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La fotografía como fuente histórica A propósito de los hechos del 9 de abril de 1948 en Bogotá *
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Sady González- Tranvía atestado (fragmento), Bogotá, 1947 |
Las
fuentes que utiliza el historiador en sus investigaciones sobre
la reconstrucción del pasado, nos ofrecen vestigios, marcas y
testimonios. Como afirma
Jacques Le Goff,
[1]
en las fuentes podemos incluir muchos objetos como
los escritos, las imágenes, la arquitectura, la escultura, etc.,
las cuales son caracterizadas como producto de las sociedades
que las crearon y es por esto que se puede reconocer en ellas
la intencionalidad, cualquiera que fuera, de sus autores al querer
transmitir sus acciones, emociones o percepciones.
La fuente no puede ser tratada como un yo único y autónomo,
sino más bien debe ser considerada en el contexto social de su
creador.
[2]
Esta percepción no contradice el carácter universal
y particular de la imagen, en ella vemos la unión entre la intención
particular del fotógrafo y la sociedad que lo influencia y produce
lo que él capta con su cámara. Esto
no es nuevo en los países latinoamericanos y en la medida en que
llegan nuevas escuelas históricas, los investigadores estudian
los autores extranjeros y los discuten, los adoptan o no pero
pocas veces se logra agotar toda la amplia gama de posibilidades
en nuevos temas, fuentes, planteamientos, etc. Pero como
sucede en el caso colombiano son pocos los historiadores que se
desprenden del documento escrito. Los motivos no son pocos. Es más accesible para un arquitecto hablar de
la forma en que se construyó una edificación, ya que este maneja
todos los conceptos de la arquitectura, que para un historiador. Igualmente el acceso a fuentes diferentes a
las escritas también es complicado ya que los archivos, en su
gran mayoría, si existen son privados, y los públicos no tienen
suficientes recursos para almacenar fuentes diversas a las escritas.
Es por esto que si partimos del hecho de que el hombre produce
una gran variedad de fuentes de diferentes aspectos: ¿Por qué
no las utilizamos en la investigación histórica? ¿Por qué seguimos
tan apegados al documento escrito en una sociedad que cada vez
más se comunica a través de las imágenes? Con
la presente presentación propongo la imagen fotográfica como fuente
primaria de investigación histórica. Como dijimos anteriormente,
la imagen día a día ocupa más espacios en nuestra comunicación,
tanto cotidiana como académica. Ejemplo claro de ello es el Internet,
en donde combinamos imagen, sonido y texto al mismo tiempo, para
la búsqueda de información, ir de compras o hasta para realizar
cursos académicos. Con
estos ejemplos queremos plantear que las imágenes y el texto no
son antagónicos como en algún momento lo hace ver Vilem Flusser,
[3]
quien en un momento afirma que la fotografía comienza
como una democratización de la imagen técnica para luchar contra
la textolatría que se generalizó en el siglo XIX. Como el mismo
autor lo propone
[4]
no desechamos la constante relación entre el texto
y la imagen donde el texto conceptualiza la imagen y donde la
imagen ilustra el texto. La
imagen fotográfica mediatiza entre el hombre y la realidad, es
una reinterpretación del mundo porque contiene la intencionalidad
de un autor y su interactuar social. Igualmente la imagen fotográfica queda condicionada
a sus posibilidades técnicas como la luz, el tiempo, el movimiento,
etc. La fotografía nos puede ampliar el horizonte en nuestras
investigaciones, pero al mismo tiempo lo puede limitar. Es por
esto que no puede ser utilizada como única fuente de una investigación
y debe ser complementada por otras fuentes, inclusive las escritas. En
la imagen fotográfica confluyen un sin número de emociones que
deben ser enriquecedoras para el estudio,
pues aquellas antes de alejarnos de la realidad nos acercan
a ella. Entre estas emociones
encontramos las del mediador, las de los protagonistas y las del
observador. Es por esto que no podemos dar por hecho que lo que
ven nuestros propios ojos es de por si una única verdad. La fotografía
no es únicamente para verificar o desmentir también es para complementar
o enriquecer desde otro “punto de vista”. En
la utilización de la imagen fotográfica como fuente en la investigación
tenemos como pioneros a los antropólogos. No por coincidencia,
ya que mientras se expandía el imperio inglés en el siglo XIX,
se desarrollaron al mismo tiempo la fotografía y la antropología.
Esta ayudó a construir la imagen que comenzó a moldear
occidente de otros pueblos, en el momento en que se confiaba en
la fotografía como un medio objetivo y veraz. Hasta 1973 las fotografías
tomadas por los antropólogos sirvieron para modificar o desmentir
y complementar lo expuesto textualmente por ellos; luego de esta
fecha, se planteó la utilización de toda la producción visual,
considerada como producción cultural en la medida en que mostraba
el punto de vista y la forma particular de mirar y codificar lo
visual en cada cultura.
[5]
Por esta línea encontramos en Colombia estudios importantes
realizados por Gerardo Reichel-Dolmatoff. Otros
importantes trabajos sobre fotografía en Colombia son los del
comunicador Social Armando Silva sobre los álbumes de familia,
quien propone que para interpretar la imagen es necesario partir
desde la prefiguración, es decir, las circunstancias sociales desde donde se prepara
el escenario y la figura focalizada.
[6]
Por esto consideramos que para poder proponer a la
fotografía como fuente primaria en una investigación debemos contar
con un amplio repertorio documental escrito que nos apoye más
en los aspectos sugeridos por la imagen y no definidos por sus
propias características, que en los aspectos descriptivos. Con esto nos referimos por ejemplo a que hay
principalmente valores en lo filosófico, político e intelectual
que no aparecen explícitos en las imágenes.
[7]
El
desarrollo fotoperiodismo Desde
el anuncio
realizado por Joseph Nicéphore Niépce y Jaques Louis Mandé Daguerre
en Francia en 1839, el transcurrir de la fotografía se hizo en
medio de vertiginosos cambios técnicos en donde se vieron implicados
las cámaras, los soportes, los materiales sensibles a la luz,
etc., lo que hizo que la función, el objeto de la fotografía
y el fotógrafo cambiaran.
Dentro de estos cambios, las placas secas de gelatina,
los rollos de película de 1880 y las cámaras cada vez más ligeras,
hicieron que la fotografía se abriera paso al movimiento y al
instante de la acción, apareciendo así nuevos temas. Poco a poco
comenzó a variar y a los retratos estáticos e inexpresivos que
caracterizaron los primeros años de la fotografía en general y
en Colombia se le unieron temas como la guerra.
[8]
Específicamente en nuestro país se fotografiaron algunas
guerras civiles del siglo XIX y la guerra de los mil días.
En
los adelantos técnicos también influyó la generalización de la
utilización de la media tinta para que se consolidara el período
en que se cambiaría del periodismo ilustrado al fotoperiodismo,
entre 1890 y 1910.
[9]
Junto a los cambios técnicos fueron necesarios los
cambios culturales que hicieron del período 1920-1960, la época
de la revista ilustrada en el mundo. Las
revistas ilustradas surgieron al igual que los ensayos ilustrados,
de series de fotografías de un hecho desde diferentes ángulos,
que editaban algunos periódicos. En Colombia, las fotografías
de exteriores, necesarias para el posterior desarrollo del fotoperiodismo,
comenzaron a ser utilizadas con la aparición de El Papel Periódico Ilustrado en 1881 con
la realización de grabados. Solo hasta 1910 con la fundación de
la Revista El Gráfico se comenzó a utilizar de forma
continua la fotografía.
[10]
La Revista Cromos fue fundada en 1916 y con ella se
fue afianzando en el país el fotoperiodismo, aunque la profesión
como tal no tuvo una consolidación tan rápida, ya que hasta 1938
los fotógrafos que tomaban retratos en sus estudios eran los mismos
que proporcionaban a destajo el material a las revistas. No fue
sino hasta la década de los 40 que comienzan a contratarlos de
planta y así tuvieron la posibilidad de dedicarse únicamente al
fotoperiodismo.
[11]
Dentro de estos los nombres más destacados son: Ignacio
Gaitán, Sady Gonzalez, Carlos Caicedo, Leo Matiz, Luis Gaitán
y Luis B Ramos. Uno
de los primeros en abrir una oficina de reporteros gráficos en
los años 40 fue Sady Gonzalez, por lo que la autoría de las fotografías
es por momentos difícil de establecer ya que los trabajos realizados
por sus colaboradores contienen el nombre de la empresa y en algunos
casos las fotos carecen de la firma del autor. Otro problema para nuestra investigación es
que, en su gran mayoría, los archivos estructurados por la administración
de las revistas gráficas se perdieron debido a las continuas agresiones
ocasionadas por el clima de intolerancia política que caracterizó
nuestra historia desde el siglo pasado. Como ejemplo de esta intolerancia
y complicaciones del clima político nacional, da cuenta el reportaje
gráfico aparecido en el semanario ilustrado El
gráfico con motivo de las protestas por la intromisión de
miembros de la iglesia católica en las votaciones en 1911.
[12]
El
9 de abril en fotografías Uno
de los principales temas que trabajaron nuestros reporteros gráficos
fue el político, y no dejaron de hacerle seguimiento a la actividad
del líder y caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán, que día a día
iba adquiriendo más influencia en la vida política del país. Esta
se vio reflejada en su nombramiento el 14 de julio de 1947 en
la jefatura del partido, gracias a la obtención de la mayoría
en los comicios al Senado. De esto puede dar cuenta la fotografía
publicada en la revista Cromos el 31 de enero de 1948, donde Jorge
Eliecer Gaitán lidera la entrega de un documento al presidente
de la república, Mariano Ospina Pérez perteneciente al partido
conservador. Dicho documento fue conocido como el memorial de
agravios contra la persecución de que estaban siendo víctimas
los militantes del liberalismo. En la siguiente imagen se puede
ver como los demás integrantes de la comitiva minutos antes del
encuentro cordial y respetuoso con el presidente, firman el documento. Lo que muestran estas imágenes es el compromiso
que tenía Jorge Eliecer Gaitán, como Jefe de la colectividad,
con detener la violencia por las vías del diálogo y el entendimiento. Pero
lo que sucedería menos de dos meses después a raíz de su asesinato
el 9 de abril de 1948, es que el mismo Jorge Eliecer Gaitán sería
víctima de la violencia que sufría el país, con la diferencia
que la violencia que se vivía hasta este momento se caracterizaba
principalmente por ubicarse en la zona rural, y con los acontecimientos
ocurridos el 9 de abril de 1948 la violencia se trasladó a la
ciudad capital, mientras en ella se realizaba la IX Conferencia
Panamericana y el Congreso estudiantil. Los
reporteros gráficos que nos dejaron testimonio de la furia sentida
por los seguidores de Jorge Eliecer Gaitán, se vieron rodeados
por los hechos e incluso uno de ellos Leo Matiz resultó herido
mientras cubría los hechos del 9 de abril para la revista Life.
[13]
Como dijimos anteriormente estos reporteros para la
época ya estaban incluidos dentro de la nómina de importantes
medios de comunicación de la capital, cuyas sedes se encontraban
cerca al lugar de los hechos.
Por esto se acudió con prontitud al lugar, y se logró captar
la furia de los seguidores de Gaitán por verse desprotegidos en
sus intentos para detener las masacres contra los militantes del
partido. En
las fotografías encontramos un acontecimiento del cual se desprendieron
dos movimientos. Como primera medida se observa el lugar de la
muerte de Jorge Eliecer Gaitán cerca a la esquina más céntrica
de Bogotá en la época y actualmente, la intersección entre la
calle 13 con carrera séptima, y las correspondientes consecuencias
del hecho, el traslado a la clínica, el posterior entierro, etc,
etc. Pero además se ve
el movimiento comandado por los líderes liberales que deciden
conciliar con el gobierno y buscar conjuntamente una salida a
la violencia. Movimiento
que no estuvo acompañado por el resto del liberalismo que se dedicó,
de una forma espontánea, a linchar al supuesto autor material
y a cobrarle a los supuestos culpables del asesinato, con la destrucción
de los edificios, donde cayeron empresas de propiedad de conservadores,
de la iglesia y en un momento también se fue contra las propiedades
de los líderes del liberalismo que fueron a negociar a palacio. Con
todo, no se pretende que los reporteros gráficos muestren los
hechos como se supone que fueron, sino que hay que reconocer su
trabajo dentro de los parámetros de su creación personal. La mayoría
de las fotografías sobre el Bogotazo, que aparecen en las publicaciones
seriadas, nos muestran que luego de la tempestad viene la calma.
El centro de Bogotá se ve en ruinas, pero ya en calma, así sea
por medio de franco tiradores. Lo que contrasta fuertemente con
publicaciones posteriores en donde se muestran fotografías de
las acciones destructivas y la fortaleza del pueblo específicamente. Como
vemos no es desdeñable la intención del fotógrafo y el editor
al escoger una foto u otra, lo que esto quiere indicar es que
tienen la intención de que la destrucción y la violencia se detengan. * Esta
ponencia fue presentada por su autor en el “Coloquio Memoria
Iconográfica de un Siglo” como parte de las actividades que
tuvieron lugar durante el Premio de Fotografía Casa de las Américas
2001.
[1]
Le Goff, Jacques. El Orden
de la Memoria. Barcelona: Editorial Paidos. 1991. Pp 230-232.
[2]
Colmenares, German. Temporalidad y escritura de la historia. Pp
3–18. En Boletín Cultural y Bibliográfico
[3]
Flusser, Vilem. Hacia una filosofía de la fotografía. . México:
Editorial Trillas. 1990.
P. 17.
[4]
Flusser. Hacia. P. 13.
[5]
V Congreso nacional de antropología. Memoria visual e identidad
cultural. 1890–1950. Cámara de Comercio de Medellín, S.F.
[6]
Silva, Armando. “Las imágenes
nos hablan ? pp. 47-69.
En: Pontificia Universidad Javeriana.
Signo y Pensamiento No. 16 1990.
[7]
Caicedo, Jorge. Archivos
fotográficos. Pautas para su Organización.
Santafé de Bogotá : Archivo General de la Nación.
1995. 68p. P. 16.
[8]
Taller la Huella. Crónica
de la Fotografía en Colombia.
1841-1948. Bogotá: Carlos Villegas Ed. 1983. P. 17.
[9]
Keller, Ulrich. “El primer
fotoperiodismo” p. 242. En : Crowley, David. La comunicación en
la Historia. Barcelona :
Bosh. 1997.
[10]
Taller la Huella. Crónica de la Fotografía. P. 26.
[11]
Serrano, Eduardo. Historia
de la Fotografía en Colombia. Bogotá: Museo de Arte Moderno.
1983. P. 253.
[12]
El gráfico. Serie V No. 41
Bogotá. Junio 3 de 1911. [13] Taller la Huella. Crónica de la Fotografía Pág. 27. |
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