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| Ariel - Taller Portobelo - 2001 (fragmento) |
A Claudio, por leer entre
líneas, por confiar Portobelo
fue uno de los primeros asentamientos poblacionales establecidos
por los colonizadores en el Nuevo Mundo. Fundada en 1597,
la ciudad formaba parte de una red de espacios interconectados
que funcionaban como enclaves en el sector comercial. Debido
a su ubicación geográfica se convirtió en el centro del
comercio entre Europa, África, el Caribe, Centro y Sudamérica,
razón por la cual se le consideraba uno de los puertos más
importantes para el Imperio español. Como
el resto de los territorios colonizados, Portobelo no estuvo
exento del fenómeno de la esclavitud. La inserción de mano
de obra procedente de África fue configurando la dinámica
cultural de la región cuyo producto ha sido una identidad
transculturada. Portobelo es hoy un territorio con un número
importante de población negra, a diferencia del resto de
Panamá de notables raíces hispano-indígenas. Durante la
etapa colonial se produjo un fuerte proceso de cimarronaje
en dicho espacio, entendido tanto en su sentido más elemental
como en el que plantea Yolanda Wood en su libro Las
Artes Plásticas en el Caribe donde define como elementos
de resistencia cultural al cimarronaje, en el cual, debido
a la separación de la cultura dominante, los elementos de
una cultura dominada son conservados de la manera más pura
posible; y al clandestinaje que se refiere a cuándo dichos
elementos culturales, conviviendo con los de la cultura
dominante, son travestidos en pos de su trascendencia.
[1]
Cultura conga es el término
para denominar a este tipo de cultura de raíces africanas
conservada en los palenques pero también mezclada, inevitablemente,
con lo español. Congo fue un término genérico utilizado
en Panamá durante la colonia para referirse a todos los
individuos provenientes de África; aunque también se utilizó
y utiliza aún para nombrar a los descendientes de los cimarrones
a los cuales la población tiene un gran respeto –no debe
confundirse con el Congo de África Central o con aquel que
se ha derivado de algunas religiones de Cuba y Brasil. Los
cimarrones devinieron paradigma para los habitantes de Portobelo
y es por eso que muchos de los signos que estos utilizaban
para burlar a los españoles, así como algunos componentes
de la cultura que se esforzaron por mantener, han quedado
recogidos en bailes y fiestas de elevado simbolismo. Uno
de los más conocidos es el denominado Baile Congo, burla
hacia la corona española y El
baile Congo posee una dramaturgia específica donde intervienen
numerosos personajes que son encarnados por la personas
del propio pueblo. Dentro de los personajes están el Diablo,
el Rey y El Diablo, por ejemplo, en la tradición
de los Congos no representa a Satanás. Representa, sin embargo,
al mal en la figura de los españoles que capturaron, vendieron
y torturaron a sus antepasados esclavizados. El diablo es
identificado por sus vestimentas de color rojo y/o negro
y por llevar un látigo con el cual golpea a los congos,
o sea, los cimarrones, a las ánimas y a los ángeles. El
Rey y Para
este baile se utilizan tambores y cada personaje tiene una
coreografía y vestuario particular. El vestuario
de los hombres congos consiste en ropa vieja llevada al
revés para referirse a la práctica de inversión de sentido,
característica de su idioma. Pintan su rostro de negro o
azul y también se envuelven con sogas o cadenas. El hecho
de envolverse a sí mismos es una referencia metafórica a
las que una vez restringieron a sus antepasados durante
la esclavitud. Sogas y cadenas que de igual forma sirvieron
a los cimarrones para atar en sus cuerpos artículos robados
y así dejar sus manos libres para defenderse mientras escapaban.
Las grandes bolsas son un elemento significativo en el traje
del hombre, e igualmente son una referencia a las que llevaban
los cimarrones para guardar comida y artículos personales
durante los largos períodos que pasaban fuera, ya fuese
cazando, espiando a los españoles o asaltando a las caravanas
y pueblos. Los hombres congos llevan sombreros cónicos hechos
de la corteza del cocotero, decorados con plumas, tela,
piezas de espejos rotos, objetos brillantes u otra joya
de poco valor. Su vestuario se completa con los bastones.
Las mujeres congas llevan una blusa sencilla y una pollera
montuna. La pollera es el vestuario tradicional de Panamá,
que consta de una saya larga y amplia recogida en la cintura.
Específicamente, la pollera montuna es la que se usa como
traje de trabajo dentro de la casa, y fue usada en la época
colonial por las mujeres esclavas y las campesinas. Además, estas mujeres usan un elaborado maquillaje, joyería elegante y
flores en el pelo. El
baile Congo comienza el 20 de enero al izarse una bandera
blanca y negra, y se extiende hasta el Miércoles de Ceniza.
Es una especie de ritual público en el que el Diablo es
capturado y luego bautizado como una manera de subvertir
la experiencia de los antepasados esclavizados. El último evento durante el juego del Congo es la captura del Diablo Mayor
el cual es entonces bautizado y vendido luego de ser desenmascarado.
El Diablo queda pues liberado de la maldad a través de un
ritual expiatorio que simboliza la experiencia de los ancestros.
Las ánimas se encargan de ayudar a los Ángeles en la captura
del Diablo, y estos a su vez, defienden a las ánimas. Durante la década del ochenta del siglo XX surgió un interés por la preservación
de dichas tradiciones. Varios artistas de diversas disciplinas
y nacionalidades, quienes estaban aglutinados en el llamado
Grupo de Portobelo, colaboraron en múltiples proyectos importantes
que incluían audiovisuales, teatro, música y danza. En la
mayoría de estos trabajos los pobladores fueron parte integral
de la producción. No es hasta cerca de los años noventa que el Taller Portobelo tuvo su estudio
de pintura, resultado de la acción conjunta de los artistas
Arturo Lindsay, Sandra Eleta y Yaneca Esquina, un líder
de la comunidad de Congos en Portobelo. El fin fundamental
del taller fue (y es) rescatar, preservar la memoria histórica
mediante un trabajo plástico que refleje sus tradiciones. Otro aspecto importante dentro
de los objetivos del taller es el interés por promover la
labor de los artistas locales y lograr que se inserten en
los circuitos artísticos nacionales e internacionales. El Taller Portobelo ofrece además un medio para mejorar las condiciones económicas
del pueblo. A través de la venta de los cuadros, se brinda
la posibilidad a los jóvenes de tener participación económica
en la sociedad y contribuir a la disminución de la situación
de pobreza del pueblo. En 1997 el propio Arturo Lindsay estableció una especie de filial denominada
Taller Portobelo Norte, en Luego de algunos años de experiencia en dichos intercambios, se comenzó a
desarrollar, a partir del año
2003, un evento conocido como Arteferias, que rememoran
las ferias realizadas en el territorio panameño durante
la colonia. Estas nuevas ediciones consisten en una exposición
de las creaciones resultantes del intercambio entre los
artistas locales y extranjeros. Muchos artistas han participado en el taller de pintura, sin embargo, un grupo
central trabaja y expone su obra de forma regular como miembros
del Taller Portobelo, entre ellos se encuentran: Virgilio
“Yaneca” Esquina, Gustavo Esquina de Debido a que le taller no tiene fines académicos, sino que funciona como espacio
para el intercambio de ideas, podemos reconocer un lenguaje
naif en el abordaje de las figuras. Si
bien cada uno de los creadores se interesa por una temática
particular, es posible establecer constantes estéticas en
lo que respecta a la composición, la concepción de la figura
y la disposición de esta en el espacio; aspectos muy relacionados
con la simbología de las tradiciones locales, por ejemplo
el propio Baile Congo. Dicha estética es denominada estética Congo, que no solo se puede reconocer en la pintura sino
también en el vestuario, evidencia de la conexión indisoluble
entre toda la producción simbólica de los habitantes de
Portobelo. Dentro de sus características esenciales, se manifiestan la utilización de
colores muy brillantes, cuya disposición en la obra está
basada en la yuxtaposición de los complementarios, aunque
a veces se pueden percibir combinados de manera arbitraria
en los lienzos. Las texturas utilizadas son marcadamente
contrastantes y con una notable profusión ornamental. La
aplicación de los colores se realiza bajo la técnica de
puntillismo, pero no a la manera post-impresionista, sino
con el fin de rellenar los fondos y las figuras. En lo que
se refiere a la perspectiva, las composiciones están constituidas
de manera planimétrica, a partir de la combinación de los
propios planos de color. Es por eso que en la representación
de personas prefieren la posición frontal, aunque esta es
también utilizada en la pintura narrativa pero en menor
medida. En ocasiones este tipo de creaciones, los autores
hacen uso de una perspectiva muy elemental para ubicar las
figuras en el espacio. Por otro lado, en los retratos un
aspecto importante es el tratamiento de los ojos. Casi sin
excepción, los ojos tienden a ser grandes, almendrados,
y se representan abiertos con las pupilas totalmente visibles. Hay otros elementos que no forman parte directamente de la composición pero
que, junto al resto,
constituyen un conjunto simbólico indivisible cuya función
viene a ser la de reforzar el significado de la obra y,
por tanto, no los debemos desconocer. Los marcos en el arte
del taller son una parte indisoluble de las imágenes, conforman
un todo íntegro debido a que la mayoría son decorados con
una iconografía referida el tema de la pintura en cuestión.
La estética Congo
manifiesta un evidente horror
vacui materializado en la profusión ornamental de los
fondos y en la incorporación a la obra de objetos de gran
importancia dentro del imaginario del pueblo portobeleño:
joyas de poco valor, piedras que imitan diamantes, cuentas,
conchas marinas, plumas y espejos rotos; aprovechando las
posibilidades que tienen algunos de estos objetos de brillar
y reflejar la luz. Estas constantes estéticas son a veces parcialmente ignoradas por algunos
de los miembros del taller, sobre todo lo más jóvenes. Algunos
de ellos han incursionado en el uso de un puntillismo menos
abigarrado, llegando incluso, en ocasiones, a prescindir
de él. También presentan las figuras ya no de frente sino
de perfil y los ojos se perciben más pequeños y las pupilas
menos acentuadas. A veces, incluso, tampoco usan marcos
confeccionados por ellos. En lo que a manifestaciones artísticas respecta, el papel protagónico dentro
del taller lo lleva la pintura, lo que no quiere decir sea
ésta la única vía de expresión utilizada. Hay algunos artistas
que se aventuran a experimentar con la escultura y la instalación.
El
Taller Portobelo es hoy más que una iniciativa regional
pues ha logrado ganarse un espacio en los circuitos promocionales
del arte en Panamá y el mundo. Las variadas exposiciones
que se han hecho con las producciones del taller tanto dentro
como fuera del país que se han ido incrementando tanto cuantitativa
como cualitativamente, lo corroboran. En Panamá las obras
se han expuesto en diferentes ciudades como el propio Portobelo,
El
Taller Portobelo ha ido madurando y trascendiendo los límites
de la comunidad y ha logrado, no sin esfuerzo, insertarse
en la dinámica cultural y artística no solo panameña, sino
de otros países. Ha sido un proceso ascendente en el cual
se han producido renovación de lenguajes, inserción de la
obra de mujeres creadoras, una consolidación de los proyectos
de intercambio entre los estudiantes de * Licenciada en Historia del Arte. Especialista de
[1]
Yolanda Wood: Las Artes Plásticas
en el Caribe, Ed. Félix Varela,
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