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Félix González Torres: la metáfora escrita en su
obra
GERMÁN RUBIANO CABELLERO
La obra de Félix González
Torres (1957-1996), nacido en Cuba pero radicado en Nueva York en 1979,
cada día resulta más apreciada y popular. Son varios los
críticos de diversas nacionalidades que se han referido con gran
interés a su obra (Nancy Spector, Robert Storr, Peter Schjeldahl,
Simon Watney, Eduardo Pérez Soler, Gerardo Mosquera, Carlos Basualdo,
etc.) y numerosas las muestras, algunas póstumas, que se han organizado
de su trabajo, el cual es indudablemente popular, no sólo por ser
claro, sencillo y reproducible -fácil de volver a hacer-, sino
pleno de significados cambiantes. Además, como lo escribiera Pérez
Soler: "La obra de éste creador nos resulta tanto más
interesante cuanto concilia de forma impecable preocupaciones de carácter
político y social con una voluntad para dar vida a obras dotadas
de una gran carga poética y metafórica".
Con base en el catálogo de la exposición "De viaje"
-la noción de viaje como metáfora de transformación-,
que se realizó en 1994 en tres versiones preparadas especialmente
para cada ciudad: Chicago, Los Ángeles y Washington, resulta útil
recordar aquí que la producción de González Torres
puede organizarse en varias series ejecutadas en diversos medios: fotografías,
desde 1983 -que seguirán siendo importantes a lo largo de toda
su carrera-; retratos de palabras, a partir de 1986, en los que el lenguaje
es el que hace que el espectador cree la imagen; pilas de papel, desde
1988, con hojas sueltas de papel impresas en número ilimitado,
removibles y siempre reemplazadas, con imágenes o textos equívocos
e inquietantes; carteleras, a partir de 1989, igualmente con representaciones
-una cama con almohadas y sábanas sedosas- o palabras; obras con
dulces, desde 1990, hechas con caramelos envueltos e instalados como alfombras,
extendidos en el piso, o creando montículos en los rincones de
las galerías; cortinas con abalorios, a partir de 1991, para señalar
una demarcación -o una transformación- y sartas de luces,
desde 1991, con bombillos comunes y corrientes que se pueden instalar
de muchas maneras.
Las ideas de comprometer al espectador con el trabajo -quien puede llevarse
las hojas de los paquetes o los bombones de los hacinamientos-, de cuestionar
el concepto de originalidad, así como el de propiedad, de destacar
la noción de fragilidad, sobresalen en la producción de
González Torres, así como la importancia que le da al lenguaje,
algo que lo relaciona con uno de los aspectos más sobresalientes
del arte de fines del siglo XX, desde las citas de filósofos del
arte y las definiciones del diccionario de Kosuth, hasta las perogrulladas
de Jenny Holzer -"La tortura es bárbara", "Los padres
con frecuencia emplean mucha fuerza", "La propiedad privada
engendró el crimen", etc-, pasando por las frases de Lawrence
Weiner escritas en el orden de lo que dicen del mundo de las cosas reales,
la pintura de Tom Phillips (uno de muchos trabajos con frases de este
notable artista inglés) hecha de palabras superpuestas que constituyen
una verdadera maraña de letras que citan el verso de Dante: "una
selva oscura, una selva oscura", o las numerosas frases conceptuales
de John Baldessari y Robert Barry -"Todas las cosas que conozco pero
en las que en este momento no estoy pensando, 1,36 p.m., Junio 15, 1969"-,
etc.
Las palabras en la obra de González Torres no tienen un sólo
significado. Buscan trabajar especialmente sobre la memoria del observador
y han sido calculadas para provocar asociaciones y metáforas. Aparecen
por primera vez en los retratos de palabras que, de acuerdo con Mónica
Amor, son obras "realizadas sobre vallas comerciales o paredes, (que)
enumeran eventos públicos de naturaleza histórica y eventos
privados de naturaleza íntima junto con las fechas en que tomaron
lugar. La enumeración carece de orden temporal o espacial y la
obra trasgrede de esta forma cualquier lógica narrativa de naturaleza
lineal. De esta forma, González Torres invita al espectador a crear
su propia historia en relación con los eventos enumerados, una
historia determinada y moldeada para las particularidades del interlocutor,
quien provee una lectura personal de los hechos públicos y colectivos
que el artista propone..." (Art Nexus, N. 61, 1995). También
se leen en las pilas de papel; por ejemplo en Sin título
de 1989/90, trabajo constituído por dos paquetes de hojas, en las
que en uno se encuentra la frase impresa: "Algún lugar mejor
que éste" y en el otro "Ningún lugar mejor que
éste". De nuevo con diversos significados. Y, finalmente,
se encuentran en las carteleras iniciadas en 1989.
Una de ellas es Sin título (Es sólo cuestión
de tiempo) que a lo largo de estos primeros meses de 2003 ha podido
verse en la culata del Instituto de Medicina Legal de Bogotá, gracias
al patrocinio de Leo Katz. La presentación de esta obra en la ciudad
amerita un breve recuento histórico. La valla, de fondo negro y
letras góticas blancas, está relacionada con Alemania, donde
se expuso por primera vez en Hamburgo (1992), con motivo de una muestra
de González Torres en la Kunstverein titulada "Gegendarstellung
- éticas / estéticas en tiempos del sida". Esta cartelera
se ha vuelto a presentar desde el año pasado con motivo de la doble
exposición del artista cubano-norteamericano en Londres y Nueva
York y, sobre todo, como una reflexión del impacto del 11 de septiembre
y los subsecuentes acontecimientos que han tenido lugar en el mundo. Obviamente,
con significaciones diferentes a las que primero tuvo en Alemania y también
con diversas interpretaciones según los sitios de presentación.
Los parámetros de las vallas de González Torres exigen que
cuando se muestren deben instalarse en un mínimo de seis sitios
al aire libre en una ciudad. En esta ocasión, gracias a la Sin
título (Es sólo cuestión de tiempo) ayuda de
varias personas e instituciones del mundo se ha ampliado la noción
de sitio en una ciudad, a la de sitio en un país. , obra número
190 del catálogo razonado de González Torres, se ha presentado
en los últimos meses en quince ciudades de varios países:
Atenas, Berlín, Bogotá, Cambridge, Dublin, Kirkwall, Londres,
Milán, Nueva Delhi, Nueva York, Rio de Janeiro, São Paulo,
Tokio, Varsovia, y Zurich. En cada lugar, lógicamente en el idioma
oficial.
El texto de esta cartelera de González Torres (como sucede con
otros del artista) cambia de significado no solo por la resonancia especial
que tiene en cada sitio. Cambia también por la interpretación
particular de cada persona y por el paso inevitable del tiempo. La frase
"Es sólo cuestión de tiempo" leída en Bogotá
a comienzos de 2003 en uno de los sitios más pobres y vergonzosos
de la ciudad -aunque está en proceso de transformación-
resulta desconcertante si pensamos en nuestro acontecer histórico
y si nos atrevemos a imaginar la conciencia de la gente, para no citar
ahora nuestra subjetividad. Sin embargo, visto y releído el texto
puede tener o tiene -no hay que olvidar la necesidad de los puntos de
vista heterogéneos que siempre buscaba Félix González
Torres- una connotación de esperanza, un deseo de cambio definitivo.
It's Just a Matter of Time (Es sólo cuestión de
tiempo), es el título que llevará el libro publicado
por Sadie Coles HQ, Andrea Rosen Gallery y Buchhandlug Walter Konig. La
publicación está dedicada a las obras-carteles de Félix
González Torres y saldrá publicado durante el tercer trimestre
de 2003. El libro incluye textos analíticos de Jan Hoet.
ArtNexus No. 48
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