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En la segunda década del siglo
pasado en México floreció un movimiento artístico muralista protagonizado,
fundamentalmente, por tres pintores: Diego Rivera, José Clemente Orozco
y José David Alfaro Siqueiros. Con técnicas y personalidades diferentes,
los tres compartieron ideas comunes y trabajaron en la decoración de edificios
públicos con temas que exaltaron la tradición precolombina, sobre todo
maya, la reivindicación de valores sociales y el reflejo de los conflictos
existentes, el espíritu revolucionario. Según los investigadores, la
decoración de edificios públicos, las figuras gigantescas, el colorido,
la influencia del Trecento italiano y del contemporáneo expresionismo
europeo, la pertenencia al Partido Comunista de su más destacados representantes
y, sobre todo, el compromiso político fueron los matices que a grandes
rasgos pueden caracterizar a este movimiento, de indudable influencia
en el surgimiento y consolidación del Arte Moderno en Cuba. Estudios realizados
demuestran la urdimbre de una trama comunicativa empática entre artistas
e intelectuales cubanos y mexicanos a través de publicaciones y cartas
cruzadas, viajes de estudio o de exilio, en un proceso que se extiende
desde los años veinte hasta la primera década de 1960. Numerosas ciudades latinoamericanas
han recordado a los muralistas mexicanos este año que coincide con el
centenario de Frida Kahlo y el cincuentenario del fallecimiento de Diego
Rivera. Entre las menciones más significativas están las dos primeras
ediciones mexicanas de Canto General, de Pablo Neruda, ilustradas
por Siqueiros y Rivera y cuyos 300 ejemplares iniciales, firmados por
Siqueiros, Rivera y Neruda en simbólica ceremonia, fueron destinados a
suscriptores de Rusia, Italia, Hungría, Inglaterra, España, Estados Unidos,
Francia, Checoslovaquia y América Latina. En esta capital varias instituciones
han preparado una extensa agenda que abarca la literatura, la música y
el cine. Para el Museo Nacional de Bellas Artes ha sido un honor unir
sus esfuerzos a ese empeño y, a través de la obra de tres grandes figuras,
acreditar la indisoluble hermandad entre México y Cuba. Tomado de Boletín del Museo Nacional
de Bellas Artes |
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