Centroamérica es una de las regiones más ricas en el conjunto de culturas de nuestro continente. Sin embargo, el caso de Guatemala y la presencia ineludible del legado Maya en su devenir como pueblo y cultura, constituye un ejemplo insoslayable en ese camino de resistencia y de luchas por sus derechos sociales que las diversas comunidades y etnias de la región han venido desarrollando en el último siglo.
Por otro lado, es importante recordar que el arte vanguardista de los años veinte en Latinoamérica encontró precisamente en la memoria histórica y las referencias a la cultura tradicional de los diferentes países, el material necesario para erigir una mirada propia en la construcción de su identidad: una identidad diversa y plurinacional de claro arraigo popular. Así, los textiles mayas que tanto han maravillado a quienes los adquieren para su uso diario o como parte de colecciones privadas e institucionales, encontraron cabida también en la Colección Arte de Nuestra América de la Casa, y se han exhibido por muchos años en la Galería Mariano de la institución, como expresión de la riqueza de técnicas, color, diseño y utilidad que puebla esta antiquísima tradición.
Sin embargo, en rápida ojeada a la memoria de las exposiciones realizadas en la Casa en su más de medio siglo de existencia, habría que señalar tres momentos importantes, aunque no los únicos, que afirman la presencia del arte guatemalteco en la Isla. En efecto, en 1987, la Galería Latinoamericana de la institución acogería más de cincuenta grabados de diversos artistas guatemaltecos pertenecientes a la colección del pintor y ceramista guatemalteco Zipacná de León, quien ejerció una influencia en el arte y las instituciones de ese país hasta su muerte en 2002, desde la creación a la investigación, del magisterio al mecenazgo. Asimismo, en 1995, un gran exponente del arte chapín exhibiría en la Casa: Elmar René Rojas. Figura ineludible dentro de la creación regional, la muestra presentada acá nos legaría varias piezas (dibujos y pintura) representativas de su quehacer. Luego, en 1996, como parte del Premio Ensayo Fotográfico, llegaría a la Casa el destacado fotógrafo Luis González Palma, quien impartió un taller internacional titulado Manipulación de la imagen fotográfica y un año más tarde regresaría a realizar una muestra personal. De ahí, su magnífica imagen La rosa (1989) pasaría a los fondos de fotografía de la institución y sería incluida en diversas exposiciones posteriores como el Año Fotográfico (abril, 2013-marzo,2014).
Ahora bien, es apreciable cómo la nómina de artistas guatemaltecos es variada en cuanto a estilos y manifestaciones, por ello la sección gráfica de la colección ha visto un crecimiento discreto y paulatino de sus fondos, a través de eventos como La Joven Estampa, donde el grabado en sus múltiples vertientes devino centro de atención. En este sentido las obras de figuras como Marlov Barrios, Norman Morales, Plínio Villagrán han sido adquisiciones más recientes.
Sin embargo, estas nuevas hornadas han de verse como continuadores de un legado creativo que sigue el camino abierto por otras generaciones como las de Rina Lazo, Rodolfo Abularach y, más recientemente, Darío Escobar. Cada una de ellos, desde una búsqueda personal, han reflexionado sobre el ser guatemalteco, su historia, contexto político-social y cultura, con entrega y honestidad. Fieles testigos de su tiempo.