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LOURDES BENIGNI |
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| Luis Tomasello - Atmósfera cromoplástica IV - 2006 |
Otra oportunidad excepcional
para mostrar el valor del patrimonio artístico de El Año cinético ha facilitado el reencuentro
con amigos entrañables al concebir, en su programa general,
exposiciones-homenaje para las cuales ha sido elegido un distinguido
grupo de creadores con denominadores comunes: el poseer un
probado reconocimiento internacional avalado por sus trayectorias
artísticas, sus históricos lazos de amistad y colaboración
con Por otra parte, esta
temporada cinética ha estimulado el conocimiento de otros
cultivadores del género con una destacada presencia en los
circuitos internacionales del arte, los que, al amparo de
este año, han llegado por vez primera a Catalogado como uno
de los más importantes representantes del arte cinético en
su país regresa a Mis búsquedas
sobre la luz y el descubrimiento sucesivo del color reflejado
constituyen una manera tímida de acercarme a ese encuentro.
[1]
Y este encuentro con
la luz que de alguna manera apunta ya en su obra preliminar,
figurativa o abstracta, propia de su etapa formativa, se verifica
a partir de 1957, año en que fija residencia en París y se
vincula a un grupo de artistas –algunos de ellos cinéticos–
reunidos en A este período corresponde
la obra Pintura cinética
(1957), realizada con esmalte sobre madera que, en la presente
exposición, encuentra su referente en una versión en serigrafía
(realizada con posterioridad), siguiendo en ambas la misma
operatoria y construcción morfológicas. Tomasello repite sobre
el plano la figura geométrica que lo ha acompañando durante
todos estos años: el cuadrado. Como elemento de composición
ha sido su más fiel aliado, punto de partida en sus indagaciones
y creaciones a lo largo de toda su trayectoria. Se destaca
en esta obra el uso moderado del color: gris, blanco y plata,
prescindiendo de los altos contrastes. La sucesión de cuadrados
permanece inmóvil en el plano que la contiene, pero el ojo
humano desencadena un movimiento perpetuo a partir del estímulo
que sobre él provocan las variaciones casi imperceptibles
y las pequeñas distorsiones entre los cuadrados que la conforman.
Se logra, de esta manera, un movimiento virtual dentro de
la superficie bidimensional que en nuestro ojo se trasforma
en movimiento real. Heredero del arte
abstracto precedente, con una marcada influencia de Mondrian
y Malévitch, depositario de las enseñanzas de sus contemporáneos
Emilio Pettoruti y Arden Quin, Tomasello propone rebasar lo
que él ha dado en llamar “el drama de la pintura concreta”,
determinado en su opinión, por la presencia de los colores
en el plano que, por consiguiente, sólo refieren una perspectiva
ilusoria. Por este camino de indagaciones transita de la pintura
cinética bidimensional a la experimentación con los relieves
tridimensionales, donde se verifica el triunfo de la perspectiva
real sobre la ilusoria. Crea, con sus propias manos, formas
geométricas diversas que repite una y otra vez sobre la superficie
bidimensional y monocroma donde quedan emplazadas. Estas formas
invariablemente parten de la superficie que las contienen,
siempre en dirección del espectador, y esta disposición le
confiere al relieve tal uniformidad que le permite agregar
un nuevo valor a la obra, al crear una ilusión del plano. En los relieves tridimensionales
presentes en esta exposición crea un juego permanente de luces
y sombras que transforma la superficie en la medida en que
la luz se refleja sobre estos, creando atmósferas desmaterializadas
realmente inusitadas, de altísima calidad poética. Día a día descubre
el maestro las potencialidades, cada vez mayores, de las figuras
geométricas, en la medida que avanzan sus investigaciones
sobre el binomio luz y color, tan caro al creador. Aplica
el pigmento en ellas pero justo en las caras ocultas al ojo
del espectador, de tal manera que este sólo alcanza a visualizar
el reflejo en la superficie de fondo, es decir, en la atmósfera
o color-transparencia que la rodea. El color nace de la forma
que lo contiene, la luz ayuda en el alumbramiento, el ojo
humano lo transforma de visión en sensaciones. Luis
Tomasello juega a ordenar lo desordenado, a peinar minuciosamente
la cabellera de la luz, pero por debajo de esta disciplina
hay el placer de liberar, con pleno rigor geométrico y plástico,
algo como las emociones de la materia, su murmullo azul o
naranja.
[2]
En la década del ochenta
Tomasello añade otra interrogante a su quehacer que lo conduce a una nueva práctica artística, dirigida a la
búsqueda casi obsesiva sobre el negro. Es la época donde proliferan
las llamadas Atmosphère
chromoplastique, (Atmósfera cromoplástica) presentes también
en esta muestra: Atmosphère chromoplastique N° 560 (1983).
Inmerso en esta nueva línea investigativa construye relieves
monocromos donde sólo usa el negro como color. Perfora la
superficie del cuadro con delicadas hendiduras o pequeñas
formas geométricas de las cuales emana un negro más intenso
que en el resto de la superficie. Ahora, otro fenómeno acontece
en el interior de la cavidad, motivado por la concentración
de sombra en la misma. Por ello no es casual
que en esta década produjera junto a Julio Cortázar, “su amigo más querido”,
los libros objeto: Un
elogio del tres (1980) y Negro
el 10 (1984). En ambas obras llama la atención el hecho
de que no es el artista el que comenta los textos del escritor,
como ocurre habitualmente en este tipo de creaciones. Por
el contrario, Cortázar introduce los textos poéticos a partir
de las ideas pictóricas del artista. Mostrar hoy, Negro
el 10, obra que realizaran a cuatro manos constituye también
un merecido homenaje al reconocido escritor, con el que cultivó
el artista una profunda amistad, devenida relación de trabajo
creador. La idea del Negro se debe a Tomasello, como resultado de sus investigaciones sobre
el llamado no color; el
10, surgió del límite de ejemplares que determinó el editor
y de la imagen de la ruleta en los versos de Cortázar, según
el cual, cuando salía el negro se trataba del número 10. Los
últimos versos fueron escritos por Cortázar en el hospital,
antes de su muerte: EMPIEZA POR NO SER. POR SER
NO. EL CAOS ES NEGRO. NACE PERO EL NEGRO SE AHINCA PRIMIGENIO,
TODA LUZ Por
ello insisto en los excepcionales encuentros que este año
de celebraciones ha propiciado, y continuará propiciando.
Para finalizar, rememoro un texto del maestro Tomasello que
bien puede servir para entender el significado de la luz en
su operatoria artística durante poco más de cinco décadas
de investigación y prolífera obra: Como los alquimistas
en su decadencia, he dejado de creer en la fórmula, pero no
en la sustancialidad intrínseca de la luz. Sus juegos, que
el azar inventa cada día en mi casa o en la calle; el espejo
de las señora del cuarto piso, que envía su jabalina de plata
contra el latón de un recipiente abandonado que lo devolverá
ya más lento y pálido a la vitrina donde estoy mirando libros
o tornillos, son apenas un atisbo de esa circulación de la
luz dentro de la luz, de esas corrientes cálidas en el frío
mar del espacio, de esas desobediencias rigurosas a una proyección
ciegamente rectilínea que la naturaleza impone a la luz y
que ella viola por jugar, por dar la vuelta a la esquina,
por ser como nosotros, los desobedientes incurables. Por eso
me fascina toda obra humana que de alguna manera colabora
en esa gimnasia de la luz y de sus estados de ánimo, quiero
decir de los colores.
[3]
[1]
Julio Cortázar en “10 serigrafías de Luis Tomasello”,
volumen Negro el 10.
París, Ed. Maximilien Guiol, 1984.
[1]
Constanza Lunardi: “En busca de la luz”, palabras
al catálogo de la exposición Luis Tomasello, una mano enamorada, Centro
Cultural Borges, Buenos Aires, Argentina, 1997.
[2]
Julio Cortázar, Luis Tomasello, artículo para
la exposición de Tomasello en el Museo de Arte Moderno de
[3] Julio Cortázar, Luis Tomasello. Ídem.
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