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Desiccated and reconstituted DAYAMICK CISNEROS
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Las orillas del lago se
convierten, durante el verano, en espacio para conciertos al aire
libre, presentación de obras de teatro y excursiones en barcos para
los amantes del turismo. Para empezar la estación del calor The
Power Plant hizo su fiesta de verano
el propio día de la inauguración de la muestra Stretch.
Americas beneath the
surface, curada
por Eugenio Valdés(Cuba) y Keith Wallace
(Canadá), que reúne a más de 20 artistas procedentes de Brasil, Canadá,
Colombia, Cuba, Guatemala, Estados Unidos y México.
[1]
Stretch,
exposición que ofrece una perspectiva de las similitudes y diferencias
entre las obras que se producen en las Américas, propone otra visualidad
y concepción del arte producido en esta zona geográfica. Romper los
límites geográficos y conceptuales, repensar la noción de las Américas
y cuestionar los clichés culturales, son algunas de las ideas presentes
en la muestra. ¿Existe el arte latinoamericano?
¿Cuáles son las diferencias entre el arte creado en New
York, La Habana y Sao Paulo? Parecen ser cuestiones puestas en evidencia
en Strecht. Algunas
de las piezas ponen en crisis lo usualmente reconocido como latinoamericano,
por los temas que aluden, los espacios a que hacen referencia y las
fuentes utilizadas: ¿Es realmente arte latinoamericano la obra de
Santiago Sierra o Francis Alÿs, dos artistas
europeos radicados en México? ¿Pertenece
al mundo latinoamericano la obra del colombiano Oswaldo Macia, residente
en Londres, quien se interesa por el mundo de los sentidos: los olores,
los sonidos o las imágenes que “caza”
en sus fotografías infrarrojas sobre hierbas alrededor del
mundo? I really should drink
more water La cultura latinoamericana
generalmente ha sido entendida como una cultura de excesos y barroquismos
(las innumerables columnas de Alejo Carpentier, el realismo mágico de García
Márquez o el gigantismo de los murales de Diego Rivera) sin embargo
en los últimos años se ha desarrollado dentro de las artes visuales
una vertiente artística asociada a la sobriedad, la parquedad y la
sencillez en el aspecto formal de las obras. Artistas como Alfredo
Jaar (Chile), Rochelle
Costi (Brasil), Ana María Tavares
(Brasil), Gabriel Orozco (México) o María Fernanda Cardoso
(Colombia) ofrecen propuestas discursivas de escasos medios formales
pero que al mismo tiempo resultan provocaciones a la imagen barroca
del arte latinoamericano, creada por los propios latinoamericanos
o desde los centros de poder cultural. Parecería que los artistas
a través de esta estética realizan un proceso de desecado y reconstitución, como el empleado en la industria de alimentos.
En los alimentos este proceso agiliza la cocción, en el arte facilita
la comunicación con el receptor no local y propone nuevas categorías
de identidad y diferencia. Se trata de un intento de los artistas
de eliminar barreras comunicativas consistentes en códigos localistas
o recursos clichés legitimados, en muchos casos,
por las culturas hegemónicas. Es así que en una exposición
como Stretch se pueden juntar artistas de todas las latitudes,
que utilizan recursos estéticos legitimados por la historia del arte
“primer mundista” pero que
incluyen sus particularidades o diferencias.
Aún cuando los curadores nos proponen una sola América, en
realidad se trata de un asunto mucho más universal, pues incluye artistas
latinoamericanos que viven en Europa y desde allí realizan discursos
similares a otros artistas de New York, Toronto, La Habana, Ciudad de Guatemala o Sao Paulo
y a la inversa, artistas de origen europeo que crean desde ciudades
latinoamericanas. Están representadas en
Stretch todas estas ciudades. Sus particularidades,
sus arquitecturas, sus rarezas y vestigios de la vida que transcurre
en ellas. La pieza Zócalo (Sunpath)
del año 1999, de Francys Alÿs,
por ejemplo, “documenta” la luz de la ciudad de México. El asta, casi
infinita, situada en el centro de la plaza del Zócalo, se convierte
en el objeto fotografiado por el artista. Este delgado mástil creado
para situar en lo alto del cielo la insignia mexicana también es utilizado
para resguardarse del ardiente sol tropical. Luego el artista hace
un detallado estudio de la incidencia del sol en esta zona de la capital
mexicana y lo coloca junto a las fotos, convirtiendo la pieza en “evidencia”
del calor tropical. ¿Es que necesitamos mayor certeza de la existencia
de este calor que la que nos brinda nuestro propio cuerpo?
Esta obra, de aparente carácter conceptual, adquiere un matiz
humorístico que nos hace pensar en la “asombrosa” cotidianeidad latinoamericana.
I really should cancel
that appointment Los curadores han incluido
en Stretch una serie
de obras, procedentes de las más diversas latitudes, pero que permiten
mapear cierto desplazamiento de la noción de lo latinoamericano.
Las piezas exhibidas tienen en común su aspecto minimalista, con lo
que se intenta hacernos reflexionar sobre las estrategias de los artistas
en la utilización de códigos universales que posibilitan un mayor
acercamiento al arte contemporáneo, específicamente al arte que es
producido en los márgenes. Pero presentar lo que puede ser catalogado
como arte minimal no es el
principal interés de artistas y curadores. El objetivo principal se
centra en ofrecer al espectador la posibilidad de descifrar las historias
y significados que aparecen detrás de esas apariencias impolutas y
sobrias. El afán de difuminar las
barreras identitarias y geográficas en estos
artistas tiene su origen en la idea de que la identidad y la diferencia
no son repertorios fijos “naturales”, sino categorías procesuales
que se forman y rearticulan en las reafirmaciones e intersecciones.
Por esta razón los sujetos no deben ser resumidos en una identidad
de clase, género, raza o pertinencia
geográfica. Los artistas incluidos
en la muestra aparecen como hacedores de una práctica capaz de volverse
sobre si misma para examinarse críticamente y pensar sus contradicciones.
Esta práctica se inserta dentro de aquellas que Pablo Oyarzún
ha denominado como astutas,
sagaces, taimadas, recalcitrantes al orden de clasificación académica
del saber, a la vez, que expertas en burlar su sistema de valoración
con imprevisibles artificios que confundan o desorganicen su control
general del límite entre lo traducible y lo intraducible
[2]
. Esto implica, por una parte, la necesidad
de legitimación para modificar los criterios de identidad y por otra,
el precio de esta necesidad de reconocimiento puede terminar re-instituyendo
lo se que intenta modificar: a este proceso podríamos denominarlo
“desecado”. Los curadores por
su parte se convierten en decodificadores de esta práctica, a ellos
y a los espectadores les corresponde realizar el proceso de “reconstitución”.
I really should pay the
taxes ¿De qué tratan realmente
las obras presentadas en Stretch?
Los creadores incluidos en Stretch subvierten la idea minimalista de la percepción entendida
en términos fenomenológicos, es decir al margen de la narración, del
lenguaje, la sexualidad y el poder. En las obras aparecen disímiles
estrategias para interesar al espectador en las consecuencias perceptuales
en relación con la historia que se esconde detrás de esta apariencia
minimal, muchas
veces asociada a temas de relevancia política y social. Si bien se exhiben obras
tan particulares –referidas a un contexto determinado- como la de
Francys Alÿs anteriormente comentada,
también se muestran otras, como Antenas (1998-2003), del Gabinete Ordo Amoris, difíciles de asociar
a una ciudad o referente concreto y que se mueve en el entorno de
los símbolos característicos de las sociedades contemporáneas. Un
laberinto de antenas -normalmente situadas en el espacio interior
para captar señales de transmisión-
es colocado dentro del espacio interior de la galería, para
formar un gran dibujo tridimensional que incluye las sombras que se
proyectan sobre las paredes y el suelo. El espectador puede transitar este laberinto,
convirtiéndose en parte del dibujo, este interesante detalle dotaba a la obra de gran belleza y lirismo y al mismo
tiempo nos hace reflexionar sobre la inutilidad de estos aparatos
para conocer las realidades. Los artistas manipulan las antenas subvirtiendo
su valor de uso, de aparato electrofísico,
se convierte en obra de arte que, además, nos incita a pensar sobre
el monopolio del “Centro” en la distribución de las señales, como
productor de símbolos, que son impuestos a la cultura latinoamericana
y que efectivamente contribuyen a la eliminación de las diferencias,
pero que al mismo tiempo disminuyen las posibilidades de retroalimentación
en este proceso de transculturación. En este mismo entorno
de simbología global se sitúa la obra de Darío Escobar, Freeway (2000), una especie de trampolín
o cama de salto es colocada en el clerestorio
de The Power Plant. La pieza, de quince metros de largo, colocaba el freeway o autopista
en el espacio interior de la galería y a su vez conducía al visitante
hacia el lago Ontario. Los juegos infantiles irónicamente cargados
de significados cruciales dentro de la postmodernidad
centroamericana, son un tema recurrente en la obra de Darío Escobar,
sea para tratar la violencia, la guerra o el consumo de drogas. En
Freeway el artista, nos coloca ante
la inseguridad del salto, para
de esta manera cuestionar la función de estas grandes autopistas en
las relaciones comerciales, que colocada en el contexto canadiense
le adiciona la problemática de los intercambios Norte-Sur Se muestran en Stretch obras de
marcado carácter político como Aliento
(1996) de Oscar Muñoz. Esta pieza reproduce retratos, tomados
de los periódicos, de personas que mueren en Colombia de manera violenta.
La obra consiste en una serie de pequeños discos de acero, con apariencia
de espejos sobre los cuales el espectador debe lanzar su aliento para
“reconstituir” (apreciar) los retratos de estas personas muertas.
Oscar Muñoz se interesa por esa masa amorfa, “desecada” que forma
la gente desaparecida, sin identidad, anónima y que conforman los
sujetos que aparecen en las imágenes que el visitante debe develar.
Wilfredo Prieto por su
parte desplegó banderas de todas las naciones en una de las entradas
de The Power Plant,
a la orilla del lago Ontario, pero
en estas banderas los colores que representan a las naciones no existen,
los estandartes son negros, blancos y grises. Los colores políticos
han desparecidos, en una pieza redundantemente titulada Apolítico. Otro artista colombiano,
Fernando Arias presenta dos obras de carácter político. Ataúd Lego (Homenaje a los niños del mundo de la droga) del año 2000,
ataúd hecho con piezas de Lego, el popular juego que desarrolla la
inteligencia de los niños, y usando los colores de la bandera colombiana,
sobre la tapa una “raya” blanca. El artista alude a la violencia asociada
al consumo y distribución de drogas pero también al sueño de muchos
niños colombianos de poder algún día tener este juego, el cual resulta
inalcanzable por su alto precio. Igualmente el banner
colocado en lo alto de la entrada de la galería, junto a la chimenea
fálica –símbolo The Power
Plant- y que reza: no
quiero hablar de identidad hasta que no me devuelven mi
prepucio utiliza la circuncisión como pretexto para realizar comentarios
políticos. Criterios estereotipados de identidad manejados alrededor
de grupos sociales como los gay,
marginalización de los grupos sociales dominantes sobre las minorías
y la variabilidad de simbolismos que adquieren ciertos ritos según
la significación que le es otorgada por la sociedad, son algunos de
los comentarios “disecados” en esta declaración. La obra De Construcciones y Utopías II (2000-2003) de Manuel Piña también
posee un marcado carácter político. Una serie de fotografías de los
edificios de microbrigadas realizadas y
colocadas a la manera minimalista y seriada de Bern
y Hilla Becher
[3]
aluden al proyecto cubano de las Microbrigadas
como reducto de las utopías de la Revolución. Las imágenes no han
sido bien fijadas, según el método tradicional de impresión fotográfica,
por lo que iban desapareciendo ante la acción de la luz, cuando terminó
la exposición era imposible “reconstituirlas”. Las fotografías desaparecieron
como algunas de las utopías y esperanzas de los cubanos que participaron
de ese proyecto. I really should visit
my friends more often La vida cotidiana es otro
de los tópicos recurrentes en Stretch:
la muerte, el individuo y las huellas de su andar, la ciudad y los
símbolos de la sociedad contemporánea. La obra de Kelly
Mark, Hiccup, del año 2000. Consistió en la instalación de siete
pantallas de video alineadas horizontalmente que recoge la documentación
de un performance realizado por la artista. Durante treinta días la
artista tomaba café sentada en el mismo sitio –las escaleras de entrada
de una escuela- en este caso la narración no existe, la artista que
realiza una única acción, el escenario no cambia, a veces algún transeúnte,
camión o automóvil pasa frente a la cámara, es sólo la vida cotidiana.
Cuando vi la pieza por primera vez inmediatamente
me recordó el filme Smoke, en el que uno de los personajes
principales, Auggie dueño de una tienda
de tabacos en Brooklyn,
cada día de su vida y a la misma hora toma una fotografía de la esquina
donde se encuentra su tienda, el centro de esta “pieza” es la vida
diaria, la ciudad, la gente. En la obra de Kelly
Mark, por el contrario, el centro de esa
vida cotidiana es la propia artista, lo común gira alrededor de su
propia imagen. En ambos casos –Smoke y Hiccup- para “reconstituir” la obra
el espectador debía mostrar cierta obsesiva atención, ya sea para
notar los minutos de diferencia entre un día y otro o simplemente
que no se trata del mismo transeúnte. Como dice Auggie
en uno de sus parlamentos: A
veces la misma cosa se convierte en algo diferente. A veces lo diferente
es lo mismo. A veces lo mismo desaparece.
[4]
Hiccup dialoga muy bien con I really should… sound box (2002), otra
obra de la propia artista que nos persigue en todas los espacios expositivos
utilizados en Stretch.
Se trata de una pieza de sonido donde la artista enumera incansablemente
todas las tareas o actividades pendientes a realizar. El espectador
encontraba audífonos en todas las salas con esta grabación, la ansiedad
de Kelly Mark estaba presente a cada
minuto, esa ansiedad que acompaña la agitación de la vida cotidiana
occidental, de la cual ninguna persona de ese mundo puede escapar. Este sonido nos alcanzaba hasta los espacios
exteriores, con la instalación de la pieza dentro de una caja de luz
que normalmente la galería utiliza para promocionar las exposiciones,
la artista ha colocado en la voz de la Institución esta ansiedad social. I really should clean
out my wallet El performance de Teresa
Margolles, Grasa humana
sobre el muro (2003), otra pieza que podría catalogarse como arte
político pero muy centrada en el tema de la muerte, es una “pintura
mural”. Teresa emplea a otras personas para que pinten en su lugar.
Durante la inauguración de la exposición dos mujeres ejecutan la ceremonia
de cubrir con “pintura” una pared de ocho metros de largo. Vestidas
con trajes similares a los usados por los mecánicos de automóviles,
pero en este caso blancos y que recordaban alguna especie de escafandra
para protegerse de algo sucio o contagioso, ¿para qué utilizar esta
vestimenta? Para indicar al público que no se trataba de una simple
pintura, el material utilizado era grasa humana de cadáveres mexicanos
anónimos que por demás habían muerto de forma violenta. Para la artista
cada brochazo es un muerto, pero se trata, en este caso, de una persona
muerta en el intento de escapar de la realidad mexicana hacia el Norte.
El resultado: un bello mural de aguadas al estilo japonés. Con los
días el fuerte olor hacía insoportable la estancia en la sala.
En la exposición participan
dos artistas de origen europeo residentes en Ciudad México, Francis
Alÿs y Santiago Sierra. Del primero Stretch presentaba dos obras, Durmientes II (2001) y la serie de pequeñas
fotografías titulada Zócalo
ya comentada. Santiago Sierra, por su parte, exhibía dos videos
documentación de performances: Público
transportado entre dos puntos de la Ciudad de Guatemala (2000)
y Obstrucción de una vía con un contenedor de
carga (1998). Las obras de estos artistas no sólo se sitúan en
el entorno de la Ciudad donde se crean sino que sus comentarios versan
alrededor de problemáticas cruciales de la vida en las ciudades latinoamericanas:
la polución, la sobrepoblación, los sin casa, las diferencias sociales,
son, entre otros, los temas tratados. Durmientes II consiste en una proyección de diapositivas al nivel
del suelo y que muestra incesantemente imágenes de “vagabundos”. La
pieza es un registro de la vida de las aceras de Ciudad México, todo
el que la utiliza es registrado: sean verdaderos homeless que duermen en las calles, perros que también las
emplean con el mismo objetivo u otro tipo de persona que usa gran
parte de su tiempo en vagabundear. El artista nos insista a inventarnos
(reconstituir) la historia de cada una de estos “vagabundos”, amplificándolas
o aminorándolas según la subjetividad de cada espectador. De Santiago Sierra se
incluyó la documentación de un interesante performance Obstrucción
de una vía con un contenedor de carga, realizado por el artista
en las calles de Ciudad México. El artista situó un gran camión en
medio de una avenida en horas de mayor cogestión del tráfico de esa
ciudad. Podemos imaginar el caos provocado por esta “simple” acción
en una ciudad tan populosa. En este caso el alcance del arte público
es mucho más palpable y hasta incidente en personas que usualmente
no son espectadores del arte contemporáneo. I really should ask more
money Stretch resulta atractiva desde
su tesis misma: no existe tesis curatorial,
se presenta una hipótesis y cada espectador podrá elaborar su propia
opinión. Se presentan obras de apariencia minimal
que poseen una narratividad en tensión, no explicita, que
sólo se articula en interacción con el espectador. El visitante
deberá descubrir que la obra de Teresa Margolles,
aparentemente dibujos abstractos, es realizada con grasa humana o
que el trampolín de Darío Escobar, aún cuando se ha colocado en los
márgenes del lago Ontario, no les permitirá saltar a ningún lugar. ¿Cómo logran los curadores
mostrar sus intenciones? A través del cuidadoso diseño museográfico,
que facilitaba la decodificación de las piezas, la interacción y muchas
veces hasta la contaminación entre ellas. Los curadores vuelven una
y otra vez a los temas, más que a las interconexiones formales entre
los artistas. El agua, la vida en la ciudad, la institución arte,
el movimiento y las desapariciones, la memoria y la intención de desnudar
el proceso artístico como ejes temáticos que hacen más visibles los
significados de las obras y de la propia muestra en su conjunto. La exposición, además, pretende involucrar al edificio mismo como otro
protagonista, romper los límites entre el espacio interior y el exterior. Así el stament de Fernando Arias Gaviria
No voy a hablar de identidad
hasta que no me devuelvan mi prepucio o Shooting tubes (2003) (tubos utilizados para lanzar los escombros
desde lo alto de las obras en construcción) de Ordo
Amoris resultan un cuestionamiento a la
Institución misma. ¿Qué se está botando en esta galería? ¿Está en
proceso de renovación? ¿Sobre
qué no se puede hablar en The Power
Plant? Parecen decirnos estos artistas. Otro ejemplo de discurso
más apegado a las cuestiones artísticas son las grandes fotografías
de Vik Muniz, de la serie titulada
Imágenes de polvo del año 2000. Fotos que
reproducen conocidas obras minimalistas, esculturas de Richard Serra
o Robert Morris, por ejemplo y que
a su vez documentan los “cuadros” realizados por el artista. I really should face
my fear Existen varios aspectos
interesantes “desecados” en la obra de Vik
Muniz: los materiales que utiliza en sus “cuadros”
[5]
[i]
, las imágenes que reproduce en sus fotografías
y las posibles interpretaciones sobre la naturaleza de la información
visual y la expresión artística. El artista en este caso
ha utilizado polvo recogido de las obras minimalistas que se encuentran
en la colección del Whitney Museum
en New York. Para el artista utilizar el
polvo significa utilizar parte de las personas que visitan el museo:
el polvo es piel que pierden las personas cuando van a este sitio.
El polvo es además, partículas de las piezas minimalistas. Con este
polvo realizó dibujos que calcan las obras originales y que más tarde
reprodujo en grandes fotografías. Estas imágenes nos hacen reflexionar sobre dos
ideas relativas al arte mismo: la primera relacionada con el conceptualismo
y la segunda con la idea minimalista de la inmanencia de la escultura.
Por un lado la obra resultante
–las fotografías- se relaciona con las ideas conceptualistas sobre
el proceso creativo y su resultado final supeditado al contenido.
Para Vik Muniz
se trata de redefinir el medio fotográfico volviéndolo bastante físico,
sublimando la importancia del material utilizado para
mostrarle al espectador cuanto se deja engañar por las imágenes.
De lejos creemos que se trata de una simple documentación de estas
importantes obras pero cuando nos acercamos notamos la presencia de
cabellos y toda clase de suciedades en la construcción de los dibujos
lo que fomenta un diálogo activo con el espectador. Por otro lado
se comentan la validez de los presupuestos minimalistas sobre la percepción
y la ubicación de la escultura en un espacio determinado, así como
su instalación -hoy definitiva- en estos grandes museos. Otro aspecto interesante
trabajado en la museografía es la contraposición entre movimiento
y desvanecimiento. En muchas de las obras incluidas hay movimiento
real o aparente, así la obra Durmientes
II de Francis Alÿs, nos presenta el
movimiento propio de una ciudad y muy específicamente de ciertos grupos
sociales cuya vida transcurre en las calles, de quienes no cuentan
para la sociedad y de aquellos que están en contacto diario con una
posible desaparición. Esta contraposición también
se manifiesta en la instalación Deconstrucciones y utopías
II de Manuel Piña que simula una ortodoxa documentación arquitectónica
sin embargo las fotos desaparecen, al final de la exposición el espectador
tendrá que adivinar que existe detrás de las manchas negras que han
quedado sobre la pared. La pieza Sidewalks Proyect (2000-2003) del artista Doug Lewis, se inscribe en esta
serie de obras donde se superponen el movimiento y las desapariciones.
Consistente en una serie de grabados tridimensionales que reproducen
en gelatina algunos “graffitis” realizados
en las aceras cuando el concreto aún está mojado y que funcionan como
declaraciones ideológicas o de simple existencia. Estos “graffitis”
van desde las huellas de seres vivientes hasta declaraciones como
I hate cops. Indudablemente estas marcas son evidencia de la
vida cotidiana y que un día se desvanecen, tal como lo hacen estos
grabados-esculturas realizados sobre gelatina y que irán desapareciendo
ante el aumento de la temperatura en el interior de la galería. I really should make pancakes Por último quisiera destacar
dos obras de cierta relevancia en el contexto de la exposición: Something going on above my head
(2001) del artista colombiano Oswaldo Macia y la pieza que da título
a este texto. Oswaldo Macia ha orquestado
una sinfonía con los sonidos del canto de dos mil aves de todo el
mundo –algunas de ellas extintas y que sólo existen en archivos. La
instalación cuenta con pocos elementos “físicos”: un gran cartel que
representa el diseño digital de la orquesta, un programa del concierto,
dos sofás negros en una habitación poco iluminada y el sonido de las
aves repartidos en dieciséis canales. A la entrada de la sala y al
nivel del suelo un texto reza: Something going on above my head. Resulta paradójico la simpleza y belleza en
la manera encontrada por el artista para hablar sobre los sentidos,
la memoria y el conocimiento común. Escuchar un concierto activa el
sentido de la audición, en esta pieza Osvaldo logra, además, producir
toda clase de emociones sensoriales en un intento de devolver al medio
artístico contemporáneo algo de sensibilidad corporal y sencillez.
El artista en un cartel nos detalla el diseño sonoro, desarticulando
de esta manera una posible complejidad de la obra de arte. Nos presenta,
además, el programa de la composición musical, haciéndola más asequible.
La pieza se ejecuta a la manera de una sinfonía clásica, sólo
que esta vez no ha sido creada por el hombre, el ser humano –el artista–
ha recodificado y organizado los sonidos
de las aves como lo hacen los músicos, pero en realidad esta música
ya ha sido creada antes por la propia naturaleza. Esta sinfonía podría funcionar
como un “desecado” alegórico a la globalización, entendida no como
la imposición de símbolos sino como la integración cultural, como
la suma armoniosa de particularidades y sin la renuncia a las diferencias
en beneficio de una supuesta homogeneidad. Una de las obras del artista
Terence Gower incluidas en Stretch sólo consistía
en grandes letras negras pegadas en lo alto de la pared y que conforman
el texto: Desiccated and reconstitude (1997). En ella el artista sugiere los temas
del consumo y la standarización. En el contexto
de la muestra, sin embargo, se convierte en una pieza clave pues,
por un lado, se percibe como una declaración de intenciones de los
curadores y por otro, como una incitación para que el espectador intentase
decodificar las historias y significados de cada unas de las obras.
Los curadores no intentaban mostrar una tesis única o ilustrar un
estilo o movimiento específico sino abrir posibilidades a múltiples
historias creadas por los espectadores, generadas desde la asociación
de ideas, estrategias y antagonismos sugeridos por los artistas.
I really should finish
what I start Stretch ofrece una serie de sugestiones,
provocaciones, alusiones e incitaciones a repensar las similitudes y diferencias de los países
que componen las Américas. Nos obliga a una ruptura de las convenciones
identitarias pero no a la anulación de la diversidad. Nos
conmina a las asociaciones que desencadenen otros significados para
el arte y el saber humano. La Habana, enero 2004
[1]
Stretch fue una exhibición realizada en la Galería de Arte Contemporáneo
The Power Plant, en Toronto, entre junio y septiembre del 2003 y que
incluyó los siguientes artistas: Francis Alÿs
(Bélgica-México), Fernando Arias Gaviria (Colombia-Inglaterra),
Iñaki Bonillas (México), Los Carpinteros (Cuba), Iran
do Spiritu Santo (Brasil), Darío Escobar (Guatemala), Terence Gower (Canadá), Roni Horn (Canadá-USA-México), Doug Lewis (Canadá), Oswaldo Macia
(Colombia-Inglaterra), Teresa Margolles
(México), Kelly Mark
(Canadá), Vik Muniz
(Brasil-USA), Oscar Muñoz (Colombia), Gabinete Ordo
Amoris (Cuba), Manuel Piña (Cuba), Wilfredo Prieto (Cuba)
y Santiago Sierra (España-México). [2] Pablo Oyarzún. “Identidad, diferencia, mezcla: ¿Pensar Latinoamérica?”. En: Suplemento Temas del diario La Epoca, Santiago de Chile, enero 16, 1994.
[3]
La pareja de artistas alemanes Bern
and Hilla Becher
han influenciado a toda una generación de fotógrafos con sus cuestionamientos
sobre la fotografía como arte o como documento. En su trabajo han
documentado “objetivamente” una serie de tipologías arquitectónicas
como tanques de aguas, plantas eléctricas y casas de obreros, símbolos
todos de una sociedad organizada bajo la premisa de la eficiencia
y funcionabilidad. Manuel Piña se apropia
de estas tipologías en sus imágenes de los edificios de microbrigadas y luego en la galería las coloca en forma similar
a los artistas alemanes.
[4]
Smoke, filme dirigido
por Wayne Wang
y escrito por Paul Auster.
Estados Unidos, Alliance video. Miramax
Film, 1996. [5] Usualmente Vik Muniz utiliza materiales tan disímiles que van desde el chocolate, spaguettis, papas o frijoles para la confección de sus grabados, dibujos, pinturas que él ha denominado cuadros. Estos materiales en ningún caso son escogidos al azar o simplemente por sus texturas o formas sino que son seleccionados para adicionar significados; así, por ejemplo, obras como el retrato de Sigmund Freud hecho con chocolate adquiere significados relacionados con la teorías freudianas relacionadas con el placer sensorial, la ausencia y la depresión, entre otras. |
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