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A la raza indígena humillada durante siglos; a los soldados convertidos en verdugos por los pretorianos; a los obreros y campesinos azotados pro la avaricia de los ricos; a los intelectuales que no estén envilecidos por la burguesía. La asonada militar de Enrique Estrada
y Guadalupe Sánchez (los más significativos enemigos de las aspiraciones
de los campesinos y de los obreros de México) ha tenido una importancia
trascendental de precipitar y aclarar de manera clara la situación social
de nuestro país, que por sobre los pequeños accidente y aspectos de orden
puramente políticos es correctamente la siguiente. De
un lado la revolución social más ideológicamente organizada que nunca,
y del otro lado la burguesía armada: soldados del pueblo, campesinos
y obreros armados que defienden sus derechos humanos contra soldados del
pueblo arrastrados con engaños o forzados por jefes militares políticos
vendidos a la burguesía. Del
lado de ellos, los explotadores del pueblo, en concubinato con los
claudicadotes que venden la sangre de los soldados del pueblo que les
confiara la Revolución. Del
nuestro, los que claman por la desaparición de un orden envejecido
y cruel, en el que tú, obrero del campo, fecundas la tierra para que su
brote se lo trague la rapacidad del encomendero y del político, mientras
tu revientas de hambre; en el que tú, obrero de la ciudad, mueves las
fábricas, hilas las telas y formas con tus manos todo el confort moderno
para solaz de las prostitutas y de los zánganos mientras en ti mismo se te
rajan las carnes de frío; en el que tú soldado indio, pro propia voluntad
heroica abandonas las tierras que laboras y entregas tu vida sin tasa
para destruir la miseria en que siglos han vivido las gentes de tu raza
y de tu clase para que después un Sánchez o un Estrada inutilicen la dádiva
grandiosa de tu sangre en beneficio de las sanguijuelas burguesas que
chupan la felicidad de tus hijos y te roban el trabajo de la tierra. No sólo todo lo que es trabajo noble,
todo lo que es virtud es don de nuestro
pueblo (de nuestros indios muy particularmente), sino la manifestación
más pequeña de la existencia física y espiritual de nuestra raza como
fuerza étnica brota de él, y lo que es más su facultad admirable y extraordinariamente
particular de hacer belleza: el arte del pueblo de México
es la manifestación espiritual más grande y más sana del mundo y su tradición
indígena es la mejor de todas. Y es grande precisamente porque siendo
popular es colectiva, y es por eso que nuestro objetivo estético fundamental
radica en socializar las manifestaciones artísticas tendiendo a la desaparición
absoluta del individuo por burgués. Repudiamos la pintura llamada de caballete
y todo arte de cenáculo ultra intelectual por aristocrático y exaltamos
las manifestaciones de arte monumental por ser de utilidad pública. Proclamamos que toda manifestación estética
ajena o contraria al sentimiento popular es burguesa y debe desaparecer
porque contribuye a pervertir el gusto de nuestra raza, ya casi completamente
pervertido en las ciudades. Proclamamos que siendo nuestro momento social
de transición entre el aniquilamiento de un orden envejecido y la implantación
de un orden nuevo, los creadores de belleza deben esforzarse porque su
labor presente un aspecto claro de propaganda ideológica en bien del pueblo,
haciendo del arte, que actualmente es una manifestación de masturbación
individualista, una finalidad de belleza para todos, de educación y de
combate. Porque sabemos muy bien que la implantación
en México de un gobierno burgués traería consigo la natural depresión
en la estética popular indígena de nuestra raza, que actualmente no vive
más que en nuestras clases populares, pero que ya empezaba, sin embargo,
a purificar los medios intelectuales de México; lucharemos
por evitarlo porque sabemos muy bien que el triunfo de las clases
populares traerá consigo un florecimiento unánime de arte étnica, cosmogónica
e históricamente trascendental en la vida de nuestra raza, comparable
al de nuestras admirables civilizaciones autóctonas; lucharemos sin descanso por conseguirlo. El triunfo De la Huerta, de Estrada
o de Sánchez, estética como socialmente, sería el triunfo del gusto de
las mecanógrafas: la aceptación criolla y burguesa (que todo lo corrompe)
y de la música, de la pintura y de la literatura popular, reinado de los
“pintoresco” del “Kewpie” norteamericano y la implantación oficial de
“l’amore o come zuchero” . El amor es como el azúcar. En consiguiente la revolución en
México prolongará el dolor del pueblo y deprimirá su espíritu admirable. Con anterioridad los miembros del Sindicato de Pintores y Escultores nos adherimos
a la candidatura del general don Plutarco Elías Calles, por considerar
que su personalidad definitivamente revolucionaria garantizaba en el Gobierno
de la república, más que ninguna otra, el mejoramiento de las clases productoras
de México, adhesión que reiteramos en estos momentos con el convencimiento
que nos dan los últimos acontecimientos políticos-militares, y posponemos
a la disposición de su causa, que es la del pueblo en la forma que nos requiera. Hacemos
un llamamiento general a los intelectuales revolucionarios de México para
que, olvidando su sentimentalismo y zanganería proverbiales por más de
un siglo, se unan a nosotros en la lucha social y estético-educativa que
realizamos. En
nombre de toda la sangre vertida por el pueblo en diez años de lucha y
frente al cuartelazo reaccionario, hacemos un llamamiento urgente a todos
los campesinos, obreros y soldados revolucionarios de México para que,
comprendiendo la importancia vital de la lucha que se avecina, y olvidando
diferencias de táctica, formemos un frente único para combatir al enemigo
común. Aconsejamos
a los soldados rasos de pueblo que, por desconocimiento de los acontecimientos
y engañados por sus jefes traidores están a punto de derramar la sangre
de sus hermanos de raza y de clase, mediten en que con sus propias armas
quieren los mistificadores arrebatar la tierra y el bienestar de sus hermanos
que la Revolución ya había garantizado con las mismas. Por el proletariado del mundo. El secretario general: David Alfaro Sequeiros El primer vocal: Diego Rivera El segundo vocal: Xavier Guerrero;
Fermín Revueltas, José Clemente Orozco, Ramón Alva Guadarrama, Germán
Cueto, Carlos Mérida. El
Machete, México, 1923 |
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