Víctor Grippo y su paso por Tandil*

CRISTIAN SEGURA y JUAN PERONE


Víctor Grippo - La Tabla (fragmento) - 1978

 

La vida de Grippo tiene como escenarios tres lugares: Junín (donde nació), La Plata y Buenos Aires. Pero entre ellos, otra ciudad hace su tímida aparición convirtiéndose en fondo de algunos pasajes sobresalientes de su carrera. Tandil se convirtió en un punto rico de su trayectoria. Allí, entre otras cosas, recogió un puñado de amigos de largo aliento, realizó su primera muestra individual y el primer premio importante y, mantuvo un encuentro fugaz pero memorable con Witoldo Gombrowicz. Tal vez para confirmar lo que de seguro no quería ser, también cumplió ahí el servicio militar. Todos estos elementos parecen tener un factor en común, factor que tiene nombre y apellido: Jorge “Dipi” Di Paola, el escritor tandilense, cofundador de El Porteño, autor de Minga y La virginidad es tigre de papel, entre otras obras que lo han convertido, para muchos, en autor “de culto”.

El colimba 

El muchacho presentó tímidamente su documento en el pabellón de registro del Regimiento I de Caballería “Coronel Brandsen”. El cabo que atendía del otro lado del mostrador levantó la cabeza y vio al flacucho de anteojos que le extendía la libreta, justo en la hoja donde se leía su nombre: Grippo. Un segundo después ya era parte del Ejército Argentino. En 1957, Tandil era una ciudad apacible que miraba a los recién llegados con la pasión de una vaca.

No era usual que los conscriptos tuviesen tiempo para dedicar sus esfuerzos a tareas ajenas al entrenamiento militar, sin embargo Grippo, de 21 años y oriundo de Junín, tenía vía libre para alternar sus tareas del regimiento con la práctica de la pintura. Según Di Paola: “Como resultó bueno para jinetear y para sus múltiples habilidades, ya que estudiaba Química y Farmacia, en La Plata, y le gustaban las cosas técnicas y era el mejor tirador, lo dejaban salir y aun vivir en la ciudad si cumplía sus tareas de aspirante a oficial de la Reserva”.  

Entre Junín y Tandil, el itinerario personal cita a La Plata. Allí estudió Química en la Universidad Nacional y fue ayudante de Trabajos Prácticos en la Carrera de Biología. Su gran capacidad para entender la relación entre los materiales más diversos de la naturaleza le dejaba tiempo para cursar algunas materias en Bellas Artes. Esta alquimia intelectual se mantuvo durante toda su existencia y hasta se convirtió en su sello. Grippo, al igual que el resto de los seguidores de Hermes Trimigesto fue al mismo tiempo intelectual y artesano de sus obras.  

Mientras cumplía el servicio en el Regimiento, sus conocimientos artísticos se iban acrecentando con cientos de bocetos que se almacenaban a muy pocos centímetros de su cama de campaña. Pocos meses después de llegar a la ciudad, el joven decidió participar en el Salón de Arte de Tandil organizado por el Museo y Academia de Bellas Artes. En mayo de 1957 obtuvo el segundo premio en la disciplina de grabado por su obra “Nostalgia”, una tinta litográfica sobre papel. La primera distinción fue para el local Manuel Cordeau, por su obra “El viejo Vizcacha”.  

En ese punto, su vida se unió a la Di Paola, un adolescente iracundo, por esa época, frecuentador del Museo e interlocutor frecuente de Ernesto Valor, director de la institución. Di Paola fue a ver los premios junto a su amiga Ligia Laplace y dio a conocer al director su disconformidad por el orden de los premios. Para el joven de 16 años, devorador de todos los libros que llegaban a la Biblioteca Rivadavia, y siempre al borde de la cólera, era necesario dejar en claro que el premio lo merecía el que se había quedado con el segundo laudo.  

“Nuestros denuestos quedaron interrumpidos cuando el soldado, rapado a cero, lo que entonces sólo ellos usaban y se veía raro, se nos acercó y nos agradeció la defensa, pero nos dijo que él no se había ofendido y que le venían muy bien unos pesos”, cuenta Di Paola.

Ese fue el principio de un diálogo que la amistad prolongó hasta la muerte del artista.

Muestra

El otro acontecimiento que une a Grippo con Tandil acontece en el salón de actos del vespertino Nueva Era, diario fundado en 1919 y todavía en actividad. Allí fue su primera exposición individual, al menos de la que se tiene documentación. El 19 de abril de 1958, el joven colgó 25 dibujos sobre papel de mediano formato. El catálogo de la muestra se realizó con un resto de cartulina que se consiguió en carácter de “rezago” en una imprenta. El formato y el diseño se adecuaron a la forma de los cartones. El resultado fue algo “zen”, según Dipi, quien escribió el prólogo en forma de diálogo. La historia oficial indica que ese diálogo realmente existió, pero lo que en realidad sucedió fue que Dipi, para no perder tiempo, lo redactó sobre el mostrador de la imprenta, asumiendo también la palabra de su interlocutor, de quien conocía perfectamente sus posiciones estéticas a partir de las reiteradas charlas que habían mantenido los últimos meses. Este detalle revela la gran empatía que se había dado entre estos jóvenes que desarrollaban disciplinas distintas pero preocupaciones comunes acerca de la naturaleza del arte. De hecho, muchos años después, Dipi volvería a escribir, esta vez con formato de entrevista (en El Porteño) un testimonio revelador de su obra y, luego, otro prólogo para la muestra de su amigo, La comida del artista, en 1991. 

En la muestra de Nueva Era, Grippo se encontró con Witold Gombrowicz, el genial escritor polaco que quedó varado en Argentina durante la Segunda Guerra y que llegó a la ciudad en busca de un alivio a su deficiencia respiratoria. Di Paola lo había invitado días atrás con la entrega de un catálogo. Cuando recibió la cartulina color mostaza, el polaco dio su sentencia de la pintura. Decía que era un arte mudo, incompleto, un arte rengo.

El día de la inauguración reforzó esta idea. Ingresó rengueando al salón, usando a Dipi como “bastón-humano”. Este sostén era dudoso. Dipi no podía aguantar la risa y amenaza con desplomarse.  

Antes de que esto pudiese pasar, Gombrowicz asumió rápidamente su segundo papel. Ya erguido y sacando a relucir su porte aristocrático –el autor de Ferdidurke y uno de los revolucionarios de la novela universal, según Milan Kundera– tomaba, uno a uno, los dibujos y los daba vuelta. Los ponía patas arriba y así se reía, a su manera, del arte abstracto.

“Muy bueno, Grippo”, le dijo, mirándolo al revés, con mucha atención. “Con expresión de entendido me contaba –recuerda Dipi– que buena composición. Fíjate qué líneas de fuerza, estos vectores. Me explicó que ponerlos patas para arriba le permitía ver el cuadro verdadero porque así el tema no lo distraía y porque veía, de ese modo, el equilibrio secreto”.  

Esa fue la única vez que se vieron, pero Gombrowicz y Grippo se encontrarían a la vuelta de la vida, no personalmente, pero sí mediante sus obras. El equilibrio sería uno de los grandes temas que el artista asumiría en su obra, con la Serie de los equilibrios, que comienza en 1985. Por su parte, el polaco que daba vuelta a los cuadros para perder de vista la forma y concentrase en las tensiones, sería definido luego, por uno de sus más fervientes admiradores argentinos, Alejandro Russovich, como el “filósofo de la forma”.

Estas participaciones en la vida cultural tandilense le dejaron como mayor patrimonio la amistad de un grupo de jóvenes que luego seguiría con atención la ascendente carrera de Grippo, ya establecido en Buenos Aires.

En 1969 y el año siguiente, regresó al Museo de Bellas Artes para participar en el "Premio de Pintura, II Festival de las Artes de Tandil, 1969" y en el "Premio de Escultura y de Experiencias Visuales, III Festival de las Artes de Tandil 1970", de notable importancia en el desarrollo del arte de avanzada en Argentina.

Presentó una propuesta para un sistema modular y Elastociclo, respectivamente. Durante este período implementa en sus obras imágenes del mundo de los mecanismos, imágenes que tomarían dimensión, movimiento real y luces propias, siendo el propio mecanismo la obra plástica. Como uno de los pasos de una evolución, imágenes inicialmente pintadas fueron incorporadas a un sistema de simbolización, a un lenguaje. Con Elastociclo concluye este interés, dando lugar a su atención por la energía, de la que devendrá Analogía I, eligiendo a la papa como elemento articulador. 

Años después, en la entrevista que le realizara Dipi para El Porteño, Grippo señalaría que en Tandil había concluido una etapa y comenzado otra. “Con el premio sentí que lo que estaba haciendo terminaba. No que comenzaba algo. La obra premiada sólo había sido, para mí, un germen, ya que me llevaba hacia otros lados. Ya no me interesaba tanto los mecanismos, sino la energía”, cuenta el mismo artista.

Luego, lo que todos conocen. El trabajo de Grippo fue legitimado por el tiempo, por el devenir de las expresiones del arte que lejos de un patrón siguen infinidad de caminos y continúa, allí, despertando formas y lecturas que parecen inagotables. Mientras tanto, en Tandil, su rastro sigue firme, poderoso y cálido al mismo tiempo, escurriéndose de generación en generación, en interminables discusiones de café y sobremesas de buen vino, escapando a la historia del arte y acercándose a la anécdota indócil.

Y si no es ese el mejor de los homenajes, se le parece.


Víctor Grippo

Hijo de inmigrantes italianos, Víctor Grippo nació en Junín, Provincia de Buenos Aires, en 1936. Cursó estudios de química en la Universidad Nacional de La Plata y asistió a los seminarios de Héctor Cartier en la Escuela Superior de Bellas Artes. Realizó su primera exposición individual en Buenos Aires, en la Galería Lirolay en 1966.  

Desde 1970 integró el Grupo CAYC (Centro de Arte y Comunicación) y comenzó su serie Analogías con obras que trabajan oposiciones tradicionales como arte-ciencia, naturaleza-cultura y real-artificial. En 1972, en el marco de la exposición Arte e ideología, realizó su intervención pública Construcción de un horno popular para hacer pan en la Plaza Roberto Arlt, en colaboración con Jorge Gamarra, artista, y A. Rossi, trabajador rural, poniendo en evidencia los procesos básicos de cooperación, producción y alimentación y reflexionando sobre la dualidad ciudad-campo. Sus obras de aquellos años se relacionan con el arte conceptual y recurren a materiales orgánicos, como la papa y el pan, y a utensilios cotidianos como mesas, sillas, platos y cubiertos. Obras paradigmáticas de los setenta incluyen Analogía I (1970 y 1977), Analogía IV (1972), Algunos oficios (1976), Valijita de Panadero (1977), Tabla (1978).  

En 1980 presentó Vida-Muerte-Resurrección, una germinación de porotos que destruye los recipientes de plomo sellado que la contienen. En 1989 inauguró su serie de maquetas blancas, Cercando la luce. En 1991, expuso su instalación La comida del artista en el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Buenos Aires (ICI). Durante los años ochentas y noventas, construyó una serie de pequeñas valijas y cajas poniendo en relación materiales diversos: plomo, rosas, yeso, niveles y pesos.  

Entre sus exposiciones individuales podemos citar las realizadas en Galería Artemúltiple, Buenos Aires (1976, 1980); Gabinete de Arte Raquel Arnaud, São Paulo (1984); la Fundación San Telmo, Buenos Aires (1988); Fawbush Projects, Nueva York (1991); Museo de Arte Contemporáneo Carrillo Gil, México D.F. (1994); su retrospectiva en la Ikon Gallery de Birmingham y en el Palais des Beaux-Arts de Bruselas (1995); y Ruth Benzacar Galería de Arte, Buenos Aires (2001). De sus numerosas participaciones en exposiciones colectivas mencionemos Arte de sistemas I, Museo de Arte Moderno, Buenos Aires (1971); Grupo CAYC, Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro (1978); las bienales de París (1969), San Pablo (1977, 1979, 1991, 1998), Tokio (1980), Venecia (1986) y La Habana (1991, 1994) y la Documenta Kassel (2002).  

Entre las más recientes muestras que incluyeron su trabajo: Transcontinental: Nine Latin American Artists, Ikon Gallery, Birmingham (1990); Latin American Artists of the Twentieth Century, The Museum of Modern Art, Nueva York (1993); Art from Argentina 1920-1994, The Museum of Modern Art, Oxford (1994); Out of Actions: Between Performance and the Object 1949-1979, The Museum of Contemporary Art, Los Angeles (1998); Cantos Paralelos: Visual Parody in Contemporary Argentinean Art, Jack S. Blanton Museum of Art, University of Texas at Austin (1999); Global Conceptualism: Points of Origin 1950s – 1980s, Queens Museum of Art, Nueva York (1999); Arte en Acción, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (1999); Arte y Política en los ‘60, Palais de Glace, Buenos Aires (2002).  

Murió en Buenos Aires en febrero de 2002.


* Texto publicado originalmente en el diario Nueva Era de Tandil y en la revista Ramona de Buenos Aires, al cumplirse tres años de la muerte de Víctor Grippo, uno de los artistas más importantes del arte argentino y de mayor reconocimiento y prestigio en el exterior.

 

 


Víctor Grippo trabajando en Bruselas - Foto archivo del artista   Víctor Grippo - Analogia 1 - 1071 - Coleccion Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires
     
Retrato del artista -  Foto de Gian Paolo Minelli   Witoldo Gombrowicz y Víctor Grippo en la sala del diario Nueva Era
     
    Víctor Grippo - La Tabla - 1978