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Desde el 31 de agosto de 2007 el Brooklyn Museum de Nueva York presenta la muestra colectiva Infinite Island: Contemporary
Caribbean Art
que ha sido curada por Tumelo Mosaka
(curador asociado del museo) y podrá visitarse hasta el mes de enero próximo.
Hablar del Caribe y su cultura resulta una empresa nada fácil si se considera la complejidad de raíces, lenguas e influencias que sus variados y pequeños países representan. Algunos de ellos como: Antigua, Aruba, Bahamas, Barbados, Bonaire, Cuba, Curazao, Granada, Guadalupe, Haití, Jamaica, Puerto Rico, República Dominicana, San Martín, Trinidad y Tobago, además de las diversas islas de la costa colombiana y venezolana, y el área del Este mexicano con Yucatán, conforman buena parte de los territorios que hoy definen al Caribe como área; más allá de su ubicación en la zona continental suramericana o propiamente caribeña. Español, inglés, francés, holandés
y lenguas criollas, entre las que destacan el patois y el papiamento,
dibujan un universo cultural de una variedad, sin duda, muy amplia. En
el marco de esta complejidad de lo que se entiende hoy por cultura caribeña,
las artes plásticas contemporáneas poseen un panorama bastante más específico,
que está determinado en muchos casos, por las migraciones de los artistas
y su no pertenencia a movimientos creativos concretos, en beneficio de
la promoción nacional y el trabajo individual. Frente a la situación descrita, Infinite Island: Contemporary Caribbean Art constituye un destacable esfuerzo por parte del Brooklyn Museum de Nueva York, al ofrecer una muestra de las últimas seis décadas de estas manifestaciones plásticas, que siguen sin obtener la visibilidad merecida en los circuitos más internacionales del arte. Alrededor de 80 trabajos realizados en formatos como pintura, escultura, instalación, fotografía, dibujo, vídeo y grabado, presentan al público un acercamiento de lo que es y ha sido este arte a través de la obra de unos 45 artistas, tanto consagrados como emergentes. La experiencia de lo caribeño
es vista en esta muestra como la confluencia de importantes aspectos históricos,
culturales y socio-políticos, que se conjugan con particulares elementos
nacionales y locales, frente a las huellas del colonialismo, la búsqueda
de la identidad propia y la presencia de lo religioso; aunque para entender
la naturaleza de esta confluencia se han propuesto como ejes concretos
de la exposición: historia, política, cultura popular,
memoria, religión y mitos. En torno al arte caribeño se han producido muchas lecturas no coincidentes en su entendimiento. Mientras para algunos este arte debe concebirse como una expresión auténtica, que trata de alejarse de los cánones occidentales a partir de la exaltación de lo primitivo, para otros, es una muestra de la influencia que el arte occidental tiene sobre manifestaciones populares, terminando por estereotipar lo propio. Pero, lo cierto es que lo primitivo
y lo occidental coexisten, manteniéndose y a su vez transformándose,
frente a esa rica y sincrética identidad visual y cultural que no escapa
a las expresiones plásticas recientes que se están sucediendo en el mundo,
sobre todo al considerar las migraciones cada vez más frecuentes que viven
los artistas caribeños, en virtud en algunos casos, de las condiciones
políticas y/o económicas en las que viven en sus pequeños países.
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