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Construir entre la realidad y la utopía El proyecto visto desde la plástica: un acercamiento al tema de la ciudad. LUDMILA TORRES DEL SOL y YUSLEYDY
LÓPEZ SABORIT
Licenciadas en Historia del Arte |
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Edagr&David: Rehabilitación Proyecto Casacada G, Dibujo sobre fotografía, 2001 |
Si bien en la praxis arquitectónica
se le otorga un peso decisivo
a la obra construida, también es necesario considerar al proyecto
como una línea de análisis a tener en cuenta. Desde el Renacimiento,
con la figura de Leon Battista Alberti (1404-1472)
se abre una nueva era que considera al proyecto arquitectónico como
un diseño acabado, independiente a su ejecución. El proyecto, no
solo arquitectónico sino también urbano, como elemento autónomo,
permite referirse a una arquitectura sin ejecución, porque el proyecto
no fue viable y se sustituyó por otro o porque se haya concebido
en origen como una propuesta utópica. Este último caso ofrece numerosos
ejemplos en la contemporaneidad a partir de los trabajos de Boullé y Ledoux. La utilización del proyecto
significa para los arquitectos
una forma de experimentación que se ha denominado “arquitectura
de papel“, no por su carácter efímero sino porque nunca llega a
concretarse. En el ámbito cubano, “el proyecto y la experimentación
fueron -según expresara Concepción Otero- además de un ejercicio,
una realización alternativa cuando a principios de los noventa las
dificultades económicas entorpecieron
el curso de muchas realizaciones e impidieran el desarrollo lógico
de muchos planes"
[1]
El proyecto arquitectónico se refiere, por lo
tanto, a una arquitectura
tan solo dibujada que no se llevó a su término y ha sido trabajado
no solo por la mano de arquitectos o ingenieros
sino de artistas plásticos. Para abordar las numerosas
implicaciones del dibujo arquitectónico, en su función de proyecto,
resulta imprescindible analizar la obra del artista cubano Carlos
Garaicoa pues una parte importante de
su trabajo se dedica a explorar en esta vertiente para puntualizar
en el tema de la ciudad y la arquitectura habaneras. Estas obras
no pertenecen a una etapa específica en la producción plástica del
artista sino que se encuentran dispersas en toda su carrera, así
como no se constituyen solamente por el proyecto dibujado sino que
este se complementa con la imagen fotográfica. La fotografía constituye
para Carlos Garaicoa además de un documento
visual, su modo de validar algún elemento real
-que en la mayoría de los casos es un edificio habanero o
un sector de la ciudad- mientras
que el proyecto funciona como su contrapartida en tanto objeto de
su imaginación. Si la foto plasma
de manera fidedigna La Habana, con el dibujo se recrea lo que esta
podría ser. Los proyectos
de Garaicoa se distinguen por su carácter utópico
y pretenden insertar al espectador en un juego de imágenes y propuestas
acerca de lo posible y lo irrealizable. A cierta distancia estos
bocetos podrían simular verdaderos proyectos realizados por un arquitecto
real, pero al acercarnos
a la obra observamos el nivel de absurdo e irrealidad de los mismos.
Las instalaciones de Garaicoa, en las
cuales recurre a la fotografía y se basa en ellas para ejecutar
estas proyecciones utópicas, se han incluido en la llamada “estética
de la frustración”2.
Con ellas expresa su deseo, al final prácticamente inalcanzable
de restaurar su entorno, es un intento por “curar”
[3]
la ciudad, que al final se convierte en simulacro
e imposibilidad. El artista parodia a través de estas obras tanto
la función del arquitecto como la del proyecto. Esta confrontación entre
deseo y realidad, proviene de una larga lista de exponentes que
intentaron materializar los sueños de bienestar y confort mediante
la arquitectura y nos recuerda la carga
utópica que contenían mucho de los planos o maquetas de arquitectos
de la modernidad como el familisterio de Godin o la ciudad autosuficiente de Walden
Dos. Los dibujos arquitectónicos
de Carlos Garaicoa representan un reto
a la imaginación. A través de ellos puede crear una Torre de Babel
postmoderna o diseñar una calle limitada por un sendero de hongos
alucinógenos. Una de sus primeras instalaciones que transitó en
este sentido fue Acerca
de la construcción de la verdadera Torre de Babel....(1991)
La obra se constituye por la imagen fotográfica de un edificio construido
durante el período republicano donde
asoman, en primer plano, las estructuras de madera que apuntalan
el mismo y evitan su desplome. De esta iconografía se vale el artista
para crear el dibujo sobre el cual traza, simulando un verdadero
plano arquitectónico, los puntos de fuga. De esta forma se le otorga
al conjunto un matiz irónico que se manifiesta además en la
vocación postmodernista de Garaicoa de jugar
con las citas y unificar referentes. Su “verdadera Torre de Babel” es la conjunción de este edificio apuntalado
de principios del siglo XX cubano con una estructura piramidal que
remeda algunos ejemplos de edificaciones modernas de la arquitectura
internacional. No obstante, su intención citatorial
se extiende hasta la utilización de un texto bíblico extraído del
Viejo testamento, el cual le da nombre al proyecto: “Y dijeron,
vamos, edifiquémonos una ciudad, cuya cúspide llegue al cielo...” (Génesis,
Cap. 11, versículo 4). A través de sus dibujos
imaginarios e irrealizables, Garaicoa efectúa una palpable crítica a su entorno, para
lo cual recurre también a figuras arquitectónicas muy alegóricas
como la pirámide, que se ha considerado por la iconografía artística,
la forma idónea para transmitir las ideas de poder, equilibrio
y estabilidad. Al crear esta estructura utópica y frustrada en su
objetivo real, Garaicoa quiere expresar
el fracaso de otras aspiraciones tanto sociales como políticas.
Esta obra transita entre la realidad y la utopía para referirse,
a través de la imagen de la arquitectura y la ciudad, a los conflictos
de la sociedad y los individuos. El artista manifiesta una intención
similar en la instalación Acerca de esos incansables atlantes que sostienen día a día nuestro presente,
(1996) donde rescata esa fe crítica, apropiándose de la figura de
los atlantes quienes en su función de sostén evitan la caída de
un balconaje habanero. A diferencia de la anterior,
esta pieza no pretende construir nuevas estructuras sobre
otras viejas, más bien intenta imaginar posibles soluciones para
evitar que estas se desplomen. El nivel de utopía prevalece en el
concepto de proyectar ideas arquitectónicas que solo mediante el
dibujo son realizables, mientras que la iconografía del atlante
supone una relación alegórica que renueva las nociones de fuerza
y poderío asociadas a esta figura masculina en arquitectura. El gesto metafórico
de Garaicoa al intentar restaurar los edificios de la ciudad
permanece siendo solo eso, gesto y metáfora, que se hacen más significativos
cuando el artista propone un sembrado de hongos alucinógenos en
uno de los espacios en ruinas de la capital. Mediante el mismo procedimiento
de valerse del documento fotográfico como principal motivación,
crea un boceto conformado por una hilera de hongos, los cuales conforman
una perspectiva que finaliza con la fachada de una edificación inconclusa
o destrozada, como las que podíamos ver hace unos años en céntricos
lugares de la capital y como las que todavía hay
por la ciudad. Primer
sembrado de hongos alucinógenos en La Habana, mantiene mayor
empatía con los proyectos urbanos y es otra forma de insinuar el
grado de utopía presente en las intenciones de restaurar la urbe.
De hecho, aunque lugares de La Habana, como muchos a los que Garaicoa
ha hecho referencia a lo largo de su carrera, han sido reconstruidos
casi en su totalidad, siempre en estas labores está presente
una pizca de engaño, seducción o alucinación que a veces no logramos
dilucidar. El papel del proyecto
en las instalaciones de Garaicoa
constituye una posibilidad, tal vez la más sagaz para hablar acerca de deseos y frustraciones,
mediante los motivos de la arquitectura y la ciudad. Es el espacio
perfecto para moverse entre la realidad y la ficción, entre la insinuación
y la metáfora, recursos que a fin de cuentas son utilizados por
todo el arte contemporáneo cubano. El valor otorgado al
proyecto en el universo plástico
de la Isla no es una circunstancia aislada o puntual. El
III Salón de Arte Cubano Contemporáneo otorgó dentro de su concepción
curatorial un espacio a lo que ellos llamaron
La idea dibujada, con el cual pretendían
reconocer las posibilidades tanto plásticas como conceptuales que
brindaba este modo de expresión. Aunque el carácter del evento abarcó
todas las manifestaciones del proyecto, el del tipo arquitectónico
tuvo algunos ejemplos relevantes. De la misma forma, otros
artistas se han interesado en explotar la relación utopía-realidad.
La obra Reanimación (2001)
presentada por el dueto
Edgar & David para
el III Salón de Arte Cubano proponía la revitalización de algunos
enclaves urbanos de La Habana como la Avenida de los Presidentes,
el Cementerio de Colón y otras edificaciones como el edificio Hermanas
Giralt, situado en el Vedado. Estos proyectos
fueron dibujados sobre fotografías tomadas por los propios artistas.
La imposibilidad de estas propuestas está dada no por su complejidad técnica
sino por otros obstáculos de índole económico, institucional, que
pudieran presentarse en su ejecución. Con un sentido crítico y paródico
la obra aborda los proyectos de rehabilitación valiéndose de un
cartel informativo que viene a representar el pie de obra comúnmente
utilizado en todas las edificaciones en planes de restauración.
De esta manera los artistas simulan este proceso
mediante la invención de un logotipo ficticio, a la vez que
se adjudican la labor de proyectistas. Se produce, por lo tanto, un juego con la concepción
de pie de obra en dos niveles de interpretación, por un lado
en el sentido tradicional, en el que este se utiliza como medio
informativo para una obra de arte determinada y por otro en relación
con el proceso constructivo; con lo que se intenta provocar en el
espectador una sensación de incertidumbre a la hora de discernir
cual es la obra y cual es el pie de obra. Reanimación viene
a ser un proyecto en el que los artistas reformulan el carácter
ecléctico de la ciudad, entendido no como estilo arquitectónico
sino por la convergencia de los más disímiles elementos en el espacio
citadino. Es así que la selección de la Avenida de los Presidentes
no es un hecho fortuito, toda vez que este sitio constituye una
arteria importante del Vedado que en los últimos años experimentó
algunas transformaciones como la inclusión
de monumentos alegóricos que aunque están temáticamente relacionados
con el enclave en el que se ubican, no satisfacen todas las expectativas
en el orden estético-formal. Esta intervención está concebida a
partir del montaje de torres de estructuras
metálicas sobre las que se despliega una cascada de telas
blancas y plateadas desde G y 27 hasta el Malecón, de forma que
la imagen del conjunto resulta muy atractiva, dotada de una fuerte carga poética.,
pues el diseño remeda una corriente de agua que fluye según las
características del relieve (recordemos que la calle G desciende) y desemboca en el Malecón. Otro de estos proyectos,
titulado Fachada, intenta
reanimar una céntrica edificación capitalina que como muchas otras
de la ciudad, se encuentra sumida en un cansancio visual por lo
que los artistas idearon un diseño que recuerda la gráfica publicitaria
y cambia totalmente la visualidad externa del edificio. Por último, el proyecto
Mirador, que toma como escenario el Cementerio
de Colón, participa también de este juego paródico con los planes
de rehabilitación, pues la propuesta concibe la construcción de
un mirador que permitiría utilizar este espacio con otra finalidad. De esta manera, los artistas
insertaron este sitio dentro de un proceso restaurativo que al concluirse
se pueda “explotar”, económicamente o no; aunque conceptualmente,
atendiendo a la función de este lugar, esta idea resulte completamente
ilógica. Otra expresión del proyecto,
más relacionada con el plano urbano es la presencia del mapa, utilizado
tanto por sus implicaciones físicas como conceptuales. Las características
de los mapas nos permiten ubicar
un lugar dentro de la proyección de un espacio real,
son diseños en los que se demarcan y trazan límites específicos
a la vez que representan instancias de poder. Con una intención
cartográfica se acercan al proyecto algunas obras como las de Jorge
Luis Marrero presentada también en el
espacio expositivo del III Salón de Arte Cubano Contemporáneo. Su
mapa de La Habana establecía un juego de relaciones con los nombres
de algunos exponentes de la crítica de arte en Cuba y sus lugares
de residencia para referirse a los cuestionamientos en torno al
poder y la legitimación. De una manera un tanto más ingenua hizo
su acercamiento Ibrahim Miranda quien ideó formas de animales a partir de la imagen
topográfica que los mapas de las provincias de Cuba le sugerían. La interpretación del
mapa puede desarrollarse a un nivel más abstracto y conceptual que
en las anteriores, como en algunas obras de Garaicoa
donde los mapas se transforman y cambian en la medida en que el
artista prefigura una correlación entre los lugares reales y los
imaginados, entre lo que poseemos y lo que deseamos. A partir de
estos vínculos refleja y establece la realidad del límite, elemento
que deviene primordial en
sus relecturas del mapa, las cuales se fundamentan en las implicaciones
conceptuales del mismo más que en su aspecto formal. Asimismo se
manifiesta un grado de utopía al constatar la importancia que adquiere
“lo deseado” en sus obras, como sucede con Cuando
el deseo se parece a nada (1996), exposición realizada en Estados
Unidos, donde Carlos Garaicoa propuso
un proyecto de mapas de New York y La Habana. Con esta idea se intentaban establecer
nexos y límites entre las
dos ciudades a la vez que el artista pretendía referir una poética de la utopía del deseo y de la imaginación. Esta nueva visión de
la Ciudad de La Habana a partir de su relación con Nueva York que
ofrece la estructura del mapa como eje teórico esencial proviene
de la afición literaria del artista quien descubrió en la obra de
Italo Calvino Las Ciudades
Invisibles, la mejor
manera de "constatar mediante la literatura un fenómeno visual"
[4]
. Con Los
Mapas
Físicos (instalación fotográfica) Garaicoa
representó un conjunto de circunstancias comunes entre las ciudades
mediante la fotografía de un edificio habanero, tomado desde un
caprichoso ángulo y de otro neoyorkino
muy similar, el que fue fotografiado desde la misma perspectiva.
Los mapas funcionaron
en esta exposición como mecanismos para tratar de entender y explicar
la ciudad y como una forma de representar la memoria colectiva.
De esta manera con Los mapas del deseo se abordó la necesidad
de desear a partir de dos factores esenciales: el dinero y el viaje.
La instalación titulada Lincoln y Juan Bosco, que
pertenecía a esta serie, proponía una lectura del mito
creado alrededor de la ciudad de New York,
considerada como la urbe por excelencia, signo del triunfo y donde
se hace más evidente el sueño de prosperar; de la misma forma que
el viaje como imaginación y dolor del
emigrante se representaron en la fotografía de un joven que
ostentaba un tatuaje de las torres gemelas,
cuya imagen se complementaba con la de unos edificios prefabricados
realizados durante la Revolución. Sobre la manifestación del deseo,
el sueño y la utopía, vista
a través de la interpretación
de las ciudades, Garaicoa expresó: "El hecho
de que Cuba sea una isla no es solo el que esté rodeada de agua.
En realidad ha sido un país muy cerrado, un país de difícil acceso
y del cual es difícil salir. Creo que sin venir a Manhattan,
tenemos a Manhattan dentro de nosotros , como
un sueño, como cultura de la televisión y por tantas películas de
Hollywood, por tantos relatos y, también por tantos parientes. La
Habana es una cultura que conozco muy bien- que puedo desarrollar
y aprovechar para mi trabajo. Me interesa establecer conexiones
entre espacios".
[5]
Otra artista a quien también le interesa el establecimiento de límites y relaciones
es Yamilys Brito. A manera de mapa en
cuanto a creación de vínculos
y proyección imaginaria del espacio se concibió la obra Lectura de Espejos(1996),
referida a las dos Habanas, la de aquí y la de Miami. Utilizando
el procedimiento ya distintivo de su obra de valerse del nombre
de las calles creó una especie de mapa donde dividía a Cuba de Estados
Unidos mediante una pieza que simulaba al malecón habanero, mientras
arriba y abajo construyó sus fabulaciones a partir de la Calle 8
(Miami) y la Avenida Independencia (La Habana). Por supuesto que
el carácter de mapa residía en la intención de crear divisiones,
límites, fronteras, mediante la inclusión
del muro del litoral habanero para separar los dos territorios.
La imagen del malecón funciona en este caso como la línea divisoria
que en las representaciones cartográficas deviene
protagonista. La utilización del proyecto
con sus implicaciones reales y utópicas junto al elemento fotográfico,
así como la referencia al
mapa y las variantes en su tratamiento, son simplemente algunas
de las vías que los artistas cubanos han encontrado para
acercarse al tema de la ciudad y la arquitectura habaneras,
mostrando, de esta forma, una preocupación creciente por esta temática,
debida también a las amplias posibilidades expresivas
que brinda. Apropiarse de la imagen de la Ciudad de La Habana, permite
a los artistas concebir
un discurso respecto a la ciudad y su arquitectura, que se valga
de sus cualidades morfológicas pero que no se limite a ellas. Sobre
todo representa una forma de insertarse
en el corpus conceptual propugnado por el arte contemporáneo cubano,
con amplias posibilidades de desarrollo.
[1]
Concepción Otero Naranjo. “Una mirada a la arquitectura
cubana”. En Arquitectura
cubana. Metamorfosis, pensamiento
y crítica, Consejo Nacional de las Artes Plásticas, La Habana,
2002, p.111.
[2]
Juan Antonio Molina. “Estética de la frustración”.
Palabras al Catálogo de la Exposición Inside Habana. Espacio Aglutinador, La Habana, enero, 1995.
[3]
Gerardo Mosquera. El espacio decapitado, Centre Pasq Art,
Biel Bienne,
Suiza, 1995, p. 44.
[4]
Carlos Garaicoa.
Entrevista realizada por las autoras, La Habana, 24 de Mayo de
2002.
[5]
Carlos Garaicoa.
Entrevista realizada por Coco Fusco con motivo de la Exposición Cuando
el deseo se parece a nada.
Art in General, New York, 1996. |
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