Presencia femenina en el Premio Ensayo Fotográfico, Casa de las Américas 

LOURDES BENIGNI RODRÍGUEZ
Directora, departamento Artes Plásticas

Desde su fundación en 1959, la Casa de las Américas ha valorado a la fotografía en un programa de investigación y promoción, dando espacio al ascendente protagonismo experimentado por esta expresión en las artes visuales. Imágenes y autores diversos han ofrecido un amplio panorama del arte fotográfico latinoamericano: desde Manuel Álvarez Bravo, Martín Chambi y sus contemporáneos, hasta las nuevas propuestas de Luis González Palma, pasando por José Medeiros, Nacho López, Raúl Corrales, Graciela Iturbide, Luis Brito, Korda, Walter Firmo, Annemarie Heindrich, Pedro Meyer, Nair Benedicto, Pablo Ortiz Monasterio, Eduardo Gil, Vladimir Sersa, Constantino Arias, Paz Errázuriz, Cassio Vasconcelos y Edgar Moreno, por sólo citar algunos. Asimismo se han realizado exposiciones de autores no latinoamericanos como Eugéne Atget, Lewis Hine, Tina Modotti, René Burri y Robert Rauschemberg. 

De algún modo comparable a la escritura, es la fotografía una importante adquisición de la cultura. Como aquella, la fotografía permite retener, fijar y al cabo legar, recordar. La fotografía documental, en nuestros días venida a menos por los circuitos de circulación del arte, sigue siendo estimada y de algún modo vivificada, en un evento como el Premio Ensayo Fotográfico de nuestra institución. En 1981 tuvo lugar la primera edición del evento, entonces bajo el nombre de Premio de Fotografía Contemporánea Latinoamericana y Caribeña. Desde esa fecha se han realizado ocho ediciones del evento en las que se han desempeñado como jurados las fotógrafas Paz Errázuriz (Chile), Graciela Iturbide (México) y Nair Benedicto (Brasil). 

El Premio Ensayo Fotográfico convoca a los fotógrafos latinoamericanos y caribeños a participar con un conjunto de imágenes que articulen un discurso coherente sobre un tema de la realidad latinoamericana, entendida en toda la amplitud de sus manifestaciones. El cometido de vincularse a esa realidad, permite abarcar desde los conflictos que atraviesan al individuo hasta los ensayos más apegados al contexto social de nuestros países. Por su parte, las imágenes oscilan entre el documentalismo y la experimentación. Los ensayos premiados, los temas desarrollados por los concursantes y las diferentes maneras de aprehender la realidad en las ocho convocatorias, resultan sintomáticos de los fenómenos que han sido recurrentes en la fotografía latinoamericana sin distinción de género. Cada edición se presenta como una puesta en escena, signada por fragmentos de una realidad que acontece, en un tiempo y un espacio común. 

En lo que concierne a la presencia femenina en el concurso, se verifica, sobre todo en la presente década, una participación creciente de fotógrafas, especialmente de países que detentan  una fuerte tradición fotográfica como Argentina, Brasil y México.  

Por primera vez, se premia a una fotógrafa en la edición de 1990. El jurado   integrado por Nair Benedicto (Brasil), Mario Díaz Leyva (Cuba), Graciela Iturbide (México), Raúl Pérez Ureta (Cuba) y Vladimir Sersa (Venezuela) otorgó el  premio a la autora puertorriqueña Sandra Reus, con el ensayo Belleza En Carnada, que cuestiona desde una perspectiva de género la asimilación de la mujer a un símbolo de belleza y sensualidad.  

El lente enfoca sabiamente, desde adentro, a las adolescentes que buscan el Miss para alcanzar reconocimiento social. Apoya su labor gráfica con testimonios no menos dramáticos que las imágenes que concibió para su trabajo y que hacen reflexionar al espectador y siembran en él la inconformidad con esos desfiles de “animalitos hermosos” y “apetecibles”.  

En esa misma edición, recibió mención el ensayo La cárcel de mis sueños, de la fotógrafa mexicana Vida Yovanovich. Con sentido desgarramiento nos ofrece la vejez en toda su crudeza. Como atendiendo a un impulso de identificación, se trata siempre de la vejez femenina, de su soledad, de los cuerpos flácidos que hablan del paso del tiempo y la cercanía de la muerte.  

Con similar sensibilidad hacia el tema de la vejez,  Lissette Solórzano presentó al evento, el ensayo Fantasmas efímeros, que fue seleccionado a muestra en la edición de 1994. Así, una vez más la soledad y la muerte aparecen asociadas a la ancianidad. De modo que, aunque desde perspectivas diferentes, se advierte una confluencia de miradas hacia una problemática de la existencia humana de implicaciones alarmantes en nuestros días. 

Como la problemática de la vejez, motivan los ensayos otras preocupaciones relacionadas con sectores laterales de la sociedad. De ese modo, una de las autoras que fue seleccionada a muestra en la edición de 1994, la argentina Helen Marie Zout, trata la  marginalidad con un sentido de denuncia política y social. Una vez más la fotografía en función de dar cuenta de esas zonas irrepresentables de  la realidad y, en alguna medida, intento de movilizar su pretendida estabilidad, con la representación de estos sectores que, en palabras de la autora: 

... son los que no se pudieron integrar al sistema. Por ello son confinados a hospitales, institutos de menores y a cárceles. En estos lugares quedan encerrados para que la sociedad no los vea, y al no verlos, no se confronte con la realidad.

El jurado de la edición de 1994, integrado por Alberto Díaz Korda (Cuba), Paz Errázuriz (Chile) y Edgar Moreno (Venezuela) entregó una mención única a la fotógrafa mexicana Frida Hartz  “...por su capacidad para reflejar una arista de la realidad actual de América Latina con plasticidad refinada y gran poder de comunicación”. El ensayo La pólvora maya registra el conflicto centroamericano que significó el proceso de pacificación en Guatemala y el conflicto chiapaneco. Aun cuando referido a una problemática sociopolítica, en este ensayo se advierte también un énfasis en la situación de la mujer en ese contexto, testificando y dimensionando su valeroso rol. 

La edición de 1996, contó como jurados a Raúl  Corrales (Cuba), Luis González Palma (Guatemala) y Eleazar Zamora (México) otorgó dos menciones  a las fotógrafas: Mayu Mohana, del Perú y Ana Aslán, de Argentina. 

La primera intitula su trabajo El pan nuestro y desarrolla su discurso a partir de otros de los temas que con mayor frecuencia aborda la fotografía latinoamericana: la religiosidad popular. Conviene destacar que la autora centra su atención, más que en el fenómeno de la devoción y el rito, en lo más íntimo del ser humano. La religión así, deviene medio para poner en discurso cuestiones vitales al hombre, inherentes a su existencia misma. 

Por su parte, Ana Aslán presentó el ensayo Resistencia guatemalteca acerca de la sobrevivencia de los refugiados de Guatemala en territorio mexicano. 

En ambos casos se trata de fotografía documental sobre temas de orden social, y, sin embargo, vuelve a ser significativa la presencia de la mujer. Resulta sintomático que la visión del dolor, la pobreza, la sobre-vivencia sean expresadas desde la mujer como sujeto de estos padecimientos. Por otra parte, se evidencia una intención por comunicar lo que significan estos fenómenos sociales pero en su repercusión para el individuo. 

En la edición de 1998,  fue laureada la fotógrafa cubana Niurka Barroso, con el ensayo Génesis. El jurado integrado por José Avilés (Ecuador), José A. Figueroa (Cuba) y Pablo Ortiz Monasterio (México) le otorgó el premio argumentando que “la autora enfrenta de forma valiente y directa un drama humano antiguo y esencial: la lucha por la vida, convocando al espectador a mirar desde adentro un mundo de dolor y angustia, pero también de solidaridad. En este caso, sin lugar a dudas, la fotógrafa apuesta por la vida”. Ciertamente, es este el ensayo más dramático de cuantos ha premiado el evento. Enfrentar la crudeza del cáncer en niños y adolescentes constituye un acto de inusual audacia, sobre cuando detrás del lente sabemos a una mujer. Y no se trata sólo del retrato del paciente, sino de comunicar, más allá del dolor y la muerte, una esperanza. 

A modo de conclusión, habría que referir que si bien no mayoritaria, la presencia femenina se hizo cada vez más importante en el Premio Ensayo Fotográfico, sobre todo a partir de la década del 90, en la que han sido seleccionadas a muestra y merecedoras de premios y menciones un conjunto de creadoras. 

En cuanto al tratamiento de las imágenes y los temas abordados, no sostenemos la existencia de un lenguaje propiamente femenino. Sin embargo, habría que señalar una confluencia de miradas sobre la marginalidad en todas sus formas: niños de la calle, ancianos, enfermos, refugiados, peregrinos. Hablar no de un lenguaje femenino, y acaso sí de cierta sensibilidad común hacia el tratamiento de estos temas. Hay desde luego preocupaciones de género, relacionadas con la condición de la mujer y el lugar que ocupa en la sociedad y la cultura, pero también inquietudes comunes al ser humano sin distinción genérica. Por otra parte, se puede adivinar en algún caso una secreta complicidad entre objeto y sujeto de la fotografía, cuando este último es mujer. O bien una tendencia a comunicar situaciones, conflictos de todo tipo, pero haciéndolas pasar por sí mismas, por su mirada singular, o como para poseerlas, a la manera de Tina.

 

Niurka Barroso

 
  Ana Aslán Ana Aslán
  Frida Hartz Frida Hartz
  Helen Marie Helen Marie
    Lisette Solórzano   Lisette Solórzano
         
    Mariana Yampolsky   Mariana Yampolsky
         
    Mayú Mohana   Mayú Mohana
         
    Niurka Barroso   Niurka Barroso
         
    Sandra Reus   Sandra Reus
         
    Vida Yovanovich   Vida Yovanovich