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Los estudios sobre la escultura contemporánea han arrojado luz
acerca de la significación e impronta que la vertiente abstracta dejó
en esta manifestación a nivel mundial.
En específico en América Latina, desde los años cincuenta se
observó un auge de las formas geométricas y abstractas en la práctica
escultórica.
La experimentación formal introdujo nuevos temas, materiales
y espacios, para llegar, con el cinetismo, al final de un camino en el
que se fusionan de forma orgánica la arquitectura y el urbanismo con la
escultura y su conquista del espacio público.
Por otro lado, las consiguientes mutaciones con la emergencia
de nuevas prácticas artísticas tales como la instalación y/o los llamados
enviroments, imponen una re–definición
del universo escultórico a fin de determinar su especificidad y vigencia.
Asimismo, esta riqueza se ve potenciada por la pretensión de
muchos creadores de incluir al espectador (receptor) como parte activa
de la concepción de la obra.
De esta forma, se conciben piezas de pequeño y gran formato
que se completan con la participación del espectador a través de la experiencia
estética derivada de la interacción lúdica o sensorial.
Inclusive, la escultura que mantuvo su anclaje en el realismo
vio modificado su objeto de representación volviéndose más sintética y
depurada.
Desde su fundación en 1959, la Casa de las Américas
tuvo entre sus principales objetivos la investigación y sistemática promoción
de las diferentes manifestaciones de las artes visuales.
La
escultura no escapó a este impulso y se realizaron importantes exhibiciones
de diversos autores que han ofrecido un amplio panorama del arte escultórico
en Latinoamérica y el Caribe: Le Parc (1970), Baila
Mecánica (Feliza Burzstyn, 1980), Krasno
(1984), León Ferrari (1983), Modulaciones (Le Parc, 1981), La
trama urbana de Sao Paulo (Joao Rossi, 1987), Milton Barragán (1989), Oswaldo
Vigas: Un hombre americano (1996), Los
hijos de Pedro Pan (Ernesto Pujols, 1995) y Mutaciones (Silvano Lora, 2000), por sólo
citar algunas.
La Colección Arte de Nuestra América
que hoy alberga nuestra institución comprende un patrimonio artístico
excepcional creado fundamentalmente a partir de donaciones que los artistas
latinoamericanos han realizado.
Entre ellos destacan importantes escultores
como Julio Le Parc (Argentina), Frank Zicarelli (Venezuela), Rodolfo Krasno
(Argentina), Sandú Darié (Rumanía–Cuba), Sérvulo Esmeraldo (Brasil), Gabriel
Marcos (Venezuela) y León Ferrari (Argentina).
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