Arteamérica tiene entre sus secciones un espacio en vivo, al que mensualmente se llevan a discusión temas de actualidad dentro de las artes y la cultura de América Latina y el Caribe. Este sitio, que llega a su versión web como Debates, propone para este número un encuentro convocado a propósito de la Crítica de arte en Cuba, en el que participaron como invitados Rufo Caballero, Dr. en ciencias sobre Arte, crítico y editor; Eduardo Morales, Dr. En Ciencias del Arte. Profesor del Insittuto Superior de Arte (ISA); Suset Sánchez, Lic. En Historia del Arte. Crítico de Arte; Magalys Espinosa, Dra. en Filosofía y Andrés D. Abreu, Periodista.

Una versión de lo que allí ocurrió le ofrecemos ahora en Debates.


Rufo Caballero recomienda  comience hablando Eduardo Morales, profesor del ISA, quien recientemente concluyó su tesis de doctorado sobre la crítica de arte en Cuba en los ochenta, para así arribar al comportamiento de ésta en la década del 90.

Eduardo Morales:

En mi tesis partí de la crítica que se hizo en soporte escrito pero también quise describirla y analizarla en otros medios y canales. Se dio, en este decenio, con especial importancia la crítica en catálogos, sobre todo desde la segunda mitad, del año 1986 al 1991. Se ejerció también desde la oralidad: en conferencias, proyectos de graduación de estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA), donde afloraron profundas reflexiones. Recordarán todos que muchos de los artistas ochentianos estuvieron muy vinculados al pensamiento intelectual, a la teorización, pues poseían una formación humanística sólida y problematizadora.

Otra zona que se señala, no muy productiva, es la crítica radial que aparece en mayo del 1985 a noviembre de 1986, proyecto ideado por Lázara Castellanos con  “Luz, forma y color”, pero no pasó a ser más que una sección de entrevistas. 

A mi juicio, junto con los catálogos y los proyectos de los estudiantes,  el grupo de teóricos, profesores de la enseñanza superior de arte, trascendió dada la manera de incidir en el pensamiento estético, en la pedagogía, en la crítica de arte y en el pensamiento cultural de los cubanos en los ochentas. Esto queda recogido en mi trabajo, en planes de estudio, publicaciones internas que se hicieron también en Revolución y Cultura y el Caimán Barbudo, principalmente. Este grupo arranca con Gerardo Mosquera para terminar con un conjunto de teóricos y estetólogos, me atrevo a decir, que del ISA, lidereados de alguna manera por Magaly Espinosa, Lupe Álvarez, Madelin Izquierdo y otros más. También profesores de la Facultad de Artes y Letras como Jorge de la Fuente. 

Mi pesquizaje llega hasta “El juego de pelota” y el pronunciamiento de Armando Hart  en el Museo Nacional de Bellas Artes en el Homenaje de Sosabravo y la reunión de Carlos Aldana con teóricos y artistas plásticos. 

Rufo Caballero:

Es una tentación histórica criticar a la crítica, comparada con la de música o cine, pienso que la de artes plásticas es alentadora. Hay un grupo de personas ejerciendo bien la critica, obviamente el discurso que tenia Gerardo Mosquera, Erena Hernández y Orlando Hernández, básicamente, para explicar el arte de los ochenta se vio reemplazado; se erosionó y tuvo que buscar nuevas herramientas para explicarse lo que estaba sucediendo con el arte en Cuba. Surgen otros, aunque los mencionados continúan y lo hacen muy bien. 

Hay tres o cuatro críticos emblemáticos de la crítica noventiana que acompañan el nuevo espíritu del arte cubano a partir de 1993 con Las metáforas del templo: David Mateo, Eugenio Valdés y Dannys Montes de Oca. Estos nombres asientan poéticas críticas que continúan perfectamente la línea de la década anterior con un ánimo dialógico, emplazador, de una tradición abierta en el sentido cuestionador con características dispares.  

David Mateo es un crítico asentado sobre la base de la agudeza personal, de la cultura universal que puede tener, de las herramientas del periodismo que posee y no de la teoría. Eugenio Valdés es como más postcrítico, el elemento de la escritura importa mucho y la base teórica, es decir, la teoría del arte como sedimento interesa mucho.  

Por otro lado, la conversión cada vez más sistemática de los profesores de arte en críticos, por ejemplo: Magaly hasta el término de los ochenta era una pedagoga, que desde la pedagogía hacia crítica, la instrumentalizaba de una manera muy rica. Ya en los noventa, felizmente, se ha convertido en toda una crítica de arte,  que interpreta y explica los procesos artísticos desde ellos mismos y no siempre desde la abstracción de la estética. 

Otros pedagogos se relacionan más con la historiografía del arte, como Luz Merino, Maria de los Ángeles Pereira y Yolanda Word quienes sen interesan por explicar los fenómenos artísticos sobre la base del lugar que ocupan en la trayectoria de un legado. Me parece bien, es otra de las opciones posibles. 

Por otro lado, me contenta el hecho de que han surgido en los últimos tiempos egresados de Artes y Letras, que en muy poco tiempo han logrado un crédito de prestigio, tales son los casos de Suset Sánchez, Andrés Isaac Santana, que vive en España y sigue pensando en el proceso del arte cubano, ahora va a publicar desde Chile un libro sobre el tratamiento del homoerotismo en la plástica cubana. Ese nomadismo… no sólo de arte cubano, sino del pensamiento…Está Mailyn Machado, Desirée Díaz, Elvia Rosa Castro, que es un poquito anterior…hay nombres que se me escapan.  

No creo que esté mal el paisaje de la critica. Historiarla va  acostar mucho trabajo, porque ni siquiera está congregada en los catálogos, que con José Veigas se soluciona el caso.

Hay una disparidad de discursos en los soportes muy violenta, por las propias fluctuaciones de la política cultural o de la instrumentalización de ésta en los últimos años que cualquiera se vuelve loco. Cada tres o cuatro años hay un reordenamiento del discurso y de la crítica muy fuerte. Siendo así, estas voces han alcanzado explicar el fenómeno. 

El reordenamiento comienza en 1990-91, uno se empieza a percatar de que los signos han cambiado. Ya aquella explosividad catárquica, el discurso básicamente sociológico del arte, en algún caso periodístico, estaba cediendo a otro tipo de plasmación más sutil, recurrentemente tropológica y ya había que explicarse aquello de otra manera. Sale aquel texto extraordinarios de Lupe Álvarez, que acompaña a Las metáforas del templo donde empieza a explicar el fenómeno. Humildemente yo publico, en Revolución y Cultura, “Con la sutil elocuencia del sosiego” que es un texto que también trata de dar fe de algo que está cambiando. 

A partir de ahí y durante los noventa la crítica siguió puntualmente los fenómenos, pongo un ejemplo, cuando en 1994-95 ocurrió algo tan peculiar como la vuelta o revisitación de los géneros -paisajes, retratos, naturalezas muertas y bodegones- y se hicieron tres o cuatro curadurías especialmente dedicadas a eso; en la Gaceta de Cuba se publicó un dossier titulado “La familia de críticos se retrata” donde se trataba de explicar el por qué de la vuelta del retrato y los géneros en los años noventa. 

En 1995 se celebró el Primer Salón de Arte Contemporáneo, momento cumbre, todos estuvieron felices, se pasearon por el Salón tratando de discernir lo indiscernible porque aquello era extremadamente rico y facetado, para bien. Pero cuando en 1997-98 empieza a resentirse la cosa de una manera aguda, considero que la crítica también dio fe de ello. Publiqué un texto en la Gaceta… llamado “Agua bendita” donde hablé francamente de una crisis en el arte cubano y responsabilizaba a la Institución.  

Estuvo el caso del articulo “Vómico” de Frency Fernández en Arte Cubano, texto que no importa por lo acabado, lo definitivo desde el punto de vista estructural, sino porque es un gesto que puede suponer una marca de la época. Todo lo que significó ese texto, la censura al consejo editorial que lo había aprobado y publicado, entre otros fenómenos, es uno de los puntos a estudiar en cuanto al viraje de la Institución que acompaña y, en muchos casos, explica ese resentimiento en el arte a partir de los años mencionados, y que redundan en la incertidumbre que padecemos hoy. 

Existe también como una especie de recesión en el trabajo curatorial, hay artistas muy buenos, pero ocurre que hay que ir a los talleres a ver la obra más viva porque ha vuelto la tendencia a valorizar el arte de superficie, el hedonismo; se tomó como coartada aquella idea de Lupe Álvarez de que se estaba repotenciando el “paradigma estético” y ella lo explicaba a tenor de procesos muy complejos que nada tienen que ver con que volviera un arte de superficie excesivamente glamoroso. Todo esto se ha malentendido mucho. 

No me siento ni triste, ni decepcionado con el panorama que exhibe hoy la critica de arte debe ser porque tengo experiencias traumáticas en otros campos. 

Suset Sánchez:

Me referiré al último lustro de los noventas. La primera acotación que quiero hacer gira en torno a la interrogante del carácter complaciente o no de la actual critica de arte. Considero que ahora mismo no lo está siendo, lo digo basándome en algunos textos que han surgido y hacen énfasis, no tanto en exposiciones personales, lo cual es raro hallar, pero sí en exposiciones con determinados conceptos curatoriales como las bienales y salones. Estas han sido sumamente atacadas y cuestionadas por diferentes voces críticas desde la efectividad de los presupuestos curatoriales que han manejado. Lo más interesante ha sido la heterogeneidad de posiciones, de enjuiciamientos de valores que ha habido al evaluar estos objetos de estudio. También resaltar que los distintos soportes están buscando reflejar esa diferencia de pareceres. 

La crítica más complaciente no aparece precisamente en las publicaciones especializadas, se da en  soportes más masivos, como el periódico. Los catálogos giran en el tono apologético en referencia al hecho concreto que abordan y esta es, quizás, su propia naturaleza. Es por ello que prefiero centrarme en los soportes que amparan la crítica especializada. Hay varias cosas que atentan contra una crítica más álgida, efectiva y tiene que ver con el mismo espacio donde se ubica.  Mencionaba la tendencia que hay a reseñar un suceso más que a planteárselo como un objeto para una reflexión que linde más con el ensayo. No obstante, las reseñas y las limitaciones que implica el espacio físico de ellas no es un impedimento para alcanzar determinado vuelo que permita estructurar un cuerpo de pensamiento que rebase la especificidad del referente o digamos la circunstancia misma que está implicando el hecho. 

Para enfrentar el arte contemporáneo debemos apoyarnos en conocimientos de otras disciplinas. Para poder rebasar la mera descripción, interpretación desde un punto de vista epidérmico, epigonal se demanda una serie da categorías que permitan dialogar con ese referente que obviamente está respondiendo a un mundo de pensamiento mucho más complejo. 

Hay voces que están contrastándose y no permiten hablar de una postura complaciente en torno al arte, sobre todo en un momento tan crítico como el que está viviendo el arte contemporáneo cubano y que implica el hecho mismo de que uno a veces hasta se cuestiona, incluso, si  escribir sobre ciertas cosas  que no mueven el interés por la reflexión. Pensando en esto, creo la crítica está llamada a tomar simplemente el objeto para reflexionar sobre las condiciones que están rigiendo el campo y están condicionando una supuesta crisis de los mecanismos institucionales que se van a generar en la praxis artística. Considero que ésta función le toca al crítico; primero, por el acceso que tiene a este tipo de publicación, independientemente de toda la coacción o censura que pueda haber sobre él. Ésta es una de las zonas más interesantes y provocativas, más allá de la obra misma y, en este sentido, estoy preocupada como crítico por la cuestión de visibilidad que puedan tener esos criterios o comentarios, sobre todo tomando como referencia el hecho de “Vómico”, que obviamente marcó una censura ejercida sobre el aparato editorial y que presupuso para la critica de arte un momento bastante incierto no totalmente reflexionado. Sobre todo cuando se impugna a la crítica, no desde el propio campo, sino otros actantes como lo son los propios creadores. Esto me preocupa mucho, mas que el carácter o no complaciente de la crítica. 

Otra cosa que también me inquieta y que quizás tiene que ver con el plano editorial y de cómo se mueven sus presupuestos es la permisibilidad que existe en cuanto a reseñar o testimoniar un hecho puntual, una exposición o poética. La crítica se está tomando desde otras funciones o se está leyendo desde el punto de vista editorial con otras funciones, me refiero al hecho de que los propios curadores estén reseñando sus propias exposiciones en los soportes editoriales. Me parece esto un acto sumamente paradójico pues no debemos perder alguno de los elementos básicos de la crítica de arte, no sólo la interpretación sino la apuesta por juicios de valor que pueden ser muy personales, pero en este caso sumamente cuestionables desde el punto de vista que es el propio referente, el que está emitiendo un juicio crítico sobre sí. Llamo la atención porque muchos de los que estamos aquí tenemos esa dualidad de convertirnos en curadores y críticos de arte. Esto debe partir de los principios de uno  mismo, a ver hasta que punto puedes insertar tu discurso en un medio u otro porque también estamos hablando de la especificidad de los lenguajes.  

Magali Espinosa:

Coincido con las valoraciones de Rufo y Suset en cuanto al escenario propio de la crtica. Es imposible pedirle a una publicación calidad en el cien por ciento de sus textos, por más prestigiosa que esta sea. Constantemente aparecen voces nuevas en el “Tabloide de Arte Cubano” ejerciendo la critica y un poco aprendiendo este oficio, que es muy largo. El Tabloide comienza a convertirse en una memoria. 

Lo que veo más complejo, y en parte, es responsabilidad de los críticos de más experiencia en relación a los más jóvenes, es el hecho de la propia permisibilidad de la crítica. La crítica se valida, ante todo, cuando empieza a tener importancia para los artistas y esto no está ocurriendo. Los artistas toman muy poco en consideración el trabajo de los críticos. Por otro lado, la Institución solo considera conveniente la crítica cuando es complaciente, porque sabemos y puedo poner muchos ejemplos a partir de testimonios de jóvenes críticos que se están desempeñando como editores, que cuando han presentado dos artículos sobre una misma exposición, se selecciona el que habla en positivo.  

El artículo de Frency fue como ponerle la tapa al pomo con algo que ocurre frecuentemente en los medios editoriales. En los ochenta había una mayor receptividad que se ha ido perdiendo por diversos factores. Ocurre también que  en el arte cubano hay una desorientación en los artistas jóvenes al no estar siendo respaldados por una crítica más frecuente. Ahora mismo hay una exposición de Roberto Diago en el Centro Wifredo Lam, con una obra bidimensional excelente, pero con un concepto instalativo equivocado. 

Sucedió también con José Emilio (JEFF) quien en su examen de graduación del ISA, no logró relacionar la defensa con lo que exponía en la galería. Hay un defasaje que no habla a favor del resultado de su trabajo, la obra que presentó en el último Salón de Arte Contemporáneo, el remedo de un parque de diversiones, aunque como idea es excelente, es reiterativo. 

Otro problema lo constituyen algunas de las recientes exposiciones de artistas reconocidos cuyas proposiciones son altamente valoradas y realmente ocurre que no están entregando propuestas estéticas buenas y oxigenadoras. 

Andrés D. Abreu:

Hablaré de la prensa diaria, la que se lleva siempre la peor parte…Ciertamente se quedan muchas cosas en la mesa del editor, los textos más críticos. También se maneja el presupuesto de que muchas veces lo que uno escribe no se entiende, de modo que hay que buscar la manera de que pueda interesar a una gran parte de los lectores del medio y que además de fe de lo qué sucede con el arte. 

Debo confesar que es difícil cuestionar la obra de “un incuestionable” y los hay. En Juventud Rebelde, periódico más abierto a la opinión, de vez en cuando puede encontrarse trabajos más rigurosos. El espacio físico de una publicación como ésta es otro de los problemas que atenta contra la profundidad, en lo que ubicas al lector en la exposición y el artista, ya casi la cuartilla está terminando y sólo queda la explicación. 

Suset Sánchez:

Hay medios a los que no les quito valor, lo que se hace en Granma y en Bohemia, por ejemplo es periodismo cultural que el algo muy distinto a la crítica de arte. Es totalmente legítimo informar al amplio público. La información también comporta un hecho de valor. 

Pasando a otro asunto, no nos llamemos a engaño…también los críticos que escriben para catalogo necesitan comer. El catálogo es un espacio que responde, en primera instancia a ese referente y obviamente va también a responder a determinadas características promocionales, de manera que tampoco asumí las palabras al catálogo como cuerpos de escritura crítica, quizás puedan ser cuerpos para la ensayística y son los pocos espacios junto con Arte Cubano y las pocas páginas de La Gaceta de Cuba y Unión donde hay para el ensayo sobre artes visuales el que es casi totalmente nulo. 

Magali Espinosa:

Abordaré el problema de las galerías y su política de exposiciones, partiendo del hecho de que son muy pocas. Galería Habana le hizo una exposición recientemente a Vincench que está muy por debajo de la realizada el año pasado. Este es otro de los problemas que la crítica tiene que enfrentar y eso dinamizaría el trabajo de los galeristas, el que debe ser riguroso, específicamente en el caso de cuando repiten a un artista en tan poco tiempo. La crítica está para ayudar y no para subvalorar, sobre ella recae la responsabilidad social del trabajo del arte y ésta estriba en que si un galerista no hace un buen trabajo, no puede ponerse bravo porque se diga. 

No me explico por qué Museo Nacional de Bellas Artes le compró a un artista como a Bejarano una obra inferior cualitativamente a su repertorio anterior, como es el caso del Martí con la florecita, ¿qué me dice esa figura? Considero acertado el hecho de incluirlo como artista a la colección de Museo, porque él es un excelente artista, pero el crítico no tiene que juzgar su oficio, sino a qué nivel está llegando la poética de ese artista.  

Parto ejemplificando con un artista que es mi amigo, pero no excluyo  mi derecho de hacer un análisis desde el campo de la teoría del arte. Si yo fuera a hacer un ensayo reflexivo sobre la poética de este artista tendría que hacerle este señalamiento como lo haría también de Diago, el artista tiene que saber, si va a hacer instalación, que la instalación es el arte del espacio, tiene que salir de la bidimensionalidad y convertir el espacio en arte, sino la instalación no funciona como arte. 

La crítica de arte es una práctica cultural de la estética, como decía Antonin Artaud, si un critico no tiene una formación teórica sólida no puede ser un buen critico. La teoría del arte es el sustento de todo trabajo artístico sólido, es inagotable. 

Rufo Caballero:

Es un poco simplista pensar que la crítica tenga mayor o menor valor porque hable bien o porque se opone a las cosas. Creo que la crítica tiene que ser autorizada, respetable. 

También hay que respetar el espacio de escogencia que tiene el crítico, si tú tienes un trabajo cada tres meses en una revista especializada, estás trabajando en un libro y eventualmente haces una reseña ¿cómo vas a escoger las malas exposiciones que te rodean?, hay que considerar  la crítica por omisión o por silencio. 

Nos hemos referido poco a la Institución. Tomemos la revista Arte Cubano, por ahí han pasado todas las generaciones de editores y críticos, ahí han escrito todos y la revista sigue igual de mala. Han estado los editores más variopintos: David Mateo, Alex Fleites, Yissel Arce y la revista sigue siendo mala. ¿De qué habla esto? ¿Es exactamente la crítica, la política editorial o un problema de cúpula?