Antonio Seguí
Pintor argentino que nace en 1934; abandona sus estudios de derecho
y viaja a Madrid para estudiar pintura y escultura. A su regreso,
en 1957, realiza su primera muestra individual en la Galería
Paideia de Córdoba. En sus obras son reconocibles influencias
del informalismo, el surrealismo para más tarde realizar obras
neofigurativas.
Luego de su permanencia en México y sus muestras individuales
y colectivas en la ciudad de Buenos Aires, en 1963 se establece definitivamente
en París.
Por su apreciación de la realidad y quehacer plástico
participa en muestras internacionales en Europa, Japón y en
América. En 1977, obtiene el primer premio Benson & Hedges
con su muestra individual en Buenos Aires.
La obra de Seguí está cargada de vida. Sus piezas demuestran
gran habilidad técnica y la intención trágico-satírica
que las emparentan con obras de pintores neofigurativos como Rómulo
Macció y Carlos Alonso. Este artista emplea recursos líricos
con un fuerte componente humorístico. Al mismo tiempo, cuando
toma elementos de las tiras cómicas, textos o fragmentos yuxtapuestos,
algunas de sus obras entran en la categoría de meta-historietas
cuyo tema central son las condiciones humanas.
En la década de 1970, hay una ruptura con sus trabajos anteriores
ya que a partir de ese momento desarrolla temas como la soledad de
la pampa y la desolación anímica, volviendo la mirada
hacia lo introspectivo. Sin embargo, podemos definir a Antonio Seguí
como un artista comprometido con su época, que pese a la distancia,
logra expresar en sus obras una meditación sobre los problemas
sociales de su tiempo. La serie Sin Demagogia de 1972 explora
las posibilidades gráficas de la litografía. En ellas
Seguí cuestiona la realidad de un mundo dominado por el mercado
y la hegemonía de algunos países y estados a través
de una simbología no por conocida menos eficaz. La maestría
técnica de la que hizo gala, permiten considerarlo como un
maestro de la plástica latinoamericana y de la gráfica
más avanzada en su región.
Luis
Tomasello
Este artista argentino nacido en La Plata en
1917, se formó en las escuelas "Prilidiano Pueyrredón"
y "Ernesto de la Cárcova". En
1957 emigra a Francia, formando parte del grupo de artistas cinéticos
argentinos en París junto con Julio Le Parc, Vardánega,
Marta Boto y García Rossi. Aunque alguna vez pensó ser
arquitecto, su trayectoria se concretó en la pintura abstracta:
el contacto directo con la pintura de Mondrian fue el detonante para
su inclinación definitiva.
Realizó dos libros-objetos junto con Julio
Cortazar, Elogio del tres y Negro el diez, con poemas
que el escritor argentino escribió sobre sus obras cinéticas.
Los colores que cubren los lados de sus
poliedros múltiples y seriados, ordenados sobre la superficie
de paneles, proyectan luces y sombras cambiantes, que sugieren movimiento.
Constituyen lo que Tomasello denomina "cromoplastias". Este
"arte de estímulos ópticos" como lo calificara
Manuel López Oliva se inserta en un fuerte tradición
dentro del arte argentino del siglo XX, que tiene al Grupo Madí
como un ineludible antecedente. Luis Tomasello
persistió en la experimentación perceptual en su obra
al tiempo que explora lo tridimensional y la bidimensionalidad como
límites susceptibles de ser desdibujados.