En el trazo de las constelaciones
(ninguna descripción es inocente ni es solo eso)

Había escuchado del historiador como narrador, del crítico como interlocutor interesado -aunque no siempre eficaz- me los había imaginado a ambos como cartógrafos que re-dibujan los mapas cada vez que cambian los paradigmas de la percepción y el entendimiento, pero nunca se me ocurrió la metáfora demasiado celeste de trazar constelaciones. Sin embargo, como ya la autora ha advertido, que nadie se llame a engaño; que esto no tiene nada que ver con identificar "estrellas", sino estructuras, tendencias y prácticas artísticas, eso sí, desde la distancia benevolente que desde tierra permite una mirada general e inclusiva.

De la Voluntad matérica a la Crítica de la Representación, pasando por intereses más específicamente formales, poéticos y temáticos, Tamara Díaz señala así, algunas de las constantes que parecen convocar a los artistas contemporáneos costarricenses desde Juan Luis Rodríguez Sibaja, al mismo tiempo que observa como positivo, que la dinámica del arte costarricense actual radica en un desplazamiento gradual que va desde la autocomplacencia formal y lúdica hacia "incisivos cuestionamientos y sospechas", distanciamiento que implica redimensionar el estatuto político de la obra de arte en un proceso mediante el cual, el arte se transforma más en mirada que en objeto ensimismado, el artista más en testigo que en pequeño-dios y la obra artística como más intencionalmente inscrita en el ejercicio de interpelar las certezas del entorno y la Historia.

Este ensayo advierte insistentemente en que es la lectura de un escenario en curso, un trazo "con los objetos encontrados", lo cual se convierte también en un acto de re-presentación cuya eficacia radica en hacer visibles ciertos campos semánticos, y los posibles ejes que concurren en su construcción.

Me parece que en ese cometido, Tamara Díaz opta, con rigor teórico e historiográfico, por un lenguaje claro que se aparta de afirmaciones temerarias, apuestas evidentes o infundadas, pero sobre todo, de vaticinios estelares, ya sean estos trágicos o maravillosos.

Con gran respeto por la inteligencia de sus interlocutores, Tamara termina hábilmente su ensayo dejando la puerta abierta a las propias obras y a las ideas expresadas por los artistas acerca de su propio trabajo, como último insumo para decirnos -a mi modo de ver- que entre dicho y hecho hay más y menos trecho, y a veces, más de una soga al cuello que no es el crítico ni el historiador quien se encarga de apretar a su debido tiempo como acusan algunos de sus detractores…

En este sentido, quiero aprovechar la ocasión para recordarnos a todos, que el ejercicio crítico inherente a la labor curatorial así como a la investigación histórica y teórica, son parte del sistema de distribución y consumo del arte, así como que el arte mismo ES un sistema compuesto de muchos elementos y agentes. ¿Cómo puede una producción artística crecer cualitativamente sin mecanismos de contrastación y confrontación, sin otros espacios de análisis acerca de su vigencia o su pertenencia?

Creo que este ensayo es un aporte significativo a esa tarea en la que, afortunadamente se viene avanzando visiblemente sobre todo a partir de los últimos diez años.

En el trazo de las constelaciones nos invita a leer entre líneas pero especialmente quizá, a interrogarnos sobre qué es eso de lo que NO habla el arte costarricense de hoy por amnesia selectiva, social o personal, provocada o involuntaria. Y a nivel institucional, sobre el valor de lo que se ha hecho y a reflexionar sobre qué estamos dejando de hacer, siendo aún necesario.

Finalmente, quiero felicitar al Centro Cultural de España por promover, desde su inauguración en 1992, estos espacios de encuentro y diálogo, e instarles a que el proyecto de Miradas Subjetivas que se inicia con este libro, encuentre continuidad en otros temas de tanta y más relevancia como aporte a la construcción de la memoria cultural de este país.

Emilia Villegas González
10 de Marzo 2004