Galería Haydee Santamaría

 

Galería Haydee Santamaría. Casa de las Américas

RECORDable

FRENCY

Varios miramos de soslayo al grabado –y al menos yo, que aprendí de su mundo, he estado alejado de él desde hace unos años–. Ha padecido ensimismamientos en el medio, en consecuencia con el rigor que exige hasta crear una adicción por la técnica. Se ha desplazado hacia otras posibilidades discursivas que en última instancia denotan aportaciones más formales que conceptuales. O en esa suerte de encierro la mirada ha desembocado en las exigencias propias del mismo gremio.

Mas algunos, de esos que Frank Martínez invoca, aun él mismo, proponen mantener la magia de la gráfica cual medio para potenciar determinados sentidos. Cada posibilidad expresiva encierra códigos internos, cada morfología potencia la asunción de una idea peculiar y “única” –trampa lingüística del mismo proceso gráfico– [1] . De tal modo que vídeo, dibujo, escultura, pintura, grabado, etc., sean soportes técnicos que viabilizan o empobrecen una idea. La obra de Frank en La técnica es la técnica nos remite a esa especie de dictados que afloran con el conocimiento y nos hablan de cómo ciertas capacidades expresivas exigen de ciertas operaciones y herramientas inherentes al medio del grabado.

Una parte de su creación se adentraba en la etnología, la fraseología popular y en los procesos socioculturales. Le he visto –ya hace más de cinco años- con intereses por desplazarse del grabado a la pintura, al dibujo y a obras más instalativas e interactivas. Porque a Frank le llama esa atención al medio cual emisor de sentidos propios. En esos encuentros notaba su nexo con la música y el universo popular, el jazz y la improvisación, todo un registro que reproduce el campo social y que tautológicamente él registraba, reproducía en su poética, desde las enseñanzas ofrecidas por el oficio de “grabador”.

En La técnica... pervive esa sensibilidad de un modo más sutil, menos elocuente a veces, más interpretativo que literal. Y aúna parte de ese interés por manipular ciertos medios para hablarnos de esa eterna dubitación del gremio. La ironización de términos con diversos significados, la connotación que adquiere la “impresión”, el rol del “grabador”, la necesidad o no de “repetir” la obra, entre otros juegos con el lenguaje; semantiza su propuesta que es a la vez ofrenda y paradoja.

Quizás así podemos aproximarnos a No lo pienso repetir. Instalación que con su minimalismo y vítrea materialidad refiere ese contrasentido de la expresión, la unicidad de la idea y la limitada serialización en las pruebas de autor que no rebasan las diez impresiones. Con niveles a partir de la síntesis, en algo se enlaza con A taco perdido ganancia de observadores. Aquí la paradoja de la creación gráfica se hace más patente: como el hijo que para existir tiene que aniquilar a su progenitor, la vida de la obra gana con el fin de su fuente matriz –y en ello noto cierto vínculo con algunas operaciones de Abel Barroso-.

El comentario al oficio se torna entre irónico y modélico en El Paradigma, juego icónico con el título y la perfección que supone el cabezal de grabación magnetofónica [2] . En similar orden En la misma costura alude a la “alta fidelidad” representacional, a la precisión impecable. O en ese juego propio de la contemplación y la ludicidad visual el conjunto Diferentes impresiones individuales generan una gran impresión colectiva nos sitúa en un juego con el campo visual, la pérdida de referentes por fragmentación del mismo y el relativo conocimiento de los modelos de inferencia que hoy sustentan a la representación artística.

En ese orden lingüístico y ofrendatorio Madera de grabador pasa a un plano más íntimo. El objeto de uso continuo, con toda la historia en él contenida, permite a Frank poetizar la obra suya con el tributo a cuatro de sus más altos predecesores [3] . Las cinco mesas-tacos vienen a ser una suerte de palimpsestos que develan desde la mudez objetual una experiencia artística acumulada y que Frank hace re-emerger.

Con todo, la celebérrima sentencia pugilística aquí parece verdadera: porque el conocimiento puede ser virtud cuando la broma cede a la reflexión sobre los problemas que nos entrampan.


[1] Lo que ya no le es exclusivo con la irrupción de otros soportes mediáticos y el mundo informático.

[2] Esta obra guarda relación con otras piezas más objetuales e instalativas de Frank, donde se interna en la reproductibilidad y otras perspectivas expresivo-conceptuales del “grabado”.

[3] Me refiero, o nos refiere él más bien, a Ángel Ramírez, Ibrahím Miranda, Belkis Ayón y Juan Carlos Rivero.

La técnica es la técnica La técnica es la técnica II
   

Galería Haydee Santamaría

Se fundó en 1984 con el objetivo de divulgar la Colección Arte de Nuestra América de la Casa de las Américas, además de acoger muestras transitorias de artistas y proyectos internacionales.

Calle G y 5ta, El Vedado, Ciudad de la Habana. Cuba
Teléfono: (537) 552706 al 09
e-mail
: patrimonio@casa.cult.cu

Antonio Berni en
la Galería Haydee Santamaría