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Roberto Huarcaya en Departamento de Arte Contemporáneo
La escultura y
la fotografía han ocupado el pensamiento de Roberto Huarcaya (Lima, 1959)
en los últimos diez años. Durante este tiempo ha ido generando trabajos
en los que ha quedado puesto de manifiesto un tipo de tensión diferente
de aquella que opera habitualmente entre referentes icónicos y el espacio
tridimensional. En sus obras, el concepto tiene un lugar central en la
realización y el espacio queda definido como imagen mediante la capacidad
de sugerir múltiples patrones de lectura. En el análisis estos patrones
resultan seductoramente ambiguos, si bien claramente inestables, y esto
conduce al descubrimiento de la necesidad del orden visual como posible
punto de partida para un proceso de ordenamiento mental.
Los trabajos de este artista desafían
la simple clasificación pero han sido frecuentemente descritos como instalaciones.
El vacío es esencial a esta posibilidad de orden pero también lo son las
esquirlas de lo real concebidas y ejecutadas fotográficamente para negar
aquel continuum que el espectador es llevado a esperar, a cambio de su
total atención. La narrativa deja de entretejerse al andamiaje de la verosimilitud;
la construcción visual empieza a existir sin buscar justificación en el
compromiso con lo real. Además, los iconos parcos no proporcionan evidencia
suficientemente sólida como para armar un caso en defensa del realismo.
Otros dispositivos, otros acentos son los invocados.
El espacio se impregna de la resonancia
no sólo de imágenes sino de sonido o de silencio. Una cartografía inesperada
es dibujada efectivamente, y está comprendida por las distancias medidas
en pasos que lo conducen a uno hacia o lo alejan de voces, cabezas, la
configuración de semblanzas por artificio. En sus obras más recientes
la oscuridad cumple el papel de agente de enlace: por más que parezca
llevar las cosas al borde de la disolvencia y la desaparición totales,
de ella emergen formas; y en ella persisten voces sin cuerpo. En ella
los elementos parecen caer rápidamente en su lugar, a la vez que siguen
guardando entre sí la compleja relación que el artista busca sustantivar.
Roberto Huarcaya ha estado haciendo
el reconocimiento de un territorio del que han surgido nuevos procesos
dinámicos, que han resultado idóneos en la exploración de representaciones
del mundo que operan desde lo hondo de la mente hoy en día.
Jorge Villacorta
Lima 2001
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