Llamamiento a los artistas plásticos latinoamericanos*

“Para nosotros, la patria es América”
Simón Bolívar (1814)

“No hay letras, que son expresión, hasta que no hay esencia
 que expresar en ellas.Ni habrá literatura his
panoamericana
hasta que no haya Hispanoamérica”.
José Martí (1881) 

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Si hace  más de noventa años, al iniciarse la expansión del imperialismo yanqui, Martí podía señalar la precariedad del arte latinoamericano, porque en rigor no existía aún como entidad histórica suficiente lo que él mismo llamó “nuestra América”, acontecimientos posteriores, y especialmente algunos muy cercanos, en la década del sesenta de este siglo, consolidad en la América Latina los ideales de afirmación continental nacional, dentro de un contexto planetario marcado por el auge del socialismo, el crecimiento del proceso de descolonización y la guerra de Vietnam: la Revolución cubana, el incremento de la lucha de masas, el brote de la guerrilla urbana y rural, la insurgencia de movimientos estudiantiles, la incorporación de cristianos de izquierda a la lucha revolucionaria, el sesgo nacionalista de gobiernos como el establecido en Perú a fines de 1968, el alza en Panamá de la lucha reivindicativa por la soberanía del Canal, el triunfo en 1970 de la Unidad Popular en Chile, son sólo algunos de los hitos del proceso latinoamericano de esos años. Estos factores influyen sobre la producción cultural, matizando no sólo los temas, sino, sobre todo, las relaciones entre el artista y su público, y volviendo a encender dramáticamente las discusiones sobre la función del arte.

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Todo artista latinoamericano con conciencia revolucionaria debe contribuir al rescate y a la formación de valores nuestros, para configurar un arte que sea patrimonio del pueblo y expresión genuina de nuestra América. El arte revolucionario es el que inicia a los valores de la burguesía dominante. La revolución libera al arte de los férreos mecanismos de la oferta y la demanda imperantes en la sociedad burguesa. El arte revolucionario no propone ningún modelo, ni se refiere a ningún estilo determinado, pero conlleva –como dice Marx– el carácter tendencioso que tiene el arte creador, en la medida en que afirma y define la personalidad de un pueblo y una cultura. 

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La conciencia revolucionaria es requisito fundamental de la lucha contra el imperialismo y por el socialismo que libran nuestros pueblos. Asumir, en tanto artistas, esa conciencia en forma activa y eficaz, identificados con la militancia política revolucionaria, es la tarea prioritaria del momento. El artista latinoamericano no puede declararse neutral ni separar abstractamente su condición de artista de sus deberes como hombre. La conciencia revolucionaria parte, en el artista, del reconocimiento de su situación de alienado y mutilado él también en el ejercicio de su actividad creativa, y de que la superación de tal situación solo puede lograrla insertándose activa y eficazmente en la lucha revolucionaria, reconociéndola como su propia lucha y librándola con sus armas desde dentro del mismo proceso. Es por ello que para el artista latinoamericano la actitud militante vale tanto, tiene tanta importancia como su obra. Una y otra deben identificarse. Dicha actitud se define por el permanente ejercicio de la capacidad de encontrar, imaginar, inventar las mediaciones necesarias que le permitan comunicarse realmente con un pueblo. Esa posibilidad se abre al comenzar las masas a vivir la lucha revolucionaria como el hecho fundamental de su cotidianeidad. Se define también por su capacidad de resistencia y lucha contra todas las formas de penetración imperialista. Su deber es, pues, denunciar, rechazar y desmantelar, teniendo en cuenta las peculiaridades específicas de la lucha en cada país, todas las manifestaciones de opresión cultural por parte del imperialismo, ya sea mediante protestas, abstenciones, boicots, o cualquier otra táctica adecuada, incluso la respuesta violenta a la violencia colonizadora del sistema. La revolución es un proceso que comienza mucho antes de la toma de poder y se proyecta mucho más allá de ella. En su inserción en la lucha, el artista no sólo contribuye a que dicha toma del poder se realice, sino que se capacita como revolucionario para poner en marcha, con posterioridad a ella, un auténtico programa cultural revolucionario conducente a la formación de un hombre nuevo.  

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Constatamos y denunciamos:

a)      La penetración ideológica imperialista en la América Latina, donde la cultura es empleada como un arma alienante.

b)      La situación de dependencia artística de los centros internacionales que propagan la ideología burguesa.

c)      La instrumentación que las burguesías locales hacen del arte, transformándola en un medio más de opresión del pueblo.

d)      La pretendida neutralidad del arte.

e)      La dependencia del artista de los férreos mecanismos de  la oferta y la demanda, de las modas impuestas y del esteticismo que emana de ellas.

f)        Las pretendidas “revoluciones” estéticas que se presentan como sucedáneos de la revolución social.

g)      La manipulación de organismos llamados culturales, a beneficio de la ideología burguesa.

h)      El respaldo cultural que ciertos artistas otorgan a gobiernos sostenedores del sistema capitalista.

i)        La competencia individualista a que es sometido el artista en busca de su triunfo personal.

j)        La utilización del arte como pantalla de libertad para ocultar la explotación y la represión del pueblo.

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Expresamos nuestra plena solidaridad con los artistas del mundo entero que también luchan por la creación de una nueva sociedad.  

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El vínculo práctico de los artistas latinoamericanos con las luchas populares da un nuevo sentido a la creación artística en nuestro Continente, y contribuye así al advenimiento de quienes, como anunció el Ché Guevara, “entonen el canto del hombre nuevo, con la auténtica voz del pueblo”. 

Encuentro de Plástica Latinoamericana
Casa de las Américas
La Habana, 27 de mayo de 1972. 

• Llamamos a los artistas plásticos latinoamericanos a suscribir este texto, que asume el carácter de un compromiso, debiendo respetarse las normas de conducta que él explicita.

• Difúndase.

• Afíchese en todas las exposiciones de artistas latinoamericanos 

Participantes: 

Mariano Rodríguez, Miguel Rojas Mix, Ricardo Carpani, Graciela Carnevale, Lesbia Vent Dumois, Adelaida de Juan, Sérvulo Esmeraldo, José Balmes, Julio Le Parc, Carlos Granada, José Fowler, “Mono” González, Eduardo Garreaud, Carlos Maldonado, Alejandro González Sergio Martínez, Alfredo Rostgaard, Gallardo, L´Abbé, Fayad Jamís, René de la Nuez, Mario Orozco Rivera, Raúl Rodríguez Porcell, Alberto Carol, Manuel López Oliva, Tilsa Tsuchiya, José Bracamonte, Luis Matínez Pedro, Ernesto González Puig, Adagio Benítez, Félix Beltrán, Eugenio Darnet, Régulo Pérez, René Azuy, Blanco. 



* Llamamiento como resultado de las sesiones de trabajo llevadas a cabo en el Encuentro de Plástica Latinoamericana, convocado por Casa de las Américas y el Instituto de Arte Latinoamericano de la Universidad de Chile, durante el 24 y el 30 de mayo de 1972. En próximas ediciones ofreceremos amplia documentación sobre los Encuentros de Plástica Latinoamericana realizados en Casa de las Américas en la década de 1970.