República Dominicana en la Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría

Fernando Ureña Rib - de la serie El grito- 1975

 

Para comprender los estrechos lazos que por décadas han propiciado el reconocimiento mutuo entre las diversos países que conforman el Caribe hispano, esas islas hermanas… se ha de buscar no solo en las expresiones culturales y la lengua común, si no en la historia y el devenir de sus proyectos nacionales.

En el caso particular de República Dominicana, su estrecha relación con Cuba a lo largo de los siglos ha signado el ir y venir de figuras relevantes tanto de índole histórica como artística. Posterior a la era trujillista y conforme al rumbo de Cuba como guía para el pensamiento y el movimiento de izquierda latinoamericana, así como de la defensa de una cultura auténtica de los pueblos latinomericanos, la Casa de las Américas convoca durante los años setenta una serie de eventos llamados Encuentros de Plástica Latinoamericana que nucleó lo más avanzado del arte regional de la época. Indiscutiblemente, la tercera edición, en 1976, sería decisiva para la presencia caribeña, y especialmente dominicana, en la Isla y por supuesto en la Casa. En dicha ocasión participaron los artistas: Ramón Oviedo, Fernando Peña Delfillo, Ada Balcácer, Danilo de los Santos, Silvano Lora, y la destacada crítica Marianne de Tolentino.

Desde ese momento, la institución acogería la obra de algunos de los artistas más destacados de ese país que llegaron a formar parte de la colección de la Casa, entre ellos, Fernando Ureña Rib, Belkis Ramírez, Cándido Bido, Wilfredo García, Rosa Tavarez. Esta última, realizaría en 1986 la muestra Los ancestros: un conjunto de grabados en metal en ocasión del Encuentro de Arte Rupestre que tuvo lugar ese año. Asimismo, en el año 2000, Silvano Lora presentaría su exposición Mutaciones, compuesta por un grupo de piezas en la que la estética del reciclaje (hojalata, pigmentos, madera, alambres) era el centro de atención. Finalmente, en 2003, La metamorfosis de los dioses del dominicano, residente en Nueva York, Hochi Asiático, presentaría como un “ambiente” instalativo en el que el espectador estaba llamado a sumergirse.  

Las obras que presentamos, pertenecientes a la Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría de la Casa, hacen del fragmento una posibilidad: aproximarnos, de a poco, a una nación mestiza, la mitad de una isla cuya cercanía nos atrae, ya por compartir el clima, diversas sonoridades, el habla, el baile, la idiosincrasia… en fin, la cultura como un todo indivisible.