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De las Metrópolis a las Periferias: hacia una nueva historia del diseño en América Latina* |
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Ilustración de Nelson Ponce |
La historia
de los diseños se ha escrito tradicionalmente desde o mirando hacia
Europa, hecho que ha matizado de manera importante las formas de
analizar las características de las culturas de América. Afortunadamente
ese panorama ha ido cambiando paulatinamente, pues a partir de las
últimas décadas del siglo pasado se ha desarrollado un proceso de
revisión de los paradigmas eurocéntricos que orientaron la teoría,
la historia del diseño y el proyecto con direccionamientos que en
ocasiones se encontraban en disonancia con la aguda problemática
de las sociedades de América Latina. De esta inicial
revisión surgió la necesidad de construir un marco propio que permitiera
entender los procesos generales y las características específicas
de génesis, desarrollo y reutilización de la cultura material latinoamericana,
y avanzar en la construcción de un pensamiento latinoamericano en
los campos del diseño. Ello ha exigido revisar y afinar los instrumentos
de comprensión de esta realidad, así como de los modelos figurativos
y operativos, para contar con herramientas que nos permitan un acercamiento
más adecuado a problemas y alternativas comunes y, al mismo tiempo,
a valorar nuestras diferencias y especificidades. Un ejemplo de
ello es la necesidad de investigación, difusión, protección, valoración
y rescate de la cultura material de diversos períodos de nuestra
historia. Esto nos plantea la necesidad de la apertura de una línea
de trabajo sobre una nueva perspectiva y señala que se requiere
de un trabajo más sistemático y a mayor profundidad para establecer
estas diversas variaciones sufridas tanto en la creación local como
en la implantación en América de los productos del diseño a partir
de las metrópolis, que se incuban ya desde el proyecto conquistador
y colonizador europeo del siglo XVI. La adopción
de una mirada extraña Las interpretaciones
tradicionales sobre el diseño se han orientado a explicar el surgimiento
y desarrollo de la cultura material como resultado solo de un fenómeno
que implicó la imposición de modelos desarrollados y refinados de
productos de diseño generados en las metrópolis que no consideran
las condicionantes materiales y simbólicas locales. Y esto obedece
a un largo proceso de recepción y aceptación de perspectivas y orientaciones
para analizar los fenómenos. Para algunos autores eso parte de los
procesos de occidentalización-universalización, que implicaron la
adopción de formas específicas de ver las cosas. Como señala Arriarán,
al leerse la modernidad en América Latina como un proceso de imposición
de la racionalidad universal, encontramos que esto implico "...el
vaciamiento y subordinación a las condiciones epistemológicas de
la constitución del sujeto trascendental moderno, o sea el moderno
sujeto de la dominación"1, debido no solo a los adelantos técnicos, a una imdustrialización
implantada violentamente, sino que "partió al mismo tiempo
de un principio de universalidad formulado históricamente". 2 O en palabras
de Subirats: "Se trata de la estructura del sujeto moderno,
de la dimensión humana de la filosofía científica, tal como los
formularon sus pioneros históricos. Es la pureza trascendental del
sujeto racional moderno. Es la constitución de un yo que en su misma
formulación epistemológica y científica es vaciado de sus componentes
históricos y sociales, emocionales y lingüísticos, en nombre de
la constitución pura del sistema de razón trascendental. Es también
el sujeto como existente exiliado de su comunidad real, de su núcleo
ético y de su memoria histórica. Es el yo vacío que se desprende
del racionalismo cartesiano". 3 Si bien el
proyecto de occidentalización pudo haberse desplegado con esa intencionalidad,
para nosotros es evidente que la realidad se presentó mucho más
compleja y contradictoria de lo que se hubiese deseado; ese proyecto
tuvo que adecuarse para ser viable y ello implico conjugar diversos
aspectos de la realidad ya existente, es decir que en última instancia
significó un enfrentamiento, un choque de culturas. No fue capaz
de cumplimentar esa vocación de dominio absoluto ya que aún "Si
se entiende la universalización como aculturación que destruye
todo núcleo ético, es claro que se descarta la posibilidad de que
las culturas tradicionales puedan desarrollar formas de resistencia
o coexistir con la cultura dominante. Pero es falso que desaparezca
totalmente el mundo de vida colonizado. Y es igualmente falso pensar
que los valores de las culturas dominantes pueden permanecer incontaminados". 4 La cultura
material como historia objetivada
En realidad,
el proceso es más complejo de lo que puede parecer a simple vista.
Insistimos que estos proyectos "civilizatorios" significan
más bien una colisión de concepciones y visiones del mundo que encierran
cada una de ellas formas específicas, visiones concretas y dinámicas
de resolver las necesidades propias de conformación de las estructuras
de la cultura material. Y esto es
evidente si consideramos que la cultura material constituye parte
importante de la historia objetivada de los grupos humanos, es decir
"… la historia que en transcurso del tiempo se ha acumulado
en cosas, máquinas, edificios, monumentos, libros, teorías, costumbres,
leyes, etc." 5, en el proceso de conformación del espacio biofísico y sociocultural
en el que se desenvuelve la vida humana y en el que los productos
del diseño juegan un papel central como mediadores en la relación
con la naturaleza y la historia. La construcción
material y simbólica de la historia, desde la conformación del territorio,
la morfología de la ciudad, hasta los objetos, articula el conjunto
de las distintas dimensiones de ésta, generando órdenes diversos
en los espacios físicos y sociales y construyendo formas de uso
y de preferencias aceptadas total o parcialmente o no asumidas,
subvertidas. En la dialéctica
entre lo "natural" (biogeográfico) y lo histórico-social,
con la cultura material como herramienta, el hombre construye y
puebla su espacio físico-simbólico y estructura las formas concretas
de realización del mundo y sus representaciones. Ello subsiste,
a pesar de las borraduras en el tiempo y el espacio que el dominio
de la cultura material experimenta, constantemente en procesos de
agregación y estratificación diferenciada de materialidad simbólica
que, en sus permanencias y desapariciones, pone de relieve las diversas
lógicas sociales (económicas, políticas, culturales) que contradictoria
o hegemónicamente las construyen. Es decir,
que los productos del diseño en sus concreciones e interrelaciones
generan espacios o estructuras ambientales, como resultado de múltiples
procesos que en su carácter histórico las conforman. Estos manifiesta
en el espacio los complejos sistemas de orden cultural, económico,
político, etc. de los que forman parte, organizando a través de
una intrincada red de significados y contenidos sus relaciones con
la estructura física y simbólica del mundo, expresando a la cultura
que la erige al mismo tiempo que forman parte del material específico
con el que se construye esa sociedad. La cultura
material como resultado los procesos de hibridación Por ello es
que la lectura e interpretación de la cultura latinoamericana ha
de pasar de la aparente simplicidad con la que ha sido observado,
al reconocimiento de la complejidad de su conformación; habrá de
implicar una percepción mucho más fina; incluyendo no solo de las
características de los nuevos elementos llegados de las metrópolis,
sino también de las maneras en las que las preexistencias son inscritas
en la realización de las nuevas condiciones de la objetualidad con
las que se expresa el mundo que está creándose. Esto implica una
fuerte tensión en la dirección de recrear a través de todas las
formas, de todos los lenguajes con los que se construye el mundo,
por ejemplo, los parajes aunque lejanos conocidos y entrañables
para los conquistadores, frente a la tensión de fuertes estratos
de la cultura material y simbólica con la que los grupos previos
habían organizado y construido su mundo y todo ello definido por
diversos requerimientos de sobrevivencia y asentamiento. De tal manera
que la interpretación de la cultura material no puede ser hecha
como una imposición absoluta de una visión del mundo, sino como
la confrontación de mundos diversos que dominan en algunos aspectos
pero que son resemantizados, reconvertidos e insertos en otros de
ellos. Es decir, que los vencedores pasados, actuales y futuros
no pueden serlo de manera absoluta, sino que han tenido que incrustar
en sus realizaciones fragmentos de las visiones previas, los cuales
incluso en su negación a ser incorporados ponen de relieve la tensión
existente en la constitución de la cultura material. Pues si bien
los objetos de diseño pudieran haber sido concebidos como parte
de los mecanismos de ocupación de los territorios físico y de las
representaciones simbólicas, como productos de los campos de cultura
constituyen parte de los procesos de hibridación, entendiendo por
esto un conjunto de mezclas interculturales que abarcan no solo
las raciales, denominadas mestizaje, o las fusiones religiosas,
definidas como sincretismo, sino también de otros aspectos de la
cultura, al igual que permite incluir formas modernas de mezcla,
puesto que "Los países latinoamericanos son actualmente resultado
de la sedimentación, yuxtaposición y entrecruzamiento de tradiciones
indígeneas (sobre todo las áreas mesoamericana y andina), del hispanismo
colonial católico y de las acciones políticas, educativas y comunicacionales
modernas". 6 Esto implica
también que el análisis del proceso de conformación histórica de
la cultura material debe partir de nuevos conceptos para entenderla
en su complejidad. Como productos de un campo de cultura en el que
se reconocen actualmente diversos procesos de hibridación y estratificación
y no solo implantación mecánica y directa de los productos de diseño.
Así tendríamos que entender la cultura material como un mosaico
en constante transformación, dinámica de estructuras que generan
estructuras, como estructuras ambientales con diversos niveles de
diferenciación y estratificación del y en el espacio físico y social.
En esta construcción
histórico-cultural, diferenciada y compleja de la cultura material,
los procesos de hibridación son centrales. Los primeros acercamientos
al análisis de su estructuración histórica, nos indican que su desarrollo
se ha dado mediante una compleja mezcla de prefiguraciones, conformaciones,
transformaciones, desapariciones y agregaciones, resultado de múltiples
temporalidades. Y dada esa connotación histórica y contradictoria,
constituyen un complejo producto con un carácter dinámico, en constante
transformación de una vasta riqueza, cuyas expresiones formales
son productos culturales, generados por las culturas de estratos
o grupos sociales concretos. En ella se aprecia una relación de
apropiación y transformación “…que no sólo es de naturaleza física,
sino que pone en juego variadas intenciones, tanto míticas como
políticas”. 7 Son, por tanto,
resultado de la confrontación de visiones, proyectos y realizaciones
que al concretarse en lo material y/o simbólico generan estratos
o sedimentos diferenciados que la constituyen en conjunto; son realidades
múltiples, resultado de la superposición de huellas, ruinas, ausencias
y emergencias, esto es un palimpsesto.
8 Así, la construcción
de instrumentos más acordes con nuestras propias características
histórico-culturales, habrá de tomar en cuenta aspectos que desde
nuestra perspectiva resultan fundamentales tales como aquellos referidos
a la hibridación y estratificación como fenómenos centrales en la
construcción de la cultura material. El aspecto
central para la definición de las estructuras de la cultura material
como híbridas, consiste en la existencia de diferentes bagajes culturales
que se ven enfrentados en una relación de asimetría, dando como
resultado la adecuación de ellos, a la diversidad de condiciones
y características particulares del mundo al que tienen que enfrentarse.
Ambos capitales
culturales conllevan concepciones del mundo, de la relación con
la naturaleza y la historia, ambas crean y significan representaciones
colectivas particulares que extienden sus dominios a diversos espacios
sociales y físicos. Y estas van a presentar diferencias sustanciales
en cuanto al significado de los productos del diseño, desde la ciudad
y sus formas de concreción morfológica, hasta la de los objetos. Algunos de
los procesos de hibridación son claros si nos remitimos a la historia.
Durante la época colonial la implicación simbólica de las estructuras
materiales será utilizada en la superposición del proyecto conquistador,
de tal forma que en el aspecto religioso se presentó el fenómeno
de sustitución-superposición del antiguo culto por el cristiano,
expresado en la construcción de las iglesias, capillas o ermitas
en aquellos sitios en los que se ubicaron los templos prehispánicos. Lo mismo puede
verse en la recuperación de la potencialidad creadora del mundo
que tiene el lenguaje; los hispanos asignaron a las nuevas ciudades
y regiones los nombres de las propias en España, o por lo menos
anteponiendo sus nombres palabras que designaban parte de su mundo
a la toponimia indígena. Convirtiéndose entonces estas designaciones
en el registro de una situación en la que se entremezclan los viejos
con los nuevos tiempos, una cultura con otra. La estratificación
obedeció a la decisión política de recuperar los elementos de centralidad
operativa y simbólica del poder con los que los señoríos prehispánicos
organizaban amplios territorios en torno a ellos; aprovechando las
estructuras sociales, morfológicas y ecológicas que habían sido
construidas a lo largo del tiempo. Cortés, por ejemplo, conservó
la estructura política de los señoríos prehispánicos para el gobierno
de las comunidades indígenas. Es por ello
que afirmamos que el proceso de colonización hispana en América
es una implantación confrontada, condicionada y yuxtapuesta por
fragmentos y porciones expresivas del estrato cultural previo; de
tal modo que observamos que pese a la borradura inferida a la cultura
material, aparecen fragmentos, formas y modos expresivos, formas
de construir la textualidad de la ciudad, que hacen presentes algunas
de las configuraciones particulares del mundo previamente derribado,
visible aún pese a la destrucción llevada a cabo por los conquistadores.
Numerosas
rupturas pero también permanencias pueden ser leídas en los
procesos derivado de los profundos estremecimientos sociales
causados por las luchas de Independencia de los pueblos americanos
de sus metrópolis europeas. Con la Independencia, nuevas mixturas,
otros procesos de hibridación habrán de efectuarse en función de
la recomposición de las estructuras sociales, los territorios nacionales
y las morfologías de las ciudades americanas, que habrán de requerir
las nuevas necesidades de orden social y político y las nuevas concepciones
y modelos culturales que los emergentes y triunfantes grupos criollos
harán aparecer en la arena de la disputa por la conformación de
la nación. En este ciclo
habrá de darse una nueva aproximación a la igualación de las expresiones
culturales de nuevos procesos de hibridación en el cual las concepciones
dominantes que refieren a Europa como faro civilizador, habrán de
ser implantadas con la impronta o sello local, nuevos híbridos que
persiguen el sueño inalcanzable de constituir una nación, una cultura
modernas pero con apego a la nacionalidad, que es concebida como
adopción de los modelos europeos. Hacia la
construcción de otros enfoques Para la construcción
de una historia de la cultura material latinoamericana es preciso
hacer una revisión de los diversos aspectos relativos la interpretación
de la historia . A manera de ejemplo podemos señalar que uno de ellos
de una gran importancia lo constituyen los cortes historiográficos
a partir de los cuales se ha interpretado la historia cultural de
América, ya que las unidades históricas que el investigador trabaja
son construcciones de alguna parte del continuo histórico y expresan
la definición de aquellos aspectos considerados relevantes para
las visiones historiográficas existentes. Es por ello
que revisar y llevar a cabo una redefinición de las unidades históricas
considerando las características propias del desarrollo en nuestro
continente constituye un trabajo de reconstrucción de los enfoques,
un reajuste de los ojos con los que es mirada la historia. Aquellos
fundados en la mirada europea han puesto de relieve la sucesión
de las etapas derivadas de la implantación de nuevos elementos y/o
sus representaciones en la producción y utilización de los productos
del diseño. Al mismo tiempo han implicado la adopción más o menos
mecánica de una serie de conceptos. Tal como señala
Waisman "En la historiografía general, con el correr del tiempo
las unidades históricas definidas para el mundo europeo parecieron
cobrar una validez universal. Se habla así de una Edad Media americana
-en la que jamás hubo organización feudal o filosofía escolástica-
o de un imperio maya -que jamás tuvo emperador…-, extrapolando términos
sin profundizar en sus reales significados".
9 Al mismo tiempo
requerimos observar también los desfasamientos en los procesos de
implantación de las culturas de las metrópolis, la pervivencia y
coexistencia de las expresiones de diversas unidades históricas.
Puesto que como puede observarse en las fases tempranas del periodo
colonizador hispano en América, la coexistencia de distintas fases
históricas como el renacimiento y la edad media en sus desarrollos
en España, son evidentes; al igual que durante la época barroca
novohispana, tal como plantea Gómez Martínez 10 o bien como puede verse en los actuales momentos en los que
algunos autores reconociendo esa diversidad y mezcla nos hablan
de un ethos barroco como característica esencial de la cultura
latinoamericana actual. 11 Habrá, asimismo
otros muchos aspectos a reformular en el avance hacia otra historia
de la cultura material latinoamericana en la que los centros de
atención, la dirección de las miradas no se dirijan ya de las metrópolis
a las periferias, sino que las regiones tradicionalmente consideradas
periferia, puedan constituirse en centros a partir de sus propias
lecturas. Entre algunos otros asuntos pendientes anotaremos: Continuidad-discontinuidad,
las duraciones históricas, las articulaciones centro-periferia-región. Conclusiones Como es evidente
no pretendemos dar conclusiones definitivas; nuestra intención es
más modesta, radica en hacer un llamado a la investigación concreta
de los campos de cultura del diseño, no como el diseño en la historia,
ni como la historia del diseño, más bien del diseño como historia
en la que pueden ser leídos los profundos cambios en las concepciones
y realizaciones que a lo largo del tiempo se han mezclado, estratificado
y superpuesto y permanecen aún vivos en la presencia de la cultura
material actual, así sea a manera de huellas y fragmentos o en la
memoria histórica colectiva. Intentamos
poner de relieve el proceso complejo y accidentado de construcción
de la cultura material, la necesidad de observar las distintas concepciones
genéticas y tiempos históricos que concurren en esta en su carácter
híbrido, es decir poliétnico y multitemporal; para ello subrayamos
la dialéctica continuidad-discontinuidad, procesos que en sus duraciones
cortas y largas define los perfil que la cultura material, bajo
los diversos proyectos que confluyen en su conformación histórica. Concluimos
señalando que este final en realidad constituye un principio en
el largo camino de construcción de otros instrumentos para poder
apreciar nuestra compleja realidad latinoamericana. 1 ARRIARAN, Samuel. "Barroco y neobarroco en América Latina".
En Samuel Arriarán y Mauricio Beuchot. Filosofía, Neobarroco
y Multiculturalismo. 1999, México, Itaca, p. 53. 2 Ibid. 3 SUBIRATS, Eduardo. El continente vacío.
La conquista del Nuevo Mundo y la conciencia moderna. 1994,
México, Siglo XXI. 4 ARRIARAN, Samuel.
Op. cit. pp. 55-56. 5 BOURDIEU, Pierre.
"Man and Machiing". Advances in social theory and methodology.
Karin Knorr Cetina y Aarón Cicourel, comps., Routledge & Kegan
Paul, 1981, London, p. 305. 6 GARCÍA CANCLINI, Néstor. Culturas híbridas.
Estrategias para entrar y salir de la Modernidad. México, 1989,
Grijalbo, pp. 16,71. 7 CORBOZ, André. "El territorio como
Palimpsesto" Diógenes. #121, primavera de 1983, México,
UNAM.-Coord. de Humanidades, p. 20. 8 "PALIMPSESTO: <<A través del
Lat. Palimpsestus>>. Manuscrito antiguo que conserva huellas
de una escritura anterior borrada artificialmente. 2 Tablilla antigua
en que se podía borrar lo escrito para volver a escribir."
ALT-Q. Palimpsesto. Estrategias de Intervención en el Territorio.
Conferencia presentada el 21 de Marzo de 1997 en las XII Jornadas
del Patrimonio de la Comarca de la Sierra Aracena (Huelva), Aracena,
España, Internet, s/p. 9 WAISMAN, Marina. El interior de la historia.
1990, Bogotá, Escala, p. 47. 10 GOMEZ MARTINEZ, Javier. Historicismos
de la arquitectura barroca novohispana. 1997, México, UIA. 11 ARRIARAN, Samuel. "Barroco y Neobarroco
en América Latina". En Filosofía, Neobarroco y Multiculturalismo.
1999, México, Itaca. * Este trabajo fue leído por su autor en las sesiones de la II Conferencia de Historiadores del Diseño de La Habana organizado por la ONDI en junio de 2000 y se publicó en www.culturadeldiseño.cult.cu.
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