Sueños: principio de un viaje
A propósito de la muestra del mismo nombre en la Fototeca de Cuba
Por: Mabel Llevat

Desde una perspectiva literaria, el cronotopo del viaje o del "camino" como apuntara Mijail Bajtín, es el sitio de los cruces inesperados, de los encuentros entre personas o situaciones que normalmente se hallan distanciadas por la jerarquía social o la lejanía espacial. El viaje activa la noción de límite o frontera, los intersticios interespaciales líquidos, terrestres o gaseosos se convierten en diferentes escenarios con multitud de focos que se van sucediendo partir del cruce de una frontera, a partir de un espacio de salida que presupone la existencia de otro espacio de llegada.

En el devenir plástico de la isla todos los motivos referentes al viaje se han convertido en iconos recurrentes, pero esta es una temática que ciertamente puede manejarse desde disímiles maneras. Un ejemplo es las constantes alusiones al mar desde las bellísimas y abstractas Aguas Territoriales de Luis Martínez Pedro, las olas en las que la fotógrafa Marta María Pérez hunde la cabeza como avestruz, hasta las sensuales olas que Mendive entreteje con diferentes personajes y deidades religiosas o las Aguas Baldías de Manuel Piña que parecen tragarse cualquier vida que osara aventurarse en ellas.

Y es que desde los inicios, la historia de Cuba esta asociada a los viajes. La travesía que provoca el encuentro de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de la isla, fue la de tres hombres en el mar a la deriva. El mar es una aparente tierra de nadie, sin jerarquías, pero realmente esconde desde antaño, las rutas codificadas por el comercio. Las estructuras económicas que fueron implantando el comercio del azúcar, el café, el cacao o el índigo como motivos multiplicadores de viajes y de introducción de esclavos.

Otra de las motivaciones de tránsito ha sido la de los artistas en busca de nuevas zonas de confrontación para su arte. No pocos fueron los poetas que como Julián del Casal, expresaron como solución a su hastío y a sus ansias de inspiración romántica, la necesidad de viajar a otras tierras de fabulosos paisajes.

José Martí, el fotógrafo, retrata el sueño del viaje o el sueño como forma primera de un viaje. No el letargo de ensoñación que sustituye realidades y acumula frustraciones, sino la quimera lúdica de un niño que asalta todos los anhelos con la energía e ingenuidad del que comienza y nada ha visto. El niño que por la sola fuerza con que ha lanzado su avión de juguete, parece ganarse el derecho de verlo convertido en objeto real, en mole ruidosa, espectáculo de las alas sobre ciudades diminutas que desaparecen y reaparecen entre las nubes.