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Alfredo Boulton (fragmento) |
1928 De
regreso de Europa, el joven Boulton comienza sus ensayos fotográficos
de inspiración surrealista, que continuará durante el curso
de la década siguiente de manera paralela a su registro de Caracas
y sus primeros retratos. De este año es su obra Macbeth o All
the Parfums of Arabia.
[1]
Para el momento, en
varias naciones de América Latina algunos –poquísimos–
jóvenes de inquietudes artísticas trabajan la fotografía
creativa explorando las denominadas "especificidades del
lenguaje fotográfico", en consonancia con la idea modernista
de que cada medio posee instrumentos particulares de investigación
y representación. En
Ciudad de México, el 15 de agosto se inaugura la Exposición
de Fotógrafos Mexicanos, o Exposición de Arte Fotográfico
Nacional, un evento sin precedentes en el país, de carácter
competitivo, que incluyó más de cuatrocientas imágenes entre
las cuales, junto a la apabullante presencia del estilo pictorialista,
se encontraban las muestras de la nueva fotografía bajo las
firmas de la italiana Tina Modotti (1896-1942)
y Manuel Álvarez Bravo (1902).
[2]
De Modotti se exhibieron, entre otras, su obra en
homenaje al cancionero de la revolución mexicana, que reunía
una canana, una guitarra y una mazorca de maíz; también, su
fotografía de la máquina de escribir de Julio Antonio Mella
y la del tanque de petróleo. Entre las de Álvarez Bravo se encontraban
una fotografía de un plumero, otra de unas gallinitas de papel
y la de una pequeña jaula.
[3]
En
octubre, se realiza en La Habana el Primer Salón Nacional
de Fotografía, también competitivo, con la escasa presencia
de cinco fotógrafos. La naciente crítica del país vinculada
al vanguardismo lo atacó duramente y sólo reparó en las obras
de los jóvenes Paul Warner y Tomás Agüero, el segundo bajo la
influencia del impresionismo pictórico.
[4]
En el órgano público de la nueva intelectualidad,
la Revista de Avance, se comentaría sobre el primero: (...)
Paul Warner –criollo de exótico linaje– obtiene con
los elementos más simples verdaderos dechados de expresión plástica.
La propia lente con que fotografía, puesta sobre una mesa, le
basta para lograr una imagen geométrica de finas calidades y
de tranquilo ritmo. Con unos utensilios de cocina compone naturalezas
muertas que deleitarían a Braque, a Metzinger o a Picasso. (...)
[5]
Independientemente
de que es imposible hacer una generalización respecto de los
temas que motivaron a los fotógrafos emergentes de América Latina
abocados a la práctica artística según los postulados del modernismo,
es importante llamar la atención sobre el hecho de que fotografiar
objetos se inscribe entre las primeras y más fecundas experiencias
de algunos. A los ya señalados puede agregarse, entre otros,
al argentino Horacio Coppola (1906),
[6]
quien en 1928 realiza una de sus obras tempranas
más conocidas: un ensayo visual de ascendencia futurista con
una botella como referente. Sin duda, la práctica fotográfica
encontró en la naturaleza muerta un género adecuado –como lo
hizo la pintura vanguardista europea de comienzos de siglo–
para satisfacer la exigencia modernista de descubrir la belleza
inédita de lo cotidiano a través de la exploración formal, a
la par que para especular sobre problemas de la percepción y
estimular en el espectador las más variadas asociaciones reflexivas. Por
otro lado, simultáneamente a la obra de compromiso social y
político de Tina Modotti –que ya entonces constituye un segmento
importante del cuerpo de trabajo de la artista–, se localizan
en ese año en América Latina otras formas de documentación de
intencionalidad estética moderna en la fotografía de Martín
Chambi (1891-1973), en Perú, y de Mário de Andrade (1893-1945), en Brasil.
[7]
El primero realiza en 1928 una exposición en Arequipa
y participa en la creación de la Academia de Artes Plásticas
del Cusco. Si todavía en él persiste la influencia del pictorialismo
y de un indigenismo de signo pintoresco, en imágenes como –entre
las fechadas en este año– Familia en el cementerio, Escolares
jugando a las cartas en los suburbios de Cusco y Peregrinos
de Paucartambo, se evidencia su interés por el registro
directo de su medio social y cultural con un vocabulario de
elementos visuales afines a la fotografía moderna.
[8]
El segundo, un prolífico escritor y protagonista
de primera fila de la vanguardia brasileña, hace entre diciembre
de 1928 y febrero de 1929 un segundo viaje al Nordeste del Brasil,
que bautizó de etnográfico, en el que produjo 260 fotografías.
[9]
Para de Andrade, la fotografía fue un instrumento
de registro del patrimonio tangible del país, de su gente, de
las ocupaciones laborales y, a la vez, de exploración en las
posibilidades representativas “específicas” del propio medio.
1938 En
el mismo año en que Alfredo Boulton realiza en el Ateneo de
Caracas la que sería la primera muestra individual de un fotógrafo
moderno en Venezuela, ocurre lo mismo en Colombia. El 22 de
agosto inaugura Luis B. Ramos (1899-1955)
una exposición en el Teatro Municipal de Bogotá que, celebrada
en el marco de los festejos por el 400° aniversario de la ciudad,
parecía más bien organizada para satisfacer una efemérides nacionalista.
Su título, inclusive, así parecía indicarlo: 50
aspectos fotográficos de Colombia. Y, sin duda, lo
logró con creces, pues la obra de Ramos estaba en correspondencia
con la sensibilidad cultural del momento en el país, en la que
el regionalismo era la línea dominante en la producción artística.
La crítica coetánea reparó en la alta calidad de las imágenes
de Ramos, que hoy permiten calificarlo como uno de los más importantes
fotógrafos modernos activos en América Latina en los años treinta
del siglo XX. Entre 1934-1939, Ramos realizó una crónica sobre
el hombre común del pueblo colombiano, en especial del ámbito
rural, que fue profusamente divulgada en los semanarios ilustrados
de amplio tiraje de su nación.
[10]
Un comentarista de la obra del fotógrafo diría: Ni
nuestra poesía, ni la música, ni la pintura han podido revelar
el ambiente y el clima de nuestro espíritu nacional con tanta
exactitud y tan a cabalidad como lo ha logrado el ojo mágico
de la cámara fotográfica, accionado y obturado por la mano magistral
de Luis B. Ramos. Cada estampa del artista bien vale por una
altiva montaña de tratados de sociología y sicología nacionales
(...) (...)
Ramos, obra directamente sobre la naturaleza, en general, y,
en particular, sobre el hombre. Con sólo el eficaz auxilio de
la luz, sustrae de los sujetos y de las figuras, su angustiosa
intimidad y su asombro, regalando a los ojos el don de ver,
en toda su espiritual desnudez, los ademanes de nuestra gente,
y, con ellos, los heroicos gestos del paisaje.
[11]
1944 Al
presentar Alfredo Boulton su exposición sobre la Isla de Margarita
en el Museo de Bellas Artes de Caracas, al parecer la primera
de fotografía moderna realizada en un museo especializado en
arte en América Latina, la representación estética del hombre
de pueblo –bien de carácter antropológico, bien inscrita en la documentación social–
era una de las direcciones más importantes de la fotografía
latinoamericana de avanzada. El tema se consolida en la región
conectado con el auge local de la prensa ilustrada, la alta
estima de las ideas de izquierda entre los círculos profesionales
e intelectuales, la importancia creciente de los postulados
nacionalistas en el arte y la exploración en las “identidades
nacionales” por los movimientos culturales. Estas circunstancias
tuvieron un peso diferente en los proyectos creativos individuales
de los fotógrafos; pero, en general, ellas nutren los escenarios
más diversos. De
1944 es el Cortador de caña de azúcar, fotografía del
colombiano Leo Matiz (1917-1998)
[12]
que forma parte de la obra realizada por éste en
México, donde entonces residía; también, la Cosecha de té
en la hacienda Amaibamba, Quillamamba, Perú, de Martín Chambi.
Hasta Manuel Álvarez Bravo incursiona en el tema en este año
–como lo hizo en algún otro momento precedente–
con Trabajadores del trópico, una de esas obras
suyas que escapan de los rasgos dominantes en su producción;
mientras que en Brasil el francés Marcel Gautherot (1910-1996)
[13]
iniciaría en 1939 –y
desarrollaría, fundamentalmente, a partir de su establecimiento
en Río de Janeiro en 1940–,
su extensa obra antropológica sobre el pueblo brasileño. Para
la fecha, además, ya el chileno Antonio Quintana (1904-1972)
había realizado en su país una loable contribución al tema desde
el segundo lustro de los años treinta, por el cauce de la fotografía
social de intención estética, y el cubano José Tabío (1915-1975)
criticaba en imágenes elocuentes las duras condiciones de vida
y laborales de los sectores humildes de su Isla natal; a la
vez que el norteamericano de origen ucraniano, Jack Delano (1914-1997),
lo había hecho en Puerto Rico, entre 1941-1942, con su documentación
sobre los trabajadores agrícolas.
[14]
1952 Este
es un año fecundo en la carrera artística de Alfredo Boulton.
Entre otras actividades, realiza la muestra España y el matador
en la sede de la Asociación Venezolana de Escritores, donde
incluye sus retratos del torero venezolano Luis Sánchez Olivares,
Diamante Negro. Ellos evidencian la sensibilidad moderna del
autor en el tratamiento del género, que ya había tenido oportunidad
de ser constatada en 30 venezolanos para 1948, exposición
realizada en esa fecha en el Salón Planchart. También en 1952,
en Buenos Aires, la alemana de origen Grete Stern (1904-1999)
presenta en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores
su muestra Retratos de Grete Stern. Fotografías de los años
1932-1952,
[15]
en la que el medio artístico e intelectual del país
estaba ampliamente representado. Grete
Stern en Buenos Aires, Chico Albuquerque (1917)
[16]
en São Paulo, Manuel y Lola Álvarez Bravo (1907-1993)
[17]
en Ciudad de México, Alfredo Boulton en Caracas,
fueron todos, entre otros, fotógrafos que durante los años treinta
a cincuenta inclusive plantearon en América Latina una nueva
visión del retrato, encontrando a sus modelos de preferencia
entre los artistas e intelectuales. La exploración en los llamados
recursos expresivos de la fotografía –en especial, de la iluminación–,
el interés por la personalidad del retratado, la diversidad
de poses y, con frecuencia, de escenarios seleccionados, dan
cuenta de la preocupación de estos fotógrafos por distanciarse
de los estereotipos retratísticos dominantes en la fotografía
comercial de estudio y construir retratos de individualidades.
___________ Cuestiones
de poética en Boulton, de las características de producción
y distribución de su trabajo, de los vínculos de éste con los
tareas que se plantea el movimiento cultural nacional de la
época, tuvieron así múltiples puntos de afinidad, de variable
grado, con las concernientes a otros fotógrafos activos en Latinoamérica que, como
él, desplegaron la estética fotográfica moderna en la región. Mérida, Venezuela, septiembre, 2001 * Publicado originariamente en el catálogo de la exposición Alfredo Boulton.
Una mirada mestiza, Museo de Arte Moderno Jesús Soto,
Ciudad Bolívar, Venezuela, 29 de noviembre de 2001 – 31 de
marzo de 2002.
[1]
Se sigue, en todos los casos, la datación con
que las obras han circulado hasta ahora.
[2]
Tina Modotti se inicia en la fotografía en 1923
y la abandona hacia 1930; Manuel Álvarez Bravo se interesa
en la fotografía en 1924 y la practica hasta comienzos de
la década pasada.
[3]
Sin firma. “La interesante exposición fotográfica”.
El Universal Ilustrado, México, 23 de agosto de 1928,
n° 589. Tomado de: José Antonio Rodríguez. “La mirada de la
ruptura”. En: Edward Weston. La mirada de la ruptura,
CONACULTA, INBA, Museo Estudio Diego Rivera, Centro de la
Imagen, septiembre-noviembre, 1994, pp. 68-70 (catálogo). [4] Al parecer, esta es la primera exposición de fotografía en que ambos participan. [5] Sin firma. “Las exposiciones – Warner – Agüero”. 1928, Revista de Avance, La Habana, año II, tomo III, n° 29, diciembre 15 de 1928, sección Almanaque, p. 363. [6] Coppola se inicia en la fotografía en 1927 y desarrolla una intensa carrera en el medio como artista, editor y profesor hasta la década pasada. [7] En 1908 Martín Chambi comenzó a trabajar como aprendiz en un estudio fotográfico en Arequipa. En 1917, abre en Sicuani su primer estudio. Su actividad como fotógrafo se extiende hasta los años cincuenta. Por su parte, Mário de Andrade práctica la fotografía desde 1923 hasta, al parecer, 1936. [8] Ver: Martín Chambi, 1920-1950 (textos de Mario Vargas Llosa y Publio López Mondéjar). Lunwerg Editores S. A., Madrid, 1990, pp. 65, 91 y 102.
[9]
El primero lo realizó del 13 de mayo
y al 15 de agosto de 1927, con 540 fotografías como resultado
iconográfico. Ver: Mário Chagas. “Mario dos primeiros andares
ou o fotógrafo da Venus de Milho”. Revista do Patrimônio
Histórico e Artístico Nacional, #27 Fotografía,
IPHAN, Brasil, 1998, pp. 126-135. [10] Ramos aprendió fotografía en Europa a comienzos de los años treinta, y su carrera en Colombia se desarrolla durante los señalados arriba. Ver: Medina, Alvaro. “Luis B. Ramos, ‘El fotógrafo’”. En: 40 fotos de L. B. Ramos (1899-1955). Banco de la República, Bogotá, 1989 (catálogo). [11] Dédalus (seudónimo de Darío Achury Valenzuela). “Ramos, la fotografía y el alma nacional”. Estampa, Bogotá, n° 32, 1° de julio, 1939, pp. 18-19. Se actualizó la ortografía original. [12] Fotógrafo profesional desde 1939, Leo Matiz abandona la fotografía en 1978 y vuelve a ella en 1996. Ver: Leo Matiz. El lente mágico (bajo la dirección de Alejandra Matiz.) Edit. Electa, Milán, 1995. [13] Marcel Gautherot se inicia en la fotografía hacia 1938. Radicado en Brasil, trabajó largos años como fotógrafo para instituciones y colaboró en la prensa. [14] Antonio Quintana se inicia en la fotografía hacia la divisoria de los años veinte-treinta y se desempeña en ella hasta los sesenta del siglo XX; José Tabío comienza a ejercerla en 1938, y la combinó con otras actividades profesionales, al igual que Jack Delano, quien se inicia profesionalmente como fotógrafo en EE.UU. en 1937 y en 1946 se radica en Puerto Rico. [15] Alumna de Walter Peterhans entre 1927-1928, en 1929 Grete Stern abre en Berlín un estudio de fotografía y diseño gráfico junto a Ellen Auerbach. En 1936 se radica en Buenos Aires. Abandona la fotografía en 1985. Ver: Grete Stern. Obra fotográfica en la Argentina. Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 1995. [16] Profesionalizado como fotógrafo retratista en 1934, Chico Albuquerque todavía trabajaba como fotógrafo a comienzos de la pasada década.
[17]
Vinculada a la fotografía desde finales de los
años veinte, Lola Álvarez Bravo desarrolla su carrera profesional
en el medio desde los años treinta y deja de fotografiar en
1986. |
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