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Juvenal Ravelo, Rogelio Polesello, José Veigas y Antonio Martorell, quien en esta ocasión fungió como conductor, práctica que domina gracias a sus programas televisivos y radiales en su natal Puerto Rico, no centraron sus debates en torno a la praxis de esta tendencia en nuestros días, sino que lo hicieron desde sus perspectivas personales y desde sus propias biografías creativas en particular. De esa manera quedaron de
manifiesto la vigencia y la vitalidad de una corriente artística surgida
en la década del veinte del pasado año y cuya estación más trascendental
en el continente latinoamericano se ubica en los años sesenta y setenta
del siglo XX. Ravelo y Polesello fueron protagonistas de ese período
junto a los maestros Julio Le Parc, León Ferrari, Carlos Cruz Diez,
Luis Tomasello, antecedidos en reconocimiento y notoriedad por el
venezolano Jesús Soto, y cuyas piezas pueden apreciarse en la abarcadora
muestra que desde principios de enero exhibe El análisis de los distintos acercamientos a la hora de apropiarse y de insertarse dentro del cinetismo, constituyó uno de los aspectos más interesantes del encuentro del martes en la sala Galich. Intervención social, distorsión de la imagen como elemento esencial del arte cinético, interacción espectador-obra, espacio público y galería, abordaje desde el diseño gráfico, son algunos de los puntos que tejen la aproximación al cinetismo en la región a través de la mirada de los artistas. Juvenal Ravelo (Venezuela, 1934) acompañó su intervención de la proyección del filme En busca del color, dirigido por Marcel del Castillo, en el que se testimonia la experiencia del creador con su proyecto de arte y participación en la calle. San Francisco de Chacaracual
es un pequeño poblado situado en la península de Paria entre Río Caribe
y Playa Medina a más de Hoy, gracias al éxito de estas
experiencias, Ravelo ha sido invitado por el presidente de Imanes fue la muestra de Rogelio Polesello que la sala Cronopios, del Centro Cultural Recoleta, recibió en 2005. Según declaró el artista, se trató de un recorrido por toda su creación, desde 1958 hasta la actualidad, donde el arte cinético ha sido fiel visitante. Un video ofrecía los detalles de un espectacular montaje ubicado en los amplios salones de la prestigiosa institución argentina. Formas oblicuas, juegos cromáticos, figuras tridimensionales y, en especial, los lentes, inmensos lentes y esculturas de vidrio que completaban y complementaban lo que el autor ha definido como el elemento básico en su práctica artística, “la distorsión de la imagen” a través de ese lente, “la deformación de las obras tal y como pasa en la vida”. Confesó que siendo niño solía tallar lentes y que incluso llegó a hacer un alfabeto que aún conserva. Quizás lo de cinético, apuntó Martorell, también le venga del hecho de que el artista nació en un taxi y de ahí que no pueda parar, que esté siempre en movimiento. Con esporádicas participaciones en la arquitectura, a Polesello le gustaría intervenir más en espacios públicos y, de hecho, es un anhelo que quisiera cumplir en el futuro, según expresó en el panel. A pesar de ser En esa línea ocupa un lugar
preponderante Sandú Darié, único representante cubano en la mega exposición
De la abstracción… al arte cinético en Mención particular recibió el Grupo Cubano de Arte Óptico integrado por Jorge Fornés, Armando Morales, Helena Serrano y Ernesto Briel, en 1978. Veigas no pudo precisar el momento en que este colectivo creativo se disolvió y qué ocurrió con sus obras. Ya en 1965, Morales, junto al diseñador Alfredo Rostgaard, habían realizado una muestra conjunta de Op Art. Otro nombre de este peculiar catálogo es Luis Martínez Pedro, a quien, según Veigas, se suele olvidar. Su arte óptico en los sesenta lo convierten igualmente en un partícipe en la historia del cinetismo cubano. Desde el terreno del diseño
gráfico, Umberto Peña jugó un rol activo. En las portadas de las publicaciones
y libros de Al arribar a los ochentas “todo se mezcló”. Esta década, tan intensa y fecunda en las artes plásticas cubanas, conserva también valiosas muestras: Eduardo Rubén García, en 1981, Gustavo Pérez Monzón, en 1982, con obras arriesgadas que, a pesar de llevar la impronta de esos años, también dejaban espacio para el cinetismo. Veigas hizo un alto para
reconocer el papel de Todavía habrá entre nosotros oportunidades para continuar conversando sobre esta importante corriente del arte latinoamericano. Aún faltan por llegar nuevas muestras en las que el público podrá apreciar la vitalidad y los disímiles caminos de los que se apropia un arte en permanente movimiento, en constante cambio. Este jueves, cuando se den
a conocer los resultados de la décima edición del Premio |
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