Memorias de un encuentro: la Exposición de La Habana de 1971

Lisset Yllañez Fernández

Lisandra Yllañez Fernández

Los fructíferos intercambios culturales que ha desarrollado Cuba con los países latinoamericanos develan un intento por fortalecer las relaciones entre naciones erigidas sobre bases históricas y culturales comunes. En este empeño donde se desdibujan fronteras a través de las creaciones artísticas, destaca la labor desplegada por Casa de las Américas, institución que se erige como pilar fundamental en la edificación de puentes culturales entre los territorios del área. Como parte del quehacer desplegado por la entidad se concibió, desde su fundación, un plan de acciones encaminado a propiciarle al arte del continente una plataforma para su desarrollo. En correspondencia con dicha misión, la Casa ha desplegado una serie de proyectos orientados a estimular la actividad creativa de exponentes de las más variadas expresiones artísticas, tales como la literatura, el teatro, las artes plásticas y la música; todo ello articulado a través de un amplio programa de exposiciones, seminarios, premios y encuentros que impulsan el intercambio y testimonian el sostenido interés por promover y preservar la cultura del territorio americano principalmente.

Confirmación axiomática de la vasta labor desempeñada en este sentido es la sostenida presencia de creadores y obras de diversas regiones del mundo que se han dado cita en el marco de la institución cubana. En este sentido destaca Chile como una de los países cuya intervención en los mencionados certámenes adquiere un lugar fundamental. Las fraternales relaciones y la activa colaboración mantenida por el territorio andino con la Casa han favorecido la asistencia de sustanciales figuras de su escena artística en múltiples eventos organizados en Cuba, así como la existencia de más de seiscientas obras de arte representativas de la producción plástica chilena en los fondos de la Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría. [1]

La intervención de artistas chilenos en la Isla constituye un fenómeno que ha formado parte de las historias, tangenciales en muchos puntos, de las dos naciones americanas. El sentido de identificación de los creadores del país suramericano con la mayor de las Antillas se ha evidenciado en el constante intercambio establecido en el plano cultural y más allá de este. A decir del Excelentísimo Señor Rolando Drago Rodríguez, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Embajada de Chile en Cuba desde el año 2010 hasta junio de 2014:

La vinculación en el campo de la cultura entre Chile y Cuba ha sido tradicionalmente muy intensa e innovadora, y se extiende a todo el quehacer cultural. No existe evento en este sector que se realice en la isla en el que Chile no haya estado presente. En la plástica es reiterativa esta característica, y el público cubano ha apreciado muy positivamente el trabajo de nuestros artistas. [2]

Sin lugar a dudas, el vínculo de los autores chilenos con el acontecer sociocultural cubano halló un vehículo altamente favorecedor a partir de la creación de Casa de las Américas, dadas las múltiples oportunidades de participación e intercambios que esta institución comenzó a desarrollar desde sus primeros años de trabajo. De este modo, los certámenes artísticos emprendidos por Casa de las Américas han sido el espacio idóneo para aglutinar empeños de creadores de toda América Latina, y Chile no ha sido una excepción. La inserción de artistas del país andino en los eventos convocados por la Casa quedó inaugurada durante el desarrollo del Primer Concurso Latinoamericano de Grabado, organizado en el año 1962. En esa fecha se congregaron en la capital cubana las obras de cuatro figuras representantes del territorio sureño, ellos fueron: Carlos Hermosilla, E. Guerra Villar, Medardo Espinoza y Aldo Bravo. Desde entonces, la integración y la activa asistencia en los acontecimientos se manifiestó en áreas diversas. Así, los artistas chilenos intervinieron en calidad de concursantes, como jurados de los certámenes o como creadores invitados por la institución para realizar exposiciones personales o participar de muestras colectivas.

En el diagrama de los momentos en los cuales se ha suscrito el arte chileno en la escena cultural cubana y los intercambios sostenidos desde el plano de la creación artística, emerge, como un elemento de imprescindible mención, la Exposición de La Habana del año 1971. Dicho certamen representa una clave fundamental en el recuento del diálogo establecido entre Chile y Cuba a través de Casa de las Américas y en esa medida, merece un espacio de meritoria atención dada la connotación que adquirió en lo referente a la solidificación de los lazos culturales entre ambos países y, específicamente, debido a su estimable contribución al enriquecimiento de la Colección Arte de Nuestra América [3] con obras que, actualmente, se erigen como pilares de ese conjunto.

La realización del encuentro tuvo lugar entre los meses de julio y agosto del año 1971, cuando se agruparon en La Habana representantes de Casa de las Américas y del Instituto de Arte Latinoamericano de la Universidad de Chile. La reunión estuvo orientada a la organización de una exposición conjunta con artistas de las dos naciones. Además, en este espacio se decidió que las piezas incluidas en la muestra fueran donadas de forma recíproca entre ambos países. De este modo, las obras cubanas constituirían el aporte inicial en el proceso de conformación de un Museo de Arte Latinoamericano en Chile, mientras que las piezas chilenas pasarían a engrosar la Colección Arte de Nuestra América. Quedó así materializada una valiosa contribución que beneficiaría a ambas colecciones tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, en virtud del valor artístico palpable en los trabajos presentados en la mencionada exposición.

La muestra chileno-cubana fue inaugurada en Casa de las Américas el 28 de julio de 1971. La asociación de dos regiones latinoamericanas con el propósito común de concebir un proyecto donde, como resultado de la acción exhibitiva se intercambiaran las obras, representó un acontecimiento sin precedentes en el devenir histórico-artístico del continente. De manera que, si bien la donación en sí misma no constituía un suceso novedoso ya que desde el decenio anterior la institución cubana recibía por este concepto obras de artistas de toda la región, era la primera ocasión en que esta acción solidaria se expresaba como voluntad colectiva de gobiernos, autoridades culturales y creadores de dos pueblos hermanados en un propósito de mutuo beneficio cultural.

En el conjunto de obras presentadas por la parte cubana fueron incluidas cuarenta piezas (doce dibujos y veintiocho pinturas) resultantes del quehacer de veintiún autores de distintas generaciones actuantes en la escena artística cubana de aquel momento. Así, figuras de la talla de Mariano Rodríguez, Luis Martínez Pedro, Raúl Milián, René Portocarrero, Pedro de Oráa, Lesbia Vent Dumois, Adigio Benítez, entre otros, [4] se dieron cita en un encuentro enriquecido con una pluralidad de lenguajes que fueron desde la figuración hasta el arte abstracto. A decir de la profesora, investigadora y crítica de arte Adelaida de Juan, "la selección de la muestra no alcanzó el grado elevado de otras ocasiones", [5] sin embargo, la compilación aportó una visión general acerca del desarrollo de la actividad creadora en el campo de la plástica cubana, a partir de la multiplicidad de poéticas individuales que teñían el acontecer cultural en la Isla.

Por su parte, el conglomerado de artistas chilenos fue amplio y rico en cuanto a los niveles de representatividad mostrados en relación con la historia del arte de ese país. En este conjunto resaltó la presencia de exponentes jóvenes que, junto a los ya consagrados, expusieron con sus trabajos una panorámica de los trayectos asumidos por el arte chileno de la década del sesenta y los primeros meses de los años setenta. La cuantiosa nómina de veintiséis creadores representados con un grupo de cincuenta piezas distribuidas en tres manifestaciones –pintura (veintitrés), dibujo (once) y grabado (dieciséis)–, convierte a la exposición en un punto esencial en el diagrama del arribo de obras andinas al compendio cubano.

Entre las piezas aportadas por la nación suramericana para el evento se hacen perceptibles tres momentos cardinales dentro su devenir artístico, ellos son: el surrealismo, la abstracción y la llamada pintura de protesta. La primera de estas expresiones queda expuesta en la labor de Roberto Matta quien, como es sabido, estableció una relación estrecha y directa con el surrealismo europeo y se mantuvo a la vanguardia de dicha tendencia, a la vez que edificó una labor plástica muy particular.

La abstracción, por su parte, estuvo representada de la mano de figuras como Iván Vial y Ramón Vergara Grez, este último aparece como uno de los fundadores del reconocido "Grupo Rectángulo" [6] . En la obra de José Balmes se apreciaba la presencia del informalismo en la plástica chilena, mientras, el arte de protesta se vio representado en la labor de creadores como Gracia Barrios. Igualmente próximos a los tópicos políticos se mostraban las propuestas de Guillermo Núñez, Eduardo Martínez Bonatti y José Venturelli. Por su parte Roser Bru, Mario Toral y Ricardo Yrarrazábal, entre otros, aportaban con sus trabajos un acento si se quiere más lírico, bastante extendido en la pintura chilena. [7]

Por su parte, el evento homólogo al efectuado en La Habana que se realizara en Chile fue inaugurado el 30 de septiembre del propio año 1971 en el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile, sito en la capital de ese país. Con relación a este suceso Lisandro Otero, quien fuera Consejero cultural de la Embajada de Cuba en Chile, expresó: "Este es un paso más en todo un proceso de acercamiento que se refuerza a partir del restablecimiento de las relaciones con Chile." [8] Además de la muestra exhibida en Santiago de Chile, las piezas cubanas fueron expuestas igualmente en la ciudad de Concepción.

De manera general, la Exposición chileno - cubana de 1971 tuvo repercusiones múltiples. En opinión del estudioso chileno, Miguel Rojas Mix, el certamen distanció a los artistas de la enajenación en la que muchas veces se sumían y los ayudó a comprender las capacidades internas que cada uno de ellos poseía para contribuir al desarrollo y conservación de una cultura propia de la región latinoamericana. [9] Por demás, la Exposición de La Habana de 1971, representa el momento en que se inscribieron de manera conjunta el mayor volumen de obras provenientes de Chile a la Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría en tanto se incorporó a la colección aproximadamente el siete porciento del total de piezas chilenas actualmente conservadas en este espacio. Asimismo, esta acción bilateral fue la ocasión propicia en la que se acordó la realización anual, en Casa de las Américas, de lo que en el futuro inmediato sería denominado como los Encuentros de Plástica Latinoamericana.

El acontecimiento cultural demostró con creces que acciones de esa naturaleza permitirían aunar esfuerzos entre las naciones latinoamericanas para edificar y fortalecer sus respectivos acervos artísticos. En esta dirección, la muestra contribuyó al reconocimiento y exaltación de la cultura del continente y, a su vez, representó el ascenso en el camino hacia la conformación de colecciones y museos propios.



[1] La Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría de Casa de las Américas atesora un volumen de más de 16 000 obras erigidas como reflejos del sobresaliente papel desempeñado por la institución en favor del arte, esencialmente en Latinoamérica.

[2] Rolando Drago Rodríguez: "Palabras de Presentación", en Arte Chileno en colecciones cubanas. Museo Nacional de Bellas Artes y Casa de las Américas (Catálogo). Museo Nacional de Bellas Artes, Edificio de Arte Universal, La Habana, enero-marzo de 2014, p.7.

[3] Para la fecha en que tuvo lugar el encuentro –1971– la colección atesorada por Casa de las Américas recibía el nombre de Colección Arte de Nuestra América, no fue hasta el año 1984 que comenzara a ser llamada Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría, en merecido homenaje a quien fuera su fundadora y primera Presidenta de la institución.

[4] Además de los creadores mencionados estuvieron presentes en la muestra: Fayad Jamís, Raúl Martínez, Ernesto González Puig, Antonio Vidal, Salvador Corratgé, Juan Vázquez, René Ávila, Eduardo Abela Alonso, Carmelo González, Manuel López Oliva, Félix Beltrán, Alberto Carol, Mario Gallardo, Raúl Santos Serpa.

[5] Adelaida de Juan: "Exposición de La Habana 1971 (chileno -cubana)", en Casa de las Américas, La Habana, No. 69, noviembre- diciembre, 1971, p. 189.

[6] El Grupo Rectángulo, conformado por Luis Droguett, Gustavo Poblete, Ramón Vergara Grez y Waldo Vila, fue fundado en Santiago de Chile en la década de los años cincuenta, aglutinando a creadores que se consideran iniciadores de una producción artística chilena en sintonía con las más avanzadas tendencias internacionales de su tiempo, en este caso, adscrita al lenguaje de la abstracción.

[7] Además de los mencionados en el texto, integraron la nómina de artistas chilenos: Juan Bernal Ponce, Valentina Cruz, Delia del Carril, Dino Di Rosa, Julio Escamez, Eduardo Garreaud, Patricia Israel, Alberto Pérez, Nelson Leiva, Aníbal Ortiz Pozo, Carmen Jhonson, Helga Krebbs, Ilya Manes, José Moreno y Carlos Peters.

[8] El Siglo (Santiago de Chile), 1 de octubre de 1971. Dossier Exposición de La Habana 1971.

[9] Cfr. Miguel Rojas Mix: "Exposición de La Habana 1971 (chileno -cubana)", en Casa de las Américas (La Habana) No. 69, noviembre- diciembre, 1971. p. 187.