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AURORA DÍAZ VALDIVIA |
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| La artista con uno de sus tapices al fondo |
Martha
Le Parc nos propone una gran interrogante para
dialogar con su obra, una dualidad conceptual
que tiene sus referentes en la postura estética
adoptada por Martha
Le Parc estudió varios años en Quizás
se pueda pensar que su inspiración más directa
esté asociada a la obra de su esposo, el reconocido
artista cinético Julio Le Parc, tal vez por el
uso de la geometría, el trabajo de la luz y el
fuerte contraste de colores. Pero la búsqueda
de Martha está en las obras anónimas de los artesanos
de todo el mundo, sobre todo de Latinoamérica,
y a ellos dedica sus creaciones. Según sus palabras: Yo sigo este sueño en
mi estudio con mis
cintas y mis
pedacitos de cosas
inusuales, para recrear, para hacer vivir
una reclamación por
el fruto de mis
manos (herramientas de
mi mente), el valor de
millones y millones de
otras manos
anónimas. Ignorante de todas estas cosas, humilde
y callado, dedico mi
trabajo. Detrás de esa aparentemente simple composición –sobre
todo en los tapices– se evidencia una investigación
detallada del arte popular y la artesanía del
continente. Aunque difieran en las técnicas utilizadas,
algunas de las piezas de Martha se asemejan a
los tapices de Perú y Ecuador, e incluso, hasta
le adiciona -como en aquellos- el distintivo toque
de las incrustaciones de objetos que enriquecen
el sentido de la pieza. Se puede también apreciar
el gusto por la geometría de las formas y la utilización
de llamativos colores como en los paños elaborados
en algodón de Nicaragua, Guatemala y México, por
solo citar algunas muestras que posee la colección
de Casa de las Américas. Hasta en el caso de las
molas panameñas, que pudieran parecer habilidades
muy diferentes en lograr la yuxtaposición de telas,
al final, en la planimetría de la obra, se logra
una perfecta armonía de forma y color. Para Julio Le Parc: son todas creaciones. En vez de pigmentos,
utiliza los colores que
eligen los tejidos, cintas, encajes, tules, plumas, piedras, etc. Esto le da a las superficies suntuosas y bellas que
se aferran a las
paredes como cuadros. Ella tiene un
gusto, una ciencia en el
uso de armonías
de color, las formas, las maravillas de trabajo para el ojo del espectador. Su
interesante labor en tapices y collages, lo que
la artista ha denominado “arte textil”, se nutre
de dos fuentes diferentes. Como dirían algunos
teóricos, transita de lo culto a lo popular y
viceversa, y no crea ningún “ruido estético” en
el camino. La estética de Martha navega pues en
dos aguas, bebe de dos mundos que difieren, pero
que a su vez se tocan entre ellos. Martha conoce
de ambos y extrae los conocimientos, la sabiduría
y sus creaciones para componer su propia invención. Por
una parte la artista ha manifestado su conexión
ideoestética con la Escuela de la Bauhaus y la
simpatía con las obras geométricas de Klee, Mondrian,
Kandisky, Joseph y Anni Albers. Esta última, más
cercana a su producción textil, con sus tapices
de los años veinte, cuando era profesora y pertenecía
a la nómina de artistas de la Bauhaus. Por otro
lado, se impone el espíritu de Martha y su idiosincrasia
al afianzar sus raíces latinoamericanas, natural
de Argentina, aunque haya vivido más tiempo de
su vida en París. Amante y admiradora de las culturas
populares de Latinoamérica y el Caribe, en su
obra se respira esta feliz armonía, y más allá
de una elaboración artesanal, Martha se distingue
por el minucioso trabajo de conceptualizar retazos
de tela. * Palabras al catálogo de la muestra Martha Le Parc: ¿artista o artesana?, inaugurada en la Galería Mariano de la Casa de las Américas, 13 de febrero de 2013.
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