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Antiguo Palacio de Iturbide
La colección de pintura del Banco Nacional
de México. Siglo XIX
Del 30 de septiembre al 15 de diciembre de 2004
Haciendas labradas por campesinos felices,
retratos de arrieros impecables y paisajes abiertos en los que crecen
magueyes ante un fondo de volcanes, son escenas que identifican al México
idealizado que pintaron en su obra los artistas del siglo XIX.
Las 248 piezas que integran la muestra La
colección de pintura de Banamex, siglo XIX permite vislumbrar el enfoque
romántico y exótico con el que fue plasmado un siglo cuyo devenir histórico,
lejos de ser apacible, se vio convulsionado por la guerra de Independencia,
las intervenciones estadounidense y francesa, y las luchas que acompañaron
al surgimiento de una nueva nación.
Cada cuadro de la muestra que se expone desde
ayer en el Palacio Cultural Banamex (Madero 17, Centro Histórico) es el
fragmento de un rompecabezas que remite a la idiosincrasia de los estratos
sociales dominantes en el siglo, una sociedad prácticamente formada por
castas donde el poder estaba repartido entre los viejos hacendados criollos,
al tiempo que comenzaba el ascenso de la clase burguesa.
Mientras que los museos públicos del país,
como el Museo Nacional de Arte, poseen grandes colecciones de pintura
histórica, religiosa y mitológica del siglo 19 -géneros considerados "mayores"
que fueron patrocinados por el Estado y la Iglesia para decorar palacios
y catedrales-, el valor de esta colección, que pertenece en su totalidad
al acervo del Banco Nacional de México, reside en que documenta el arte
pictórico que vistió las residencias de los particulares.
Angélica Velázquez, curadora de la muestra,
explica que la colección, integrada en su totalidad por más de 400 obras,
es el acervo privado más importante del país correspondiente al siglo
19.
La muestra establece un recorrido panorámico
por el paisaje, el retrato, la pintura de costumbres y la naturaleza muerta,
los llamados "géneros menores", que eran patrocinados por la
burguesía y la aristocracia de la época; a través del análisis de las
piezas se vislumbran los intereses y gustos del estrato social económicamente
dominante.
"La Academia de San Carlos propiciaba
que sus alumnos trabajaran sólo el 'género de géneros', es decir, la historia.
No obstante, con el arribo de la burguesía al poder, el 19 fue el último
siglo donde funcionó esta teoría jerarquizada de los géneros", precisó
Velázquez.
Lograda la independencia de España en 1810,
una oleada de extranjeros viajó a México para establecerse, entre ellos
un contingente de creadores que la historiografía del arte ha denominado
"artistas viajeros".
A su paso por el territorio nacional, los
italianos Pedro Gualdi y Eugenio Landesio -maestro de José María Velasco-,
el español Pelegrín Clavé y el inglés Barón de Ros recrearon las costumbres
de México, enfatizando el exotismo de los paisajes, cubiertos por una
vegetación muy diferente a la europea.
La presencia de estos creadores extranjeros
amplió el espectro de imágenes sobre las costumbres mexicanas; sin embargo,
en las numerosas piezas que recrean "tipos populares" se puede
entrever un filtro que sublima la humildad y oculta cualquier resquicio
de crítica social, aunque en realidad estas personas constituían el estrato
social más bajo y estaban consideradas como las "clases peligrosas"
que podían rebelarse a la autoridad.
En cuanto a los retratos de hacendados y burgueses, se puede observar
una evolución en la técnica y en los temas a lo largo del siglo. Mientras
que los señores aparecen con sus mejores vestidos y joyas para darse a
conocer oficialmente en las pinturas de Clavé, Juan Cordero y Edouard
Pingret, en las obras de Julio Ruelas priman las intenciones psicológicas
y se relaja la pincelada.
Con el transcurrir del siglo se dignificó
el género considerado menos importante: la naturaleza muerta, que llegó
a ser un objeto codiciado en las colecciones de familias adineradas. Agustín
Arrieta y Eulalia Lucio fueron exponentes brillantes por el alarde de
minuciosidad y simbolismo de sus composiciones.
La pintura privada decimonónica mexicana revela
un siglo de temas amables y ligeros que fueron también la antesala de
las dos revoluciones con las que comenzó el siglo XX: la de 1910 y la
llegada de las vanguardias artísticas.
Texto: Sergio
R. Blanco
Reforma
Tomado de www.artesvisuales.com.mx
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