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| Julio Le Parc - Lumière en vibration - 1968 |
Lo
que se dio en llamar cinetismo agrupa una serie de obras y
artistas que se manifiestan públicamente desde fines de los
50 y en los 60. Jean Clay, que siguió de cerca estas obras
y fue un testigo de los primeros años, comentaba en los 60
que el cinetismo “no es solo aquello que se mueve, sino una
toma de conciencia de la inestabilidad de lo real”. Para Clay,
si algo hacía diferente a lo cinetico, era que siendo “frecuentemente
inmaterial y ambiental” tenía también algo que lo aproximaba
al happening, como en las obras de “los integrantes del Groupe
de Recherche d'Art Visuel (G.R.A.V.), que la llevan para
la calle, en manifestaciones”. En la intrincada relación que
tanto Le Parc coma sus compañeros de grupo han establecido
entre obras, declaraciones, manifiestos y propuestas, hay
otras estrategias trabajando la obra desde su interior, que
se manifestaba en una relación directa con la situación de
las artes plásticas en los 60, tomando como centro para sus
investigaciones un trabajo con el público y un cambio fundamental
de la manera de hacer y concebir la producción artística. Fue
el crítico y curador argentino Jorge Romero Brest quien, al
presentar la obra de Le Parc en 1967 en la retrospectiva que
organizó en el Centro de Artes Visuales del Instituto Di
Tella de Buenos Aires, señalaba que “sería un error poner
el acento en la luz y los reflejos, sobre la mecánica y la
geometría”, pues “estos elementos y este conocimiento pierden
su sentido original para integrarse en el conjunto”, pues
“posiciona al hombre en su verdadera función”. Si
no todo lo que se mueve es cinético, ¿qué mueve la obra de
Le Parc? ¿Y qué iluminan las luces de las obras reunidas en
esta exposición? Antes de intentar una respuesta a estas preguntas,
es importante señalar que la producci6n de Le Parc en el periodo
que nos ocupa, que va de 1960 a 1969, está íntimamente ligada
a las investigaciones que desarrolló junto al G.RAV, en Paris.
Que hoy tengamos que hacer esta advertencia, a cuento de aclaración,
se debe tanto a Le Parc como a sus compañeros de grupo: Sobrino,
Yvaral, Morellet, Stein y García Rossi, que concebían la producción
artística como un acto colectivo que lentamente abarcó a la
colectividad misma para hacerla no ya participe sino creadora
de situaciones.
En
los recuentos del cinetismo se han nombrado una serie de referencias
de obras y pensamientos que en gran medida provienen de la
gran tradición moderna, extensa y variada en sus principios
y áreas de procedencia geográfica y cultural, como el mismo
modernismo. En su más reciente artículo sobre el tema, Guy
Brett los denomina muy justamente seminal propositions
(proposiciones seminales).
[1]
Cyril Barrett se refirió a la dificultad
de establecer referencias históricas a partir de precedentes
y a la azarosa manera de las proposiciones artísticas de aparecer
y diseminarse: “Podría ser increíblemente ridículo, quizás,
tratar a Duchamp con toda solemnidad coma un pionero del arte
Op y cinético”, dice. “Pero si su contribución a estos movimientos
fue muchas veces irrelevante con respecto a sus propias intenciones,
fueron de todas maneras contribuciones. Él no las tomaba demasiado
en serio, pero otros si lo hicieron. Además sería erróneo
concluir que, porque muchos de sus trabajos fueron hechos
con un espíritu de burla y divertimento, él no era totalmente
consciente de lo que estaba haciendo.”
[2]
Lo
que Barret señala es sin duda también válido para numerosos
grupos de artistas que durante el siglo XX han realizado una
doble construcción: mientras por un lado desarrollaban sus
nuevos planteos artísticos, por el otro creaban una genealogía
que consideraban significativa para sus poéticas. El GRAV
mismo, en Proposiciones sobre el movimiento, el primer
texto que producen como grupo, clasifican sus referencias.
Allí podemos encontrar a Max Bill y Delaunay en la sección
“Concepto del movimiento en el arte formal”; a Albers y Vasarely
en “Movimiento a base de fisiología de la visión, movimiento
virtual (óptico)”; así como a Vasarely, Soto y
Agam en el “Movimiento obtenido par desplazamiento del espectador”,
y a los disques de Duchamp en “Animación de una superficie
provocando una nueva situación óptica”. Hay más.
[3]
Le
Parc, par su lado, escribe en su Cuaderno de Notas cuatro
referencias que en esos momentos para él eran importantes.
La nota no tiene fecha, pero por la manera colectiva en que
Le Parc enuncia sus principios, podemos suponer que la escribió
cuando estaba ya trabajando con el G.R.A.V. Le Parc: “Nuestros
ascendentes: todos los esfuerzos que van en el sentido de
una claridad en la investigación de las artes plásticas. Podemos
citar: Mondrian, Albers, Max Bill y Vasarely.”
[4]
Le
Parc entra en Paris con un bagaje que provenía de su formación
artística e intelectual en Argentina y de la mano de algunos
artistas con los que había compartido ideales artísticos
en Buenos Aires, como García Rossi y Sobrino. Que el
GRAV que formaran en 1960, primero como centro de
estudio y luego como grupo, haya tenido una fuerte
presencia de artistas formados en Latinoamérica tiene su importancia.
La obra de Mondrian y Max Bill había tenido ya en los 40 y
en los 50 una relectura en grupos de artistas de Buenos Aires,
Montevideo, São Paulo, Rio de Janeiro y Caracas. Y la exposición
de Vasarely a fines de los 50 en Buenos Aires había sido un
catalizador importante para Le Parc y un grupo de jóvenes
artistas argentinos. La maquina latinoamericana La
producción artística latinoamericana sigue siendo asociada
en Europa con “colorido”, ritmo y expresividad. Y el fuerte
prejuicio, que es ignorancia histórica y clasificación fácil,
ha dejado de lado considerar en su justo valor la significativa
recepción que han tenido movimientos como el constructivismo.
El prejuicio es tan fuerte que muchas veces se llega a considerar
“inauténticos” a los artistas que se desligan del cliché esperado.
El caso del constructivismo es significativo no solo
porque desafía a los clichés; ha generado también una producción
singular y nueva en América Latina. En el contexto latinoamericano
se trabaja la perdida de esperanza en lo constructivo hacia
zonas nuevas, reorientada hacia nuevas concepciones utópicas
que le habían dado origen y reconstruyendo los planteos artísticos
y culturales en el afán de determinar una modernidad diferente.
Aunque esto tiene validez a medias. La contribución de creadores
latinoamericanos coma Joaquín Torres-García en reagrupar a
las desbastadas tropas constructivistas en Paris en 1929 y
librar la “batalla” de Cercle et Carré de 1930, no solo quedo
en eso. Contribuyó con conceptos como “universalismo” y su
concepción de los signos como abstracción, de lo cual tanto
Mondrian como Van Doesburg estuvieron atentos y sorprendidos. La
Segunda Guerra Mundial había hecho colapsar las ilusiones
universalistas de las vanguardias históricas. La ruptura de
las filas vanguardistas desde los 30 y el exilio de algunos
creadores significativos produjeron un reagrupamiento de algunos
artistas en diferentes países de Latinoamérica. La reunión
de artistas locales, emigrados, artistas que habían seguido
sus estudios en Europa, y de otros que habían participado
en el corazón mismo de las vanguardias, relanzan algunos principios
de las vanguardias históricas produciendo ya lo que podemos
llamar una neo-vanguardia con características propias. Si
por un lado las obras de Mondrian y Vantongerloo
son una importante referencia “histórica”, Max Bill se
convierte en un referente necesario, no sólo en Argentina.
La recepción de la obra de Max Bill en la primera edición
de la Bienal de São Paulo en 1951 tanto en los estamentos
oficiales de la Bienal (recibe uno de los premios más importantes)
como por parte de grupos de artistas brasileños, es posible
gracias a ese movimiento de neovanguardia que tenía ya más
de 15 años.
[5]
Los futuros compañeros de Le Parc en el
GRAV como Morellet, habían llegado a un conocimiento y comprensión
de las tendencias constructivas gracias a la confrontación
con ellos en Latinoamérica y gracias a sus amigos latinoamericanos.
En efecto, Morellet llega a conocer la obra de Max Bill durante
su estancia en Brasil y gracias al artista brasileño Almir
Mavignier, quien lo introduce a su obra durante su estancia
en 1951.
[6]
Que esto ocurra habla a las claras no sólo
de una recepción del constructivismo (y de Latinoamérica como
nuevo espacio de resignificación y resemantización de las
vanguardias del XX), si no también de un “olvido” en que había
caído el constructivismo en las nuevas generaciones de artistas
europeos, las consecuencias para Brasil serán ingentes. Desde
el “cine cromatismo”, como lo llamaba Mario Pedrosa, de Abraham
Palatnik, que piensa la superficie de luz coma un sustituto
de la de pincel (“en vez de pintar con pinceles y tintas,
se debería pintar la luz”), hasta las investigaciones de Lygia
Clark y Helio Oiticica. En
Montevideo, a partir de la creación de la Asociación de Arte
Constructivo por Torres-García en 1931 se desarrolla una creciente
actividad que incluye exposiciones, conferencias, la publicación
de la revista Círculo, y Cuadrado, que es la segunda
y muy Latinoamérica vida de Cercle et Carré que Torres-García
había iniciado en Paris, y una intensa relación con muchos
países latinoamericanos.
[7]
En
Buenos Aires, la actividad en estos años es intensa y vale
la pena enumerarla: en 1941 los artistas Brito, Girola, Maldonado
y Hlito publican su primer manifiesto; en 1944 se publica
el primero y único numero de la revista Arturo, en
el que se publica no solo un texto de Torres-García sino también
el primer manifiesto Madí, en 1945 se realiza la primera exposición
de Arte Concreto Invencion.
[8]
En 1946 Fontana publica en Buenos Aires
su Manifiesto blanco, elaborado colectivamente con
alumnos, y el mismo
año los artistas de Arte Concreto Invención publican su Manifiesto
invencionista. Le Parc mismo será alumno de Fontana en
Buenos Aires. Las
obras realizadas por los grupos de Buenos Aires tienen la
particularidad de haber puesto en cuestionamiento la superficie
pictórica desde diferentes ángulos. Rhod Rothfuss publica
en la revista Arturo su significativo “El marco: un
problema de la plástica actual”, en el que establece el marco
rectangular como una limitación geográfica del cuadro y de
las investigaciones pictóricas. Y aboga por su ruptura, por
una pintura que debe ser algo más que empezar y terminar en
ella misma. Estas investigaciones en Buenos Aires abren los
problemas relacionados hasta entonces con el espacio a consecuencias
más amplias. Lo que las obras de esta época develan, cuando
abren la superficie pictórica, fragmentan en pedazos aislados
conectados entre si el “cuadro” ya no es cuadrado sino que
toma diferentes formas y contornos, es el espacio contenedor
del objeto artístico y este es el de la galería. Las obras
de este periodo no solo desarrollan una ruptura del marco,
si no que abren el espacio pictórico hacia otro espacio: el
de la arquitectura. Muchos de los artistas de estos grupos
proponen, por contraste, tomar en cuenta lo espacial más allá
del plano pictórico. Y la necesidad de repensar el objeto
pictórico desde el contenedor y contexto de la arquitectura. Esta
serie de obras han sido descritas últimamente como pioneras
de las obras a las que los norteamericanos llamaron más tarde
shaped canvases. Una investigación en negativo, pues
el espacio de la exposición no es modificado, rediseñado o
puesto a nuevo. En su lugar será el objeto plástico
mismo que en sus sucesivas “exposiciones” revelara los espacios
que lo contienen.
[9]
Le
Parc es heredero de esta rica tradición a la que revitaliza
dándole un nuevo sentido. En su texto El espacio
ataca las concepciones pictóricas limitadas de los pintores
de comienzos de los 60 y replantea la necesidad de encarar
el problema del espacio de manera diferente; en Bases
plantea ya la necesidad de considerar las investigaciones
plásticas “en una realidad simple y cotidiana coma el resto
de las actividades humanas”.
[10]
Y en Suprimir la palabra “arte” establece
definitivamente que “un espacio de tres dimensiones por sus
múltiples ángulos de vista, determina un tiempo de apreciación.
Los objetos estáticos pueden contar con el movimiento de traslación
del espectador. Cuando se llega al movimiento real, la relación
con la idea de movimiento se hace más difícil".
[11]
Una
concepción nueva, hecha obra, aparece en un nuevo diseño del
espacio expositivo como un laberinto en el que el espacio
es estructurado de manera fija, permitiendo numerosas relaciones
entre espectador y obra que no serán las que se habían producido
hasta ese momento. Sin olvidar que en cada compartimiento
creado, nuevas y complejas investigaciones de lo visual se
aúnan a investigaciones del fenómeno visual entendido ya no
sólo como una superficie plana, si no como un entorno total
y envolvente: el espectador es invitado a penetrar las obras,
y las que Le Parc crea para el Labyrinthe que presentaron
en grupo en la Bienal de Paris de 1963, es particularmente
revelador. Esta intervención radical del espacio contenedor
de la obra, su transformación en una propuesta diferente,
recentra el problema del espacio como un contexto de interacción
entre espectador y obra, y libera al mismo tiempo a la obra
de la tiranía del espacio blanco inscribiéndola en cajas negras
espaciales donde las referencias de ese mismo espacio desaparecen.
Obra y espacio se hacen uno bajo un titilar de luces y reflejos.
Le
Parc enfatizó desde 1959 el carácter contextual de la obra
de arte y el potencial emancipador que puede tener para el
público. Ya en julio de 1960, en Para un manifiesto,
señala la importancia de la percepción visual del sujeto.
[12]
Unos meses más tarde, en Suprimir la
palabra “arte”; describe, junto con el GRAV, el
movimiento como un “elemento intrínsecamente visual”, como
una “relación dinámica entre el ojo humano y el objeto plástico”.
[13]
El movimiento que puede tener el objeto
plástico mismo no será en sí mismo importante, pues “poner
un motor en marcha producirá un movimiento, pero esto no es
suficiente para considerarlo una investigación visual”, dice
recordándonos el propio nombre del grupo. “Nosotros solo
señalamos la validez del sentido del movimiento a partir de
la relación dinámica entre el espectador y el objeto plástico.” Esta
centralidad del espectador, la conciencia de su función activa
y dinámica de “lector” y participante activo frente a la obra
misma propuesta por el artista, fue algo que estuvo presente
en el pensamiento y la obra de Siqueiros y que circuló en
América Latina a través de los numerosos viajes y conferencias
que dio él mismo en el continente y gracias a sus discípulos
y colaboradores. Este principio, y esta conciencia, la desarrolla
Siqueiros entre dos obras fundamentales de su producción.
En un extremo está Ejercicio plástico, que pinta en
Buenos Aires, junto a Berni, Spilimbergo, Castagnino y Enrique
Lázaro en 1933, y en el otro el Retrato de la burguesía,
que realiza en 1939 en la pequeña escalera del Sindicato
de Electricistas de la Ciudad de México.
[14]
El “espectador dinámico” de Siqueiros
tiene su relación con las investigaciones del cineasta ruso
Eisenstein, con el que Siqueiros había podido discutir e intercambiar
ideas ampliamente durante la estancia del ruso en México.
Pero como acertadamente señala Debroise, el Retrato de
la burguesía es una “aplicación invertida de las teorías
visuales de Eisenstein de los años veinte”, pues si en Eisenstein
las imágenes eran estáticas en la pantalla cinematográfica,
el espectador las activaba mientras ellas pasaban frente a
él. Por el contrario, Siqueiros concibe una dinámica que
se establece a partir del movimiento necesario del espectador,
en su caso del encuentro inesperado de un visitante proletario
del Sindicato de Electricistas, al subir las escaleras en
la que la percepción del abigarrado conjunto pictórico lo
ponían en la situación de productor de una serie de “tomas”
(cinematográficas), secuencias y montajes, como lo expresara
justamente Josep Renau cuando analizó los principios de Siqueiros.
[15]
El artista boliviano Roberto Berdecia,
que trabajo con Siqueiros y con quien formó el Taller Experimental
en Nueva York en 1936, se refiere a las “perspectivas cinéticas”
en las que las formas plásticas serían dinamizadas par el
movimiento del espectador.
[16]
Esta
conciencia de la función dinámica del espectador, que arma
y desarma, construye y edita, Le Parc la resume como “el movimiento
significa tiempo, (la) obra plástica, espacio”.
[17]
En varios textos tanto Le Parc como el
GRAV vuelven sobre el tema, como si a él y al grupo les costara
trabajo convencer, a los comentaristas y al público, de qué
movimiento se trata y como intentan desarrollar la compleja
relación entre el objeto plástico, constituido par el movimiento,
y la importancia que le daban al movimiento del espectador
y su participación, que es más y más activa a medida que abandonan
los espacios de galerías y museos y desarrollan obras en el
espacio sin fronteras de la ciudad y en nuevas espacios expositivos. En
Proposición para un lugar de activación proponen que
el espacio para la obra puede ser “un escenario de teatro,
un estudio de televisión, una sala de reuniones, un taller
de escuela” y aclaran al mismo tiempo que estos espacios no
tendrán “ninguna de sus características específicas”.
[18]
En este momento, 1963, el espacio que crean
lo piensan conteniendo una serie de elementos que los participantes,
no ya espectadores, podrán organizar y usar a su gusto. Y
luego de acuerdos colectivos “los participantes podrían [...]
determinar las condiciones, la duración, y los elementos
de (cada) sesión”. En
A propósito de arte espectáculo, espectador activo, inestabilidad
y programación en las artes visuales de 1962, Le Parc
retoma este lema. El movimiento del espectador no sería
la tradicional adición de diferentes puntos de vista, resultado
del movimiento en la percepción de obras como las pictóricas
(“una adición caprichosa de diferentes puntos de vista”),
si no “la relación estrecha entre movimiento-desplazamiento
del espectador y de múltiples situaciones visuales que resultan
de esto”,
[19]
Lo importante en este contexto es lo que
Le Parc llama un “tercer estado”, que se produce cuando hay
una relación entre una obra que “incluye la noción de aceleración
que produce una sensación real de movimiento, pues el menor
desplazamiento del espectador produce un movimiento visual
mucho mas grande que el movimiento del desplazamiento”. Aquí
hay una doble inclusión en la que obra y espectador se redoblan,
multiplican uno al otro, en un acto complementario: uno produce
lo que produce el otro y viceversa. Este es un ejercicio de
paralelos y equidades que parangonan la obra con el espectador
en un mismo nivel. No hay “juegos” extraños que manipulen,
sino una relación horizontal de acciones que hacen que uno
genere al otro y viceversa. Sin
duda, el cinetismo como lo entendía el GRAV, tenía en su interior
un núcleo de contrastes, aparentemente contradicciones, con
las que se encontró cuando se contó su historia: el movimiento
de los objetos que producían, que hizo que se redujera toda
su producción a “cosas que se mueven”; y la luz, que introducía
un elemento nuevo y esquivo. Y el elemento nuevo, impredecible
y nada bienvenido: que el espectador como tal tenía no ya
una función simplemente contemplativa, sino activa en dos
aspectos fundamentales: la generación de lo visual, y una
actitud impredecible y sobre todo juguetona y azarosa, para
producir lo que sería una imagen. Lo “eléctrico”, que en general se asocio a lo “tecnológico”, formará hasta hay el núcleo ideológicamente conflictivo, pues ha sido el lado flaco del movimiento y de la obra en las múltiples negociaciones que tuvo a lo largo de los últimos cuarenta años. Fácilmente manejable para fines corporativos, generó la aceptación e introducción en muchos canales expositivos en los que las corporaciones nacionales e internacionales podían hacer del nuevo arte una bandera para sus fines. Con todo el carácter pionero que tuvo la exposición que realizó el Van Abbemuseum de Eindhoven en 1966, Kunst-Licht-Kunst (Arte-Luz-Arte), [20] que contaba con importantes referencias históricas no usuales en los museos europeos, coma dar cuenta de las obras del argentino Kosice y del brasileño Abraham Palatnik, fue organizada coma un homenaje a la fabrica Phillips, cuyos oficinas y base están en el mismo Eindhoven. Lo que no se ha señalado debidamente, incluso en los textos que hacen
referencia a la relación entre tecnología y arte, es lo increíblemente
simples, técnicamente hablando, que son las obras de Le Parc,
como sí señala Hans-Michael Herzog en la entrevista con el
artista en este libro.
[21]
Las obras de Le Parc están creadas a partir
de materiales simples y la manera en que los usa y despliega
es igualmente simple. Y el resultado es de una complejidad
visual que no hace que uno relacione inmediatamente “maquina”
y “efecto”. En este sentido, las obras de Le Parc trabajan
sobre el imaginario del espectador, en lo que este cree y
piensa que es lo tecnológico. Arquitectura y la política del espacio En
1967 Frank Popper había señalado como las obras cinéticas
habían traspasado “el estrecho marco de las artes visuales”.
En efecto, dice refiriéndose al GRAV, “tiende a la [...] desmaterialización
de la obra, va hacia la aplicación urbana y arquitectónica,
al espectáculo polisensorial y a la participación activa
del ‘espectador’ [...] (un) espectador considerado coma un
compañero (partenaire) del artista y del investigador”.
[22]
El
Lissitzky había roto lanzas en los 20, coma señala justamente
Buchloh, par el “surgimiento de una nueva fenomenología de
la experiencia espacial y la interacción social, y ha anticipado
la formación, si no de una esfera pública proletaria, por
lo menos una novísima definición institucional y discursiva
del espacio publico de la diferencia”.
[23]
Pero Buchloh se equivoca y olvida (¿voluntariamente?)
cuando afirma que tanto en las estructuras de neón de Fontana
como en las instalaciones cinéticas de Le Parc, estas “manifiestamente
no podían (o no querían), incluso en la trasgresión de las
categorías tradicionales, concebir una fenomenología social
y geopolítica específica de las nuevas formas emergentes
de interacción entre sujeto-objeto en el espacio arquitectónico”.
[24]
Queda por definir de qué manera Buchloh
entiende esa experiencia espacial en el espacio urbano, una
experiencia que en los 60 había entrado en una serie de propuestas
artísticas que generaron nuevos planteos y conceptos y una
percepción diferente de espacio que nos rodea según coma lo
utilizamos. Los trabajos de Le Parc y del GRAV hicieron más
complejos y definieron con un sentido nuevo a estos espacios. En
primer lugar esta Un día en la Calle que el GRAV realizó
en abril de 1966, una serie de acciones que tomaban la forma
de lo lúdico para dinamizar un interacción social y que señalaban,
en su manera de elegir los espacios urbanos de intervención,
una marcación de la geografía urbana basada en los espacio
de encuentros. Tomando el contexto urbano de Paris, martes
19 de abril de 1966, por ejemplo, a las 8 de mañana, regalos
sorpresa fueron distribuidos a la salida del metro; a las
10 en Champs-Élysées, en la esquina de la Rue La Boétie,
una estructura permutable fue puesta a disposición de los
paseantes; a las 12 en la Ópera, un objeto cinético habitable
fue dejado en la entrada del metro; a las 16 en el Odeón,
en el Boulevard Saint-Germain una “présentation foraine”,
como la llama el grupo, había colmado el área, en la que el
público podía manipular, jugar y participar; a las 18 en Montparnasse,
y frente al popular café-restaurant La Coupole, una serie
de baldosas móviles permitían que los paseantes caminaran
por ellas en busca de equilibrio, etc. Las variadas acciones
que realizaron eran al mismo tiempo una marcación de los espacios
urbanos y sus funcionamientos, esos azarosos patrones de tráfico
en intersecciones en el entramado urbano, como señalara Foucault,
con sus diversas funciones y estructuras. La elección de
las acciones que realizara el GRAV estaba determinada por
el espacio y la función que habían adquirido por el uso mismo
de la gente. Aquí está presente el espacio urbano que habitamos,
el human site lo llamaría, con las funciones que nosotros
le hemos dado: lugar de encuentro, de esparcimiento y de transito. Las
formas de arquitectura que el GRAV elige son las de estructuras
temporales como se manifiestan en los parques de diversiones,
una forma de arquitectura en la que las relaciones objeto-sujeto
están presentes sin ser jerarquizadas. Los laberintos, en
los que Le Parc trabajo conjuntamente con el G.RAV, estaban
basados en un espacio arquitectónico arcaico y ancestral que
la industria del entretenimiento había transformado en temporario
y festivo, donde el juego marcaba el nuevo tono de lo sagrado
y donde el espacio público es entendido como un elemento construido,
en el que múltiples relaciones son posibles. Al mismo tiempo,
estas arquitecturas pobres eran la única experiencia posible
de intervención y juego de un posible espacio “proletario”. Foucault
localiza, en Des espaces autres, sus hetérotopies
en concretos espacios arquitectónicos entre los que señala
explícitamente la feria de diversiones, junto al burdel,
el teatro y el museo.
[25]
Esos espacios, que son contra-espacios
{counter-sites}
en los que “los sitios reales, todos los sitios reales que
podemos encontrar en la cultura, están simultáneamente representados,
contestados e invertidos”.
[26]
Que
el GRAV haya elegido el parque de diversiones como forma para
desplegar sus proyectos de interacción con el público es significativo,
pues en esos años crece en el grupo una oposición a instituciones
como los museos, que es donde se realiza “una acumulación
del tiempo”. En el parque de diversiones y su esencia, el
laberinto, el tiempo esta en movimiento, es transitorio y
tiene un aspecto precario, coma señalara Foucault. Quizás
es par esto que estas series se realizaron en su gran mayoría
en museos y espacios consagrados a las artes visuales, como
la Bienal de Paris, el Musée
des Arts Decoratifs (1964) y la Galería The
Contemporaries en Nueva York (1965). El
usa de lo heterotópico, también lo podemos encontrar en Le
Parc en algunos objetos, como en los espejos. Foucault señalaba
que los espejos son utopías, por cuanto son un lugar sin lugar
(a place less place).
Pero son también heterotopías, “pues hace de este lugar que
ocupo en el momento en el que me mire a mí mismo absolutamente
real, conectado con todo el espacio circundante, y absolutamente
irreal, pues para poder ser percibido, tiene que pasar a través
de este punto virtual que esta ahí, fuera”.
[27]
Las
investigaciones sobre la luz se cierran a fines de lo años
60 y coinciden con la disolución del GRAV. En el texto que
hacen público el 1 de diciembre de 1968, se lamentan de que
“luego de haber sido (considerado como) el grupo de Vasarely,
nos hemos convertido en el grupo de Le Parc”. Marcan un punto
que experimentan coma doloroso, dado su intento de trabajar
colectivamente, cuando la Bienal de Venecia eligió a Le Parc.
“Ignorando al Grupo”, afirmaban, “la Bienal de Venecia consagra
al individuo en detrimento del grupo”. Los cambios fundamentales
ocurridos en el mundo del arte luego de Mayo del 68 sin duda
contribuyeron también a la disolución. Pero esta ruptura le
abrió la puerta a Le Parc para desarrollar proyectos volcados
a denunciar e informar de la situación política de Latinoamérica
y retomar esa colectividad que había perdido. Esto se manifiesta
públicamente en el proyecto Amérique latine non officielle (América Latina
no oficial). Este evento-exposición colectivo sobre la situación
en Latinoamérica se realizo en el Théatre
de la Cité Internationale de Paris del 20 al 30 de abril
de 1970 y contó con la participación de “gente proveniente
del sector cultural y artístico” en Francia. La
exposición estaba compuesta de diagramas que informaban al
público trances de la situación política, la intervención
de los Estados Unidos, las dictaduras militares, la pobreza
y explotación y de la masiva presencia en el continente de
los Estados Unidos. Se completó con debates, conferencias,
un programa de cine y proyecciones audiovisuales. Retrospectivamente,
es una pena que esta obra no se realizara en 1969, cuando
surgió la idea de realizarla en el Museé d'Art Moderne de Paris. Centrada
en proveer una información, que era al mismo tiempo una contra-información,
sobre América Latina desde un país “del centro”, hubiera podido
ser un correlato europeo de lo que un año antes, en la ciudad
de Rosario, en Argentina, otros artistas estaban desarrollando
desde los márgenes sobre la situación económica y política
de la provincia de Tucumán, que llevó el nombre de Tucuman
Arde. * Tomado del catálogo de la muestra Le Parc Lumière. Obras cinéticas de Julio Le Parc. DAROS-Latinoamérica, Zurich, 2005. [1] Guy Brett: “The Century Kinesthesia”, Force Fields. Phases of the Kinetic, Museo de Arte Contemporáneo, Barcelona, 2000, p.14. [2] Cyrill Barret: Op Art, Studio Vista, Londres, 1970, p.161. (Traducción del autor) [3] Ver “Manifiestos y panfletos” en Le Parc Lumière. Obras cinéticas de Julio Le Parc. DAROS-Latinoamérica, Zurich, 2005, pp. 134-168. [4] “Positions”, en Jean Louis Pradel: Julio Le Parc, Severgini, Milán, 1995, p. 261. (Traducción del autor) [5] Max Hill había ya mostrado su obra en Brasil en los años 40.
[6]
Antje von Graevenitz: “Platonische
wijsgeer of ingenieur. Morellet
en de kunsttheorie ron 1950”, Met Eigen Ogen, Meulenhoff,
Amsterdam, 1984, p. 263 ; véase también Strátegies
de participation, GRAV, 1960-1969, Le magasin,
Grenoble, 1998, p.256. [7] Sebastián López: “The foundation of the South. Círculo y cuadrado 1936-1943”, The Antagonistic Link, ICA, Amsterdam, 1991, pp. 121-140. [8] Esta exposición se realiza en casa del psicoanalista Pichon Rivière. La llamada Primera Exposición Arte Concreto Invención se realiza en el Salón
[9]
Estas ideas fueron previamente desarrolladas
en el Simposio Representing Latin American/Latino Art
in the New Millenium: Curatorial Issues and Propositions,
Rockefeller Conference, Rockefeller Foundation and University
of Texas at Austin, 1999. [10] Jean Louise-Pradel: Julio Le Parc, Severgini, Milán, 1995, p. 260. (Traducción del autor). El manifiesto Bases está fechado el 21 de junio de 1960. [11] Ibíd., pp. 263-265. (Traducción del autor). [12] Ibíd. [13] Ibíd. [14] Olivier Debroise: “La pantalla vertical”, Heterotopías. Medio siglo sin lugar 1918-1968, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 2000, pp. 232-233. [15] Josep Renal: “Mi experiencia con Siqueiros”, Revista de Bellas Artes/INBA, México D.F, enero, 1970. Renal realizó durante su estadía en Berlín, en 1969, un detallado estudio del espacio pictórico de este mural desde la perspectiva del espectador. Citado por Debroise (nota 14, p. 233) [16] Roberto Berdecio: “Questionaires”, Artist Files, Archivo de la Colección del Museo, Departamento de Escultura y Pintura. MOMA. (The Museum of Modern Art), Nueva York. Citado por Luis Enrique Pérez-Oramas en Latin American & Caribbean Art. MOMA at El Museo, Museo del Barrio/MOMA, Nueva York, 2004, p. 94. [17] “Éliminer le mot art”, en Jean Louise-Pradel: Julio Le Parc, Severgini, Milán, 1995, pp. 263-265. (Traducción del autor). [18] Jean Louise-Pradel, Op. cit. , pp. 275-276. (Traducción del autor).
[19]
[19]
Jean Louise-Pradel, Op. Cit. , pp. 269-270. [20] Kunst-Licht-Kunst, Stedelijk Van Abbenmuseum, Edinhoven, 25 de septiembre - 4 de diciembre, 1966. La exposición es descrita en el prólogo como “organizada a raíz de la celebración del 75 aniversario de Phillips”.
[21]
Ver Le Parc Lumière. Obras cinéticas de Julio
Le Parc. DAROS-Latinoamérica, Zurich, 2005, p. 23.
[22]
Frank Popper, en Lumière et Mouvement,
Museo de Arte Moderno de Paris, Paris, 1967. [23] Benjamín H. D. Buchloch: Neo-Avantgarde and Culture Industry, MIT Press, Oxford, 2000, p. 309. (Traducción del autor). [24] Íbid., p. 309. Aquí Buchloch repite en espíritu, los términos en los que Guy Brett decía en 1968, describiendo más al hombre de Le Parc que sus trabajos, que Le Parc es “indiferente (o no es capaz) de poner (sus ideas) al nivel de la expresión”, ver Guy Brett: Kinetic Art. The language of Movement, Studio Vista, Londres, 1968, p. 56.
[25]
Michel Foucault: “Des espaces autres”, AMC (Architecture/Mouvement/Continuité),
Revue d´Architecture,
Paris, octubre, 1984, pp. 46-49 ; también reproducido
en Documenta X, pp. 262-272. Este texto estaba basado en una conferencia que Foucault dio en marzo de 1967.
[26]
Michel Foucault, Ibíd.
[27]
Ver http://foucault.info
(traducción del autor). |
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