Diego Rivera

 

 


Diego Rivera y el cubismo en el Museo de Arte Moderno de México hasta el 26 de noviembre

Absolutamente incomprendidas en su momento por la comunidad artística mexicana, las experimentaciones cubistas que Diego Rivera realizó entre 1911 y 1917 no sólo colocaron al pintor a la altura de los máximos creadores vanguardistas de París, sino que le imprimieron una nueva forma de mirar que trascendió a toda su obra posterior.

De 1907 a 1909, el guanajuatense emprendió viajes artísticos por España para conformar un lenguaje que estuviera de acuerdo con el gusto de sus mecenas mexicanos; es decir, para adquirir el simbolismo modernista español tan de moda en la sociedad porfiriana, lo que le garantizaría el reconocimiento económico, explica Luis Martín Lozano, director del MAM y especialista en Rivera.

Sin embargo, rumbo a Brujas, una breve estancia en París le hizo descubrir a Monet, Picasso y Gauguin y vislumbrar una pintura revolucionaria en términos visuales. Su regreso a Francia en 1911 y su instalación en el barrio de Montparnasse marcaron el comienzo de su etapa cubista.

La exposición analiza a través de 18 piezas el trabajo de Rivera hecho entre 1913 y 1915, años en los que caminó hacia la formulación de una propuesta visual personalísima y única.

Hacia 1914, cuando ya había consolidado el cubismo analítico, el sintético y el uso del color, el pintor se dio cuenta que a pesar de las experimentaciones formales, sus cuadros carecían de contenido.

Su llegada a España y su reencuentro con el escritor Ramón Gómez de la Serna marcaron a finales de ese año la búsqueda conceptual y simbólica en sus piezas cubistas. Aquí se inscribe el cuadro central de la muestra, que fue exhibido por vez primera en Madrid.

El cántaro (la damajuana) es una forma de cerámica tradicional española, es decir, el artista se enraiza en una hispanidad. La mesa es un universo que gira y se modifica, lo que muestra la transformación provocada por el paso del tiempo. Los molinillos de chocolate aluden a una fusión entre tradición vernácula e hispana, interpreta Lozano.

"Rivera representa la simbiosis cultural de México, que se hacía más simpática durante su estancia en España", explica, "es un Diego que había estado en París dando la batalla entre los franceses y luego es acogido por los españoles".

Texto: Reforma (15 de Septiembre de 2004)

Tomado de www.artesvisuales.com.mx