Desarrollo de la profesión de conservador-restaurador de fotografía. Situación actual frente a la red Internet*


CLARA Mª PRIETO DE LA FUENTE


Nelson Ponce, Hongos, 2013

 

Antes de que la conservación fotográfica comenzara a regirse por parámetros científicos, el productor de la obra también se encargaba de restaurarla si ésta sufría algún deterioro. Quienes poseían el conocimiento empírico lo guardaban celosamente y su transmisión era objeto de un proceso de aprendizaje tutelado. A medida que los Bienes Culturales cobran importancia para la sociedad, se hace necesario aplicar parámetros científico-técnicos a su conservación y desplazar su cuidado de manos gremiales a profesionales especializados. La entrada en vigor en 1985 de la Ley de Patrimonio Histórico Español supone un punto de inflexión en este cambio de paradigma, pero este desplazamiento ha sido tal vez menos ágil en el caso del patrimonio cultural sobre soporte fotográfico, al no contar con una dilatada tradición como sucede con otros materiales.

 

También es cierto que las circunstancias particulares de cada país han condicionado el desarrollo de la profesión del conservador-restaurador de fotografía. En España, hace dos décadas, pocos eran los profesionales que disponían de fax y aún menos los que, hace quince, contaban con una conexión a Internet. Por otro lado, los textos publicados en castellano eran escasos y tampoco era sencillo hacerse con los publicados en otros países. En este entorno se fueron generando distintas velocidades tanto en la evolución de las técnicas como en la circulación de la información.

 

A fecha de hoy son pocos los países que cuentan con programas de formación reglada específica en materia de conservación-restauración de fotografía. Sirva de ejemplo Estados Unidos, con el pionero programa de conservación de fotografía de la Universidad de Delaware [2] bajo la dirección de Debra Hess Norris; o el Programa Avanzado [3] que ofrecía, hasta el año 2009, la George Eastman House. Pero también Canadá, con el Programa de conservación de fotografía y gestión de colecciones de la Universidad Ryerson [4] o bien, ya en Europa, la especialidad en Restauración de Fotografía [5] impartida en el Instituto Nacional de Patrimonio, en París, bajo la dirección de Anne Cartier-Bresson.

 

También fuera de nuestras fronteras, es interesante la oferta de workshops, seminarios y webinars que ofrecen numerosas instituciones. El problema es que, en tiempos de crisis, la formación es una de las primeras partidas en sufrir recortes y no siempre es posible acudir a ellos.

 

En el caso de España, los planes de estudios de las enseñanzas regladas de conservación-restauración contemplan esta materia de modo tangencial, como asignatura dentro de la especialidad de Documento Gráfico, en la que se trata de abarcar desde los primeros especímenes fotográficos hasta la tecnología digital. Y si bien la creación de escuelas de restauración en España se remonta a los años 60, [6] a día de hoy la conservación-restauración de fotografía no existe como especialidad.

 

Lo que sí se cuenta con cierta actividad formativa en el campo privado, no reglado, como por ejemplo los cursos que imparte Ángel Fuentes [7] desde el año 1989; e iniciativas institucionales, como las veteranas Jornadas Antoni Varés organizadas por el Centro de Investigación y Difusión de la Imagen (CRDI), [8] la Asociación de Archiveros de Cataluña (AAC) desde hace ya más de 20 años, o las jóvenes Jornadas de Fotografía Histórica de Canarias, organizadas por la Fundación para la Etnografía y el Desarrollo de la Artesanía Canaria (FEDAC), [9] en las que se debaten los diferentes aspectos vinculados con la gestión, la conservación, el tratamiento y la difusión del patrimonio fotográfico y audiovisual.

 

Todos los países con oferta formativa en esta especialidad tiene en común que, independientemente de contar o no con planes de estudios específicos para su conservación y restauración, poseen una ingente cantidad de patrimonio fotográfico. De ahí que, sin lugar a dudas, los conservadores-restauradores de Documento Gráfico –por ser ésta la especialidad más afín– se van a ver enfrentados al tratamiento de estos fondos patrimoniales.

 

Como resultado de esta ausencia de especialización y la escasa oferta formativa, al margen de la bibliografía existente, la información que circula por la Red se convierte en la principal referencia para aquellos que necesiten profundizar en esta materia. El problema es que todos estos datos se encuentran en la Red sin ordenar ni calificar, y existe la tendencia a considerar que los primeros resultados de una búsqueda contienen la información más pertinente, cuando puede que ésta se encuentre, por ejemplo, en la página seis, o en la dieciséis.

 

La falta de perspectiva acerca de los contenidos que circulan en la Red complica la distinción entre corpus histórico y corpus operativo, lo que no ocurre en campos con mayor tradición histórica, como puede ser la medicina. A nadie se le ocurriría leer acerca de la reducción de fracturas de huesos en tiempos de la Segunda Guerra Mundial y plantearse la aplicación de dicho método hoy día. Por el contrario –y salvando las distancias– sí es posible que en la actualidad alguien aplique un tratamiento con tiourea a un daguerrotipo porque lo ha leído en una página de Internet.

 

Sabemos que hace tres décadas, cuando los límites deontológicos aún estaban por asentar, se aplicaban tratamientos en cuya finalidad primaba el resultado estético frente a la estabilidad y permanencia de las obras. En muchos casos, ni tan siquiera se vislumbraban los efectos a medio y largo plazo de las intervenciones practicadas. En los albores de la digitalización, cuando la memoria virtual suponía un elevado desembolso para las instituciones, se aceptaba prescindir del reverso de las imágenes e incluso descartar los valores de color. La reflexión acerca de las intervenciones y tratamientos llevados a cabo en esta etapa ha de ser hecha desde una perspectiva histórica, teniendo en cuenta los medios y conocimientos disponibles y valorando las conclusiones extraídas de estas prácticas.

 

Esto nos indica que los criterios en conservación y restauración de fotografía han ido, pues, evolucionando: si antes se concedía un exceso de protagonismo a la apariencia de los objetos, intentando que lucieran como nuevos tras una intervención, actualmente prevalece la permanencia. Se trata de minimizar la intervención y dar prioridad a la prevención, y de establecer unos parámetros sostenibles de custodia que permitan alargar la vida de nuestro patrimonio cultural, pero realizables y consecuentes con las circunstancias. De nada sirve ya marcar estrechas pautas climáticas, no adaptadas al entorno ni a las condiciones históricas de la colección, que además requieren costosos equipos de climatización y estrictos controles y operaciones de mantenimiento.

 

Sin embargo, aunque organismos como el Institut Canadien de Conservation (ICC) [10] comenzaran hace 30 años a trabajar sobre la idea de que las pautas ambientales deberían establecerse de modo inteligente y ser concebidas a medida de las necesidades de cada entorno y cada colección, la información más divulgada es aquella que preconiza parámetros fijos y estrictos en función del tipo de material de que se trate. Lo más grave es que éstos son los contenidos que se siguen encontrando con más frecuencia en la Red y además, siguen formando parte de los programas de estudio de muchos centros de enseñanza, perpetuando de este modo un modelo de gestión de la conservación anacrónico, ineficiente y no sostenible.

Conclusiones

A fecha de hoy, Internet es la herramienta informativa más potente, pero también la más envenenada. Para evitar que sea letal, será necesario poner orden en este caos, habilitar instrumentos que permitan navegar con una cierta garantía, dotar de etiquetas a la información, de modo que quien acceda a ella sepa que es histórica o que está contrastada y en vigor. En resumen: categorizar los datos, homologar la información, y certificar su pertinencia.

 

Son varios los frentes en los que actuar. Por un lado, será preciso trabajar para la creación de un entorno de trabajo respetuoso con la deontología que debe regir en toda intervención sobre el Patrimonio. Por otro, habrá que continuar depurando los criterios desde el ámbito de la formación de los profesionales, evitando los errores que comprometan la preservación de nuestra herencia cultural. Y, con urgencia, conviene que concentremos nuestros esfuerzos en depurar la información que circula por la Red y en plantear algún modo de ordenar dichos datos.


* Extracto de la ponencia titulada “La red, ¿Mina de oro o campo de minas?”, presentada en el Congreso Internacional Fotoconservación 2011, celebrado en Logroño (La Rioja, España) del 20 al 23 de junio de 2011. http://www.fotoconservacion2011.org/   [Últimaconsulta: 25 enero 2013]

[1] Conservadora-Restauradora de Fotografía y Documento Gráfico.

[2] University of Delaware, Art Conservation. Photography. http://artcons.udel.edu/ [Última consulta: 25enero 2013]

[3] Advanced Residency Program in Photograph Conservation. George Eastman House. http://www.arp-geh.org/  [Última consulta: 25enero 2013]

[4] Ryerson University, Master of Arts in Photographic Preservation and Collections Management Program. http://www.imagearts.ryerson.ca/ [Últimaconsulta: 25 enero 2013]

[5] Instituto Nacional de Patrimonio, Devenir restaurateur du patrimoine. Enseignements de spécialité.

 http://www.inp.fr/ [Última consulta: 25enero 2013]

[6] Escuela de Restauración de Bienes Culturales de Madrid. http://www.escrbc.com/presentacion.html  [Última consulta: 25enero 2013]

[7] Ángel Fuentes. http://www.angelfuentes.es  [Última consulta: 25enero 2013]

[8] Centro de Investigación y Difusión de la Imagen (CRDI). Asociación de Archiveros de Cataluña (AAC). Jornadas Imatge i Recerca. http://www.girona.cat/ Última consulta: 25enero 2013]

[9] Fondo de Fotografía Histórica de la FEDAC. http://www.fotosantiguascanarias.org  [Última consulta: 25enero 2013]

[10] Canadian Conservation Institute. http://www.cci-icc.gc.ca  [Última consulta: 25enero 2013]