cíclicamente como eco ancestral que pervive en muchas generaciones. Por eso para Mesoamérica, para Occidente, para culturas primitivas australianas o africanas; la mano sigue siendo desde tiempos remotos, hasta nuestros días, símbolo dinámico de poder, de fertilidad, sigue siendo elemento comunicante y propiciador de rituales. [8]  

Siguiendo el trayecto de la instalación nos encontramos con un escudo hecho en papel amatl [9] seguido por otra mano monumental (Mano poderosa 1). Ambos objetos están elaborados en materiales naturales como ramas, cabuya y pigmentos. Tienen formas ovales, que nos remiten al concepto de huevo que, a su vez, contiene las referencias al nacimiento, al alma que pasa de un estado a otro, a las aves y a toda la simbología celeste. 

La Mano poderosa 1, es una imagen femenina hierofánica convertida en Naualli. La forma oval que presenta esta mano, reúne los conceptos de fertilidad, de maternidad, de umbral, de escudo y de forma vaginal al mismo tiempo; tiene amarres de cuerdas coloreados o impregnados de lodo, de materiales terrosos y arcillosos, que aluden a las fuerzas telúricas de la Naturaleza y al trabajo artesanal. La mano fue elaborada principalmente a partir de madera, alude al árbol, corazón de la tierra, enraizado en ella, pero cuyo follaje apunta al cielo, de igual forma que su forma vertical –está reclinada en la pared– también se erige hacia arriba. La otra mano (Mano poderosa 2), a ras de piso, se asocia más con lo tectónico y lo terrestre, y nos remite a una horizontalidad más que a una verticalidad.

El centro de esta Mano poderosa 1 tiene una estructura oval que coincide con el lugar que ocupa la abertura en Mano poderosa 2. Esta estructura oval enfatiza la noción de volumen y su tridimensionalidad permite que el espectador tenga la impresión de que se trata de un umbral diferente al de Mano Poderosa 2.  Aquí se refuerza, más que el concepto de fertilidad, las nociones de entrada y salida relacionadas con el parto.  

Los materiales de la instalación: tierra, madera y papel amatl principalmente, simbolizan la intención explícita de restaurar el ritmo natural del globo terrestre, de restablecer la armonía perdida, de comulgar con el Origen, con la tradición y la memoria. Las instalaciones de Marta son metáforas orgánicas que buscan una conciliación humana con la Naturaleza; son signos que pretenden curar, armonizar y restablecer ese delicado equilibrio perdido. La presencia efímera de las Nauallis y sus altares rituales en las instalaciones de la artista, se relaciona con la transitoriedad de las ofrendas que se hacen a las deidades de muchas tradiciones religiosas; a lo efímero del tiempo ritual que contrasta con lo duradero de su sacralidad, y a la volatilidad de los espíritus de seres sobrenaturales que se están invocando o conjurando.    

La armazón de palos y madera define la estructura y forma de la Mano poderosa 1, tiene apliques de pigmento: pequeños puntos y líneas diagonales en negro y blanco que nos remiten o recuerdan el maquillaje corporal de guerreros africanos. Estos decorados también están presentes en sus lanzas y escudos; operan como un maquillaje totémico, animista, que es también gesto y palabra, signo y abstracción de pensamiento, conjura o protección. Esto mismo ocurrió con la instalación de 18 esculturas Naualli-Centinelas (1993), en la que los objetos de madera fungieron como personajes ancestrales: es más que una representación naturalista de los mismos, la abstracción escultórica de guerreros míticos, a modo de tótems emblemáticos de la guerra. Estos personajes mostraban características que los asemejaban formalmente a híbridos de lanzas, escudos y máscaras africanas; con un maquillaje bélico de las ya mencionadas conjura y protección, propio de un imaginario animista. La obra de Marta Palau refleja su creencia animista de espíritus que habitan la naturaleza (identificación y participación mística), que se transmutan o transubstancian en animales, plantas y en la tierra misma. 

La Mano poderosa 3 es más pequeña, pero junto con las otras dos, conforma la instalación como un todo, cual autorretrato de la artista, que se desdobla y se proyecta hacia lo cósmico hermanándose con el Origen. La Mano poderosa 3 es la impresión de la mano de la artista sobre el muro de la galería. Aunque no tiene el tamaño de las otras dos manos, evoca la condición mágica, mítica y cosmogónica del hombre primitivo, mediante su tamaño natural. Es la más cercana a las improntas sobre la roca que encontramos en el arte rupestre. Precisamente por su parecido con lo rupestre, la impresión de la mano, más allá de la condición transitoria de la vida, le permite a la artista hacerse inmortal a partir de un signo o ideograma que embona con el gesto primitivo de “dejar huella”. Haciendo alusión al tiempo de la prehistoria, las representaciones humanas, animales, o las formas geométricas sobre la roca, son mapas de un imaginario, mediante el cual el hombre se expresa comunicando una curiosidad que le es propia, instaura su identidad y ésta se proyecta haciendo manifiesta una emergencia por trascender el anonimato. El hombre rupestre demarcó en su caligrafía, en sus formas geométricas y en sus siluetas, un territorio sagrado para sí: un fragmento del cosmos. [10]  

La experimentación con materiales naturales orgánicos le permite a Marta Palau generar un lenguaje artístico que deviene de un sentido atávico, que reinventa de muchas maneras las posibilidades de fusionar lo primitivo con lo contemporáneo. Le permite también poner en tela de juicio los valores estéticos establecidos por la tradición occidental, y por los imperios coloniales decimonónicos. 

Los materiales que usa Marta en sus instalaciones presentan características de fetiche porque tienen un valor semántico y un valor simbólico derivados de sus usos tradicionales. Esto ocurre, por ejemplo, con el papel amatl, que también adquiere el valor de reliquia. En este caso el arte, además de emparentar con el concepto de fetiche, se torna también reliquia. El papel amatl que Marta usa en sus instalaciones tiene un valor sagrado y ancestral significativo para Mesoamérica. [11] El papel amatl está condicionado por la simbología que tuvo durante la época precolombina y sobrevivió a la conquista. Marta utiliza este papel no en su forma tradicional sino que le confiere valores semánticos contemporáneos que no cancelan pero si ligan al material con los sentidos y significados que tenía en un principio. Palau exalta su condición sagrada y su pertenencia a un ámbito altamente espiritual.   

A través de una dramaturgia compositiva, Marta genera ámbitos espirituales en donde los escenarios artificiales sirven de telón a un sinnúmero de acontecimientos y situaciones. Tanto en el mundo prehistórico de lo rupestre como en las instalaciones de Marta se promueve una experiencia ritual que implica una apertura al mundo como cifra de lo divino o de lo sobrenatural. Mediante sus instalaciones Palau quiere suscitar en el espectador una sinestesia proyectiva y perceptiva. Procura proponer un arte que se conciba como un legado aleccionador de vida y de muerte.   

El hombre rupestre y Marta Palau logran acceder a lo sobrenatural mediante la conjura de diseños rituales en el espacio, y mediante objetos rituales fetichizados que fungen como habitáculos de aquello que rebasa a la materia. Marta le da a sus espacios y objetos rituales un valor equiparable a las conjuras y a la magia propiciatoria que devienen del mundo del hechicero y del chamán. Aunque estemos inmersos en un mundo globalizado existe un universo espiritual que conforma nuestra psique y nuestra alma; éste sigue tan vigente y tan activo como desde los primeros tiempos de la humanidad. El ideal de Marta Palau consiste en recuperar esos valores originarios que no deberían ser simplemente un legado ancestral, sino una realidad basada en la experiencia fenomenológica que va más allá de una simple conexión mística con las fuerzas sobrenaturales del cosmos y la materia.  

Nauallis: magia, poder, eros y pulsión de muerte 

Marta, a través de su obra, instaura un juego de sustituciones, analogías e imaginarios primigenios en el ámbito creativo del arte. Nos remite a una imagen del nomadismo como antecedente de las obligadas inmigraciones actuales, re-significa el sentido escatológico de la vida y la muerte, hace alusión a las secuelas de las invasiones geográficas o culturales, al influjo del poder político, de la guerra y de la territorialidad, en un contexto ancestral o contemporáneo. En este caso, no se sustituyen los tiempos históricos, sólo se establece un juego semántico con sus significantes, coincidencias e implicaciones sociales, ontológicas y estéticas. [12]     

El fetichismo en la obra de Marta Palau puede interpretarse desde el punto de vista psicoanalítico como una auto-satisfacción pulsional y una perversión que en este caso trasciende el vínculo con lo sexual (o con el deseo), y se adhiere al Origen y al Espíritu. Las Nauallis guerreras alteran el rol femenino convencional y afectan con ello al eros encausándolo hacia una actividad bélica tradicionalmente atribuida a la condición de lo masculino. Con ello se observa una des-erotización parcial canalizada hacia la violencia que alude a la parte destructiva de la condición humana en cuanto a su sentido andrógino. La inclusión de lo masculino sacraliza a las Nauallis desde una perspectiva distinta y las convierte en una especie de amazonas posmodernas.  

Las Nauallis fungen no sólo como presencia de una sexualidad variable y fragmentada, sino que se nos presentan como fetiches relacionados con una pulsión tanática, inversa al proceso creador que, sin embargo, se vuelca hacia una escatología que nuevamente la rescata como potencial innovador. La reversión del potencial erótico, expresado en la violencia, nutre la condición mágica de las instalaciones de Marta, pues las convierte en conjuros místicos que sirven como continentes del “ser” y del “crear”. Considero que la artista utiliza el poder fetichista de sus Nauallis para sublimar, a través de la estética y del lenguaje plástico, sus ideas políticas.  

La dualidad sexual de las Nauallis y sus roles bélicos son un sistema auto-erótico de perversión o recuperación de una energía narcisista vinculada con la propia artista. Las Nauallis sirven como continentes proyectivos de la intencionalidad ontológica y creadora, pues a través de ellas Marta ritualiza todo el potencial generador del universo femenino.  

Su obra confluye en una dialéctica de conceptos opuestos y disímiles: el gesto bélico, el Origen, el erotismo, el tánathos, la violencia, el territorio (las invasiones), la frontera, el nomadismo, las migraciones, el ámbito social, la postura política y el pensamiento mágico. Todos estos elementos contrastan y originan un lenguaje heterogéneo y un sentido para la obra de Marta Palau. En este caso, el fetichismo se refiere también a la permanencia de lo rupestre como gran fetiche primigenio.   


[1] Marta Palau es una apasionada por explorar el concepto de pensamiento mágico como referente iconográfico y conceptual de su expresión plástica, y también por indagar sus raíces en diferentes culturas primitivas. El arte rupestre de Baja California guarda una continuidad ancestral que se conserva viva en el arte prehispánico, y que tiene su influjo en el arte contemporáneo. Marta ha aprovechado el potencial expresivo de éstas pinturas rupestres mexicanas (que le han aportado un gran repertorio de imágenes, formas y contenidos), y de este modo, también manifiesta un sentido de pertenencia hacia este sitio con el cual tiene un estrecho vínculo afectivo por residir cerca de allí, en Tijuana, gran parte del año, cuando no está en la Ciudad de México. Palau se apropia de este contexto geográfico y mítico, y se vincula con la riqueza de un imaginario ancestral. La artista es heredera del informalismo catalán, de la abstracción geométrica, del “nuevo ritualismo” y del gestualismo. También de la nueva figuración que surgió a fines de los años sesenta, basada en el nuevo humanismo y el “interiorismo” de principios de la década. Retoma elementos del land art, del arte povera, del expresionismo abstracto, y del arte popular (en su experimentación con el textil y los tapices) e incursiona además en el uso de la “escultura blanda”, mediante el tejido.           

[2] Marta no sólo se remite al pasado ancestral mexicano, también concentra su interés en otras culturas y civilizaciones antiguas instaurando una mirada universal a los ecos de sus vestigios, y de cualquier lugar del mundo. Su trabajo plástico ha sido un importante referente conceptual e iconográfico para artistas latinoamericanos muy diversos. Es importante mencionar que la artista desarrolló un taller experimental en la ciudad de La Habana, Cuba, a principios de los ochenta, su lema era trabajar con materiales naturales del entorno inmediato. Sus ideas y su trabajo fueron inspiración para varios artistas de la vanguardia cubana, entre ellos, Juan Francisco Elso Padilla.   

[3] Helen Escobedo es una artista plástica amiga y compañera de Marta Palau. Mediante sus respectivas instalaciones ambas festejaron sus setenta años de vida, por lo que esta exposición se llamó: Exposición 140 de Marta Palau y Helen Escobedo, en la Galería Art & Idea. (Galería ubicada en el Parque España, Col. Condesa. México, D.F.). Se llevó a cabo del 13 de octubre al 11 de noviembre de 2005.

[4] Las Nauallis son sacerdotisas, guerreras, hechiceras, hierberas, curanderas y magas; son deidades míticas creadas por Marta Palau, que enriquecen de muchas maneras su repertorio iconográfico.

[5] La Mano poderosa ha sido un motivo recurrente en la iconografía de Marta Palau, en 1988 elaboró una mano poderosa (serigrafía de 75 x 55 cm), con el influjo de la revolución cubana. Marta realiza esta mano poderosa en Cuba, la obra gráfica está vinculada con un objeto de santería hallado en un museo de La Habana. Los santos sobre los dedos son reemplazados por manos más pequeñas, (algo que se repite en la instalación Naualli-Mano poderosa 2, 2005), sobre el pulgar coloca la imagen de Augusto César Sandino, el héroe nicaragüense. Las figuras religiosas son sustituidas por figuras profanas que se sacralizan a raíz de su popularidad y huella histórica. La mano poderosa de 1988, es una mano cargada de signos cabalísticos, algunos misteriosos y ocultos; y nos despliega su poder de invocación, de conjura mágica. El tema de la mano ha sido realizado también por la artista, a modo de autorretrato, en varias ocasiones.   

[6] Sigfried Giedion, hace alusión a la importancia de las manos en el arte Rupestre: “En las culturas más dispares de las cuatro partes del mundo aparecen manos provistas de significado simbólico […] La mano –el miembro del cuerpo humano que llega más lejos- da forma a esas cosas que confieren al hombre un poder muy superior a su fuerza innata: herramientas, armas, todos aquellos artefactos, en fin, que distinguen su vida de la mera existencia animal. Parece casi obvio que la representación de la mano, el miembro capaz de mayor destreza formativa, exprese simultáneamente fuerza especial y significación mágica. […] Las manos, unas veces aparecen aisladas, otras en conjunción con símbolos indescifrables, a menudo en conjunción con animales, y entonces su posición evidencia un poder de posesión simbólica sobre éstos.” (Giedion, Sigfried. El presente eterno: Los comienzos del arte, Alianza forma, Madrid, 1981, pp. 122-125).

[7] La mano es realmente un pantaculum, un ‘pequeño todo’ que sintetiza las más destacadas características psíquicas y espirituales del ser humano. Y esto es así desde los primeros testimonios visuales de la prehistoria, que todavía ostentan  nítidas e inquietantes huellas de manos, que se recortan luminosas sobre fondo negro o irradian energía sobre fondo rojo. Éste último color evocaba la idea de la sangre como símbolo de las energías vitales y psíquicas […]. La quiromancia es en efecto una ciencia tradicional difundida entre todas las culturas de Eurasia, aunque con muchas variantes significativas. La posibilidad de ‘leer’ la mano, llena de articulaciones y pliegues en la palma, la convertirá sobre todo en  un natural, y afortunado, soporte mnemotécnico para el aprendizaje y la memorización de números y alfabetos, así como también de las más complejas convenciones de anotación musical.” (Grossato, Alessandro. El libro de los Símbolos. Metamorfosis de lo humano entre oriente y occidente. (La mano y su huella). Prefacio de Elémire Zolla. Traducción: María Ángels Cabré, Editorial Grijalbo Mondadori, artes gráficas Toledo, Barcelona, 2000, pp. 22-25). 

[8] Para las culturas prehispánicas sudamericanas, la mano, o las manos, también han tenido gran importancia, ya que son expresión de la inteligencia y portadoras de habilidades prácticas como tejer, cazar, labrar la tierra, elaborar objetos como herramientas, entre muchas otras funciones: “La mano es un ‘organon’, una herramienta, un órgano de aprehensión, capaz de tener todo y agarrarlo todo’. […] Todos vieron la mano como expresión de la inteligencia y no como condición de ésta. La mano es entonces, un órgano inteligente. […] Los precolombinos han rendido un verdadero culto a las manos humanas: La cultura Paracas (1000–100 a. C.) en su cerámica, confeccionó manos para sus momias con el deseo de devolver al muerto el órgano indispensable perdido. Los Mochicas (100 d. C.– 800 d. C.) no perdieron la costumbre y de manera casi ritual pusieron en la tumba una mano con la típica posición del ‘ñeque’ dando al difunto la posibilidad de recordar y utilizar en el más allá, la técnica de sacar la mayor fuerza de su mano ‘virtual’, podríamos decir.” (Scobry Leacey, Dominique. Simbología Andina en el Arte Precolombino y Colonial. Editor: Manuel A. De Bernardi Cámpora, Especial Impresores Ltda., CMC Amtex, Lima, La paz, Perú y Bolivia, 1999, pp. 40-44).    

[9] Amate: (Náhuatl: amatl) Papel hecho de la corteza del árbol de higo. Este papel fue utilizado por los indígenas antes y después de la conquista española para la elaboración de códices, manuscritos y otros documentos. 

[10] El hombre de las cavernas se inmortalizó mediante el arte rupestre utilizando como pincel la mano pigmentada con la que dejó huella y testimonio de su eternidad, de su psique y de su espíritu, sobre la roca. Dibujando mediante sus caligrafías e ideogramas el ritmo natural del cielo, de las estrellas y del entorno natural, el hombre rupestre orquestó un compendio de su imaginario, y accedió a los estados superiores de conciencia mediante la apropiación, conjura, manipulación y sometimiento del poderoso maná de diversos seres espirituales. (“Mana: fuerza mágica misteriosa, autónoma e inherente a objetos tabú, a personas o a entidades espirituales: animales o vegetales, que habitan en la naturaleza”. (Freud, Sigmund. Tótem y Tabú. Capítulo 2: ‘El tabú y la ambivalencia de los sentimientos’, Alianza Editorial, Madrid, 1972, p. 29).    

[11] Aún cuando “reliquia” sea un concepto occidental, creo que es válido y aplica a esta re-significación semántica en el arte contemporáneo.

[12] En la obra artística de Marta Palau se da gran importancia al sentido y valor del Origen, de la identidad, del ritual y del pensamiento mágico. La artista nos refiere, también, una posición ideológica que resalta el valor de lo ancestral y que en alguna medida se resiste a las políticas culturales o gubernamentales establecidas y hegemónicas, al peso histórico de la ilustración de occidente, a la vigencia de muchos de sus conceptos positivistas que no siempre respetan una cosmovisión ancestral que pervive como memoria en gran parte del arte latinoamericano de las ultimas décadas. Se contrapone a una restringida visión del arte centro y sudamericano, basada en criterios europeos, con las herramientas críticas de éstos últimos, que algunas veces limitan las posibles lecturas y la apertura a una polisemia propia de un arte como el arte de Marta Palau que mira al pasado y lo re-configura.


Marta Paula - Mano poderosa - 1988   Marta Palau - Naualli Mano poderosa 3 - 2005 - Instalación
     
Marta Palau - Naualli Mano poderosa 2 - 2005 - Instalación   Marta Palau - Naualli Mano poderosa 1 -  2005 - Instalación
     
Marta Palau - Naualli  y centinelas - 1993   Mano poderosa - imagen devocional popular