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Sobre la consideración artística del diseño industrial: Una perspectiva sociológica* |
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Ilustración de Javier Mariscal |
La función estética de un
tipo de actividad o de una obra concreta se delimita socioculturalmente,
y si esta función llega a convertirse en una tradición, como
indica Gombrich, es que ha obtenido un consenso suficiente y relativamente
duradero. 1 También quiero
aclarar que para la realización de este trabajo me he basado en
las teorías del campo artístico de dos sociólogos que han tratado
extensamente el mundo del arte y de la creación en general, Howard
S.Becker y Pierre Bourdieu, y que a mi entender no son antagónicos
sino complementarios. Becker es más descriptivo y nos dice que un
campo artístico se constituye a partir del momento en que éste posee
una determinada "parafernalia institucional" integrada
por diferentes estamentos, a saber: la profesión, la enseñanza,
los clientes, el público, los estudiosos (críticos e historiadores),
los museos, el marco legal, etc.2 Bourdieu no niega que el
campo artístico se componga de una serie de elementos o sectores
pero posee un enfoque más dialéctico y nos dice que éstos, lejos
de cooperar pacíficamente, luchan entre sí atrapados en una lógica
constante de cambio que les obliga a posicionarse constantemente.
Para Bourdieu la lucha es el motor del campo.3 La capacidad o el poder de
ganar, perder u otorgar consideración artística es uno de los valores
más codiciados en cualquier campo de la creatividad, incluido el
del diseño. Sobre la
naturaleza del diseño industrial Como en este
trabajo analizaré el problema desde un punto de vista sociológico
no me detendré en exponer por qué creo que la definición de arte
que hace Tatarkiewicz es perfectamente válida para el diseño industrial
ya que habla de "construir formas que puedan deleitar o emocionar".4 Ni tampoco voy a caer en
un pormenorizado estudio comparativo de las diversas definiciones
de diseño industrial, que todos conocemos, en función del grado
de "artisticidad" que otorgan a esta disciplina. Entre
otras cosas porque ni siquiera aquellas de corte más científico
se atreven a negar que el objeto industrial tiene
una componente estética. La mayoría de estas definiciones coinciden
en afirmar que el diseño es un proceso de proyecto técnico y creativo.
Luego pues, podríamos aquí hallar un primer escollo para la consideración
artística del diseño: podríamos pensar que su naturaleza dual, su
difícil equilibrio entre lo científico y lo artístico tienden a
apartarle del "arte puro". Sin embargo
este no es el problema. La arquitectura comparte con el diseño esta
misma dualidad y actualmente nadie se atreve a denegarle su categoría
de "arte", entre otras cosas, porque en el siglo XVIII
la "jurisprudencia cultural" de los académicos y críticos
decidió otorgarle (después de cinco milenios de práctica) la categoría
de arte. En efecto, Blondel la incluyó definitivamente en el grupo
de las Bellas Artes en su tratado Cours d'Architecture (1765).
5 El diseño no solamente es
una actividad históricamente reciente sino que además deberá abrirse
camino en un contexto muy adverso en la medida que en el siglo XIX,
durante la apoteosis de la Revolución Industrial el producto artístico
se define por oposición al producto industrial. Según Moulin los
artistas demostrarán que sus obras son arte despojándolas del elemento
básico del objeto artesano o industrial: la funcionalidad. Consecuentemente
el arte se definirá por su falta de utilidad.6 Recuperar la dimensión artística
de la funcionalidad será el caballo de batalla del diseño en el
siglo XX. Mi trabajo
ha consistido en analizar declaraciones y manifestaciones recientes
a favor o en contra de la consideración artística del diseño, en
todos los sectores que componen el campo, con el resultado de que
he podido observar una situación muy errática, vacilante, que pone
de manifiesto discrepancias y pugnas sobre un tema que creíamos
aparentemente superado. Por otra parte es obvio que las discrepancias
no se producen dentro del campo del diseño exclusivamente, sino
también en uno de sus campos tangentes, el del arte y la alta cultura,
cuya "jurisprudencia" no le presta demasiada atención
porque anda muy atareada evaluando el problema de otorgar consideración
artística, tanto a las disciplinas de la creación que la tecnología
hace posible (el video, el tratamiento digitalizado de la imagen,
los interactivos) como a los lenguajes que se proponen desde la
cultura de masas (los comics, la moda, la publicidad, la gastronomía). La profesión Desde las
primeras décadas del siglo XX hasta los años ochenta, en que se
consagró el pensamiento postmoderno, la opinión de los diseñadores
tendió a ser monolítica: el diseñador no era un artista. Su actividad
no tenía nada que ver con el arte, o mejor dicho, con las bellas
artes. Consecuentemente la identificación del diseñador con un artista
podía llegar a tener connotaciones peyorativas. Sin embargo no debemos
olvidar que el cuerpo doctrinal del diseño nació muy vinculado a
unas vanguardias de corte progresista que cuestionaron la misma
noción de arte. En los textos de los constructivistas rusos, de
Loos, de le Corbusier o de la Bauhaus podemos ver claramente los
esfuerzos por desvincular el "arte industrial" (el término
design todavía no había hecho acto de presencia universal)
del arte tradicional, que se hallaba enfrentado al dilema del decorativismo
historicista o el narcisismo del Art Nouveau. Desde el mundo del
diseño y la arquitectura se cuestionaba el papel de los estilos
históricos, el del arte por el arte, se defendía el valor estético
de la función así como la validez artística de la producción mecánica.
Con ello se cumplia la primera ley general del campo de Bourdieu
que dice que las revoluciones dentro de un campo ponen en cuestión
los fundamentos mismos del juego empleando estrategias de subversión
y herejía. Con los años
aquella ideología herética se convirtió en dogma, en el capital
específico del campo del diseño, por lo que los nuevos ingresados,
los diseñadores pop primero y los postmodernos después, entraron
en una estrategia de subversión orientada a la inversión de la tabla
de valores. Es decir, si el diseño moderno era a-histórico, funcional,
antidecorativo, seriado, fruto de un planteamiento racional, el
diseño postmoderno recuperaba elementos de la tradición, ponía enfasis
en la comunicación afectiva con el usuario, admitía la decoración,
los procesos semiartesanales y era el fruto de una
planteamiento intuitivo. Significativamente, los grupos radicales
que actuaron como portavoces de la nueva fe, tales como Alchimia
y Memphis en Italia, Mobel Perdu y Strand en
Alemania o Transatlantic en España, acudieron a estrategias de promoción
típicas de la vanguardia artística para darse a conocer: exponían
en galerías, producían una obra limidada, editaban lujosos catálogos
y se presentaban rodeados de un eficiente aparato mediático. El saldo de
esta operación de reconexión con el mundo del arte quizás haya otorgado
al diseño de los años ochenta un lugar en los libros de historia
pero no parece que el público o la gran industria haya deparado
excesivamente en él. Por otra parte la crítica le ha acusado, no
sin razón, de ejercitar un formalismo vacuo. Me parece que seria
caer en una simplificación adjudicar a los diseñadores pro-modernos
la postura anti-arte y a los diseñadoeres post-modernos la postura
pro-arte.En cualquier caso si he observado que, aquellos diseñadores
que mantienen (al margen de su edad biológica) una actitud crítica
con el sistema (que por otra parte les mantiene) no tienen reparos
en afirmar su condición de artistas. El veterano diseñador italiano
Enzo Mari con ocasión de su exposición antológica en Barcelona declaraba
lo siguiente (quizás para mantener su eterna postura de "enfant
terrible" del diseño) : Yo soy un artista, no un
profesional del diseño, y busco el responder a la pregunta qué es
arte, qué es el diseño y que es mi trabajo. Si tenemos en cuenta
los tres factores que se mencionan cuando los teóricos y las escuelas
hablan de diseño -el arte, la tecnología, y las necesidades- la
cosa se complica. El arte a menudo se mueve con fines decorativos,
la ciencia y la tecnología se venden como valores y no como instrumentos
y las necesidades las define el marqueting. 7 Por el contrario
el erudito, consagrado y admirado diseñador gráfico Yves Zimmermann
declaraba con ocasión de su exposición antológica realizada también
en Barcelona durante las mismas fechas: Yves Zimmermann (Basilea
1937) cree que el diseñador gráfico no debe ser nunca un artista
sinó "un señor que hace comunicación a través de signos portadores
de significado que deben ser entendidos por unos receptores"
el autor cree que "hay que calibrar los colores y las formas
hasta llegar a una imagen lo más desnuda mejor, porque si añadimos
demasiados elementos se produce un exceso visual: de hecho la estética
es el peor enemigo del diseñador. 8 Considerarse
un artista y coquetear con el diseño puede convertirse en un factor
de exclusión de aquellos colectivos de diseñadores más ortodoxos.
Así se dió la paradoja que el internacionalmente conocido Javier
Mariscal, (diseñador de la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona
92) cuya procedencia del mundo de la ilustración y del comic suscitaba
muchas reticencias en las asociaciones profesionales de la ciudad
de donde trabaja, Barcelona, terminó por recibir de manos del rey
de España el Premio Nacional de Diseño en 1999, la más alta distinción
a la que puede aspirar un diseñador español. Mariscal irrumpió hace
veinte años en el panorama del diseño español rompiendo con todos
los esquemas convencionales de metodología y proyectación. Su desenfado,
su talento creativo y su sentido del humor pronto le valieron el
reconocimiento internacional, cosa que tuvo la virtud de poner en
guardia a sus colegas más cercanos que defendían un "habitus"
9 y unas posiciones adquiridas
a lo largo de décadas de lucha por el reconocimiento del estatus
profesional del diseñador. Siguiendo a Bourdieu podríamos decir
que los diseñadores como Mariscal plantean un serio problema a los
"ocupantes" del campo ya que en mi opinión ponen en tela
de juicio una cuestión aparentemente zanjada: los límites entre
arte y diseño. Es probable
que casos parecidos a éste se den en otras latitudes. El deslizamiento
de un artista hacia la práctica del diseño o viceversa tiene la
virtud de plantear siempre problemas a aquellos que detectan una
posición dominante en el nuevo sector. Si el (casi siempre joven)
ingresado carece de talento y pasa desapercibido es posible que
el problema no emerja. Pero si tiene talento y pretende acceder
al reconocimiento institucional (es conocido por el público, gana
premios y se exhibe en museos) es más que probable que su transgresión
profesional no sea bien recibida por la "jurisprudencia cultural"
(críticos, comisarios, conservadores de museos, historiadores) del
sector en el que pretende ingresar. Me pregunto
si el tema de la consideración artística del trabajo del diseñador,
lejos de ser un tema concluido será una cuestión recurrente. Aunque
no he podido hacer una estadística de casos parecidos al que he
mencionado no creo que el debate sobre la consideración artística
se plantee actualmente como una cuestión disciplinar de primer orden.
Baste con decir que de los 22 congresos que ha organizado ICSID
desde su fundación solamente dos se han dedicado a debatir cuestiones
estéticas. En 1999 tuvieron lugar en diferentes lugares del planeta
veinte seminarios internacionales y ni uno se dedicó a reflexionar
sobre el problema que nos ocupa. Los temas que predominan en la
agenda quizás son mucho más urgentes: tienen que ver con las nuevas
tecnologías de la producción y la comunicación, el cambio demográfico,
la ecología, la globalización de los mercados y la cultura, etc.
10 La enseñanza Para empezar
tengo que aclarar que siempre he impartido la docencia en escuelas
especializadas en enseñanza del diseño y que nunca lo he hecho en
escuelas técnicas o en facultades de arte que hayan incorporado
el diseño como nueva disciplina. Aún así soy consciente (y un sinfín
de colegas me lo han confirmado) de la dificultad que supone incorporar
materias y profesorado técnico en escuelas de arte, o viceversa,
incorporar materias y profesorado artístico en escuelas técnicas.
Es posible que en el interior de estos centros el debate la consideración
artística de una actividad que se plantea a partir de parámetros,
más o menos científicos, esté presente pero no parece que trascienda
más allá de las aulas. En cualquier
caso quiero recordar que la oposición del mundo del diseño al mundo
del arte tuvo, en buena parte, su origen en los centros docentes.
Los planteamientos pedagógicos más radicales surgidos de los VHUTEMAS
o de la Bauhaus insistían en esta oposición. Maldonado cita una
frase que Meyer escribía en el diario de la Bauhaus que demuestra
hasta que punto llegaba la postura anti-arte: El arte en general - incluyendo
el arte que postula una estética maquinista- es composición y por
ello es inadecuado. Toda vida es función (...) construir no es un
proceso estético. 11 A mi juicio
el debate postmoderno tuvo la virtud de acercar posiciones y de
relajar aquellos dogmas pedagógicos enquistados en una metodología
racionalista a ultranza que encorsetaba muchos planes de estudios.
Pero la discusión sobre los límites y relaciones entre el arte y
el diseño tuvo lugar hace veinte años y no creo que ahora sea ésta
una preocupación prioritaria entre el colectivo estudiantil. No
parece que nuestros jóvenes estén interesados en estrategias de
subversión de una tabla de valores consagrada, tanto si es artística
como si no. Las dificultades de acceso al mundo profesional y la
precarización del empleo que se anuncian para el siglo XXI son para
ellos mucho más importantes. Si algo reclaman es un reconocimiento de sus títulos académicos que
esté en consonancia con el nivel de responsabilidades que deberán
asumir en su práctica profesional cotidiana. Otra cosa
es la enseñanza de la historia del diseño propiamente dicha. Me
gustaría saber cuantos colegas aquí presentes están satisfechos
de la consideración que merece la historia del diseño dentro de
la institución universitaria y si consideran que ésta se encuentra
al mismo nivel que la historia del arte. Me temo que no, y creo
que Bourdieu no se equivoca cuando señala que: La escuela ocupa un lugar
homólogo al de la Iglesia, que, según Max Weber, tiene que "fundar
y delimitar sistemáticamente la nueva doctrina victoriosa y defender
la antigua de los ataques proféticos, establecer lo que tiene y
lo que no tiene valor de sacramento y hacerlo penetrar en la fe
de los legos": a través de la delimitación entre lo que merece
ser transmitido y adquirido y lo que no lo merece, reproduce continuamente
la distinción entre las obras consagradas y las obras ilegítimas.
12 Las facultades
de historia, sobretodo las de historia del arte, van accediendo
poco a poco la inclusión de materias relacionadas con el diseño
y sería interesante en un próximo congreso poder contar con un estudio
sobre el estado de la cuestión en diversos países. A mi entender
el proceso es exageradamente lento, sobretodo si tenemos en cuenta
que los primeros textos aparecieron en la Gran Bretaña a mediados
de los años treinta ! Los centros
de promoción Multitud de
estudios económicos corroboran la tesis de que el diseño industrial
es una herramienta competitiva de primer orden. Como dice Oriol
Pibernat: ...contribuye a la diferenciación
del producto allí donde ni la dimensión, ni los costes laborales,
ni los costes de capital son determinantes. Además de los beneficios
económicos cabe señalar también los beneficios culturales dado que
el diseño juega un papel muy importante en la mejora de la calidad
física, visual y estética del entorno. 13 No es extraño
pues que haya gobiernos que se preocupen por promocionar una actividad
tan beneficiosa. La promoción acostumbra a canalizarse a través
de "centros" o "institutos" de diseño el objetivo
de los cuales es animar a la industria local a invertir recursos
en diseño y concienciar el público de que ésta es una condición
de calidad que merece ser valorada y exigida en los productos. He
tenido la oportunidad de acceder en numerosas ocasiones a textos
de proyectos y programas gubernamentales de apoyo al diseño y aunque
no se le niega a éste su valor cultural, nunca he encontrado ninguna
afirmación que permita deducir que se está promocionando un arte.
Aunque los apoyos pueden venir tanto de ministerios de cultura como
de economía o industria la jerga burocrática deja bastante claro
que, en último término, se promociona el diseño para competir en
los mercados y para reafirmar valores de identidad nacional. Mi
conclusión es que dichos centros o institutos no desempeñan un papel
importante en la consideración artística del diseño industrial. Los museos
y centros culturales Los museos
y centros culturales acercan el diseño al arte y, como ocurrió con
la fotografía a principios de siglo, contribuyen a crear la "parafernalia
institucional" que configura un mundo del arte consolidado
14. Hay museos de arte contemporáneo
o centros dedicados a la promoción y exhibición de arte contemporáneo
que están haciendo una acción muy decidida a favor de la consideración
artística del diseño. Sin duda fue el Museum of Modern Art de Nueva
York el primero que rompió una lanza en favor del diseño industrial
reuniendo desde mediados de los años treinta una colección propia
y organizando, desde los años cincuenta hasta la actualidad, exposiciones
que se han convertido en auténticos referentes históricos. El Museo Guggenheim
de Bilbao parece decidido a hacer algo similar. Proveniente de los
Estados Unidos se mostró durante el invierno de 1999-2000 una exposición
titulada El arte de la motocicleta (Observen que a pesar
de ser una exposición histórica no se llamaba Historia de la motocicleta
o Diseño de la motocicleta) La exposición se acompañaba de un enorme
catálogo, ilustrado con unas fotografías excelentes que ponían de
relieve las cualidades escultóricas de dichos artefactos. Thomas
Krens, comisario de la exposición y director de la fundación insistía
mucho en el prólogo que el museo no es un mero santuario de objetos
sagrados; que esta exposición desafiaba la noción convencional de
museo ya que presentaba objetos de alta cultura material, auténticos,
arraigados en la tradición y en la historia; que el diseño, junto
con el arte es uno de los cuatro principales ámbitos a partir de
los cuales la fundación trabajará a partir de ahora. 15 No hace falta
decir que la política del MOMA o de la Fundación Guggenheim no es
unánimente compartida por los museos de arte contemporáneo y ni
mucho menos por los museos de arte en general. Como ejemplo citaré
que con ocasión del festival Primavera del diseño'99 que
tuvo lugar en Barcelona el año pasado y en el que trabajé activamente
en la coordinación de 120 eventos (exposiciones, presentaciones,
forums, congresos, etc) las máximas instancias museísticas de la
ciudad: el Museo Nacional de Arte de Cataluña y el Museo de Arte
Contemporáneo de Barcelona no se mostraron interesados en participar
cediendo absurdamente el protagonismo a otras instituciones quizás
menos potentes, pero en definitiva más arriesgadas, que se unieron
con gran entusiasmo a la convocatoria. La Fundación Joan Miró, el
Centro de Arte de Santa Mónica, El Palau de la Virreina, el Museo
de Artes Decorativas e incluso el obispado, así como un sinfín de
galerías e instituciones participaron con gran ilusión en el festival
con el objetivo de convertir por una semanas la ciudad condal en
capital mundial del diseño. Como veremos
más adelante la consideración artística de los objetos incide directamente
sobre su conservación y su valor patrimonial. Los museos de artes
decorativas parece ser que poco a poco se van inclinando por la
consideración artística del objeto industrial, merecedor, al igual
que el objeto artesanal, de una valoración cultural y patrimonial.
El Victoria & Albert Museum de Londres, el Kunsgeberge Museum
de Berlín, el Taideteollimuseo de Helsinki o el Museo de las Artes
Decorativas de Barcelona están reuniendo importantes colecciones
de diseño industrial con la intención de dotar de nuevo sentido
a unas instituciones que nacieron con una intención, hoy totalmente
periclitada: la de educar el gusto del público. Estos museos tendrán
un importante papel en la conservación de la cultura del objeto
(ayer artesanal, hoy industrial) pero se enfrentan al reto de encontrar
un discurso museístico propio pues también se muestran objetos y
testimonios de la cultura material en los museos de etnología, de
la ciencia y la técnica pero con una finalidad muy diferente ya
que en estos museos la selección no se hace a partir de criterios
estéticos. 16 Finalmente
hay que mencionar que en los últimos años se han creado algunos
(muy pocos) museos con la única finalidad de mostrar la historia
del diseño industrial: El Design Museum de Londres, el museo Vitra
de Well-am-Rhein, el Museum für Gestaltung de Zürich y el Cooper-Hewit
National Design Museum de Nueva York. Estos museos poseen un alto
grado de independencia respecto al mundo del arte al que no necesitan
recurrir para legitimarse o para distanciarse. De momento parecen
ser los únicos capaces de plantear el discurso integrador de la
estética, la técnica y el entorno social que es propio del diseño: A través del diseño nosotros
configuramos nuestro mundo material. Nuestras necesidades y deseos
se reflejan en nuestras posesiones, en nuestras casas y nuestras
comunidades. El objeto diseñado puede ser tan sencillo como un vaso
de papel, tan exclusivo como una copa de cristal o tan complejo
como una ciudad. El Cooper-Hewit National Design Museum de N.Y.
investiga los usos, estructuras, efectos y significados del diseño
de los objetos y su papel como fuerza de comunicación y cambio en
nuestra vida cotidiana. 17 El Design Museum de Londres
aspira a concienciar el público sobre la importancia del diseño
y la arquitectura... Su objetivo es mostrar el impacto social
, cultural y económico del diseño y del entorno construido.
A diferencia de los tradicionales museos de artes decorativas el
Design Museum es un museo dedicado al siglo XX y al siglo XXI relacionado
con los productos tecnologías y edificios de la era industrial y
post-industrial. 18 Los clientes Entiendo por
clientes las empresas que producen y comercializan productos fabricados
industrialmente. También pueden ser gobiernos que encarguen equipamiento
público o incluso instituciones culturales o deportivas. De todos
modos en el marco de la economía de mercado los clientes más frecuentes
suelen ser empresas. Ciertamente éstas encargan proyectos de diseño
para obtener beneficios económicos, pero también y muy principalmente
para gozar de prestigio cultural. Un breve repaso a todas las monografías
de las empresas que han sido galardonadas con el Premio Nacional
de Diseño en España arroja afirmaciones muy significativas: "...producir un alto nivel de diseño es
una cuestión ética" (Casas, P.N.D. 1987). A partir de
estas afirmaciones no es descabellado afirmar que las empresas que
invierten más esfuerzos y recursos en diseño lo hacen para acercar
la industria del consumo a la industria cultural, entendiendo por
tal la definición de Paul Hirsch que Becker utiliza en Art Worlds: Las industrias culturales
son empresas con ánimo de lucro que producen productos para la distribución
nacional (e internacional). El sistema de la industria cultural
comprende todas las organizaciones involucradas en el proceso de
selección de productos e ideas que fluyen desde el mundo de la creación
para introducirlos en el subsistema técnico y elevarlos a niveles
de organización social e institucional (la traducción es mía). 20 Es más, la gran aspiración
de muchas de estas empresas es conseguir que alguna de sus piezas
entre a formar parte de la colección de un museo en tanto que esta
institución otorga el máximo grado de aprobación que se puede obtener
actualmente en el mundo de las artes plásticas. 21 Para conseguir
que sus productos entren en el mundo de la cultura y presten un
servicio a la sociedad el empresario sabe que debe contratar a unos
individuos capaces de dar una forma culturalmente válida, socialmente
comprensible y técnicamente viable a una serie de conceptos que
son muy abstractos. Eso no lo sabe hacer el personal técnico, ni
el administrativo ni el productivo. Sólo lo saben hacer los diseñadores
que son, en definitiva, individuos dotados de talento creativo.
Para bien o para mal los empresarios consideran que los diseñadores
son "artistas" y ello determina que el choque entre la
filosofía realista y pragmática de la empresa y la personalidad
creativa del diseñador genere una relación y una casuística de éxitos
y fracasos muy parecida a la que se da entre arquitectos y constructores,
entre directores de cine y productores o entre empresarios teatrales
y autores. El público El público
es consumidor y también usuario de los productos industriales, que
no se adquieren en galerías sino en establecimientos comerciales
que pueden ir desde la tienda más sofisticada hasta el gran supermercado.
El público tiene una relación muy próxima con los productos industriales
puesto que los necesita para el normal desarrollo de su vida cotidiana.
Por lo tanto se le hace muy difícil percibir su dimensión artística:
"proximidad", "actualidad" o "desvinculación
de la tradición" son cualidades intrínsecas del producto industrial.
Cualidades que Walter Benjamin atribuye a la obra de arte reproducible
y que determinan que esta tenga un "aura" totalmente atrofiada.
22 Pero Benjamin
escribía en el año 1936 cuando la teoría del diseño estaba en sus
albores y cuando todavía no existía una teoría de la sociedad de
consumo. Según ésta es ingenuo creer que la dimensión funcional
y próxima de los objetos los despoja de contenido simbólico. Antes
al contrario Baudrillard ya dejó bien claro que: "El consumo
no es ni una práctica material ni una fenomenología de la abundancia.
No se define por el alimento que se ingiere, ni por el vestuario
que se viste, ni por el coche que se utilice...sino por la organización
de todo ello en susbstancia significante. Es la totalidad virtual
de todos los objetos y mensajes organizados desde ahora en un discurso
más o menos coherente. El consumo, para que tenga sentido, es una
manipulación sistemática de signos"(la traducción es mía).
23 Si hace treinta
años ya se nos advertía que aquello que adquirimos no son usos ni
fruiciones si no signos, en los inicios del siglo XXI esta situación
llega a niveles de paroxismo. Hasta hace poco el diseño se identificaba
con el discurso de la funcionalidad y la calidad. Pero actualmente
la calidad es una condición previa para penetrar en cualquier mercado
y Tackara observa con mucha perspicacia que la calidad se ha convertido
en una metodología estandarizada que tiene un defecto fatal: hace
que todos los productos acaben siendo iguales, es decir, no contribuye
a desarrollar una relación con el consumidor. Según él al diseño
le compete, ahora más que nunca, diferenciar el producto y hacer
que éste dialogue a nivel simbólico con el usuario. 24 Si el diseño,
en el marco de la sociedad de consumo y de la cultura de masas ha
terminado por convertirse en una actividad que opera casi exclusivamente
en el terreno de lo simbólico luego entonces nos encontramos con
algo que si no es arte, se le parece mucho. Los museos
y centros culturales desempeñan un importante papel en la valoración
artística del diseño ya que seleccionan objetos, los descontextualizan,
los "divinizan", les confieren "aura" y ayudan
a que el público perciba sus cualidades estéticas y culturales.
El hecho de que algunas exposiciones de diseño industrial, como
El arte de la motocicleta, movilicen cantidades ingentes
de visitantes es un indicio de que éstos no son totalmente ajenos
a la consideración artística de los objetos contemporáneos. No obstante
esta clase de éxitos levanta suspicacias en las instituciones museísticas
más ortodoxas que, empeñadas en mantener su condición de templos
del arte "puro" y de la alta cultura se distancian con
prudencia de cualquier acción que pueda interpretarse como un espectáculo
de cultura de masas. El coleccionismo Se sabe que
el coleccionismo de objetos artísticos es muy antiguo y aparece
ya muy bien documentado durante el Imperio Romano. Desde tiempos
inmemoriales se han coleccionado vajillas, cristalerías, joyas,
vestidos, muebles u objetos litúrgicos, valorados por la rareza
y el valor de sus materiales o por el virtuosismo de su ejecución,
sin que por otra parte, su dimensión funcional haya actuado en menoscabo
de su valoración estética. Pero la llegada
de la industrialización trastocó los valores del coleccionismo en
la medida que (como he dicho al principio) el discurso del producto
artístico se construyó por oposición al producto industrial, el
cual carecía de valor artístico a nivel social. Consecuentemente
coleccionar objetos industriales se convertía en una actividad sin
sentido y sin valor económico.
Las decisiones estéticas
deciden la vida y la muerte de las obras. Todavía más, deciden la
vida y la muerte de los géneros. La obras en un medio definido como
no-arte tienen una esperanza de vida mucho más corta que aquellas
que sí se consideran arte(la traducción es mía). 25 Por esta razón
es más difícil reunir colecciones de objetos utilitarios recientes
que de objetos suntuarios antiguos. Pero en la medida que el conocimiento
histórico del diseño industrial ha ido avanzando e institucionalizándose
se ha extendido entre los especialistas la idea de que el mundo
objetual contemporáneo es un patrimonio que se debe preservar. Aún
así la tarea de coleccionar objetos industriales aparece como ingrata
y antieconómica. La arqueología industrial ya rompió una lanza en
favor de la preservación de los edificios, conjuntos y artefactos
que quedaron como testimonio de la Revolución Industrial. Pero ésta
tuvo lugar hace doscientos años y ahora a los historiadores y a
los museos nos compete defender y rescatar con tenacidad la cultura
objetual del siglo XX que se halla atrapada en una irrefrenable
lógica de usar y tirar. Si no lo hacemos no podremos legar a nuestros
descendientes una parte esencial de nuestra época. Por ello propongo
que en una próxima Reunión de historiadores y estudiosos del
diseño emitamos un comunicado en el que se defina explícitamente
el diseño como "bien cultural" más allá de los estrechos
márgenes que define la arqueología industrial. Deberíamos elevar
a las instancias culturales y museísticas nuestro empeño en considerar
que el diseño industrial es un patrimonio que se debe conservar
puesto que posee valores antropológicos y culturales de primera
magnitud. Ciertamente la "jurisprudencia cultural" no
ha realizado nunca ninguna declaración en contra de esta afirmación,
pero tampoco ha realizado acciones decididas a favor. Conclusiones Los primeros
textos históricos de Pevsner o Banham veían el diseño como una emanación
directa de la historia del arte. Por el contrario los textos más
recientes de Hesket, Castelnuovo o Woodham tienden a interpretar
la historia del producto industrial desde la óptica de la historia
de la tecnología y el del consumo. Este desplazamiento es significativo
pues actúa directamente en contra de la consideración artística
del diseño, una opinión, muy extendida en el mundo anglosajón ¿
Serán pues las ciencias sociales y no las humanidades las
encargadas de explicarnos la historia del diseño? ¿Quién se quedará
con ella ? Si las humanidades dimiten de
explicarnos esta historia, porque no la consideran un arte, luego
entonces nos quedaremos con un relato técnico y social, muy interesante
pero probablemente desvinculado de la historia del pensamiento.
Un relato que vendrá a decirnos que atrapados en la lógica del cambio
tecnológico y el beneficio económico las empresas y los diseñadores
del siglo XX no tuvieron nada que decir. Como conclusión
diré que nuestro campo, el del diseño se comporta de modo curioso.
En su interior parece que se producen movimientos cíclicos y no
lineales: su discurso se construye por oposición o por identificación
con el arte en etapas sucesivas y recurrentes. En los campos
adyacentes se producen también curiosos movimientos de exclusión
e inclusión: - El campo de la historia del arte no está dispuesto a aceptar
unánimemente que el diseño industrial es un arte y duda a la hora
de incluirlo en sus estrategias porque con ello teme perder parte
de su capital específico. Su olvido sistemático de la cultura del
objeto (ayer artesanal, hoy industrial) es lamentable pues ésta
no se explica únicamente desde las ciencias sociales. - El campo de las ciencias sociales (la historia de la tecnología,
del consumo, la antropología) están haciendo (por lo menos en los
países anglosajones) sustanciosas aportaciones a la historia del
diseño porque ha entendido que se trata de una joven y nueva especialidad
que tiene como base la interdisciplinariedad. El tiempo
nos dirá que sucederá con este tema, que desde luego no está cerrado.
Becker describe muy bien como la fotografía alcanzó plenamente la
consideración artística durante las primeras décadas del siglo veinte
merced a una labor tenaz y decidida de todos los sectores involucrados
en su campo. Gracias a ello hoy la fotografía cuenta con importantes
fondos museográficos, se colecciona, cuenta con galerías y editoriales
especializadas, convoca bienales y certámenes internacionales, etc.
Nadie duda que la fotografía es un bien cultural que merece ser
conservado. ¿Porque es tan difícil que ocurra lo mismo con el diseño?
¿Por qué es un campo tan conflictivo? ¿Será porque esconde un poder
mucho mayor? Si como dice Maldonado el diseño industrial se encuentra
en: ...el punto neurálgico en
el cual tiene lugar el proceso de producción y de reproducción material,
es decir, un punto en el que según la exigencias de las relaciones
de producción, se van estableciendo las correspondencias entre "estado
de necesidad" y "objeto de necesidad", entre necesidad
y creación de necesidad.26 O será porque,
como afirma Becker, la consideración artística de una actividad
es al mismo tiempo indispensable e innecesaria.
En la medida que el arte se considera una categoría superior y de
prestigio es indispensable en aquellos ámbitos institucionales
(museos, escuelas, editoriales) que captan y movilizan recursos
en un contexto competitivo. Pero es innecesaria para la mayoría
de profesionales del diseño los cuales continuaran ejerciendo esta
actividad tanto si es considerada arte como si no. Para los diseñadores
es mucho más importante el soporte social y económico que garantiza
el ejercicio de su profesión que la opinión de los especialistas
en estética. El mundo del
arte no se decide a aceptar el mundo del diseño: ¿por su debilidad
o por su poder? ¿Es el diseño quien llama a la puerta de arte o
terminará el arte por llamar a la puerta del diseño? 1 VICENÇ FURIÓ: Sociologia de l'art,
Ed.Barcanova/ Publicacions de la Universitat de Barcelona, 1995,
p.77. 2 HOWARD S. BECKER: Art Worlds, University
of California Press, Berkeley, 1982. 3 PIERRE BOURDIEU: Las reglas del arte:
génesis y estructura del campo literario, Ed. Anagrama, Barcelona
1997; Cuestiones de sociología, Ed.Istmo, Madrid, 2000. 4 "El arte es una actividad humana consciente
capaz de reproducir cosas, construir formas o expresar una experiencia
si el producto de esta reproducción, construcción o expresión puede
deleitar, emocionar o producir un choque". WLADISLAW TATARKIEWICZ:
Historia de seis ideas, Ed. Tecnos, Madrid 1987, p.67. 5 Bourdieu señala que determinadas instancias
como los críticos, las academias, los cuerpos de conservadores y
sobretodo, la institución escolar, aspiran al monopolio de la consagración
y canonización de las obras de arte y de las disciplinas artísticas.
Consagración que suele producirse a través de un lento y prudentísimo
proceso. Ver Las reglas del arte: génesis y estructura del campo
literario, p. 222-223. 6 RAIMONDE MOULIN:"La gènese de la
rareté artístique" Revue d'ethnologie française nº 8/1978
citado por HOWARD S. BECKER: Op. Cit. p.354. 7 MONTSE FRISACH: "Enzo Mari: Internet
serà el nazisme del segle XXI" diario AVUI, Barcelona
4/IV/1999 8 MONTSE FRISACH: "Yves Zimmermann:
L'estètica és el pitjor enemic del dissenyador" Diario AVUI,
Barcelona 4/IV/1999. 9 Según Bourdieu un "habitus" es
al mismo tiempo un "oficio", un capital de técnicas de
referencias, un conjunto de creencias, de propiedades que se deben
a la historia de la disciplina, a su posición en la jerarquía de
las disciplinas y que son condición de su funcionamiento. Un "habitus"
es en definitiva un sistema de disposiciones adquirido por aprendizaje
que es a su vez generador de estrategias que defienden los intereses
de los autores, aún incluso sin haber sido concebido como tal. Ver
PIERRE BOURDIEU: "Algunas propiedades de los campos" en
Cuestiones de sociología. Ed.Istmo, Madrid 2000. 10 Esta información fué extraída de: BARCELONA
CENTRE DE DISSENY Butlletí mensual d'informació, nums. 37-I /1999,
38-II/1999 ,39-III/1999, 40-IV/1999, 41- V/1999, 42 -VI/1999, 43-
VII/1999, 44-IX/1999, 45- X/1999, 46-XI/1999, 47-XII/1999 Barcelona. 11 TOMÁS MALDONADO:El
diseño industrial reconsiderado, Ed.GG, Barcelona, 1993, p.60
12 PIERRE BOURDIEU: Las reglas del arte,
Ed.Anagrama, Barcelona, 1997, p.222. 13 ORIOL PIBERNAT: "S'ha de promoure el
disseny?" TRANSVERSAL, Revista de cultura contemporania,
Num. 9 1999, Ed.Departament de Cultura de Lleida. pp. 24-26. 14 HOWARD S: BECKER:
Op. Cit. p. 341. 15 THOMAS KRENS: "Prólogo"
a V.V.A.A. El arte de la motocicleta, The Solomon Guggenheim
Foundaction Nueva York y Guggenheim Bilbao Museoa, Bilbao, 1999,
p.16-23. 16 MARTA MONTMANY: "Serveix d'alguna cosa
exhibir el disseny?" TRANSVERSAL Revista de cultura contemporania,
Num. 9, 1999 Ed.Departament de Cultura de Lleida, pp.27-29. 17 DIANNE H.PILRIM:
"Mission" Cooper-Hewit National Design Museum.
http://www.si.edu/ndm. 18 CATHERINE McDERMOTT:
"Foreword", Design Museum:20th Design, Carlton
Books, London, 1999. 19 Por razones de extensión no se citan todas
y cada una de estas afirmaciones que se hallan extensamente desarrolladas
en la publicación de cada Premio Nacional de Diseño que hace
en Madrid el Ministerio de Industria y Energía. Ver VVAA Premios
Nacionales de Diseño 1987 / 1988/ 1989/ 1990/ 1996/ 1997/ 1998.
20 HOWARD S. BECKER: Op. Cit. p.122 21 Ibid., p. 117 22 WALTER BENJAMIN: "La obra de arte en
la época de su reproductibilidad técnica" Discursos ininterrupidos
I. Ed.Taurus, Madrid 1987, pp.22-25. 23 JEAN BAUDRILLARD: Le système des
objects, Ed. Gallimard, Paris, 1968, p.275. 24 JOHN TACKARA: Winners!
How Today's Succesful Companies Innovate by Design, Ed.Ibis,
Amsterdam, 1997, p. 79-80. 25 HOWARD S. BECKER:
Op. Cit, p. 222 26 TOMAS MALDONADO: El diseño industrial
reconsiderado: definición historia bibliografía. Colección Punto
y línea, Ed.GG, Barcelona, 1978.p.18. * Este trabajo fue leído por su autora en las sesiones de la II Conferencia
de Historiadores del Diseño de La Habana organizado por la ONDI
en junio de 2000 y se publicó en
www.culturadeldiseño.cult.cu .
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