Archipiélago de imágenes

IRMA ARESTIZÁBAL
Comisario/Curador delPabellón del IILA

María Fernanda Cardo

 

Un artefacto sincrético
no es una síntesis, sino
un significante hecho
de diferencias
Antonio Benítez Rojo

Francesco Bonami, director de la 50ª Esposizione Internazionale d’Arte della Biennale di Venezia desea valorizar la unidad de la estructura expositiva (como islas de un archipiélago), cada una con su propia identidad y autonomía.

La multiplicidad cultural latinoamericana y, por tanto, las formas de expresarse y de ver, es una realidad, pero también  lo son nuestros trazos comunes. Ante esta interesante coincidencia de presupuestos es nuestra intención mostrar parte de la diversidad y la riqueza de este “archipiélago de tierras firmes”, como tan bien definía Ezequiel Martínez Estrada a nuestro continente [1] .

No queremos hacer una exposición más de arte latinoamericano, sino hacer conocer la obra de algunos artistas que, más que ser “de”, actúan “desde” América Latina [2] , esta “caprichosa extensión de tierra poblada de imágenes” [3] . Con una fuerte personalidad y una perspectiva muy propia, desarrollan sus poéticas, que pasan de estéticos ensayos formales a las huellas de la memoria, a preocupaciones de signo social, cultural y político. La obra de estos artistas -que se preguntan sobre sus raíces y su identidad, que nos hablan de utopías y sueños, de defectos y virtudes- nos permite apreciar, bajo la sorprendente diversidad de lenguajes que van de la fotografía, a la pintura, de las instalaciones al video, tantos anhelos comunes.

Muriel Hasbún y Eugenia Vargas se zambullen en su propia historia.

Trabajando en primer lugar con la fotografía, la salvadoreña  Muriel Hasbún busca en sus raíces judías , palestinas, polonesas y francesas (ella misma hace años viviendo en Estados Unidos), explicaciones sobre la vida y sus razones. A partir de los recuerdos de su madre y de su tía, de la persecución antisemita durante la guerra, su obra permite destacar o sugerir los contextos y las formaciones culturales que han resultado de los procesos de sincretismo, hibridación y apropiación propios de Latino América. Aquí aludimos al sincretismo entre las tradiciones  europeas o judeocristianas y las diferentes tradiciones indígenas y africanas. Sin olvidar el aporte de las poblaciones provenientes de Asia.

Eugenia Vargas, quien asegura que “ toda experiencia en tu cuerpo se convierte en un estrato de memoria”, retorna constantemente a su Chillán natal, la tierra de Violeta y Nicanor Parra y del eximio pianista Claudio Arrau. Sus recuerdos la llevan a su infancia en el pueblo pre-andino, a su vivencia de la cultura campesina, a su convivencia y pasión por los caballos, a sus sueños que  traducen su historia y sus recuerdos a través de una serie de fotografías  y un video de un caballo de juguete y una muñeca que se relacionan tiernamente.

Con humor cáustico y bromas Brooke Alfaro analiza y diseca los habitantes y su ciudad y, tocando fibras de la historia sociopolítica de los nacionales,  nos ofrece un Panamá desconocido y pleno de verdades normalmente escondidas. Filmada en el sector antiguo de la ciudad, en una casa condenada y con los personajes que allí habitan, esta obra que cuestiona, en primer lugar, las distancias entre alta y baja cultura, nos presenta una Panamá que “late “ ante nuestros ojos, con una magnífica “Aria” de fondo musical para nuestros oídos.

En un interesante contrapunto la instalación de Gilda Mantilla con sus cientos de tarjetas de Lima nos descubre una ciudad desconocida y nos habla de distancias e comunicación. Las imágenes que aparecen en estas tarjetas han sido tomadas sin pretensiones técnicas. Sin querer ser ingenuas, actúan revelando una mirada sobre Lima “distante pero interesada, insolente pero dignificante”.

Partiendo de una situación concreta y de una psicogeografía específica (los remanentes físicos y culturales que un gran establecimiento multinacional dejó en Portovelo, Ecuador, desde 1860 hasta 1946), Tomás Ochoa  realiza su obra. Con un despliegue de elementos visuales articulados entre sí en relaciones dialógicas que conforman un todo unitario- fotografía, objetos y video- transita por la historia industrial de tantos lugares de Latino América; una historia de avances y abandonos.

La complejidad y los contrastes del ambiente humano y geográfico  son los disparadores para la obra de Rossella Matamoros  quien reflexiona sobre las diferentes realidades en que vivimos en el XXI siglo. Su instalación quiere relacionarse con la experiencia de desplazamiento a diferentes culturas, con las diferentes gentes y maneras de pensar.

Marisel Jiménez , que se deja capturar por la tradición animalística en el arte de su pías,  por el paisaje grandioso de selvas y montañas y los mitos que éstos provocan, crea para esta muestra un conjunto de fantásticos y dramáticos “perros que hablan”. Animales, que, como en toda su obra, actúan como elemento metafórico o simbólico relacionado con la soledad, la tristeza y el aislamiento de nuestra sociedad.

Paralelamente, y con un más o menos marcado tono kitsch, Victoria Suescum, Joaquín Rodríguez del Paso y Fernando Bryce se preguntan sobre feminismo y modas, influencias y respuestas, lo falso y lo verdadero, el artificio y la imagen, colonialismo y antropofagia [4] , apropiación y resignificación de modelos euro-norteamericanos. Estos artistas son exponentes de la “cultura de la resignificación” [5] de los repertorios impuestos por los centros desarrollados a las periferias. Es una estrategia transgresora, a menudo inconsciente desde posiciones de dependencia. Además de incautar los elementos que se  consideran convenientes para usar en otro contexto y satisfacer intereses diferentes, la apropiación funciona cuestionando los cánones y la autoridad de los paradigmas centrales. [6]

La pintura de Victoria Suescum traduce una mirada femenina sobre la posición de los latinos en Estados Unidos, la españolización del inglés, los nuevos idiomas y comparaciones en las zonas de inmigración. Sus fuentes son los afiches chicanos, el arte popular, el folklore urbano, los coloridos e ingeniosos letreros y avisos de tantos pueblos latinoamericanos.

Como afirma Monica Kupfer vemos que, con un juego semántico y visual entre el arte vulgar y la historia del arte, “la artista explora la cultura vernácula que se refleja en los anuncios comerciales y rótulos de fabricación casera, así como el concepto de la belleza femenina y del machismo que forman parte de la vida diaria de miles de personas que desarrollan sus vidas alejadas de los centros de poder”. [7]

Con su instalación de flores artificiales, que quedan intactas, y naturales que mueren, Joaquín Rodríguez del Paso recuerda el Paraíso [8] que los conquistadores buscaban (y no encontraron)  las utopías (que, en la doble significación de la raíz griega, quiere decir “buen lugar” y también “no lugar”) y que no se dieron. El paraíso es el lugar perfecto, ...“las utopías presentan trazos comunes: ofrecen la imagen detallada de una sociedad completa, cerrada en sí misma (por eso la preferencia geográfica por islas o planetas o su proyección en un futuro remoto) y con una actitud crítica con relación a la sociedad real” [9] . Esto explica como al concebirlas muchos hayan mirado al otro lado del Atlántico . “El Paraíso y la Utopía se enredan en la misma trama de sueños y nostalgias, el pasado añorado y el futuro deseado se tocan por obra y gracia del Descubrimiento. Desde entonces la nostalgia de la perfección se transmuta en urgencia por construirla aquí y ahora.

Fernando Bryce  (en lo que podría ser un interesante paralelo con  el brasileño Vik Muñiz  quien fotografía d’après obras famosas que realiza con chocolate, ketchup, alambre o polvo; y con el ecuatoriano Pablo Cardoso, que pinta copias de las fotos de ciudades por él sacadas, generalmente fuera de foco) reproduce imágenes y textos tomados de la realidad  que él llama “análisis mimético”. Nos presenta aquí un museo de la mirada, con connotaciones de colonialidad evidentes. “Lo que detrás de la cursilería asoma es el inconsciente perturbado del poder criollo-oligárquico frente a una geografía que lo supera y le es ajena pero debe hacer propia” [10] .

Con el barco, que  en realidad es un vector cultural que converge en su vida y en su obra

Marcos Lora Read,  trabajando siempre con objetos que dan forma concreta a la memoria tanto individual como cultural, nos introduce en la magnifica insularidad de su país. Como Antonio Benítez Rojo [11] , Lora Read parece afirmar que “...los Pueblos del Mar se repiten incesantemente diferenciándose entre sí, viajando juntos así al infinito. Ciertas dinámicas de su cultura también se repiten y navegan por los mares del tiempo sin llegar a parte alguna. Si hubiera que numerarlas en dos palabras, estas serían: actuación y ritmo”.

Utilizando animales disecados y flores artificiales María Fernanda Cardoso arrastra la forma orgánica hacia la abstracción geométrica, construye estructuras primarias con un material cargado semánticamente. Con su poética instalación de blancas estrellas de mar que han sido “tejidas” con hilos de metal, despierta en nosotros sensaciones de mar, de azul, de profundidad de admiración perdida en las profundidades habitadas por coloridos animales y plantas. Las estrellas “tejidas” parecen flotar en el espacio, como si fuesen fragmentos de “agua” , creando una atmósfera submarina donde el observador está rodeado por estructuras orgánicas. Hasta podemos sentir la sensación de “exaltación física, muy semejante a una lucida embriaguez” que producen “la claridad, la transparencia, el frescor del agua en las primeras horas de la mañana” [12] . Esta instalación es como un homenaje a “su” mar Caribe, al Mediterráneo que en este momento nos rodea, al Pacífico, que también baña a su país y  Australia, el continente donde hoy vive.

 Charlie Nijensohn  realiza video-instalaciones a partir de hechos  perfomáticos. Eligiendo como lugar de filmación gigantescos espacios aislados -Las Salinas Grandes, en la provincia de Jujuy, y una planicie de la provincia de Santa Cruz, ambos en Argentina y los témpanos de la Antártica, crea un verdadero canto a la vida, a la resistencia, a la posibilidad de superación constante.

Travel to Nowhere es un viaje imposible hacia un lugar al cual nunca se llega...Un viaje alucinado donde cuando las cosas comienzan a aparecer se desvanecen en el aire...Un acto de intensidad una poética mise en scène.

Estos artistas nos llevan -provocando los límites de los real [13] con barcas, nubes,  estrellas de mar y perfomances en desiertos y icebergs-, por un magnifico “viaje” a través del espíritu mágico latinoamericano.

Como Gerardo Mosquera [14] , nos podríamos preguntar si esta representación resume el “corpus” latinoamericano. Por supuesto que no, sólo nos da deseos de más.


[1] Radiografía de la pampa, Edición critica Leo Follmann coord.,  Madrid, Allca XX, 1996.

[2] Sobre el tema ver Gerardo Mosquera, No es sólo lo que ves: pervirtiendo el minimalismo, Madrid, Centro de Arte Contemporáneo Reina Sofía, 2000.

[3] Ezequiel Martínez Estrada, Op. Cit.

[4] Queremos aquí recordar el movimiento antropofágico creado por Oswald de Andrade, inspirado en el Abapuru de Tarsila do Amaral.  Nos hablaba de la capacidad de Latino América de deglutir los ejemplos y dar una nueva respuesta a los interrogantes.

[5] Nelly Richard, “Latino América y la postmodernidad: la crisis de los originales y la revancha de la copia”, La estratificación de los márgenes, Santiago de Chile, l989.

[6] Gerardo Mosquera, Op. Cit.

[7] Catalogo 50ª Biennale di Venezia, 2003.

[8] “Aquí es el Paraíso Terrenal, adonde no puede llegar nadie, salvo por voluntad divina.” (Carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos).

“Mas allá del trópico de Capricornio hay una tierra habitable que es la parte más alta y noble del mundo, es el Paraíso Terrenal” (Abate d’Ailly en Imago Mundi).

[9] Graciela Scheines, Las metáforas del fracaso, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1993.

[10] Gustavo Buntix, Cutting edge/Cunning edge – Recortes del arte peruano emergente en los años noventa., en Políticas de la diferencia, Museo Costantini, Buenos Aires, 2002.

[11] La Isla que se repite, Barcelona, Editorial Casiopea, Colección Ceiba, 1998.

[12] Tomado de  Alejo Carpentier, El siglo de las luces, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1979

[13] Y aquí quisiéramos parafrasear a Gabriel García Márquez  afirmando que nada es mas latinoamericano que el hundimiento de un barco que transporta un circo frente a las costas de la Patagonia . Hecho que hace que, entre pingüinos y lobos marinos lleguen nadando elefantes, monos y tigres….

[14] Op. Cit.

Marcos Lora Read Charly Nijensohn
María Fernanda Cardo Gilda Mantilla (detalle)