Cinéticos en movimiento, y valga la redundancia

El Cinetismo hoy fue el tema principal con el que se anunciaba por estos días el Café Arteamérica dentro del programa de La Joven Estampa. Sin embargo, no fue solamente este el asunto que reunió a los jurados de la actual edición del concurso y al invitado especial este martes 26, en la sala Manuel Galich.*

Juvenal Ravelo, Rogelio Polesello, José Veigas y Antonio Martorell, quien en esta ocasión fungió como conductor, práctica que domina gracias a sus programas televisivos y radiales en su natal Puerto Rico, no centraron sus debates en torno a la praxis de esta tendencia en nuestros días, sino que lo hicieron desde sus perspectivas personales y desde sus propias biografías creativas en particular.

De esa manera quedaron de manifiesto la vigencia y la vitalidad de una corriente artística surgida en la década del veinte del pasado año y cuya estación más trascendental en el continente latinoamericano se ubica en los años sesenta y setenta del siglo XX. Ravelo y Polesello fueron protagonistas de ese período junto a los maestros Julio Le Parc, León Ferrari, Carlos Cruz Diez, Luis Tomasello, antecedidos en reconocimiento y notoriedad por el venezolano Jesús Soto, y cuyas piezas pueden apreciarse en la abarcadora muestra que desde principios de enero exhibe la Casa de las Américas en sus salones.

El análisis de los distintos acercamientos a la hora de apropiarse y de insertarse dentro del cinetismo, constituyó uno de los aspectos más interesantes del encuentro del martes en la sala Galich. Intervención social, distorsión de la imagen como elemento esencial del arte cinético, interacción espectador-obra, espacio público y galería, abordaje desde el diseño gráfico, son algunos de los puntos que tejen la aproximación al cinetismo en la región a través de la mirada de los artistas.

 
Rogelio Polesello
 
Panel Miradas al cinetismo hoy
 

Juvenal Ravelo (Venezuela, 1934) acompañó su intervención de la proyección del filme En busca del color, dirigido por Marcel del Castillo, en el que se testimonia la experiencia del creador con su proyecto de arte y participación en la calle.

San Francisco de Chacaracual es un pequeño poblado situado en la península de Paria entre Río Caribe y Playa Medina a más de 600 kilómetros de Caracas. Hasta allí, atravesando senderos y sinuosas carreteras, entre montaña y mar, arribó el maestro para transformar, a través del arte, no solamente las fachadas y las áreas exteriores de la villa, sino también para cambiar el modo de vida y la proyección social de sus pobladores. En el documental, son los habitantes de Chacaracual los que narran el significado de ese viraje para el pueblo.

Hoy, gracias al éxito de estas experiencias, Ravelo ha sido invitado por el presidente de la República Bolivariana, Hugo Chávez Frías, y por el alcalde de Caracas, a modificar e intervenir con su proyecto de arte y sociedad, un barrio marginal de la capital venezolana.

En los finales de los setentas hubo intentos, gracias al interés de Haydee Santamaría y Mariano Rodríguez, para que Ravelo concretara una experiencia similar en Cuba. La muerte de Haydee y la posterior enfermedad y fallecimiento de Mariano, imposibilitaron darle continuidad al proyecto, según explicó el artista.

Imanes fue la muestra de Rogelio Polesello que la sala Cronopios, del Centro Cultural Recoleta, recibió en 2005. Según declaró el artista, se trató de un recorrido por toda su creación, desde 1958 hasta la actualidad, donde el arte cinético ha sido fiel visitante.

Un video ofrecía los detalles de un espectacular montaje ubicado en los amplios salones de la prestigiosa institución argentina. Formas oblicuas, juegos cromáticos, figuras tridimensionales y, en especial, los lentes, inmensos lentes y esculturas de vidrio que completaban y complementaban lo que el autor ha definido como el elemento básico en su práctica artística, “la distorsión de la imagen” a través de ese lente, “la deformación de las obras tal y como pasa en la vida”. Confesó que siendo niño solía tallar lentes y que incluso llegó a hacer un alfabeto que aún conserva. Quizás lo de cinético, apuntó Martorell, también le venga del hecho de que el artista nació en un taxi y de ahí que no pueda parar, que esté siempre en movimiento.

Con esporádicas participaciones en la arquitectura, a Polesello le gustaría intervenir más en espacios públicos y, de hecho, es un anhelo que quisiera cumplir en el futuro, según expresó en el panel.

A pesar de ser la Casa de las Américas una de las instituciones que atesora una de las mayores colecciones de arte cinético del continente, Cuba no ha sido muy activa en este campo. Sin embargo, José Veigas, quien está considerado uno de los mayores historiadores y archivistas del arte cubano, pudo traer a la mesa variados ejemplos que logran dibujar una trayectoria interesante y no menos intensa del arte cinético cubano, no solamente aplicado a las artes plásticas, sino también al diseño gráfico.

En esa línea ocupa un lugar preponderante Sandú Darié, único representante cubano en la mega exposición De la abstracción… al arte cinético en la Casa de las Américas. De origen rumano, obras del artista también estuvieron presentes en la exposición Los cinéticos, del 2007, exhibida en el Museo Reina Sofía, en Madrid. Veigas mostró ejemplos de exposiciones de Sandú Darié en la década del cuarenta. Justamente este año se cumplen sesenta de la muestra que Darié protagonizará en el Lyceum de La Habana.

Loló Soldevilla, quien organizara en 1956 la primera muestra de arte abstracto europeo titulada Pintura de hoy, en el Museo de Bellas Artes, también es uno de los ejemplos clave en la historia del cinetismo cubano. Los móviles de Osneldo García, Premio Nacional de Artes Plásticas en el 2003, se incluyeron en este recorrido.

Mención particular recibió el Grupo Cubano de Arte Óptico integrado por Jorge Fornés, Armando Morales, Helena Serrano y Ernesto Briel, en 1978. Veigas no pudo precisar el momento en que este colectivo creativo se disolvió y qué ocurrió con sus obras. Ya en 1965, Morales, junto al diseñador Alfredo Rostgaard, habían realizado una muestra conjunta de Op Art.

 
José Veigas
 
Antonio Martorell y Juvenal Ravelo
 

Otro nombre de este peculiar catálogo es Luis Martínez Pedro, a quien, según Veigas, se suele olvidar. Su arte óptico en los sesenta lo convierten igualmente en un partícipe en la historia del cinetismo cubano.

Desde el terreno del diseño gráfico, Umberto Peña jugó un rol activo. En las portadas de las publicaciones y libros de la Casa de las Américas, donde Peña era el diseñador, aparecieron en los setenta múltiples ejemplos que relacionan a la gráfica cubana con el arte cinético.

Al arribar a los ochentas “todo se mezcló”. Esta década, tan intensa y fecunda en las artes plásticas cubanas, conserva también valiosas muestras: Eduardo Rubén García, en 1981, Gustavo Pérez Monzón, en 1982, con obras arriesgadas que, a pesar de llevar la impronta de esos años, también dejaban espacio para el cinetismo.

Veigas hizo un alto para reconocer el papel de la Casa en la divulgación del cinetismo en nuestro país. Desde los años setentas hasta la actualidad —el Año Cinético ilustra claramente esta intención—, la institución cubana ha sido sede principal de acontecimientos que colocan al arte cinético en el punto de atención. En los setentas, la exposición de Julio Le Parc, su impacto en el público, en la crítica y en los artistas, ha sido, para el historiador cubano, un momento inolvidable. Asimismo, en los ochentas la muestra Modulaciones, la presencia de Cruz Diez, y hace diez años, la donación de su pieza Inducción cromática de La Habana, por los cuarenta años de la Casa de las Américas, son también ejemplos que corroboran este empeño de la institución a favor del arte cinético.

Todavía habrá entre nosotros oportunidades para continuar conversando sobre esta importante corriente del arte latinoamericano. Aún faltan por llegar nuevas muestras en las que el público podrá apreciar la vitalidad y los disímiles caminos de los que se apropia un arte en permanente movimiento, en constante cambio.

Este jueves, cuando se den a conocer los resultados de la décima edición del Premio La Joven Estampa, los asistentes tendrán la posibilidad de conocer piezas nunca exhibidas en Cuba de Rogelio Polesello y Juvenal Ravelo; La memoria agregada, otra propuesta del artista cubano Octavio Irving, ganador de la IX edición de La Joven Estampa; así como disfrutar de nueva fiesta que “inventará” el maestro Toño Martorell a propósito de su taller Camino a Casa.


* Nota de prensa publicada en el portal informativo La Ventana el 27 de mayo de 2009.