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Comisario/Curador delPabellón del IILA |
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María Fernanda Cardo |
Un
artefacto sincrético Francesco
Bonami, director de la 50ª Esposizione
Internazionale d’Arte della Biennale di Venezia desea
valorizar la unidad de la estructura expositiva (como
islas de un archipiélago), cada una con su propia identidad
y autonomía. No
queremos hacer una exposición más de arte latinoamericano,
sino hacer conocer la obra de algunos artistas que, más
que ser “de”, actúan “desde” América Latina
[2]
, esta “caprichosa extensión de tierra poblada de
imágenes”
[3]
. Con una fuerte personalidad y una perspectiva muy
propia, desarrollan sus poéticas, que pasan de estéticos
ensayos formales a las huellas de la memoria, a preocupaciones
de signo social, cultural y político. La obra de estos
artistas -que se preguntan sobre sus raíces y su identidad,
que nos hablan de utopías y sueños, de defectos y virtudes-
nos permite apreciar, bajo la sorprendente diversidad
de lenguajes que van de la fotografía, a la pintura, de
las instalaciones al video, tantos anhelos comunes.
Muriel Hasbún y Eugenia Vargas se zambullen en su propia historia. Trabajando
en primer lugar con la fotografía, la salvadoreña Muriel
Hasbún busca en sus raíces judías , palestinas, polonesas
y francesas (ella misma hace años viviendo en Estados
Unidos), explicaciones sobre la vida y sus razones. A
partir de los recuerdos de su madre y de su tía, de la
persecución antisemita durante la guerra, su obra permite
destacar o sugerir los contextos y las formaciones culturales
que han resultado de los procesos de sincretismo, hibridación
y apropiación propios de Latino América. Aquí aludimos
al sincretismo entre las tradiciones europeas
o judeocristianas y las diferentes tradiciones indígenas
y africanas. Sin olvidar el aporte de las poblaciones
provenientes de Asia. Eugenia
Vargas, quien asegura que “ toda experiencia en tu
cuerpo se convierte en un estrato de memoria”, retorna
constantemente a su Chillán natal, la tierra de Violeta
y Nicanor Parra y del eximio pianista Claudio Arrau. Sus
recuerdos la llevan a su infancia en el pueblo pre-andino,
a su vivencia de la cultura campesina, a su convivencia
y pasión por los caballos, a sus sueños que traducen
su historia y sus recuerdos a través de una serie de fotografías
y un video de un caballo de juguete y una muñeca que se
relacionan tiernamente.
Con
humor cáustico y bromas Brooke Alfaro analiza y
diseca los habitantes y su ciudad y, tocando fibras de
la historia sociopolítica de los nacionales, nos ofrece
un Panamá desconocido y pleno de verdades normalmente
escondidas. Filmada en el sector antiguo de la ciudad,
en una casa condenada y con los personajes que allí habitan,
esta obra que cuestiona, en primer lugar, las distancias
entre alta y baja cultura, nos presenta una Panamá que
“late “ ante nuestros ojos, con una magnífica “Aria”
de fondo musical para nuestros oídos. En
un interesante contrapunto la instalación de Gilda
Mantilla con sus cientos de tarjetas de Lima nos descubre
una ciudad desconocida y nos habla de distancias e comunicación.
Las imágenes que aparecen en estas tarjetas han sido tomadas
sin pretensiones técnicas. Sin querer ser ingenuas, actúan
revelando una mirada sobre Lima “distante pero interesada,
insolente pero dignificante”. Partiendo
de una situación concreta y de una psicogeografía específica
(los remanentes físicos y culturales que un gran establecimiento
multinacional dejó en Portovelo, Ecuador, desde 1860 hasta
1946), Tomás Ochoa realiza su obra. Con un despliegue
de elementos visuales articulados entre sí en relaciones
dialógicas que conforman un todo unitario- fotografía,
objetos y video- transita por la historia industrial de
tantos lugares de Latino América; una historia de avances
y abandonos. La
complejidad y los contrastes del ambiente humano y geográfico
son los disparadores para la obra de Rossella Matamoros
quien reflexiona sobre las diferentes realidades en que
vivimos en el XXI siglo. Su instalación quiere relacionarse
con la experiencia de desplazamiento a diferentes culturas,
con las diferentes gentes y maneras de pensar. Marisel
Jiménez , que se deja capturar por la tradición animalística
en el arte de su pías, por el paisaje grandioso de selvas
y montañas y los mitos que éstos provocan, crea para esta
muestra un conjunto de fantásticos y dramáticos “perros
que hablan”. Animales, que, como en toda su obra, actúan
como elemento metafórico o simbólico relacionado con la
soledad, la tristeza y el aislamiento de nuestra sociedad.
Paralelamente, y con un más o menos marcado tono kitsch, Victoria Suescum, Joaquín Rodríguez del Paso y Fernando Bryce se preguntan sobre feminismo y modas, influencias y respuestas, lo falso y lo verdadero, el artificio y la imagen, colonialismo y antropofagia [4] , apropiación y resignificación de modelos euro-norteamericanos. Estos artistas son exponentes de la “cultura de la resignificación” [5] de los repertorios impuestos por los centros desarrollados a las periferias. Es una estrategia transgresora, a menudo inconsciente desde posiciones de dependencia. Además de incautar los elementos que se consideran convenientes para usar en otro contexto y satisfacer intereses diferentes, la apropiación funciona cuestionando los cánones y la autoridad de los paradigmas centrales. [6] La pintura de Victoria Suescum traduce una mirada femenina sobre la posición de los latinos en Estados Unidos, la españolización del inglés, los nuevos idiomas y comparaciones en las zonas de inmigración. Sus fuentes son los afiches chicanos, el arte popular, el folklore urbano, los coloridos e ingeniosos letreros y avisos de tantos pueblos latinoamericanos. Como afirma Monica Kupfer vemos que, con un juego semántico y visual entre el arte vulgar y la historia del arte, “la artista explora la cultura vernácula que se refleja en los anuncios comerciales y rótulos de fabricación casera, así como el concepto de la belleza femenina y del machismo que forman parte de la vida diaria de miles de personas que desarrollan sus vidas alejadas de los centros de poder”. [7] Con
su instalación de flores artificiales, que quedan intactas,
y naturales que mueren, Joaquín Rodríguez del Paso
recuerda el Paraíso
[8]
que los conquistadores buscaban (y no encontraron)
las utopías (que, en la doble significación de la raíz
griega, quiere decir “buen lugar” y también “no lugar”)
y que no se dieron. El paraíso es el lugar perfecto, ...“las
utopías presentan trazos comunes: ofrecen la imagen detallada
de una sociedad completa, cerrada en sí misma (por eso
la preferencia geográfica por islas o planetas o su proyección
en un futuro remoto) y con una actitud crítica con relación
a la sociedad real”
[9]
. Esto explica como al concebirlas muchos hayan mirado
al otro lado del Atlántico . “El Paraíso y la Utopía se
enredan en la misma trama de sueños y nostalgias, el pasado
añorado y el futuro deseado se tocan por obra y gracia
del Descubrimiento. Desde entonces la nostalgia de la
perfección se transmuta en urgencia por construirla aquí
y ahora. Fernando
Bryce (en lo que podría ser un interesante paralelo
con el brasileño Vik Muñiz quien fotografía d’après
obras famosas que realiza con chocolate, ketchup, alambre
o polvo; y con el ecuatoriano Pablo Cardoso, que pinta
copias de las fotos de ciudades por él sacadas, generalmente
fuera de foco) reproduce imágenes y textos tomados de
la realidad que él llama “análisis mimético”. Nos presenta
aquí un museo de la mirada, con connotaciones de colonialidad
evidentes. “Lo que detrás de la cursilería asoma es el
inconsciente perturbado del poder criollo-oligárquico
frente a una geografía que lo supera y le es ajena pero
debe hacer propia”
[10]
. Con
el barco, que en realidad es un vector cultural que converge
en su vida y en su obra Marcos
Lora Read, trabajando siempre con objetos que dan
forma concreta a la memoria tanto individual como cultural,
nos introduce en la magnifica insularidad de su país.
Como Antonio Benítez Rojo
[11]
, Lora Read parece afirmar que “...los Pueblos del
Mar se repiten incesantemente diferenciándose entre sí,
viajando juntos así al infinito. Ciertas dinámicas de
su cultura también se repiten y navegan por los mares
del tiempo sin llegar a parte alguna. Si hubiera que numerarlas
en dos palabras, estas serían: actuación y ritmo”. Utilizando
animales disecados y flores artificiales María Fernanda
Cardoso arrastra la forma orgánica hacia la abstracción
geométrica, construye estructuras primarias con un material
cargado semánticamente. Con su poética instalación de
blancas estrellas de mar que han sido “tejidas” con hilos
de metal, despierta en nosotros sensaciones de mar, de
azul, de profundidad de admiración perdida en las profundidades
habitadas por coloridos animales y plantas. Las estrellas
“tejidas” parecen flotar en el espacio, como si fuesen
fragmentos de “agua” , creando una atmósfera submarina
donde el observador está rodeado por estructuras orgánicas.
Hasta podemos sentir la sensación de “exaltación física,
muy semejante a una lucida embriaguez” que producen “la
claridad, la transparencia, el frescor del agua en las
primeras horas de la mañana”
[12]
. Esta instalación es como un homenaje a “su” mar
Caribe, al Mediterráneo que en este momento nos rodea,
al Pacífico, que también baña a su país y Australia,
el continente donde hoy vive. Charlie Nijensohn realiza video-instalaciones a partir de hechos perfomáticos. Eligiendo como lugar de filmación gigantescos espacios aislados -Las Salinas Grandes, en la provincia de Jujuy, y una planicie de la provincia de Santa Cruz, ambos en Argentina y los témpanos de la Antártica, crea un verdadero canto a la vida, a la resistencia, a la posibilidad de superación constante. Travel to Nowhere es un viaje imposible hacia un lugar al cual nunca se llega...Un viaje alucinado donde cuando las cosas comienzan a aparecer se desvanecen en el aire...Un acto de intensidad una poética mise en scène. Estos
artistas nos llevan -provocando los límites de los real
[13]
con barcas, nubes, estrellas de mar y perfomances
en desiertos y icebergs-, por un magnifico “viaje” a través
del espíritu mágico latinoamericano. Como Gerardo Mosquera [14] , nos podríamos preguntar si esta representación resume el “corpus” latinoamericano. Por supuesto que no, sólo nos da deseos de más. [1] Radiografía de la pampa, Edición critica Leo Follmann coord., Madrid, Allca XX, 1996. [2] Sobre el tema ver Gerardo Mosquera, No es sólo lo que ves: pervirtiendo el minimalismo, Madrid, Centro de Arte Contemporáneo Reina Sofía, 2000. [3] Ezequiel Martínez Estrada, Op. Cit. [4] Queremos aquí recordar el movimiento antropofágico creado por Oswald de Andrade, inspirado en el Abapuru de Tarsila do Amaral. Nos hablaba de la capacidad de Latino América de deglutir los ejemplos y dar una nueva respuesta a los interrogantes. [5] Nelly Richard, “Latino América y la postmodernidad: la crisis de los originales y la revancha de la copia”, La estratificación de los márgenes, Santiago de Chile, l989. [6] Gerardo Mosquera, Op. Cit. [7] Catalogo 50ª Biennale di Venezia, 2003. [8] “Aquí es el Paraíso Terrenal, adonde no puede llegar nadie, salvo por voluntad divina.” (Carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos). “Mas allá del trópico de Capricornio hay una tierra habitable que es la parte más alta y noble del mundo, es el Paraíso Terrenal” (Abate d’Ailly en Imago Mundi). [9] Graciela Scheines, Las metáforas del fracaso, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1993. [10] Gustavo Buntix, Cutting edge/Cunning edge – Recortes del arte peruano emergente en los años noventa., en Políticas de la diferencia, Museo Costantini, Buenos Aires, 2002. [11] La Isla que se repite, Barcelona, Editorial Casiopea, Colección Ceiba, 1998. [12] Tomado de Alejo Carpentier, El siglo de las luces, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1979 [13] Y aquí quisiéramos parafrasear a Gabriel García Márquez afirmando que nada es mas latinoamericano que el hundimiento de un barco que transporta un circo frente a las costas de la Patagonia . Hecho que hace que, entre pingüinos y lobos marinos lleguen nadando elefantes, monos y tigres…. [14] Op. Cit. |
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