Luis Tomasello: la sustancialidad intrínseca de la luz

LOURDES BENIGNI

Luis Tomasello - Atmósfera cromoplástica IV - 2006

 

Otra oportunidad excepcional para mostrar el valor del patrimonio artístico de la Casa de las Américas ha sido, sin lugar a dudas, la concepción del Año Cinético, el cual ha propiciado, al mismo tiempo, memorables encuentros. Su apertura tuvo lugar en la propia Casa con la inauguración de la muestra colectiva De la abstracción…al arte cinético, que agrupa a casi todos los autores con obras inscritas dentro de esta tendencia, y que permanecerá expuesta en los muros de la institución durante todo el año 2009. Esta curaduría se propuso, además, hacer un recorrido por los antecedentes del cinetismo, partiendo de la abstracción geométrica y el arte óptico hasta llegar a las realizaciones cuya morfología y conceptualización se corresponden con el factor cinético de la visión, dentro de la creación plástica.   

El Año cinético ha facilitado el reencuentro con amigos entrañables al concebir, en su programa general, exposiciones-homenaje para las cuales ha sido elegido un distinguido grupo de creadores con denominadores comunes: el poseer un probado reconocimiento internacional avalado por sus trayectorias artísticas, sus históricos lazos de amistad y colaboración con la Casa de las Américas, así como la significativa presencia de su obra en nuestros fondos. Tal es el caso de las exposiciones ya realizadas con la obra de los creadores León Ferrari (Argentina, 1920) y Juvenal Ravelo (Venezuela, 1931). Ellas, en su concepción curatorial, propusieron un diálogo entre las piezas que integran nuestro patrimonio y las más recientes propuestas de estos creadores. De esta manera se validan las obras de la colección, al tiempo que se muestra lo más actual de estos prolíficos artistas. 

Por otra parte, esta temporada cinética ha estimulado el conocimiento de otros cultivadores del género con una destacada presencia en los circuitos internacionales del arte, los que, al amparo de este año, han llegado por vez primera a la Casa. Me refiero a los creadores: Matilde Pérez (Chile, 1920) y Rogelio Polesello (Argentina, 1939). Asimismo, se ha incrementado el patrimonio institucional con la incorporación de nuevas piezas a partir de las donaciones realizadas por los artistas, que han sido hasta hoy, los principales protagonistas de los “trescientos sesenta y cinco días en movimiento” que nos hemos propuesto en este 2009. 

Catalogado como uno de los más importantes representantes del arte cinético en su país regresa a la Casa el maestro Luis Tomasello, después de varios años de ausencia, para presentar hoy en la Galería Latinoamericana la muestra Luis Tomasello: la sustancialidad intrínseca de la luz, con obras donadas por él a la institución entre 1983 y 2008. Obras que marcan momentos significativos en su trayectoria artística.  

Mis búsquedas sobre la luz y el descubrimiento sucesivo del color reflejado constituyen una manera tímida de acercarme a ese encuentro. [1]  

Y este encuentro con la luz que de alguna manera apunta ya en su obra preliminar, figurativa o abstracta, propia de su etapa formativa, se verifica a partir de 1957, año en que fija residencia en París y se vincula a un grupo de artistas –algunos de ellos cinéticos– reunidos en la Galería Denise René. En una pequeña habitación de la capital francesa crea con verdadera autonomía y libertad expresiva obras bidimensionales  incitadas por las experiencias del arte cinético sobre el plano. Estas primeras realizaciones marcan el nacimiento de sus investigaciones y experiencias artísticas con el color reflejado.  

A este período corresponde la obra Pintura cinética (1957), realizada con esmalte sobre madera que, en la presente exposición, encuentra su referente en una versión en serigrafía (realizada con posterioridad), siguiendo en ambas la misma operatoria y construcción morfológicas. Tomasello repite sobre el plano la figura geométrica que lo ha acompañando durante todos estos años: el cuadrado. Como elemento de composición ha sido su más fiel aliado, punto de partida en sus indagaciones y creaciones a lo largo de toda su trayectoria. Se destaca en esta obra el uso moderado del color: gris, blanco y plata, prescindiendo de los altos contrastes. La sucesión de cuadrados permanece inmóvil en el plano que la contiene, pero el ojo humano desencadena un movimiento perpetuo a partir del estímulo que sobre él provocan las variaciones casi imperceptibles y las pequeñas distorsiones entre los cuadrados que la conforman. Se logra, de esta manera, un movimiento virtual dentro de la superficie bidimensional que en nuestro ojo se trasforma en movimiento real.  

Heredero del arte abstracto precedente, con una marcada influencia de Mondrian y Malévitch, depositario de las enseñanzas de sus contemporáneos Emilio Pettoruti y Arden Quin, Tomasello propone rebasar lo que él ha dado en llamar “el drama de la pintura concreta”, determinado en su opinión, por la presencia de los colores en el plano que, por consiguiente, sólo refieren una perspectiva ilusoria. Por este camino de indagaciones transita de la pintura cinética bidimensional a la experimentación con los relieves tridimensionales, donde se verifica el triunfo de la perspectiva real sobre la ilusoria. Crea, con sus propias manos, formas geométricas diversas que repite una y otra vez sobre la superficie bidimensional y monocroma donde quedan emplazadas. Estas formas invariablemente parten de la superficie que las contienen, siempre en dirección del espectador, y esta disposición le confiere al relieve tal uniformidad que le permite agregar un nuevo valor a la obra, al crear una ilusión del plano. 

En los relieves tridimensionales presentes en esta exposición crea un juego permanente de luces y sombras que transforma la superficie en la medida en que la luz se refleja sobre estos, creando atmósferas desmaterializadas realmente inusitadas, de altísima calidad poética. 

Día a día descubre el maestro las potencialidades, cada vez mayores, de las figuras geométricas, en la medida que avanzan sus investigaciones sobre el binomio luz y color, tan caro al creador. Aplica el pigmento en ellas pero justo en las caras ocultas al ojo del espectador, de tal manera que este sólo alcanza a visualizar el reflejo en la superficie de fondo, es decir, en la atmósfera o color-transparencia que la rodea. El color nace de la forma que lo contiene, la luz ayuda en el alumbramiento, el ojo humano lo transforma de visión en sensaciones.  

Luis Tomasello juega a ordenar lo desordenado, a peinar minuciosamente la cabellera de la luz, pero por debajo de esta disciplina hay el placer de liberar, con pleno rigor geométrico y plástico, algo como las emociones de la materia, su murmullo azul o naranja. [2]  

En la década del ochenta Tomasello añade otra interrogante a su quehacer que lo conduce  a una nueva práctica artística, dirigida a la búsqueda casi obsesiva sobre el negro. Es la época donde proliferan las llamadas Atmosphère chromoplastique, (Atmósfera cromoplástica) presentes también en esta muestra: Atmosphère chromoplastique N° 560 (1983). Inmerso en esta nueva línea investigativa construye relieves monocromos donde sólo usa el negro como color. Perfora la superficie del cuadro con delicadas hendiduras o pequeñas formas geométricas de las cuales emana un negro más intenso que en el resto de la superficie. Ahora, otro fenómeno acontece en el interior de la cavidad, motivado por la concentración de sombra en la misma.  

Por ello no es casual que en esta década produjera  junto a Julio Cortázar, “su amigo más querido”, los libros objeto: Un elogio del tres (1980) y Negro el 10 (1984). En ambas obras llama la atención el hecho de que no es el artista el que comenta los textos del escritor, como ocurre habitualmente en este tipo de creaciones. Por el contrario, Cortázar introduce los textos poéticos a partir de las ideas pictóricas del artista. Mostrar hoy, Negro el 10, obra que realizaran a cuatro manos constituye también un merecido homenaje al reconocido escritor, con el que cultivó el artista una profunda amistad, devenida relación de trabajo creador. La idea del Negro se debe a Tomasello, como resultado de sus investigaciones sobre el llamado no color; el 10, surgió del límite de ejemplares que determinó el editor y de la imagen de la ruleta en los versos de Cortázar, según el cual, cuando salía el negro se trataba del número 10. Los últimos versos fueron escritos por Cortázar en el hospital, antes de su muerte:  

EMPIEZA POR NO SER. POR SER NO. EL CAOS ES NEGRO.
COMO ES NEGRA LA NADA. 

NACE LA CLARIDAD, SU GALLO TRIZA EL CIELO,
SE ESPONJAN LOS COLORES VANIDOSOS. 

PERO EL NEGRO SE AHINCA PRIMIGENIO, TODA LUZ
EN EL CARBON SE ABISMA, EN EL BASALTO…
[1]  

Por ello insisto en los excepcionales encuentros que este año de celebraciones ha propiciado, y continuará propiciando. Para finalizar, rememoro un texto del maestro Tomasello que bien puede servir para entender el significado de la luz en su operatoria artística durante poco más de cinco décadas de investigación y prolífera obra: 

Como los alquimistas en su decadencia, he dejado de creer en la fórmula, pero no en la sustancialidad intrínseca de la luz. Sus juegos, que el azar inventa cada día en mi casa o en la calle; el espejo de las señora del cuarto piso, que envía su jabalina de plata contra el latón de un recipiente abandonado que lo devolverá ya más lento y pálido a la vitrina donde estoy mirando libros o tornillos, son apenas un atisbo de esa circulación de la luz dentro de la luz, de esas corrientes cálidas en el frío mar del espacio, de esas desobediencias rigurosas a una proyección ciegamente rectilínea que la naturaleza impone a la luz y que ella viola por jugar, por dar la vuelta a la esquina, por ser como nosotros, los desobedientes incurables. Por eso me fascina toda obra humana que de alguna manera colabora en esa gimnasia de la luz y de sus estados de ánimo, quiero decir de los colores. [3]  

La Habana, 20 de agosto de 2009


[1] Julio Cortázar en “10 serigrafías de Luis Tomasello”, volumen Negro el 10. París, Ed. Maximilien Guiol, 1984.



[1] Constanza Lunardi: “En busca de la luz”, palabras al catálogo de la exposición Luis Tomasello, una mano enamorada, Centro Cultural Borges, Buenos Aires, Argentina, 1997. 

[2] Julio Cortázar, Luis Tomasello, artículo para la exposición de Tomasello en el Museo de Arte Moderno de la Villa de París.1976 

[3] Julio Cortázar, Luis Tomasello. Ídem.

 

 

Luis Tomasello - Sin título - s.f   Luis Tomasello - Atmósfera cromoplástica IV - 2006
     
    Luis Tomasello - Atmósfera cromoplástica I - 2004