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| León Ferrari - Proyecto x 4 (fragmento) - 2007 |
“Si
antes estaba preocupado por hacer algo ineludible, hoy no
sé bien cómo explicar lo que deseo con mi obra”.
[1]
La afirmación del desconcierto que León Ferrari
sostenía en 1980 señalaba un después que atravesó
las experiencias de una generación en Retornar
y volver son palabras que se reiteraron con obstinación
en el diccionario de época de la cultura artística de los
años setenta en Cuando
quería hacer algo ineludible, León Ferrari encontró las
formas renovadas de intervenir en la transformación de los
lenguajes de los sesenta. Sucesiva y simultáneamente,
experimentó con los materiales: realizó piezas de
cerámica monumentales, esculturas con alambres, escrituras,
botellas, cajas. Por otra parte, encontró las formas que
le permitieron fundir la vanguardia estética con la vanguardia
política. Así concibió La
civilización occidental y cristiana (1965), el controversial
montaje de un bombardero norteamericano con un Cristo de
santería, una referencia contextualizada a la escalada militar
de los Estados Unidos en Vietnam. Desde mediados de los
sesenta, participa en el arte colectivo, marcado por la
voluntad de intervención política, que culminó en Tucumán
arde. Además, durante todos estos años y hasta el presente,
León Ferrari escribe. Pero no para explicar su producción
visual; escribe en paralelo, desplegando en la construcción
del discurso, en lo específico de la escritura, dispositivos
equivalentes a aquellos que activan las imágenes. A
fines de los sesenta Ferrari, como muchos otros artistas
argentinos, suspendió el arte. La necesidad de participación
política puso entre paréntesis su producción artística.
El momento en el que volvió a hacer esculturas es significativo:
1976, el año del golpe militar que llevó a Ferrari a trasladarse
con su familia a San Pablo. Aquí contacta a artistas como
Regina Silveira,
Julio Plaza, Carmela Gross, Marcelo Nitsche, Hudinilson.
Se vincula intensamente al medio artístico paulista:
conoce a Aracy Amaral, estudia grabado con Regina Silveira,
Julio Plaza lo invita a hacer arte por teléfono, y en 1979
expone en ocho muestras colectivas con artistas como Mira
Schendel. Pero no sólo se integró a un grupo en estado de
experimentación artística intensa, también actuó en él,
desarrollando una multiplicidad de propuestas nuevas: heliografías,
arte en fotocopias, instrumentos musicales, conciertos,
arte por teléfono, arte por correo. La
residencia en San Pablo prueba que en los viajes de los
artistas latinoamericanos se trazaron mapas estallantes
de referencias históricas y estéticas, que entraron en contacto
y produjeron nuevos desarrollos. Demuestra que no sólo las
travesías a París o a Nueva York fueron significativas para
el arte de América Latina. Los exilios trazaron mapas regionales
que permiten entender a San Pablo, Madrid, Paris o a la
ciudad de México como parte de una formación cultural ligada
a Buenos Aires –pienso no sólo en los artistas, también
en los historiadores, los sociólogos o los psicoanalistas. Durante
unos años la necesidad de una definición política dejó de
ser un imperativo para Ferrari. Ésa era, precisamente, la
distancia que establecía con su producción de los años sesenta,
cuando sabía que quería
hacer algo ineludible. Los grandes planos en heliografía,
los dibujos, las experiencias con la música y con los instrumentos
fueron, en principio, expresiones sin requerimiento de eficacia,
sin voluntad de intervención. En otras palabras, la puesta
en acción de una vanguardia experimental, lúdica, abocada
a la indagación en las formas y a la renovación de los lenguajes;
un paquete de experiencias que desplegó en esculturas, grabados,
escritura, música y collage. En
1979 comenzó con los dibujos del libro Imagens, inició
la serie de arte por correo y creó el Berimbau (escultura sonora polisensorial)
que lo llevó a ejecutar música y performances. Una mezcla
de lenguajes cuyo comienzo Ferrari relata en un texto: “Con
esta página se inicia una serie de obras mixtas, retratos
de hechos reales o imaginarios, estudios de situaciones
dudas vacilaciones, casamientos de palabras con dibujos
espacio fotografías, reflexiones sobre el uso de formas
o líneas, encarceladas en algunas hojas de papel, repetidas
cien veces en fotocopias, o mil veces en libro o cien mil
veces en diarios”.
[2]
Una nueva forma de arte que le permitió indagar
sobre “las leyes que vinculan un dibujo con la música resultante
o una música con las rayas y choques y cruces que ella requiere”.
[3]
Las series Imagens, Hombres y
los grandes planos en heliografías son parte de este momento
de extrema experimentación. Imagens
comienza con caligrafías ordenadas en páginas. La primera,
Mensagem, con bloques de líneas en ritmos y movimientos diversos,
paralelas, zigzagueantes, temblorosas, que ordenan núcleos
que registran distintos comportamientos de la línea, unificados
por una relación abstracto-emotiva. Kamasutra es una secuencia de líneas apasionadas. Al principio calmas,
se desplazan lentamente, se atraviesan, se enfrentan en
enlaces perturbados; la pluma que las traza se hunde en
el papel, con trazos violentos, de borde quebrado, poroso,
o con líneas sutiles, casi imperceptibles. Líneas en multiplicadas
batallas amorosas. Código de señales secretas establece una lógica: a cada letra del alfabeto corresponde un dibujo, siguen las letras del alfabeto griego, los signos de suma y resta, los números mezclados con otros símbolos, cada vez más arbitrarios, asociaciones entre signos y dibujos que terminan siendo correspondencias de dibujos, de líneas enruladas, gruesas y delgadas, en un código del que finalmente se deduce que a una línea sólo corresponde otra línea. Las correspondencias (no siempre caracterizadas como secretas) también se realizan entre líneas, letras y animales (ardillas, caballitos, zorros, peces, aves, insectos) de Letraset. [4] En
Zoología el movimiento será tan intenso, tan incontrolable, que las
líneas crecen invadiendo registros, llegando hasta la mitad
del plano, y entre ellas, por primera vez en estas páginas,
aparece la mujer, acompañada por serpientes, sapos, tortugas,
escorpiones y pájaros. Xadrez mezcla letras, signos, curvas, estrellas y algunas figuras
de ajedrez. Todo en Letraset,
en un amontonamiento en el que se vuelve imposible encontrar
la jugada “P4CD”, aun cuando esté allí el tablero, con campos
arbitrarios en los que las piezas transgreden las reglas
por su número y su disposición inusual, provocando que una
torre rebote contra un alfil disputándose el mismo campo
y que se enfrenten cayendo por el borde del rectángulo (“P4R”,
“P4D”). La tensión entre la cuadrícula del tablero y el
dibujo se disuelve cuando la línea lo invade todo y flanea
entre las letras, los peones y las torres, en recorridos
que transitan el plano, que se entrelazan unos con otros
(Laberintos).
Y aun cuando se vuelva a restablecer la ortogonalidad, nada
será como antes de la lucha por el plano. Las verticales
y las horizontales van a ir hacia lo que pronto serán: planos
y arquitecturas en los que peones, caballos, alfiles, reinas
y reyes esperan, desde su sitio, el momento de iniciar el
camino hacia el tablero. Un tablero que dejó de ser lo que
era, un campo en el que los ejércitos caminarán placenteros
entre camas, inodoros y bañeras, mezclándose, incluso, en
el adulterio entre el rey blanco y la reina negra.
[5]
En
Imagens, Ferrari utiliza el Letraset
para hacer líneas, pequeños animales y hombres: hombres
vistos desde arriba, en acción de caminar, en la convención
del plano arquitectónico. Hombres que comienzan ocupando
ordenadamente la superficie reticulada del tablero, para
pronto agolparse en multitudes, enfrentándose a las piezas
de ajedrez que se esconden y, finalmente, desaparecen, dejándolos
en tumultos desorientados, siguiendo líneas inconducentes. Plantas y proyectos, se organiza con el dispositivo que regula los
grandes planos y los mapas urbanos de las heliografías.
Cuartos con camas y bañeras, cocinas y lavabos, inodoros
y hombres, caminando, decididos, en la norma del Letraset,
siguiendo el mismo comportamiento del cuerpo, avanzando
con los mismos pasos entre esas arquitecturas que serán
planos de casas imposibles, mapas urbanos, abigarramientos
de puertas (todas tan abiertas, que terminan obturadas).
Esta serie es la que Ferrari amplía y complejiza en planos
multiplicables de heliografías de gran tamaño con temas
urbanos (el barrio, las calle, las autopistas, las multitudes). En
Banheiros, la última sección de Imagens, Ferrari sólo presenta
estructuras sencillas de rectángulos, óvalos y curvas, alrededor
de los cuales se disponen camas, sillones y hombres que
rodean y escuchan al inodoro. La
representación del hombre sentado o caminando en un sendero
geométrico domina en la recopilación del libro Hombres,
en el que miles de hombrecitos equidistantes exponen el
ritmo de masas bajo control, domesticadas, que conservan
la posición del cuerpo y caminan manteniendo siempre la
misma distancia.
[6]
Casi siempre hombres, ya que, como el diccionario
lo demuestra, para definir al hombre se necesitan unas doscientas
líneas, en tanto para la mujer alcanzan diecinueve. En este
breve espacio ella puede ser persona, púber, esposa, fuerte,
resuelta, osada, de gobierno o criada, del arte, de mala
vida, ramera, mundana, perdida, pública, y, de nuevo, ramera.
Ferrari la representa sentada, sola, en su cama. En
los planos urbanos Ferrari confronta con fuerza la escena
de lo público y de lo privado, las inmensas autopistas,
las multitudes de espectadores, los barrios: reproducibles
mapas infernales por los que se desplazan las masas.
[7]
En una entrevista con Vicente Zito Lema, Ferrari
decía acerca de sus heliografías: “cuando las veo terminadas,
mi propia interpretación, que no limita ni excluye otras,
es que estas obras expresan lo absurdo de la sociedad actual,
esa suerte de locura cotidiana necesaria para que todo parezca
normal”.
[8]
En
1984 se diluía el desconcierto con el que comenzamos este
texto. León Ferrari volvía a encontrar el sentido de una
obra que, sin embargo, no se circunscribía a un programa
estético cerrado. Porque como él mismo preguntaba: “¿Se
puede hacer un juicio estético de una obra constantemente
inconclusa?”
[9]
Los
dibujos, los planos, las grandes algarabías de alambres
–tan grandes que una galería de San Pablo tuvo que romper
un muro para que pasara su inmensa bola llamada Planeta– y la creación del Berimbau (o artefacto para dibujar sonidos),
señalan su estadía paulista como un período de extraordinaria
riqueza experimental. Un momento más lúdico que político,
el instante en el que las formas y las líneas fueron la
materia de un lenguaje tensado por la sensualidad, el erotismo
y el humor. Junio de 2004-Marzo de 2008 * León Ferrari. Obras 1976-2008. INBA-Museo de Arte Alvar y Carmen T. de Carrillo Gil, México D.F, 1979, pp. 61-76
[1]
León Ferrari: “Ferrari e sua arte cheia de variantes”,
Folha [2] León Ferrari: “Nacimiento”, León Ferrari. Obras 1976-2008. INBA-Museo de Arte Alvar y Carmen T. de Carrillo Gil, México D.F, 1979, p. 95.
[3]
León Ferrari: “Flasharte
No 1. Berimbau: artefacto para dibujar sonidos.”
Cf. León Ferrari. Retrospectiva, 1954-2004 (
[4]
En la presentación de la exposición en el MAM
[5]
Néstor García Canclini escribió acerca de la trasgresión
que Ferrari realiza sobre el orden “hipócrita” que impera
en el plano doméstico y urbano y sobre la sorprendente productividad
de la repetición en su obra: “...no hay destino fatalmente
negro en
[6]
[6]
En 1989, en ocasión de la retrospectiva
[7]
En 1989, en ocasión de la retrospectiva
[8]
León Ferrari, entrevista de Vicente Zito Lema:
“León Ferrari y los secretos del hombre y la sociedad”, [9] León Ferrari, “Nacimiento”, op. cit.
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