José
A. Menéndez: Buenas Tardes. Mi principal función en este panel,
creo, es una sencilla función de anfritión y para ello voy a comenzar
presentando a los que integran este panel: Silvia Llanes, crítico
de arte y especialista del Consejo Nacional de las Artes Plásticas,
conocedora del tema del diseño; Lucila Fernández, profesora del
Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI), estudiosa de la
historia y de la actualidad del diseño cubano; Ernesto Oroza, diseñador
industrial, graduado de esta escuela, ejerce como diseñador y ha
llevado a cabo una investigación acerca del diseño alternativo,
emergente, también llamado popular; Adrián Fernández, arquitecto
y diseñador, fue profesor de diseño y actualmente es profesor de
la facultad de arquitectura. Entre ellos cubren un campo bastante
interesante dentro de la práctica del diseño cubano y pueden responder
al tema que nos convoca hoy. ¿Quisieran empezar por las fortalezas?
Lucila Fernández: Me interesaba oír primeramente las opiniones del panel
y de otros de ustedes pues vengo estudiando la problemática del
diseño en Cuba, todavía bastante por arriba, digo, a mi modo de ver, me falta mucho por hacer; y a partir
de haberla estudiado pues tengo algunos conceptos fijos, conceptos
que cada vez que me dicen “vamos a pensar la problemática del diseño
en Cuba”, vienen. No los quería decir porque puede ser que cuando
oiga al resto de la gente podrían no ser tan válidos, así que prefería
escuchar las otras opiniones, pero por abrir el debate diré cuales
son las fortalezas del diseño. Creo que una fortaleza muy especial
tiene que ver con la institución donde yo trabajo, pero con la historia
de esta institución que existe desde 1984 y con la historia de la
Oficina Nacional de Diseño Industrial que desde 1982 existe. Es
decir, la posibilidad de contar con estas instituciones todo este
tiempo, creadas, una para la divulgación, la evaluación y la promoción
del diseño del país a nivel estatal, a nivel nacional, que es la
ONDI; y otra, un Instituto Superior de Diseño Industrial, recalco
lo de superior porque todavía existen muchos países donde las carreras
de diseño industrial no tienen un nivel superior, es una ventaja.
Además, un Instituto concebido sólo para diseño, que en muchos lugares
las especialidades de diseño están vinculados a la arquitectura
o a facultades de artes sin la especificidad y sin la fuerza que
en nuestro país viene teniendo desde hace veinte años. Esto, a mi
juicio, es muy importante como fortaleza.
Ernesto Oroza: Yo todavía tengo una ubicación dentro del diseño cubano más
como espectador y estudiante, todavía no logro rebasar esa etapa
donde puedo sentirme cómodo dando criterios sobre la actualidad
del diseño cubano contemporáneo. Sí tengo mis propias vivencias,
mi propia relación e intercambio con otros profesionales y con la
práctica de diseño. Coincido con Lucila que tener la escuela puede
considerarse una base que nos permite percibir, quizás, algún tipo
de fortaleza, de constitución, prueba de que existe diseño en Cuba,
y creo que esa institución, ha formado profesionales durante dieciséis
años posibilitando que los encuentros entre creadores, los debates
con instituciones sean cada vez más serios, que los diseñadores
tengan un grupo mayor de herramientas para procesar el diseño, para
dialogar entre ellos e intercambiar con personas de otras instituciones
en el mundo entero. Pienso que la escuela cumple una función muy
importante, los diseñadores, y eso es algo que los profesores nos
inculcaron, viven esa pasión por el diseño. Los profesionales siguen
tratando de evolucionar dentro del campo del diseño, de ser más
creativos y han mantenido la disciplina en Cuba haciéndola más sólida,
aunque corren tiempos difíciles y la gente trata de buscarse la
vida.
Adrián Fernández: Bueno, el tema de la fortaleza, pienso se queda a un
nivel cuantitativo, a nivel de masa de profesionales que se gradúan
a través del tiempo, y aunque no es mi área de trabajo, es en el
diseño gráfico donde yo encuentro, en estos últimos años, un resultado
más coherente y más de vanguardia que, comparado con el medio internacional,
logra ser decoroso. No voy a referirme al diseño industrial porque
tendría que hablar ya no de fortalezas. Le cedo la palabra a Silvia.
Silvia Llanes: Para compensar, quiero señalar las que considero dos serias
debilidades del diseño en Cuba: la primera, diseñar para un país
con un escaso desarrollo industrial, donde las posibilidades están
limitadas y donde la(s) persona(s) o empresas que van
a encargar el diseño, no son lo suficientemente amplias como
para cubrir las expectativas y la cantidad de diseñadores que hay, que son
bastantes, no sólo en el diseño industrial, también en el diseño
gráfico. La otra debilidad está en lo que refiere a la conciencia
de diseño: la comprensión entre los que encargan el diseño y los
que lo hacen y/o enseñan, de qué cosa es diseño, para qué sirve,
cómo se independizan dentro del campo de la creación y cómo hay
que enseñarlo y ejercerlo. Como decía, esta falta de comprensión
es para mi, quizás, una debilidad mucho más fuerte que aquella de
que no tengamos suficiente industria para colocar a todos los diseñadores
que nuestro instituto forma.
José A. Menéndez: A mi me gustaría mencionar una debilidad. Si bien la
situación económica del país difícilmente se resuelva de forma inmediata,
hay una cosa que me parece que pudiera hacer cambiar algo la situación
que tiene el diseño cubano, es un pequeño aspecto, pero quisiera
señalarlo. El diseño en Cuba, en cualquiera de sus
campos en los últimos años, adolece de establecer jerarquías
y está muy necesitado de las aportaciones que puedan hacer estudiosos
cuyos análisis y reflexiones mapean el terreno sobre el cual crean
los que realizan el trabajo en la práctica. Me parece fundamental
que se pueda reflexionar sobre lo que se va logrando, sobre lo que
no se logra, sobre lo que se parece a lo que ya existía hace mucho
y creemos que estamos redescubriendo, los antecedentes de hace cien
años atrás, que hay de nutritivo en todo eso y si puede servir al
presente. Y en ese sentido, cuando decía de establecer jerarquías
creo que es una aspiración que debería tener el diseño como la tienen
otros campos de la creación, de las artes o puede ser de las ciencias,
en el que los que entran nuevos -practicantes, interesados, clientes-
puedan identificar quienes son las referencias. Esto sería muy útil
al diseño, porque podríamos identificar quienes son los abuelos,
quienes son los padres y los más recientes que trabajan ese campo,
para eso hacen falta estudiosos, especialistas que ayuden a repensar
lo que está hecho, lo que se hace; a honrar aquellos que han hecho
siempre un buen trabajo algunos olvidados, muertos o vivos; que
ayuden a ponerlo en papel, en libros y publicaciones... siempre
se habla mucho de que no hay una revista de este campo en el país,
tampoco existía de fotografía y ahora parece que va a existir. Hay
una historia verdaderamente fantástica del diseño en Cuba en poco
más de cien años y apenas hay un par de libros que algo recogen.
Considero que esas jerarquías ayudan a darle una fortaleza a los
que trabajan en ese campo y reconocen lo que son y qué relación
tienen con ese pasado, es muy útil, no sólo respecto al pasado,
sino con el presente, pienso que es fundamental que se reconozcan
entre ellos, que vean lo que otros están haciendo. Es una tendencia
entre los diseñadores no participan de ese interés, no hay hábito
de informarse de lo que hacen otros, de participar del debate de
las ideas, solo van, lamentablemente, si es una asamblea donde se
va a decidir aspectos más bien de la práctica más inmediata, menos
trascendente. El diseño necesita de otros profesionales, ya que
los diseñadores no lo hacen, sean de historia del arte o de periodismo
que ayuden, con las herramientas que ellos poseen, a la reflexión
sobre el diseño, al debate de ideas sobre el diseño.
Silvia Llanes: Sí, cuando me refería hace
unos minutos al desconocimiento general, o casi general, de las
personas sobre a qué se está refiriendo cuando habla de diseño,
para qué se usa y quienes lo hacen, parte de una primera definición
que sigue siendo hoy una discusión, y que muchas veces limita al
diseño: dónde están los diseñadores, cuál es su trabajo, dónde se
promociona ese trabajo, qué es el diseño, cuáles son sus ramas y
para qué sirve. Todavía actualmente cuando se enfrenta a un trabajo
de diseño gráfico y se confunde quien lo hace, si es un diseño o
si es una ilustración, si él es un ilustrador o un diseñador, o
enfrentarse a una muestra de diseño industrial y analizarla con
los mismos parámetros con que se analiza una exposición de escultura,
por poner un ejemplo dispar, es todavía un grave problema. Adolecemos
de especialistas que hablen de eso, de una voz que pueda explicar
qué pasa con los diseñadores cubanos y de una comprensión por parte
de los medios y por parte de las instituciones. En hechos tan evidentes
o importantes exposiciones como la que se realizó aquí en casa de
las Américas, la gente no entendía porqué una exposición como ésta
tenía la relevancia que se le adjudicaba. Por ejemplo no se le ha
otorgado un verdadero lugar a hechos que ocurrieron tempranos los
noventas, que han sido definitorios y así algo como Agua con azúcar* muchas veces es
obviado, cuando constituye un reportaje sobre una época y un
pensar. Las condiciones para que esto sea superado, solucionado
están ahí, lo que hay es que buscar los métodos, la manera de lograrlo.
Ernesto Oroza: Cuando me invitaron a participar en este debate, a mi me
costó trabajo tener un pensamiento positivo, alguna fortaleza… sin
embargo, Lucila me inspiraba mencionándome la escuela y coincido
con ella, pero sigo teniendo un pensamiento muy radical en ese sentido.
Pienso que el diseño tiene una falta muy fuerte de orientación ideológica,
hace mucho tiempo que el diseño cubano dejó de estar asociado a
los proyectos sociales. En el mundo entero, el diseño y el diseñador
cumplen, a mi entender, una
función de mercenario de la industria y el mercado, de muchísimos
generadores de dinero y de poder en todas partes. Y me duele ver
que en Cuba está pasando lo mismo. Está entrando el dinero por diversas
vías (el turismo y otros sectores) y los diseñadores están trabajando,
están siendo llamados por algunas instituciones para realizar un
trabajo y lo hacen sin cuestionarse cuál es su función dentro de
ese proyecto, cuál es la función ideológica de este proyecto y el
valor social de lo que está creando, qué valores está creando. No
sabemos qué tipo de diseño estamos haciendo, si burgués o socialista,
o de qué tipo. Siento que el diseño actual en el mundo sólo puede
existir al lado de los problemas sociales, de otro modo crea élite,
diferencia, discriminación. El diseño en Cuba adolece de una guía
ideológica, metodológica clara que puede estar naciendo en la propia
escuela, a nivel de estado o de sociedad. Añoro la época en la que
Córdoba creaba inspirado por el gobierno, por el país y diseñó cosas
para nosotros, donde estudié y trabaje, pero siento que eso se perdió.
No sé qué tipo de diseño hago, a quien va dirigido mi diseño, qué
valores está haciendo o está levando a la casa de las personas,
si es que está llevando alguno.
Adrián Fernández: Ernesto pienso que toca un tema muy interesante. La pérdida
de la tradición, aquella que de algún modo se recogió en los setentas
con toda la producción y la obra del profesor Córdoba, Maria Victoria
y la EMPROVA, con aquel lenguaje muy coherente con el entorno arquitectónico,
el objeto lograba integrase bien. El proyecto de diseño industrial
fracasa en Cuba en este momento, en el sentido de que no se involucran
los problemas sociales, no participa de mejorar la calidad de vida
de la gran masa de la población. De hecho las instituciones que
se suponen orientan y dirigen el diseño industrial en Cuba no tienen
una estrategia volcada a resolver los problemas de la sociedad en
general. Deben reorientarse. En la industria cubana, fuera de ese
momento –los años setentas- en que logró el apoyo de las instancias
políticas, no se aprecia una coyuntura de este tipo, y sin apoyo
político no puede haber un desarrollo del diseño, pues este se realiza
en la producción, en la industria. No hay en el país una industria
que se interese en un proyecto inteligente de diseño y no intente
imitar los estándares, las pautas del mundo capitalista y primer
mundista, porque no estamos en esas condiciones. Precisamente retomar
el discurso de la EMPROVA de los años setenta es todavía un camino
para el diseño cubano, olvidada quizás por la gran mayoría de los
funcionarios y diseñadores. Hoy no hay alternativa y el reordenamiento
de este pensamiento es la búsqueda hacia una industria artesanal
o micro-industria donde se podría reorientar de una parte la vocación
de los diseñadores para poder lograr un acercamiento a los problemas
de la sociedad.
Lucila Fernández: Yo incluso iría un poco más allá y es que nosotros no
estamos aprovechando en el diseño de hoy en día lo que pueden ser
algunas fortalezas. Cuba tiene logros desde el punto social que
en otros lugares de América Latina están muy lejos de alcanzarse
y sus diseñadores se están dirigiendo a esas áreas y nosotros no.
El mundo tiene una urgencia de conservar las identidades, de reforzar
lo local. En América Latina y otros países no muy desarrollados
se están orientando hacia el diseño local, el diseño de identidad
para parar el disloque del mundo que estamos viviendo y entonces
nosotros por falta de conceptualización que, si bien el diseño en
Cuba nació con una fuerte conceptualización en el bregar de su desarrollo,
estimo que lo ha perdido. No nos damos cuenta que pensar lo que
estamos haciendo nos ayudaría ha realizar un diseño con redundancia,
con valor.
Silvia Llanes: Esta digamos posición abúlica respecto al diseño, de diseñar
para que quede bien, para que se vea bien y cumpla una función de
comunicación y para que mi producto venda. Esta actitud de abulia
hacia los hechos sociales parte de un desconocimiento o de un olvido
de las tradiciones y por eso insistía en la importancia de saber
sobre el diseño, de no obviar la tradición. La solución pudiera
estar desde la propia formación de los diseñadores, si no tenemos
una institución como universidad, nuestro instituto de diseño, que
insista en cuáles pueden ser las características específicas,
los parámetros, los paradigmas del diseño en Cuba y cuál es nuestra
historia del diseño, de nada vale que nuestros alumnos sepan muchísimo,
si desconocen precisamente esta tradición. Con desconocimiento de
uno mismo no se puede lograr nada. Hay una frase de Fernando Ortiz que dice “todo pueblo que se niega a sí mismo,
está en trance de suicidio”. Espero que eso no pase con nuestro
diseño.
José A. Menéndez: Si alguien del público desea compartir sus reflexiones...
Pedro
Contreras: Soy especialista en diseño del Centro de Artes Plásticas
y Diseño y yo también siento que la memoria se pierde, hay que escribir
algo, aunque no se publique ahora porque no poseemos el medio, y
agradezco esta iniciativa de Casa de las Américas por abrir más
el círculo de interesados. Por ejemplo ahora hay una exhibición
de los sesentas en el Museo Nacional de Bellas Artes que se llama
Mirar los sesentas y en una de sus secciones (“La imagen del hombre”)
que me interesa por su relación con el vestuario, veo, contrariado,
que en los sesentas no hubo figuras, no hay nombres, Fernando Ayuso
murió y el pobre no existe. Todos sus diseños en el Taller Experimental
de la Moda en La Rampa que se creó en los sesentas no existen, al
menos el que va a esta exposición no se percata. Entonces concuerdo
en que hay que escribirlo. A veces se dice que no hay una historia
del diseño en Cuba y no es así, en los años 20 y 30 hubo diseño,
está, entre muchos, Clara Pourcell, una maravilla del diseño del
mueble y casi no la conocemos, aquí con nosotros está Gonzalo Córdoba
a quien se le otorgó el Premio Nacional de Diseño y gracias a una
exhibición reciente se dio a conocer gran parte de su quehacer.
Pero quizás esto sea ignorado por muchos alumnos. Es importante
que los estudiantes sepan lo que se hace hoy en el mundo, pero también
lo que se hizo y hace en Cuba. Hará unos meses
un estudiante hizo su tesis sobre el diseño de mobiliario
Art Nouveau para la rehabilitación
de un edificio y no sabía que en Cuba había habido un mobiliario
Nouveau, realizado aquí, se lo comenté y me dijo que esa información
no estaba en los libros, le respondí que era verdad que en los libros
no, pero sí en las revistas de la época, tenía que ver las fotos,
los anuncios de mobiliario, investigar en profundidad.
Toledo
Sande: Entre las fortalezas que tiene el diseño cubano está
el tener personas que piensan como ustedes. Hace algunos años nos
quejábamos de estar demasiado fuera
del mundo y nos parecía mal y ahora creo que estamos demasiado dentro del mundo, de ese mundo que está
dominando. Francamente no creo que la solución esté en la pequeña
industria de la que se hablaba y que puede resolver algunas cosas,
sino que necesitamos una gran industria que recupere algo del rostro
cubano porque antes la ropa hecha en Cuba era lo feo, lo cheo
–esa categoría que se ha olvidado con que se definía la poca calidad
de lo nacional. Ahora no se produce casi nada en Cuba, y lo que
compramos no es cheo presuntamente,
pero suele ser de un mal gusto horrible y nos sumerge en un mundo
horrible pagado en la moneda”bella” que es en realidad la moneda
terrible del mundo, lo que crea una serie de deformaciones muy profundas.
La alternativa artesanal, por su parte, produce camisas muy lindas,
pero igual de caras que las que habitualmente encontramos en las
tiendas. Éstas últimas nos convierten con frecuencia en portavoces
del mal gusto con los anuncios de marcas o firmas visibles en etiquetas…
Asimismo, hay aspectos más serios que confirman influencias negativas
como las trampas al idioma que constantemente nos encontramos. Por
ejemplo, usted llega al Aeropuerto José Martí y se encuentra un
parking y un aparcamiento como en Madrid o Miami, pero no halla
un parqueo o un estacionamiento; o se va a Miramar y se encuentra
el Miramar Trade Center traducido al español, a mucho ruego, como
Centro de Negocios Miramar en segunda lengua, con una letra pequeñita
y al pie. Es decir que estamos hablando del diseño no sólo como
dibujo sino como el diseño de una ciudad que es algo que está en
juego y es más serio todavía.
Miriam
Dueñas: El diseño tiene muchos apellidos pero sigue siendo una
única disciplina. Nunca nos reunimos y esto es algo importante porque
en los años 60 los diseñadores de los diversos campos se reunían.
Cuando se estaba diseñando la Escuela Nacional de Arte, en sus sótanos
funcionaban talleres de los arquitectos que estaban diseñando el
edificio donde se hacían conferencias tanto por arquitectos como
por diseñadores. Allí conocí a los diseñadores Gonzalo Córdoba y
a María Victoria Caignet. Vean qué distancia, es decir, yo soy diseñadora
de vestuario y Córdoba y María Victoria de interiores, de muebles;
ahí confluíamos decoradores, diseñadores y arquitectos como Porro,
Garatti, Gottardi. Esta unidad hace que cuando intercambiamos casi
siempre confrontemos las mismas carencias: falta de apoyo y de comunicación,
problemas con la teoría, el conocimiento y dominio sobre nuestra
actividad que es muy pobre. Hay otras disciplinas que se están acercando
al diseño y que están teniendo mucho éxito. Los relacionistas públicos
por ejemplo instan a los gerentes de hoteles y empresas a
incluir el diseño como una actividad necesaria en su plan de trabajo.
Esto me lleva a que el diseño debe tener un espacio para el debate,
hoy es aquí en la Casa de las Américas, antes lo hizo el ISDI, pero
debe haber una entidad que
lo convoque, que nos reúna para iniciar un camino hacia la unión
y la discusión de las problemáticas. Nosotros los diseñadores escénicos
de La Habana nos desplazamos a provincias para intercambiar criterios
con el resto de los diseñadores escénicos del país. Además hemos
organizado un grupo de trabajo de seis diseñadores que tratamos
de recuperar toda la memoria visual que sobre diseño escénico existe
desde 1959 a la actualidad, creando un fondo digitalizado importantísimo.
Con este trabajo recopilamos una valiosa información sobre cuántos
diseñadores trabajaron, cada una de las obras y grupos a los que
pertenecieron o pertenecen, y cuando han fallecido, interrogamos
a los familiares que custodian su obra. Con seguridad en dos o tres
años vamos a tener un libro,
nuestra memoria no se va a perder tan fácilmente.
Norma
Guillén Limonta: Yo trabajé muchos años en publicidad para Fama
que era una agencia de productos de bienes de consumo, industria
ligera, confecciones y textiles, diseños de modalidades grandes
y diseño de identidad para empresas. Sufría las consecuencias de
la falta de comprensión del que solicitaba el diseño y del enfrentamiento,
como jefa de un equipo, al diseñador y
su dificultad al querer crear con lo que aprendió en la escuela
que luego el cliente no entiende porque es otra su motivación, su
interés. Es decir, mediar en esa comunicación era difícil. Esta
falta de enlace en experiencias que pudieran establecer la eficaz comunicación deseada tanto por el diseñador
como por el cliente, con la población, es lo que me motivó a participar
de este debate, ver cuánto se había avanzado. Como investigadora
social y del tema de la mujer, reflexionando sobre el tópico del
reflejo y del diseño con la imagen de la mujer en la publicidad,
sigo encontrando que no estamos reflejadas ni desde el punto de
vista racial ni laboral, entre los muchos temas en los que podríamos
estar. Existe una Asociación Cubana de Comunicadores Sociales con
un grupo de diseño para superación que a través de postgrados, donde
he llevado algunas conferencias, han trabajado el enfoque de género
en el diseño. Claro que es muy difícil, si no se toca como tema
desde la escuela, lograr sensibilizar a los diseñadores con este
enfoque. Y esto es todavía una limitante para el diseño.
Adrián Fernández: Quisiera aclarar una idea que señalé anteriormente y
fue malinterpretada. Cuando hablaba de la pequeña industria o la
industria artesanal como posible solución, lo hacía pensando en
ella como estrategia que retomara esos espacios, niveles de producción
y de trabajo que existen en el país y que en estos momentos el diseño,
digamos, oficial, la ONDI y los profesionales del diseño olvidan
o ignoran como una posible fuente de trabajo.
Conozco la gran industria de este país pues trabajé muchos
años en Metal Mecánica y desde hace cinco años soy jefe de diseño
de la Industria Ligera que trabaja la línea del mueble, es decir,
sé como funciona, así que veía a la pequeña industria como vía plausible
necesaria de ser explotada. En cuanto a lo que se comentaba sobre
la relación entre el cliente y el diseñador, está claro que el resultado
de un diseño está en función de un cliente. Charles Eames, una figura
emblemática dentro del diseño internacional, siempre recomendaba
que cuando uno fuera a hacer un diseño buscara ese espacio de intersección
entre los intereses del cliente, de la sociedad, los de la producción
y del diseñador. Tenía un esquema en el que el espacio de intersección
era un área tan pequeña que si uno privilegiaba algún interés por
sobre los otros, se corría el riesgo de errar.
Lucila Fernández: Sobre esto quisiera hacer una reflexión muy importante.
Hay un error cuando se habla del diseño como profesión. Indudablemente
el diseño es una profesión, pero es también algo más que eso. Una
de nuestras debilidades ha sido acentuar este carácter profesional
en el sentido de que es algo que se enseña a hacer y después uno
lo repite una y otra vez. El diseñador entonces trata de darle un
servicio a un cliente. Y no debe ser así. Como diseñador, él da
un servicio a la sociedad, al hombre. Debe saber ver más allá del
cliente y visualizar el problema, para luego ser capaz de meter
al cliente en el problema y juntos resolverlo. Ahí está el rigor
que un buen diseñador sabe hacer. Esa es una debilidad –el cerrarse
sólo a la profesión- y una fortaleza –en tanto comprender que no
diseñamos para un cliente sino para un determinado problema que
implica ambiente, sociedad y hombre.