Para
comprender los estrechos lazos que por décadas han propiciado el reconocimiento
mutuo entre las diversos países que conforman el Caribe hispano, esas islas
hermanas… se ha de buscar no solo en las expresiones culturales y la lengua
común, si no en la historia y el devenir de sus proyectos nacionales.
En
el caso particular de República Dominicana, su estrecha relación con Cuba a lo
largo de los siglos ha signado el ir y venir de figuras relevantes tanto de
índole histórica como artística. Posterior a la era trujillista y conforme al
rumbo de Cuba como guía para el pensamiento y el movimiento de izquierda
latinoamericana, así como de la defensa de una cultura auténtica de los pueblos
latinomericanos, la Casa de las Américas convoca durante
los años setenta una serie de eventos llamados Encuentros de Plástica
Latinoamericana que nucleó lo más avanzado del arte regional de la época. Indiscutiblemente,
la tercera edición, en 1976, sería decisiva para la presencia caribeña, y
especialmente dominicana, en la Isla y por supuesto en la Casa. En dicha ocasión
participaron los artistas: Ramón Oviedo, Fernando Peña Delfillo,
Ada Balcácer, Danilo de los Santos, Silvano Lora, y la destacada crítica Marianne
de Tolentino.
Desde
ese momento, la institución acogería la obra de algunos de los artistas más
destacados de ese país que llegaron a formar parte de la colección de la Casa,
entre ellos, Fernando Ureña Rib, Belkis Ramírez, Cándido Bido, Wilfredo García, Rosa Tavarez. Esta última, realizaría en 1986 la muestra Los ancestros: un conjunto de grabados
en metal en ocasión del Encuentro de Arte Rupestre que tuvo lugar ese año. Asimismo,
en el año 2000, Silvano Lora presentaría su exposición Mutaciones, compuesta por un grupo de piezas en la que la estética
del reciclaje (hojalata, pigmentos, madera, alambres) era el centro de atención.
Finalmente, en 2003, La metamorfosis de
los dioses del dominicano, residente en Nueva York, Hochi Asiático, presentaría como un “ambiente” instalativo en el que el espectador estaba llamado a sumergirse.
Las
obras que presentamos, pertenecientes a la Colección Arte de Nuestra
América Haydee Santamaría de la
Casa, hacen del fragmento una posibilidad: aproximarnos, de a
poco, a una nación mestiza, la mitad de una isla cuya cercanía nos atrae, ya
por compartir el clima, diversas sonoridades, el habla, el baile, la
idiosincrasia… en fin, la cultura como un todo indivisible.