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Cruzando las fronteras del entendimiento* |
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Cruces |
Usted, desde luego, puede decir que el diseño debiera
ocuparse de la esencia de la información, no solo de su apariencia
formal. La tipografía, por ejemplo, es más un asunto de balance,
claridad estructural, consistencia formal, detalle minúsculo, que
de “frescura” o “tendencia”. Yo por supuesto estaría de acuerdo
con eso, pero también diría: no cometa el error de separar, en aras
de la argumentación, lo que de hecho está íntimamente relacionado. Forma y función están conectadas en formas que se tornan
cada vez más intrincadas hoy en día. El viejo lema modernista de
“la forma sigue a la función” aún es aplicable, pero en estos tiempos
lo contrario también puede ser cierto: “La función sigue a la forma”.
Si una forma es altamente simbólica puede ser utilizada como función.
Los signos del tránsito o los logotipos son buenos ejemplos de ello. Me gustaría ir un paso más allá y afirmar que en una
cultura informativa altamente sofisticada, con una fuerte tendencia
hacia la comunicación visual, es decir, en la sociedad en que vivimos,
la forma ES función. El cursor con forma de “manito” en las interfaces de
computación es un caso típico: se pudiera explicar que esta versión
está basada en una asociación formal con el nombre del artefacto
“mouse”, y se parece al tipo de guantes
que Mickey Mouse usa, obviando el hecho
de que los ratones normalmente no tienen manos. (ver
imagen 1) Esa es la mirada estética, o si usted lo prefiere, la
mirada de “historiador del arte” a este icono. Pero también es una
forma con una función: indica un estado activo específico del cursor.
Significa “haga clic aquí”. En los últimos diez años la forma y
la función de este pequeño icono se han vuelto completamente idénticas:
es una herramienta, una interface... Identidad En los medios de comunicación contemporáneos, forma y
función se han identificado entre sí grandemente. En cierto sentido, esto ha sido siempre así: todo embellecimiento
o acentuación estética (también) ha sido siempre funcional. En las llamadas culturas primitivas la forma y la función
de la decoración corporal coinciden: ellas identifican a una persona
como perteneciente a una comunidad, un grupo etáreo,
una jerarquía social. Mediante sus realces decorativos la gente
se “tipifica”. Hoy en día la “diferencia” se alcanza con un pequeño
signo tipográfico, convertido en el icono fundamental de la cultura
de marcas: el signo de la marca registrada, ®. En la cultura de marcas, la forma lo es todo. La expresión
formal de una marca es su contenido. Todos los detalles del vestuario diseñado por los héroes
de la moda holandesa Victor & Rolf (ver imagen 2) tuvieron en una época una función “análoga”:
eran bolsillos, sostenedores de herramientas, cinturones, tirantes,
etc., pero en este vestido eso ya no importa de una manera funcional
anticuada: importa como referencia visual a cosas que conocemos
(a funciones que nos son familiares) –la razón principal para usar
tales formas funcionales familiares en esta moda es que la familiaridad
de tales detalles nos hace ver más claramente que su vieja función
ha sido excluida del proceso y reemplazada por otra función: la
de sobrecarga icónica. Este vestido es más una declaración acerca
de la sociedad de la información que acerca del tema de la vestimenta
práctica. La relación con la cultura visual mediatizada es reforzada
con el uso de este tono específico de azul, conocido también en
los círculos mediáticos como “azul clave”: el color que se utiliza
para proyectar sobre ella otra imagen de video... El vestido efectivamente
sirve como superficie de proyección... Tales declaraciones de la moda son una indicación de
la “informatización” de la superficie. Ya no estamos mirando a la
ropa y, en cierto sentido, tampoco estamos mirando a la gente que
la usa... Ropa, cuerpos, posturas, son utilizados para hacer declaraciones,
para trasmitir información de una forma que nunca antes estuvo tan
íntimamente vinculada con los portadores de esa información (o,
uno pudiera decir, que vuelve a las formas en que las culturas “primitivas”
identifican la información y su medio...). En los performances de Vanessa Beecroft, muchachas que
lucen idénticas simplemente están de pie en una galería o una sala
de museo, desnudas o vistiendo solo pequeñísimas bikinis. ¿A qué
estamos mirando nosotros, el público? Estamos mirando al reverso
de un fenómeno cultural que el psicoanálisis moderno denomina “La
Mirada Fija”; en los performances de Beecroft,
las muchachas que ella dirige en la escena se tornan casi virtuales,
y nuestras miradas fijas se convierten en el contexto real del performance... A veces son necesarias confrontaciones tales como la
de Beecroft entre los mundos que la cultura
visual y la publicidad intentan mantener separados para percatarse
de la separación en sí. Hay mucha información allá afuera que está
tratando muy fuertemente de mantener otra información fuera de la
escena. Esta es la primera frontera a la que quiero referirme hoy:
la barrera –conocida generalmente como “contexto”– entre lo que
hay dentro de un mensaje y lo que hay fuera del mismo. Los diseñadores gráficos están en muy buena posición
para mostrar los vínculos entre este “adentro” y “afuera”. Veamos el cartel de Peter Moser (Lucerna, Suiza) para la exposición Happy, das Versprechen
der Werbung (Feliz. La promesa de la publicidad) en
el Museo de la Comunicación, en Berna, 2001 (ver imagen 3). Creo
que todo aquel que vive en una ciudad moderna entenderá la referencia
al estilo publicitario de la marca de ropa Hennes
& Mauritz. H&M
utiliza modelos de primer nivel para anunciar ropa barata. Su enfoque
es una provocación en sí mismo. H&M
relaciona lo que la gente puede costear (ropa simple) con lo que
no pueden (seducción). Moser convierte
este acto “emancipador” de seducción en una crítica a la forma en
que trabaja la publicidad de la moda: en vez de la “promesa” que
se menciona en el título de la exposición, él muestra la realidad
que está vinculada a la misma: gente corriente en ropa corriente... Otra forma de mostrar las tensiones entre “adentro” y
“afuera” de los mensajes visuales es confrontarlos abiertamente
sobre la base de analogías visuales. El método aquí es: lo que puede
parecer lo mismo no tiene que significar lo mismo. Esta fotografía escenificada de Wild
Plakken (ver imagen 4) del fotógrafo holandés
Rob Schröder confronta dos maneras
de protegerse a sí mismo de influencias externas potencialmente
dañinas. La imagen sugiere que encubrirse frente a la mirada de
otros es como protegerse contra gases tóxicos. La imagen dice: “Su
mirada es venenosa.” Desde luego, la forma en que lo dice y el contexto
en el cual se haya también implican una crítica a esta actitud.
Eso me gusta: una sola imagen que usa retórica visual para hacer
una declaración y vincular esa declaración a su contexto cultural... La moda es un medio interesante para hacer declaraciones
sobre contextos sociales y culturales. Debido al hecho de que la
ropa está tan inmersa en nuestras culturas, no solamente como vestimenta
sino –lo que es más importante– como declaraciones, como expresiones
de quiénes somos o queremos ser, la moda aborda nuestra representación
simbólica en el sentido de que brinda respuestas funcionales a necesidades
físicas directas. La moda alimenta también nuestras necesidades
psíquicas, simbólicas... Uno de los primeros en reconocer el potencial de esta
situación en relación con la publicidad fue Oliviero
Toscani, director de arte de Benetton.
Sus series de carteles, a veces chocantes, para United
Colours of Benetton, son tan conocidas que solo muestro aquí una (ver
imagen 5). Lo que me gusta de estos carteles es que vinculan temas
grandiosos como la vida y la muerte, la felicidad y la tristeza,
a los contextos de la moda. Desde luego, Benetton
y Toscani a menudo han sido criticados
por vender camisetas cobrándole a la miseria del mundo, pero creo
que eso es demasiado simplista; yo, por ejemplo, rara vez he visto
una campaña de concientización sobre el SIDA más efectiva que la
de Benetton. Para el diseño, hay una lección interesante que
puede ser extraída de la colaboración entre Luciano Benetton
y Oliviero Toscani,
y es que un cliente y un director de arte pueden hacer una diferencia
en un contexto cultural más amplio si se toman en serio el potencial
del medio que utilizan y respetan el enorme poder que estos medios
representan. Los carteles de United Colors of
Benetton de Toscani
muestran que la publicidad en la actualidad es un medio masivo con
un tremendo impacto social y cultural... Los medios Si la moda es la cultura de la identidad, entonces los
medios, en las sociedades mediatizadas de hoy en día, representan
la cultura de la comunicación. “Convivencia” es una vieja palabra para el tipo de comunicación
cultural que está en la base del por qué nos comunicamos: para sentirnos
bien entre nosotros, para intercambiar información sobre las cosas
que nos interesan y que esperamos interesen también a los demás.
Los medios con los cuales tradicionalmente hicimos eso –conversación,
comiendo y tomando juntos– se han expandido y ampliado gradualmente. Pudiera decirse que hoy en día hemos cableado las viejas
herramientas para la convivencia. Podemos hacerlas sonar a grandes
distancias y podemos reinventar las formas de usarlas... La tecnología nos permite virar las cosas al revés y
mirarlas de una forma nueva. También nos permite usarlas por sus
características simbólicas más que por sus características funcionales.
La tecnología nos ha permitido separar el contenido técnico de un
objeto funcional y su apariencia formal. A veces olvidamos que no siempre fue así. En el mundo
analógico, la forma de una herramienta representa su función, la
refleja... Es aquí donde la forma sigue a la función. Pero en un
medio mediatizado, las cosas actúan de forma ligeramente diferente:
esa es la segunda frontera que quiero abordar hoy, la frontera entre
los medios y lo que ellos representan. Esta es una frontera que se desvanece, y como diseñadores
y críticos de la cultura visual debemos estar conscientes de este
hecho: de que los medios están volviéndose cada vez en mayor medida
parte de lo que representan. Ellos no son simplemente espejos que
reflejan todo aquello que se les introduzca; ellos están, en el
verdadero sentido, “interpretando” aquello de lo cual son medios.
Este carácter interpretativo de los medios ha sido reconocido, al
menos de forma subconsciente, desde el momento en que un anuncio
expresó: “como se vio por la televisión”, sugiriendo que el producto
representado en la televisión, por virtud de ello, había adquirido
un nivel más alto de realidad y confiabilidad. A través de nuestros medios pensamos que estamos ejerciendo
control sobre nuestro entorno. Esto solo puede ser comprendido si
pensamos en “control” en términos de información y no directamente
en términos de realidad material. Nos sentimos ligeramente perdidos
cuando somos confrontados con la realidad no disuelta porque no
sabemos cómo interpretarla. Sin embargo, en el proceso de mediación
la realidad adquiere contextos que nos permiten interpretar la información
contenida en el mismo. Sin una interface que facilite
la interpretación, la información es un caos. De modo que, a mi
modo de ver, la primera tarea del diseño de comunicación es proporcionar
una interface. El teórico del diseño Guy Bonsiepe ha dicho lo siguiente sobre las interfaces: “La interface va más allá de la dualidad de lo material y lo inmaterial;
abarca lo que ellos tienen en común. El diseño de la interface determina el rango de acción para el usuario de
productos. La interface crea la herramienta.” Este es un comentario muy interesante: “La interface crea la herramienta”. Sin la interface, la herramienta no existe como información. No tenemos
manera de saber qué hacer con una computadora si no hay un juego
de herramientas diseñadas para hacernos comprender y manipular este
instrumento. De nuevo, en las herramientas tradicionales la forma
de la herramienta nos diría qué podríamos hacer con ella. Es sumamente
evidente lo que se puede hacer con un martillo o unas tijeras. Nuestras
nuevas herramientas electrónicas carecen de esa auto-evidencia. En términos de comunicación, es extraño ver personas
paradas una junto a la otra charlando a través de la interface
de sus computadoras. ¿Y qué hubo de la vieja convivencia? Por otra
parte, ¿qué hay de malo con la “convivencia simulada” si ella brinda
un entorno para un genuino intercambio de información? Los hombres que aparecen en la fotografía (ver imagen
6) son diseñadores mediáticos que se conocen bien y que están sosteniendo
una conversación entre sí, con una audiencia en vivo en la misma
habitación y con una audiencia diseminada por todo el planeta. Uno
de ellos podría estar respondiendo una pregunta que acaba de ser
escrita desde Moscú. Los medios facilitan la convivencia; esta es, yo creo,
una noción que debiera interiorizarse más en la profesión del diseño:
los diseñadores crean interfaces para que la gente se informe a
sí mismos, comunique con otros, juegue entre sí. La interactividad
se torna parte fundamental del diseño en el momento en que empezamos
a verla menos en términos de presentación unilateral de información
y más en términos de cómo los receptores de esa información pueden
actuar sobre ella. Eso es lo que Bonsiepe quiere
decir cuando señala que “El diseño de la interface
determina el rango de acción para el usuario de productos”. Con sus gestos, la joven en la fotografía (ver imagen
7) está manipulando la imagen detrás de ella. ¿Por qué entonces
no mira a la imagen? Porque la verdadera interface
está del otro lado: una pantalla que muestra cómo sus acciones afectan
la imagen que tiene detrás. Ella constantemente cambia su atención
del medio de control al medio que muestra los resultados. Como protagonista
en una obra interactiva, ella se vuelve parte de la misma, su “baile”
no es el resultado del diseño: ¡es el contenido del diseño! Los diseñadores que olvidan el hecho de que lo que ellos
hacen les facilita a otros hacer cosas que quieren hacer, a menudo
conducen a una dramática pérdida de funcionalidad. Desde luego,
se puede jugar con las frustraciones de sus usuarios, pero la aspiración
definitiva para los diseñadores de comunicación en una cultura mediatizada
es no solo saber lo que su producto significa desde adentro (es
decir, sobre la base de lo que el cliente quiere, o de los que se
trata el briefing sino crear la relación
entre el mensaje y el mundo que lo rodea. Sin este flujo constante de información, de comunicación,
de identificación mediante información visual y verbal, apenas podemos
continuar existiendo. Los medios a través de los cuales nos convertimos en
quienes somos tienen un mensaje: si uno no es copartícipe de este
nuevo espacio de comunicación, simplemente no puede comunicarse
en el mundo moderno. Esta condición es resumida con exquisita ironía en la
imagen anónima que tomé de una edición de la revista Adbusters de finales de los años
1990 (ver imagen 8). La imagen es una “modificación” de un mensaje
pop-up estándar del popular programa Eudora de correo electrónico, el cual en su configuración
original solo le informa que no hay correos nuevos. Simplemente
con añadir dos líneas de texto escrito, todo el asunto adquiere
el aspecto de una “expulsión del Paraíso” –usted ha sucumbido a
la tentación de la serpiente, comido de la manzana y, consecuentemente,
ha sido expulsado del jardín del Edén. Para mí es una imagen clásica,
ambos simbolizando el surgimiento de un nuevo medio y el impacto
epocal que el mismo ha tenido en nuestro
intercambio social. De mi propia experiencia puedo decir que nuestros nuevos
medios de comunicación facilitan un intenso contacto a grandes distancias.
Mi novia y yo vivimos a 750 kilómetros uno del otro y valoramos
las formas en que los medios pueden salvar la falta de comunicación
física cuando no estamos juntos. Yo me apoyo en el diseño para hacer
posible esa experiencia. ¿Cómo me permiten mis medios comunicarme
con mi amada? ¿Cómo facilitan la convivencia? Desde luego, nos corresponde a mí y a mis compañeros
de comunicación hacer que nuestra estancia conjunta a través de
los medios a nuestra disposición sea rica y provechosa. Pero el
diseño del medio determina las fronteras de nuestra creatividad. En una cultura mediatizada estamos solos cuando nuestros
medios nos fallan. El diseño de comunicación nos ayuda a cruzar la frontera
de la “inmediatez” al darnos las herramientas para mediatizar. Lo icónico Vivimos en un mundo icónico. Los íconos resumen una cultura
de imágenes. Todo mensaje a nuestro alrededor, ya sea impreso, televisado
o publicado en internet, todo mensaje
tiene un significado, no solo en sí mismo sino como parte de toda
la restante información que nos rodea. El diseño de comunicación
básicamente nos enseña cómo navegar en este laberinto de información. La foto del poste de señalización muestra que el diseño
de interface (y un poste de aviso es una
interface análoga fundamental) tiene tanto que ver con traducción
como con impartir órdenes (ver imagen 9). El mensaje aquí es ambiguo
(¿qué vía es “esta vía”?), pero en este caso la ambigüedad puede
haber estado originada en una traducción defectuosa del texto japonés,
el cual en realidad dice: “cualquiera de las dos vías”. Ahora hace
sentido: usted puede ir por cualquier vía, llegará de todas formas. De hecho, es un bonito ejemplo involuntario de un choque
entre lenguaje verbal y visual (y de lenguajes en general), resultante
en una interface “rota”. Cuando los lenguajes verbales nos fallan, siempre podemos
depender de imágenes, siempre que sean usadas correctamente. Esta
“forma correcta” depende grandemente de lo que conozcamos del contenido
icónico de las imágenes. El caso de la señal de los pequeños peces (ver imagen
10), creo que el contenido parece claro, aún si no podemos leer
el mensaje verbal: “los peces que naden en estas aguas terminarán
por morir”. Pero la retórica visual desarrollada aquí, vinculada
con nuestro propio conocimiento de los contextos, también podría
decirnos que no echáramos aguas residuales en este río o lago, porque
si lo hacemos mataremos a los peces. O pudiera quizás decir solamente
que no debiéramos beber el agua de la cañería porque de lo contrario
correremos la misma suerte que los peces. Finalmente, podría ser
una declaración sobre polución en general: si echamos nuestros desperdicios
en un entorno limpio, moriremos como mueren los peces. Lo que me gusta de esta múltiple interpretación es que
de cualquier forma que usted traduzca este mensaje visual, el contenido
básico seguirá siendo el mismo: “agua sucia mata peces”. ¿Cómo sé
que es agua sucia? ¡Porque los peces mueren! Es asombroso cómo una
simple tautología visual puede resultar en un contenido tan rico.
(Yo podría seguir hablando sobre esta imagen durante horas... pero
continuemos...) Mezclar metáforas es un pecado mortal en literatura,
pero en lenguajes visuales puede ser una rica fuente para complicar
íconos simples en formas que los hagan pequeños ensayos visuales.
Creo que la ilustración de los dos hombres es un magnífico ejemplo
de tal ensayo visual basado en mezclar metáforas visuales (ver imagen
11). Fue creada por el diseñador de Zimbabwe Chaz
Mavyane Davies, para Rhodes Review, en su edición especial sobre la cumbre de las
razas en Sudáfrica en el 2001. Solamente con hacer en blanco y negro el pictograma usual
para “una persona”, Davies ya habría hecho
una declaración: dado que asociamos este ícono
con la separación entre hombres y mujeres en los baños, habríamos
concluido que negros y blancos están separados: una observación
más bien neutral. Pero con la adición de dos elementos de la iconografía
cristiana, Davies añade una interpretación
o “punto de vista” agudo: “Los negros son el diablo y los blancos
son santos”. Ahora el lenguaje icónico adquiere otro nivel. Aparte
de mezclar metáforas visuales, Davies
mezcla diferentes clichés, y en el proceso incluso logra que nos
detengamos en el hecho de que esto es completamente posible. ¿Pueden
clichés tan fuertemente despreciables ser tan poderosos como para
ser reconocibles inmediatamente, incluso después de una operación
retórica más bien compleja? Sí, pueden. El poder de la retórica visual es, en pocas palabras,
un aspecto subestimado de la comunicación social. Hay mucha experiencia
en contar historias complejas en imágenes icónicas en tiras cómicas
y películas, pero en el diseño gráfico raramente es usado para otros
contenidos que no sean los más simples mensajes comerciales. Tratar de remedar una historia tan profundamente enraizada
en nuestra cultura occidental como es la Biblia en íconos visuales
parece casi blasfemo. Aún así, este intento realizado en 1997 por
el diseñador Juli Gudehus, radicado en Berlin, de contar el primer libro de la Biblia en jeroglíficos
modernos (ver imagen 12) es un intento interesante de comprobar
nuestro conocimiento, no de la Biblia, ¡sino de los íconos! El intento
en sí mismo es un signo de los tiempos: los íconos están convirtiéndose
rápidamente en un lenguaje visual universal. En la pieza de Piotr Szyhalski (ver imagen 13) de una serie de “carteles interactivos”,
como él les llama, la interactividad y el proceso basado en el tiempo
son usados para subrayar visualmente el texto. De nuevo, un método
bien conocido de retórica visual, pero raramente usado fuera de
la publicidad y los comics. En esta clase de retórica visual dinámica existe un
enorme potencial para información y comunicación serias, y para
involucrar al receptor de esa comunicación en la experiencia y conciencia
de la misma. Estoy mostrando estos ejemplos para recordar el hecho
de que los comunicadores visuales usan retórica visual, metáfora
visual y lenguaje visual todo el tiempo. Como agentes culturales,
lo cual quiere decir como profesionales de la visualización que
ayudan a conformar nuestra cultura, los diseñadores comparten una
responsabilidad por la calidad de esa cultura. Esa es la última
frontera que quiero abordar: la frontera entre las imágenes sin
sentido y las imágenes con sentido. Compartir En mi opinión, la discusión sobre fronteras en términos
de diseño gráfico y diseño de comunicación se reduce a que el diseñador
tiene una responsabilidad en facilitar la comunicación a otras personas. La principal frontera que habrá que cruzar en el diseño
de comunicación es la de la cultura de compartir, la cultura del
intercambio. En diseño se trata de cómo unir cosas que otros hacen. La estructura es una buena manera de comenzar: estructurar
la información de manera que la haga accesible a otros; facilitar
el acceso es como extender un pasaporte: si los diseñadores ayudan
a sus usuarios a cruzar fronteras de conocimiento cultural y les
facilitan intercambiar y compartir experiencias con otros, entonces
el diseño ha contestado su primera y más importante carta: la de
construir interfaces. Las condiciones económicas, sociales y políticas de la
gente raramente están al alcance directo del diseño. Pero las condiciones
culturales sí lo están, y son un factor importante en la preparación
y fomento del cambio en otras áreas. Indirectamente, el diseño puede
actuar como un “agente”, de la misma forma en que un catalizador
lo hace en química. Me gusta lo que el diccionario Webster
define como “catalizador”: 1. una sustancia (como una enzima) que permite que una
reacción química tenga lugar a una velocidad mayor o bajo condiciones
diferentes (tal como más baja temperatura) que de lo que de lo contrario
seria posible 2. un agente que provoca o acelera un cambio o acción
significativos Especialmente la segunda definición se lee como lo que
sería mi definición de un diseñador que escoge trabajar como “agente
cultural”. Además de brindar propaganda directa a favor de una causa
(lo que pudiera ser muy necesario en algunos casos), la comunicación
visual puede ayudar a cruzar fronteras tratando de acortar las distancias
entre los sectores sociales, culturales, económicos y políticos
de (distintas) sociedades. Cruzar fronteras para la gente, en términos
de comunicación visual, significa principalmente permitirles comprender
mejor los contextos culturales y sociales que envuelven su realidad,
vincular su realidad a otras realidades, ensanchar su visión y profundizar
su comprensión. Al ayudar al intercambio abierto y honesto de información,
la comunicación visual en última instancia apoya el desarrollo social
y económico. *
Conferencia dictada en el congreso
“ICOGRADA / FRONTERAS”, Sao Paulo, Brasil, 29 y 30 de abril de
2004. Tomado de: http://saopaulo.maxbruinsma.nl. Traducción de Olimpia Sigarroa |
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