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Sueños: principio de un viaje A propósito de la muestra del mismo nombre en la Fototeca de Cuba Por: Mabel Llevat Desde una perspectiva literaria, el cronotopo del viaje o del "camino" como apuntara Mijail Bajtín, es el sitio de los cruces inesperados, de los encuentros entre personas o situaciones que normalmente se hallan distanciadas por la jerarquía social o la lejanía espacial. El viaje activa la noción de límite o frontera, los intersticios interespaciales líquidos, terrestres o gaseosos se convierten en diferentes escenarios con multitud de focos que se van sucediendo partir del cruce de una frontera, a partir de un espacio de salida que presupone la existencia de otro espacio de llegada. En el devenir plástico de la isla todos los motivos
referentes al viaje se han convertido en iconos recurrentes, pero esta
es una temática que ciertamente puede manejarse desde disímiles
maneras. Un ejemplo es las constantes alusiones al mar desde las bellísimas
y abstractas Aguas Territoriales de Luis Martínez Pedro, las olas
en las que la fotógrafa Marta María Pérez hunde la
cabeza como avestruz, hasta las sensuales olas que Mendive entreteje con
diferentes personajes y deidades religiosas o las Aguas Baldías
de Manuel Piña que parecen tragarse cualquier vida que osara aventurarse
en ellas. Otra de las motivaciones de tránsito ha sido la de los artistas en busca de nuevas zonas de confrontación para su arte. No pocos fueron los poetas que como Julián del Casal, expresaron como solución a su hastío y a sus ansias de inspiración romántica, la necesidad de viajar a otras tierras de fabulosos paisajes. José Martí, el fotógrafo, retrata el sueño del viaje o el sueño como forma primera de un viaje. No el letargo de ensoñación que sustituye realidades y acumula frustraciones, sino la quimera lúdica de un niño que asalta todos los anhelos con la energía e ingenuidad del que comienza y nada ha visto. El niño que por la sola fuerza con que ha lanzado su avión de juguete, parece ganarse el derecho de verlo convertido en objeto real, en mole ruidosa, espectáculo de las alas sobre ciudades diminutas que desaparecen y reaparecen entre las nubes.
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