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En los últimos días de existencia de la tendencia vanguardista más representativa de Colombia, “Los Nuevos”, surge en la segunda mitad del siglo XX (precisamente en 1958) de nuevo entre las líneas de la revista Mito [1]: el Nadaísmo. Al principio, la revista Mito se dedicó a presentarlo como la negación de todo lo que se había dicho en tiempos de “Los Nuevos”, y presentó en 1962 un número especial dedicado al nuevo movimiento, todas las líneas del pensamiento moderno, rebasando las fronteras nacionales y haciendo de un lado todos los tabúes de una sociedad conservadora. En realidad, el Nadaísmo nace, al igual que las tendencias precedentes en “ismo”, de las dicotomías tradición / ruptura o conservadurismo / progresismo (desde el punto de vista del discurso sobre las ideas) y de entrada, se caracterizó por la rebeldía y la anarquía; sus integrantes eran jóvenes escritores de Antioquia, Valle del Cauca; y otros simpatizantes en otras actividades intelectuales (como en Artes plásticas). Los Nadaístas tomaron decisiones extremistas, tal es el caso de su rechazo rotundo de la sumisión a una sociedad de consumo y propaganda; por muchas de sus decisiones unilaterales, fueron constantemente perseguidos por el Estado. Radicalismo que se justifica por la oposición campo / ciudad que respectivamente traduce valores / desarraigo y mecanización. (…) Las líneas argumentativas esenciales de este movimiento fueron asentadas y desarrolladas en la segunda mitad del siglo XX por el antioqueño Gonzalo Arango; y de todos los movimientos artístico-literarios surgidos en Colombia, el Nadaísmo fue el más polémico y revulsivo. En el Primer Manifiesto Nadaísta menciona los programas del movimiento. He aquí algunos pasajes relevantes: El Nadaísmo es un estado del espíritu revolucionario, y excede toda clase de previsiones y posibilidades. Para la juventud es un estado esquizofrénico-consciente contra los estados pasivos del espíritu y la cultura […] Se ha considerado a veces al artista como un símbolo que fluctúa entre la santidad o la locura. Queremos reivindicarlo diciendo de él que es un hombre, un simple hombre, que nada lo separa de la condición humana común a los demás seres humanos. Y que sólo se distingue de otros por virtud de su oficio y de los elementos específicos con que hace su destino. El artista es un ser privilegiado con ciertas dotes excepcionales y misteriosas con que lo dotó la naturaleza. En él hay satanismo, fuerzas extrañas de la biología, y esfuerzos conscientes de creación mediante intuiciones emocionales o experiencias de la historia del pensamiento. Su destino es una simple elección o vocación, bien irracional, o condicionada por un determinismo bio-psíquico-consciente, que recae sobre el mundo si es político; sobre la locura si es poeta; o sobre la trascendencia si es místico. Trataré de definir la poesía como toda acción del espíritu completamente gratuita y desinteresada de presupuestos éticos, políticos o racionales que se formulan los hombres como programas de felicidad y de justicia. Este ejercicio del espíritu creador originado en las potencias sensibles, lo limito al campo de una subjetividad pura, inútil, al acto solitario del Ser. El ejercicio poético carece de función social o moralizadora. Es un acto que se agota en sí mismo, el más inútil del espíritu creador. […] Rectificamos el viejo concepto de que un pueblo es joven en virtud de sus paisajes. Lo es en razón de sus ideas y de su evolución espiritual. La decrepitud no es un concepto de la vejez del mundo físico, sino la caducidad del espíritu resignado, incapaz de evolucionar hacia nuevas formas de vida y de cultura. […] América no puede andarse en lo regional, en lo folclórico, en la tradición mítica. Eso sería un aspecto de su desarrollo intelectual y artístico pero no puede decidir su destino y su historia sobre estas formas inferiores de su desarrollo. […] Ningún pueblo, ningún continente viejo o nuevo puede elegir su destino por separado. […] Una cultura solitaria, desvinculada de los intereses universales, es imposible de concebir. Nadie puede evadirse, ni eludir el papel que representa en el mundo moderno. […] Hemos renunciado a la esperanza de trascender bajo las promesas de cualquier religión o idealismo filosófico. Para nosotros éste es el mundo y éste es el hombre. […] La libertad es, en síntesis, un acto que se compromete. No es un sentimiento ni una idea, ni una pasión. Es un acto vertido en el mundo de la historia. Es, en esencia, la negación de la soledad. Destruir un orden es por lo menos tan difícil como crearlo. Ante una empresa de tan grandes proporciones, renunciamos a destruir el orden establecido. La aspiración fundamental del Nadaísmo es desacreditar ese orden. Al intentar este movimiento revolucionario, cumplimos esa misión de la vida que se renueva cíclicamente y que es, en síntesis, luchar por liberar al espíritu de la resignación, y defender de lo inestable la permanencia de ciertas adoraciones. […] La misión es ésta: No dejar una fe intacta, ni un ídolo en su sitio. Todo lo que está consagrado como adorable por el orden imperante será examinado y revisado. Se conservará solamente aquello que esté orientado hacia la revolución, y que fundamente por su consistencia indestructible, los cimientos de la sociedad nueva. Lo demás será removido y destruido. ¿Hasta dónde llegaremos? El fin no importa desde el punto de vista de la lucha. Porque no llegar es también el cumplimiento de un destino.[2] En efecto, el Nadaísmo se ha definido como un movimiento universal de ruptura y rebeldía cultural dentro de las letras y en particular dentro de las colombianas, aunque retomó varios argumentos de las vanguardias históricas que había penetrado al suelo latinoamericano. Desde la perspectiva dadaísta, el arte nacional ya no tiene sentido dado que el dadaísmo es la época del sentimiento cultural y artístico de dimensión universal y todos han de trabajar para ello. En el ámbito literario, el Nadaísmo
proclamó la “muerte” del género literario o el nacimiento de “el género
sin límite”. Sus miembros afirmaron el gusto por una literatura de ruptura
insistiendo la desacralización de la lógica, el caos como diversión,
el arte como medio de liberación y en la fantasía. Dicho de otra forma,
se trataba de la formulación de una estética nadaísta caracterizada
por no sólo el caos sino también por la violencia de las imágenes, la
espontaneidad en la creación de las mismas y los juegos. Pues, una estética
nueva que con el tiempo se ha explicado por sus creaciones más que por
sus influencias. Al respecto, es sumamente mencionar algunos textos
nadaístas tales como: Del surrealismo nos quedaron los sueños eróticos que nos proporcionó Briggite Bardot, nuestra primera musa de carne y hueso, y la admiración que sentimos en un momento dado por André Breton cuando nos dimos cuenta de que su movimiento era totalmente antiliterario, antipoético y antiartístico, desembocando en una nueva literatura y en una pintura de la cual se siguen enriqueciendo muchos comerciante de arte. Gonzalo Arango admiró tanto a Breton que de él dijo en su texto Jazz para una misa negra por el alma de André Breton: “28 de septiembre, qué vaina, Breton se murió en París, murió de vivirse, de lo que más amaba. Hombres como él no me los imagino muertos: son cadáveres imposibles. Breton muerto, suena falso, niega el espíritu, el sol, el genio, la poesía. ¡La muerte es repugnante definitivamente![4] (…) El Nadaísmo caracterizado por su “anhelo de ruptura dio nacimiento a poetas que vinieron a consolidar la poesía colombiana a partir de los años 60; tales como su fundador Gonzalo Arango, Eduardo Escobar, Jotamario Arbeláez, Jaramillo Escobar, Amílcar Osorio y Mario Rivero, compilados por primera vez en 1963 bajo el título de 13 poetas nadaístas. Además de los poetas, surgieron cuentistas nadaístas que siguieron estrictamente los lineamientos acerca de la ruptura, son: Elmo Valencia, Amílcar Osorio, Jaime Espinel, Jotamario Arbeláez, Humberto Navarro, Jan Arlo y Rafael Vega Jácome. En tanto que “rebeldía cultura”, Nadaísmo fue severamente criticado por un integrante de la generación anterior (Los Nuevos) de la manera siguiente: “El Nadaísmo es un producto natural de una época pervertida. Época de culturas dirigidas por analfabetos. Entre nosotros, es la consecuencia inmediata de las dictaduras”. [5] Y Gabriel Ulloa, en la misma
perspectiva declara que “El Nadaísmo es el receloso reino de la esquizotimia”
(Ulloa, 1958).[6] Pese a las críticas, el movimiento siguió esgrimiendo
su deseo principal o sea “la expresión exasperada de conciencias individuales
reacias a adscribirse a procesos colectivos”, aunque es de reconocer
que por las influencias de A nivel socio-político, los
nadaístas se mostraron partidarios de la izquierda colombiana, pues,
progresistas, humanistas y existencialistas de inspiración sartreana
debido a un pasado colombiano hecho de crisis y turbios. Además fueron
panteístas, ateos, acusaron a “No somos católicos […] En nombre del Nadaísmo les impedimos defecarse una vez más en este pobre alcantarilla que se llama Colombia […] Ustedes fracasaron, ¿qué nos dejan después de 50 años de “pensamiento católico”? […] Esto: un pueblo miserable, ignorante, hambriento, servil, explotado, fetichista, criminal, bruto, ese es el producto de sus sermones sobre moral, de su metafísica bastarda, de su fe de carboneros, ustedes son los responsables de esta crisis que nos envilece y nos cubre de ignominia. [8] A manera de conclusión, el Nadaísmo, aunque pasó rápido, marcó la literatura colombiana que se vio liberada de una vieja retórica tradicionalista. Por entre las crisis (culturales y políticas) presentadas por el nuevo movimiento, salieron algunas figuras importantes de las letras colombianas que ya mencionamos arriba y cambios interesantes en la vida del país. Tomado de www.ucm.es/info/especulo/numero38/nadaism.html Notas: [1] La revista Mito fue una de las grandes vías de expresión de la vanguardia en Colombia y se convirtió a principios de la segunda mitad del siglo XX la revista de la ruptura y del punto de partida de un nuevo movimiento llamado Nadaísmo. [2] Gonzalo Arango. Primer Manifiesto Nadaísta. Medellín, Tipografías Amistas, 1958. Originalmente, el Manifiesto consta de 42 páginas de argumentación cultural, estética y socio-política y religiosa. [3] Cfr. Cuentos nadaístas. Compilación y prólogo de Elmo Valencia Franco. Bogotá, Ed. Panamericana, 2001, p. 9. [4] Todos esos textos ficticios aparecen en Elmo Valencia Franco. Op. cit., pp.19-42,43-50,51-60,61-67, 77-89,133-149, 185-190. [5] Germán Arciniegas citado en Historia de la poesía colombiana. (bajo la dirección de María Mercedes Carranza).2ª ed., Bogotá, eds. Casa Silva, 2001, pp.470. Cabe notar que esas ideas de Arciniegas fueron publicadas por primera vez, como artículo suyo titulado “El Nadaísmo es algo”, en el periódico El Tiempo, Bogotá, julio, 1958. [6] Gabriel Ulloa citado, Ibid. Las declaraciones de Ulloa en contra del Nadaísmo salieron por vez primera en El Espectador, Bogotá, julio 17, 1958. [7] Gonzalo Arango publica en
1974 en Buenos Aires en los talleres de [8] Ibid., pp.24-26. Además de la crítica austera en contra de la clase política, Arango se ataca al clero colombiano refrendando así su inclinación a pesar de todo, por una literatura comprometida en la cual el artista se vuelve “la voz de los demás”. |
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